miércoles, 25 de abril de 2018

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RECORDACION FLORIDA
   Recordación Florida, Francisco Antonio se Fuentes y Guzmán Biblioteca “Guatemala” de la Sociedad de Geografía e Historia, Tipografía Nacional Guatemala. M. C. M. XXX III .Historia General de Guatemala. Asociación de Amigos del País. Fundación para la Cultura y el Desarrollo. Guatemala 1.933.
Por  Capitán ANTONIO DE FUENTES Y GUZMAN
CORREGIDOR DE HUEHUETENANG
delgadas y ligeras. Por todas partes sus ,salidas agradables convidan con dulce amenidad y gran delicia á un continuado y apacible recreo, y en especial la que se estiende por cuatro leguas circunferentes en igualísima llanura hacia la parte del ocaso, adornando á su planicie gran copia de pinares que á trechos dilatados la hermosean, y la hacen más memorable los edificios antiguos de los indios que hacia el Setentrión de aqueste sitio accidental á la caída del río de Socoleo mantienen en •duración contra los rigores del tiempo, y de cuya fábrica elegante daremos relación y gran noticia en su lugar y á su tiempo. Tiene hoy en la visita del curato esta encomienda siete lugares adyacentes, de cuyo itinerario y sus peligros, grave molestia y destemplanza de su clima y el estravío de posición, referiremos mucha parte; pues el que más cercano y más ameno se conoce está á cinco leguas de camino es el que llaman Toxoh, lugar pequeño de ochenta y tres vecinos y trescientos y treinta y dos habitadores de los mames, que su molestia -no se escusa en cuestas aunque tendidas pedregosas. Riega su territorio de este pueblo el noble río de Socoleo, de puras y caudalosas aguas y de amenísima rivera, en cuyo margen no le permite 'lo productivo de aquel terreno otra arboleda que sabinos de erguida cúpula y de estremada robustez. Lleva por sí sin beneficio de cultura gran copia de nopales de grana, de donde cojan para sus tintes alguna de ella,  mas esta muy tapada y escondida, sin que el Corregídor ni el religioso lleguen á conocerlo, mas no se esconde -ni la grana ni la intención, que es la de que no se les obligue al beneficio y á su repartimiento; como también en mucha siembra de maguey dulce, dando á entender que no conocen el puque, mas no le sembraran ni le tuvieran cultivado, si no fuera por el provecho de su bebida. Es su parroquia como sus casas, de débil materia y de techumbre pajiza, muy pobre cosa, y á proporción de su posible de aquella vecindad miserable; pero estos y los de su nación muy humildes, dóciles y tratables, no dan que hacer á su Corregidor ni á sus Minístros eclesiásticos. Dista esta población de Toxoh cinco leguas de no muy buen camino, bien que ameno, del de Huehuetenango, como llevamos referido, y por su inmediata cercanía y fácil senda, toma el pronombre de Huehuetenango.
Eran por el tiempo que goberné este partido trece pueblos los que componían la feligresía del curato; pero después más bien considerando su inconveniente y su trabajo, se dividió la Vicaría y la encomienda, en las que llaman de Huehuetenango la una y de Malacatán la otra, quedando entrambas por la mediación de su camino .y su segura senda, temperamento igual, conveniente, acomodadas y apetecibles, así a los Comendadores como á los curas; mas este de Huehuetenango, como decíamos, hoy reconoce por sus sujetos y adyacentes, á más del de Toxoh, ya referido, al de Mazatenango, pueblo muy corto y miserable y que muy numeroso en la antigualla, situado á legua y media de la cabecera, camino fácil de emprender, sin río, ni cuesta que le impida; pues solo se le oponen  y atraviesan unas colinas pedregosas, sin riesgo de precipicios ni barranca. Queda situado respecto al de Huehuetenango, á la parte del mediodía, sobre una grande ciénaga que se ocasiona de unas pequeñas venas de agua de donde beben, detenidas y rebalsadas de
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  la propia llanura y algunas quiebras profundas de aquel terreno de naturaleza de barro. La cortedad de su padrón tan solo se numera por de sesenta tributarios y doscientos cuarenta habitadores. Viven como atenidos á la limosna, sin más inteligencia ni más trato que unas malas y gruesas mantas que ellos tejen con algunos hilos de algodón muy bastos y groseros; ni en su poblado y su cultivo, fuera de algún maíz que benefician, no tienen otras frutas que duraznos y las mejores y más crecidas cerezas que en otra parte alguna. Mas el de Santa Ysabiel, pueblo de mas cumplida población y de más despejada amenidad, yace á ocho leguas de distancia del de la cabecera Huehuetenango, sito en eminente parte de la sierra hacía la parte del oeste de la cordillera del Norte, y por razón de su eminente celsitud su temple frío y rigoroso es más nocivo y más molesto, con vientos fríos y delgados por la estación del verano; mas su terreno productivo hace felices á sus habitadores con mucho colmo de maíz, frizol y chile, y todas frutas de Castilla muy sazonadas. Consta de cien familias en vecindad de este pueblo, y crece al de cuatrocientos en sus habítadores, que son también muy propensos á los hilados y tejidos. Su Yglesía parroquial (como la que he referido de Mazatenango) es de la débil materia del esparto, si bien está mas adornada que las otras; pero, el de Chimaltenango más entrañado á lo interior de la sierra-, pueblo más frío y más eminente en situación logra mejor de su trabajo los efectos, puesto que el templo y la vivienda de su cura y las más casas de vecinos son de buena teja y cumplida y racional arquitectura. Son sus vecinos tributarios en número de doscientos, y el de sus habítadores ochocientos; mas tales todos, tan racionales y advertidos que los conocen en general con el pronombre de los políticos de Chimaltenango, de cuya economía diremos lo que se ofrece en adelante. Es abundante país de todas cosas, con grandes y pingües rebaños de ovejas y el carnero crecido y de escelentes carnes, como así también en las aves de Castilla y de la tierra; y su abundancia en flores, claveles•, rosas y azucenas maravillosas. Es su iglesia parroquial muy aseada con la cubierta de teja, y con retablo y adornos de Sacristía de gran decencia y suficiente remuda, y así sus casas de estos indios son también de teja y de repartimiento capaz y muy simétrico. Pero por que dijimos ha muy poco ser conocidos con título, de los políticos, diré lo que me ocurre acerca de la ilustre memoria y claro nombre de Don Pedro Hernández, indio natural de este Chímaltenango. Seanos dable la interrupción de este discurso por proponer al ejemplo de esta estirpe tan propio símil y dechado á las virtudes. Era Don Pedro Hernández hombre noble por la naturaleza de su sangre; pero era más por sus costumbres venerado; su juicio era advertido y muy maduro, hermoso de persona y circunspecto de semblante, siempre cojítabundo; fué prosperado de bienes de fortuna; padre universal y venerado de los pueblos convecinos. Jamás aceptó cargo de república, aunque fué muchas veces electa su persona para el oficio de Alcalde ordinario, y por los Corregidores escojído para gobernador; mas uno y otro renunció siempre su gran prudencia, y sin aquellos cargos fué siempre temido y respetado, como después veremos.
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Era amiguísimo de la Yglesia, asistiendo al mejor culto de sus altares con haclenda propia que en ellos distribuía; frecuentó siempre con gran cuidado los sacramentos, y en la crianza de sus hijos fué cuidadoso y vigilante en la instrucción de dogmas católícos, y córtesanos, poniéndolos en estado 'a tiempo
conveniente; no se le conoció en su vida otra mujer que la legítima; pero este escelente y ejemplar republicano indio, vivía tan atento á la misericordia y utilidad común, que cuidando exactamente de que todos viviesen ocupados y trabajasen para mantenerse con sus sembrados, cultivos y pastorías; al
tiempo de San Juan y Navidad los indios justicias de su pueblo le daban memoria y cuenta de los tributos cobrados y de las personas que faltaban por pagarle, y visitando las casas de estos por su persona investigaba la causa de haber faltado á esta obligación; pero constándole ser mugeres viudas y ellos enfermos habituales, o de enfermedad prolija y larga, pagaba con su caudal el tributo de todos ellos cumplidamente. Era el primero á las visitas y salutaciones de los Vicarios y del Corregidor, procurando asistirles con gran veneración y respeto. Pero llegando de este singular y principal indio la muerte, dispuso su testamento bien notable, muy cristiano y muy correspondiente á su talento; por que declarando las porciones que había dado á sus hijos que había casado, mandaba otras iguales á los que quedaban sin estado, y que las tierras, ganados é instrumentos rústicos fuesen partibles como la cantidad de reales que dejaba (y no era corta) ; pero que á su muger se le aplícase' la mitad de todo, y que por su alma se dijeran cantidad de quinientas misas, y se impusiesen mil tostones (así ellos por no esplicar quinientos pesos) á censo perpetuo por capellanía de su alma, con corto número de misas y una cantada, mas bien ordenado no sé si bien se ejecutó o que cobro pusieron en ello los religiosos, harto será si se hizo algo. Y aplicó otra cantidad de dinero para que puesta á renta de indios según estilo (aunque malo) de á real en cada peso, se pagase con su rédito el tributo de las pobres viudas y de los hombres enfermos é imposibilitados; destinando otra porción moderada para que traída á la misma renta fuere su procedido para la salutación que hacen los Alcaldes á los Vicarios y al Corregidor, en sus recibimientos (esto atendído á que para ello los justicias hacían derramar y molestaban á los pobres). Otra porción menor que aquella la destinaba al propio rédito y usura, pa. que su muger saludase á los padres y á los Corregidores, y después de los días de ella, su hijo mayor en nombre de su linage. Tal hombre como este era Don Pedro Hernández, y á éste los de su estirpe lo mataron á pesadumbres y aun quien diga que á pedradas. Pero no solo este en este pueblo pareció político y famoso, sino Don Pedro Ortiz su grande imitador, y despues de este Don Baltazar del Castillo, indio de gran talento, y don de gobierno, y de mayores esperanzas en mi tiempo, y que después floreció en muchas prendas convenientes y provechosas á la causa pública, con que si á todos los impusieran y criaran en razón política, muchos ó los más fueran discretos y tratables, por que sin duda descubren buenos talentos, que limados tuvieran lucimiento.
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CAPITULO IX
Que continúa la materia del precedente.
MARGINALES.—San Juan ATITLAN. — Sítuación.,suya en lo más áspero de la sierra y vecinos tributarios que tiene. — Es de pingüe y fecundísimo terreno. — Su parroquial, y casería. — Natural agreste de los indios. — Admirable y lastimoso caso de ídolatría que dente pueblo averiguó el autor. — Presos los principales idólatras, por lo que de la averiguación y sus confesiones resultó, fueron castigados. — Castigo temeroso que ejecutó Dios en este pueblo por el setiembre del año de 1692, día de San Geronímo. — Lo' que acerca de la perseverancia de estos miserables en la ceguedad de su idolatría me escribe el M. R. M. F. Diego de Ribas. — Notable cláusula de su carta. — NEUTLA. — OSUMASINTLA.
Mas continuando en la derivación de las noticias y la ocular inspección de los demás que restan, pueblos sujetos á esta visita de Huehuetenango, describiremos de Atitlán lo que nos consta, así de este San Juan Atitlán, más numeroso y más crecida, pudiéramos decirlo, que del otro de Chimaltenango; mas no es entre los conceptos de los hombres, ni igual ni grata la imitación de las virtudes.. Yace este pueblo mas entrañado que otro alguno en la aspereza de la sierra, con número de trescientos tributarios y mil y doscientos habitadores; es de temperamento frío y su región muy saludable y muy benigna, con dulce amenidad en sus boscages, y en la cultura muy abundante su terreno en copia y providencia de maíz, frizoles, habas, alverjas, chile y frutas, y flores de Castilla. Son aplicados á la crianza de ganado menor y dados .también á los hilados y tejidos de algodón, común inteligencia y grangería de todos los serranos. Su Yglesia parroquial de buena fábrica de teja, y así las casas de los indios. Es este y los demás ya referidos, felices pueblos en providencia de aguas, que suficientes y bastantes son dulces y delgadas en grande modo; mas estos indios agrestes y montaraces, casi de intento y muy á salvo viven en intrincados escarbucos de aquella sierra con el motivo de las milpas; pero sus curas ó vicarios me aseguraban y decían que era pretesto é invención para incensar á los ídolos. Y así á este intento lo advertí, bien lastimado, y pesaroso de la ignorancia de esta gente, en el suceso que averigüé de aquesta naturaleza y desta forma. Era uno de los vicarios de este partido Fray Marcos Ruiz, religioso Mercedario, de amable natural y gran Ministro, gran lengua de los Mames, por haber nacido y criádose entre ellos. Tocéle á este la vez de salir á visita por darles misa á aquellos pueblos y lo demás del pasto del espíritu, y era preciso el residir en ellos ocho días; pero antes de llegar al de San Juan Atitlán, percibió en el solemne repique de campanas, pero en la inteligencia de que sería por su venida, según costumbre, se fué acercando más á él, mas advirtió que ya casi á las goteras de la ciudad .aun no le recibían las cofradías; mas este buen Ministro que á causa oculta y superior, estravió el viage que llevaba para Colotenango, dejando el visitar á este Atitlán para la vuelta, entrando ahora en él incauto y deliberado, halló la Yglesia muy asistida del pueblo, su aseo notable y esmerado, en flores y perfumes abundante, mas (o gran Dios, lo que tolera tu justicia) era el santo
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