martes, 3 de abril de 2018

Parte 4- RECORDACION FLORIDA

  RECORDACION FLORIDA
  Recordación Florida, Francisco Antonio se Fuentes y Guzmán Biblioteca “Guatemala” de la Sociedad de Geografía e Historia, Tipografía Nacional Guatemala. M. C. M. XXX III .Historia General de Guatemala. Asociación de Amigos del País. Fundación para la Cultura y el Desarrollo. Guatemala 1.933.
Por  Capitán ANTONIO DE FUENTES Y GUZMAN
CORREGIDOR DE HUEHUETENANGO

hambre ó redimirla al precio de sujetar su libertad á un estraño, caso es, sí, lamentable á que arrastró á esta generación todo el tropel de sus vicios, para que fuese este el medio con que se terminase su idolatría y quedase estinguida su sed de sangre y carne humana.
Había padecido el ejército español, si bien no falta de alimentos, pero desnudo y desabrigado, en el sitio de aquella campaña, mantenida por el prolijo término de cuatro meses, grande calamidad con la intemperie de un invierno proceloso en un terreno por su llanura pantanoso, y ahora al mediado Octubre, á las entradas del verano, acompañado de erizados hielos é intolerables escarchadas, se empezaban á sentir en el ejército algunas destemplanzas y graves calenturas, con que Gonzalo de Alvarado receloso de poder ser asaltado de algún ejército de indios en tiempo de epidemia que ya se reconocía, haciendo reclutar á los enfermos en el lugar desamparado de Huehuetenango que le servía de almacenar los víveres escoltados de buen presidio de indios amigos, y cabos españoles, apresuró el asalto de aquella fortaleza, ciñendo su cordón y estrechándolo á más vecindad y cercanía de aquel foso, y avanzándose á él le daba carga por todos los costados de su recinto, y abandonando la operación de las azadas por la industria de las escalas, haciendo labrar buen número para poder servirse de ellas por varias partes y ascender á los planes y á las fortificaciones sin que unas mismas les consiguiesen el paso, sino que unas sirviesen pa. bajar y otras se destinasen para subir, fabricándose con las maderas de pino que ministran aquellos bosques, de tal capacidad que por cada una pudiesen descender y ascender tres infantes; mas aunque desde el principio pude, abreviando valerse de esta industria Gonzalo de Alvarado, dejó de hacerlo siendo el intento valerse -de la caballería, como decíamos, haciéndola descender y repechar hasta introducirla dentro de la ciudadela.
Continuábase la mortandad de los mames dentro de aquella fortaleza del Señor Caibilbalam, con la lástima y el espanto con que se puede pensar que mueren los que •ejecuta el rigor y rabia del hambre, en donde hasta las yerbas de los burgos los faltaba, estando todo el suelo de aquel capacísimo terreno solado de argamazones variados que hoy se descubren partes, y que hasta los cueros de las rodelas habían comido, y ya se mantenían con la corrupción de los cadáveres, y ya no, les quedaba otra esperanza que de aquel propio modo ser alimento unos de otros, hasta estinguirse todos. Con que consideradas tantas miserias juntas por aquel infeliz cacique, que se contemplaba olvidado de los suyos, lió en discurrir en los medíos de redimir su pueblo, y entre los que le ofrecía lo melancólico de su discurso era el de su rendimiento, que se le hacía más duro, que pasar por las fortunas de sus súbditos, pereciendo con ellos á manos de las desdichas. Mas sin embargo consideraba que aquel Señorío según el estado de las cosas, había de ser de aquellos forasteros, o con la ocasión de morir él dentro de la fortaleza ó entregándose al arbitrio de sus contrarios; y que era mejor dejarse al tiempo que en sus mudanzas ofrece las mejoras de las desgracias. Largas consultas  les hizo á sus capitanes y principales consejeros acerca de esto, y aunque desde el principio convinieron con su dictamen, quiso que lo mirasen mejor dentro del término de tres días, en que ;pidió plática con nuestro campo, para que en aquel término breve hiciese suspensión de armas, que se le concedió llanamente, por no arrostrar en los combates á tanta efusión de sangre.
Así discurrido por el cacique Caibdbalani, y por sus capitanes y consejeros ser necesario rendirse, volvió á repetir la seña dt las pláticas y enviándole Gonzalo de Alvarado un intérprete, volvió diciendo de su parte que quería tratar de ajustar paz con el Gran Capitán de los blancos, viéndose con él debajo del seguro de su persona, y para ello destinado •el día de las vistas y señalado el sitio que fué entre la puerta de la fortaleza y el cuartel de la caballería, salió de su campo Gonzalo de Alvarado acompañado de los Capitanes Alonso Gómez de Loarca, Antonio de Salazar, Franc.o de Arévalo, Héctor de Chávez, Jorge de Acuña y otros diez personages de su consejo; y á la reseña de nuestras trompetas se vió abrir aquella puerta cerrada á las surtidas españolas tanto tiempo, y salir por ella aquel cacique que se había encerrado con esperanzas de triunfador y ahora salía con evidencias de rendido; pero acercándose los dos principales cabos competidores y desmontados los nuestros, Gonzalo de Alvarado se acercó para Caibilbalam  con los brazos abiertos, y dice en su cuaderno manuscrito: Quise desde el principio tratarle como amigo, aunque del buen cacique yo no podía saber su intención y sí en la paz qué' pedía encubría algún doblez, y procuré de mi parte hacerle mucha amistad; pero él en viéndome que le trataba con amor, se le llenaron de agua los ojos. Mostraba en .su persona la nobleza de su sangre, y sería entonces de cuarenta años. Pero habiendo precedido aquellas primeras cortesías, Gonzalo de Alvarado le hizo gran cargo de no haber querido la paz al principio, con que hubiera escusado tantos trabajos y muertes, como de una y otra parte habían acaecido; que su venida había sido de paz para mostrarle con ella el camino del cielo, que solo se conseguía en la santa ley de Jesucristo, y no por la infame adoración de los ídolos; que obedeciendo al rey -de España sería instruido en la doctrina santa de Jesucristo, y conservado en paz y justicia. El cacique Caibilbalam respondió, gustar de ser enseñado en las cosas que le decía de Jesucristo y obedecer al rey de España con todos sus vasallos, como aquellos sus capitanes y principales sabían que se lo habían comunicado; pero que pues él se sujetaba á obedecerle; que gustaría de quedarse á vivir en aquella fortaleza con la gente que en ella le había asistido, por recelarse de otros indios vecinos enemigos de sus estados; esta capitulación le pareció á Gonzalo de Alvarado que rebozaba alguna alevosía y así se le dió á entender por el intérprete ó faraute. Que de la fortaleza había de salir desarmado con sus gentes á entregarse como rendido al centro, de la caballería, y que Gonzalo de Alvarado, hecha aquella entrega, había •de ,pasar con la mitad de su gente á la fortaleza desamparada, en señal de posesión que tomaba de ella y de aquella provincia por el Sr. Emperador Rey de España; pero que hasta que esta acción se ejecutase no había de levantar el campo ni alzar el sitio de aquella plaza, para que si no viniese en ello proseguir la guerra. En esta forma propuesta se hizo la entrega de aquella fortaleza, tan costosa á sus defensores mames y á los opugnadores españoles, y en que afirma Gonzalo de Alvarado en su cuaderno que me comunicó el Licd.o  Don Nicolás de Vides y Alvarad'o, estas palabras: Hecha su cuenta Caíbílblam (que así le llama) de los indios• •que entraron con él en aquel su Palacio, castillo ó casa, y de los que salíeron con él, faltaban mil y ochocientos, que fueron los que murieron por defender la entrada que pretendían los castellanos. En ella no hallamos cosa de ímportancía, y solo fueron cuerpos muertos lo que vimos, y un presente de buen oro que el cacique me díó, y se partió con los,demás con algunas mantas días después en el poblado de Huehuetenango. Sea Díos bendito que así permitió que venciéramos aquellas huestes de indios soberbios tan crecidas, y así &. Pero aun no pareciéndole bastante á Gonzalo de Alvarado lo ejecutado hasta allí, pasó á mandar á buenas tropas que recorriesen el país y los pueblos comarcanos sujetos á Caibilbalam, é hizo romper aquel, tablón de piedra que servía de puertá y allanar los pasos de aquella barranca que señía la fortaleza hasta que por ellos pudiese subir y bajar la caballería á descanso, y sin dificultad, y en la cual hoy se puede traginar por la parte del Sur y por donde yo he bajado á los planes á caballo; contentándose por entonces con que el ejército español llegase á saludar los umbrales de la gran provincia de los Quelenes, y dejando en Huehuetenango un buen presidio á modo de colonia, y por su cabo principal á Gonzalo de Solís, tomó la, vuelta victorioso á Guatemala.
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en vapor, como el despeño del río San Cristóbal Puxilá, que se v¿ de alguna 'distancia, subiendo de Totonicapa para San Francisco el Alto; el del camino de los ranchos altos de Totonicapa; los dos despeños de agua del pueblo de Guistla de los Jiotes, sin otros que omItímos por no alargar el discurso y no ser especialidad tan digna, para pasar á individuar otras más graves y capaces del instituto que nos llama á no olvidar lo más escelente ni lo menos notable.
CAPITULO XVI
De las minas que se beneficiaron con largo aprovechamiento, las que hoy se, labran con poca inteligencia y mucho gasto en este partido de Huehuetenango.
MARGINALES.—Descubrimiento de la mina de Gueguetenango, y historia de su descubridor Espinel. — Pasa a España donde murió dejando tapada lá boca principal. -Situación del cerro mineral. —' Su temperamento, sus montes y pastos. — Sus aguas excelentes en cualidad y copia. — Por la evidencia de los numerosos quintos que pagó Espinel se han empeñado muchos hombres en buscar la veta. Veta admirable que descubrió Pedro Armengol, perdida por su capricho. — Capítulo de carta del Presidente Escobedo acerca de este sujeto escrita al autor, causa de perderse esta veta. —Pierde este cerro y sus labores la temeridad de D. Pedro de Escobedo.Como asoman las vetas en este cerro. — Variedad de metales todos de ley. — Minas de plomo del TOHLON, y LAS ANIMAS.
Quedó advertidamente y muy de intento apuntado el Mineral que llaman de Espinal en el cap9 3, del libro nono dé la Primera parte de esta historia, para darle su más, propio lugar en esta descripción de la jurisdicción de Totonicapa, en cuyo territorio se manifiesta, á tres leguas del pueblo de Huehuetenango, y dos de Chiantla, en la mayor eminencia de aquella cordillera. Mas antes de entrar á proponer la inundación ó copia de su tesoro, la situación de su asiento y estado de su labor, es necesario el no omitir de su descubrimiento el modo, la ocasión y su registro, Queda ya referido en la parte que he apuntado el órden de vida y la miseria en que estaba Juan de Espinal, en el valle que llaman de las Minas del Corregimiento del Valle. Este sujeto míserabLe, con muchos hijos, y muger, sin poder alimentar á tantas bocas, cansado de aquel orden de grangear con poca medra, y muy pausada, determinó subir á aquella sierra de Huehuetenango, con quinientos pesos que había juntado para emplearlos sí pudiese en algunas cabezas de ganado, menor; quedó un domingo con uno, de aquellos ganaderos en que el siguiente lunes subiría á las estancias, vería el ganado y trataría de su concierto. Puso en ejecuc'ón lo referido; salió desde Huehuetenango á las estancias y al repechar la cima inaccesible de aquellos montes, á pié y asoleado y con la carga del dinerillo y sus alforjas, quiso sestear en aquel sitio á donde se ve la boca mina; encendió lumbre en el parage al pie de un pino, en donde estuvo largo tiempo ; pero llegada la hora de la prosecución de su viage, reparó en que algunas de aquellas piedras estaban encendidas como brazas.

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