martes, 24 de abril de 2018

MARIA Por Jorge Isaac CAPITULO VI.

MARIA 
Por Jorge Isaac
 
CAPITULO VI. 
Qué habla pasado en aquellos cuatro días en el alma de Ma 
ría? 
Iba ella á colocar una lámpara en una de las mesas del salón 
cuando me acerqué á saludarla ; y ya había yo estrañado no 
verla en medio del grupo de la familia en la escalera donde 
acabábamos de desmontarnos. El temblor de su mano es puso la lámpara ; 
y yo la presté mi ayuda, menos tranquilo de 
lo que creí estarlo. Parecióme lijeramente pálida, y al rede- 
dor de sús ojos había una  leve sombra, imperceptible para 
quien la hubiese visto sin mirarla. Volvió el rostro hacia 
mi madre, que hablaba en ese momento ; evitando así que yo 
pudiera examinarlo báñado por la luz que teníamos cerca: 
noté entonces que en el nacimiento de una de las trenzas 
tenia un clavel marchito ; y era sin duda el que le había yo 
dado la víspera de mi marcha para el Valle. La crucecilla 
de coral esmaltado que había traído para ella», igual á las de 
21 
mis hermanas, la llevaba al cuello pendiente de un cordón 
de pelo negro. Estuvo silenciosa^ sentada en medio de las 
butacas que ocupábamos mi madre y yo. Gomo la resolu- 
ción de mi padre sobre mi viaje no se apartaba de mi memo- 
ria, debí de parecerle á ella triste, pues me dijo en voz casi 
baja : 
— iTe ha hecho daño el viaje ? 
— No, María, le contestó ; pero nos hemos asoleado y hemos 
andado tanto 
Iba a decirla algo mas, pero el acento confidencial de su 
voz, la luz nueva para mí que sorprendí en sus ojos, me 
impidieron hacer otra cosa que mirarla, hasta que notando 
que se avergonzaba de la involuntaria fijeza de mis miradas, y 
encontrándome examinado por una de mi padre (mas terri - 
bles cuando una pasajera sonrisa plegaba sus labios poético 
salí del salón con dirección á mi cuarto. 
Cerré las puertas. Allí estaban las flores recojidas por ella 
para mi : las ajé con mis besos ; quise aspirar de una vez 
todos sus aromas, buscando en ellos los de los vestidos de 
María; báñelas con mis lágrimas Ah! Los que no habéis 
llorado de felicidad así, llorad de desesperación, si ha pasado 
vuestra adolescencia, porque asi tampoco volvereis á amar ya ! 
Primer amor !... Noble orgullo de sentirse amado : sacrificio 
dulce de todo lo que antes nos era caro á favor de la mujer 
querida : felicidad que comprada para un día con las lágrimas 
de toda una existencia, recibiríamos como un don de Dios : 
perfume para todas las horas del porvenir, flor guardada en 
el alma y que no es dado marchitar á los desengaños : único 
tesoro que no puede arrebatarnos la envidia de los hombres : 
delirio delicioso.... inspiración del cielo María ! María ! 
Cuánto te amé! Cuánto te amara ! 


No hay comentarios:

Publicar un comentario