domingo, 22 de abril de 2018

59-62 SACAPULAS, NEBAJ-RECORDACION FLORIDA

 RECORDACION FLORIDA
   Recordación Florida, Francisco Antonio se Fuentes y Guzmán Biblioteca “Guatemala” de la Sociedad de Geografía e Historia, Tipografía Nacional Guatemala. M. C. M. XXX III .Historia General de Guatemala. Asociación de Amigos del País. Fundación para la Cultura y el Desarrollo. Guatemala 1.933.
Por  Capitán ANTONIO DE FUENTES Y GUZMAN
CORREGIDOR DE HUEHUETENANGO
Pags. 59-62
miento y dominio total de nuestras armas, debajo -del título que nos le señala lo auténtico de aquellos libros capitulares, *.con la derivación y larga •oticía de los sucesos de aquel tiempo, revuelto en inquietudes y" desazones, nacidas y dimanadas de los estraños procederes de Francisco de Orduña, visitador nombrado por la Audiencia de México, en que sin poder hacer menos hemos tocado varias veces, y nos será preciso volver ahora á referir de sus máximas el infeliz y sensible efecto que se introdujo á toda la dilatación de las Provincias.
Había corrido el tiempo el círculo prolijo de seis años desde la entrada de nuestros españoles en este reino, sin que para Uspantlán de la Provincia de Verapaz y territorio perjudicial á nuestras espediciones, se hubiese dispuesto guerra alguna que fuese grave ni ligera, hasta el año de 1529,, (2) en  que habiendo acaecido la reelección de la, persona del capitán Gaspar Arias para el cargo de Alcalde ordinario de esta ciudad, en que también se había ocupado por el antecedente de 1528, dió ocasión á que el Cabildo y regimiento le hubo por apropósito, para el de 29 para cabo principal de la conquista de Uspantlán y de hecho le nombró pa. ella, con solo el aparato de sesenta infantes y trescientos indios amigos de los ejercitados y ya probados en la guerra. Era el motivo del Cabildo el que además de que aquella cordillera del norte ocupada en sus asientos de numerosos pueblos no se quedase sin reducir, y por que estos que son parte de lo que compone y forma la Provincia de Verapaz, indómitos, y fieros de natural, nos inquietaban y movían los pueblos del Quiché ya conquistados, con que confinan. Pero ya introducido Gaspar Arias hacía seis meses en aquel país enemigo, á fuerza de gran tesón, muchas batallas y deficiencia de víveres, y en que parte del tiempo había impedido la fuerza y continuación de proceloso invierno sobre los muros de Uspantlán, con muerte de muchos de los indios de nuestros trozos, que unos de heridas de saetas envenenadas y otros debilitados del hambre, con disenteria de sangre (de que también adolecieron nuestros castellanos), cedían á la muerte la debilidad de las vidas, más esto no sin mucho lamento de los uspantecos, que ya lloraban dominados algunos pueblos suyos, de la constancia de nuestras armas; y entre ellos el de Nebah y el de Chahul, pueblos entonces si numerosos y crecidos, muy apreciados delpartido por su abundante territorio, en esta ocasión de tanta estima, y cuando la posesión de aquellos pueblos pronosticaba el dominio de los demás, y en especial de Verapaz, de gente agreste y belicosa. Corriendo el tiempo por los principios de Setiembre de 1529, (3) los confidentes de Arias é interesados en sus créditos, le hicieron el aviso de que el Gobernador Orduña (4) le había depuesto del oficio de Alcalde y nombrado en su lugar á Gonzalo de Ovalle; pero este Gaspar Arias que siempre se llevó del pundonor y el punto, no se quietó ni dió reposo al ardimiento de su espíritu, siempre honrado y siempre vigoroso, hasta dar orden á el progreso de esta guerra y hallar persona de sustancia en quien sustituir sus co-
(2) Libro 19 de Cabildo.—folio 72.
(3) Libro 19 de Cabildo.—folios 109 a 111
(4) Libro 49 de Cabildo —folio 142 v.
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misiones; y pareciéndole que Pedro'de Olmos -sería apropósito, para facción de tanto peso, sustituyó en él las instrucciones y poderes que conducían á aquella espedición y partió á esta ciudad de Goathemala á defender su justicia, que le fuera mejor abandonarla, para norecíbir aquí una afrenta y allá dejar perder lo ya adquirido.
Hemos ya referido en otras partes de estos sucesos de Gaspar Arias en Goathemala nacidos infaustamente de las resoluciones de Orduña los funestos accidentes, y por eso los omitimos aquí, pasando á decir, que en tanto que aquello sucedía en Goathemala, en Uspantlán el Pedro de Olmos, ó muy resuelto ó inadvertido contra el sentir de los soldados ó cabos mas espertos, quiso dar un asalto á aquel lugar, y bien atrincherado y guarnecida su albarrada velaba la ocasión de su defensa, que teniendo en emboscada dos mil hombres, al tiempo de acometer los nuestros á la trinchera, fueron cortados por la parte de retaguardia con grande asolación de -nuestros indios amigos y sin poderlo prevenir; en tan inopinado suceso, ni lo inesperto del cabo ni el valor y diligencia de los demás españoles, de que hubo muchos heridos, en especial de Olmos, que fervoroso y revestido de pundonor y valentía á el animará los otros, se mezcló muchas veces entre los trozos de los indios, recibiendo sobre sí muchas saetas, mas no bastando su ardimiento y diligencia, quedó destrozado nuestro ejército y los indios amigos derramados por aquellas barrancas y arcabucos, tierra montuosa y quebrada, en que quedando muchos prisioneros del enemigo, fueron sacrificados al ídolo Exbalamquen, sacándoles los corazones vivos para ofrecer á aquella imagen del demonio; con que aterrados nuestros indios, ciegos y conducidos del temor desampararon nuestro campo y los cuarteles, tomando la vuelta á Goathemala; pero entendida su fuga por Juan de León Cardona, teniente de Gobernador en el Señorío de Utatlán, les salió al paso y los detuvo en el Quiché. Pero esta diligencia ni otra alguna ejecutada tan sin tiempo no les pudo importar á nuestras gentes españolas, y ya cargados del fardage y de los pocos víveres que tenían, abriendo paso por muchas celadas de los indios, hacían la retirada para esta plaza general de armas de Goathemala. Pero saliendo para Chichicastenango nuestra gente española, sería sin duda entre este y Sacapulas que tuvieron ocasión de gran batalla con tres mil indios guerreros de Uspantlán que atravesaron por atajos á embarazarles el camino, en cuya refriega y ocasión, dejando el peso de vituallas y fardeles por despojos del enemigo, por atender á la defensa de las personas, marcharon á Utatlán nuestros españoles con gran trabajo é incomparable fatiga, mantenidos de yerbas, sin otro alimento que algunas veces gatos de monte y lobos (que acá llaman coyote), animales inmundos y asquerosos, que los escopeteros cazaban en lo breñoso de aquel camino, y alojando al descubierto en el desabrigo de la campaña; por cuya ocasión y gran motivo llegaron al Quiché, jurisdicción de Utatlán, desalentados y afligidos de la apuntada disenteria y graves calenturas; y aunque avisado Orduña de la infelícídad de este suceso, quiso suplirle y enmendarle, ni le fué fácil ni posible, ó por que aquel nervio de ejército estaba inútil, lleno de enfermedad y de miserias, ó por que el formar de nuevo las conductas en Goathemala, halló los ánimos adversos y divididos en públicos bandos, nacidos de la -afrenta y agravio hechos á Gaspar Arias y
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lo demás ya referido en el capítulo décimo del libro tercero de la segunda parte, y lo más preciso lo de las guerras de Cuzcatlán, las de Yzquipulas, de Tepatlán y Guaymoco en que casi estaba divertida toda la gente, siéndole forsoso y necesario pausar en esta empresa por entonces.
Mediaba entre estos accidentes alguna noticia del arribo á estas costas occidentales de Alvarado de vuelta de España, y como Orduña se considerase mal visto de la gente en general, de la `congregaciónde los nobles, y no muy grato para la plebe, pulsaba en su corazón el pensamiento de haberse perdido por su ocasión aquella empresa de Uspantlán, en grave deservicio del rey, y que llegando á este tiempo Don Pedro de Alvarado, podría crecer de punto su descrédito y mala fama, con que asistido de estas ideas melancólicas y sin saber tomar resolución en su mejora, velaba cuidadoso sobre su desempeño; pero ladeándose del todo á el tesorero Francisco de Castellanos, persona de valor, y de gallardo espíritu, comunicado el intento de reducir aquel partido de Uspantlán, le confirió en el cargo de cabo principal de la empresa, y publicó la jornada haciendo saber por su bando que salía á ella en persona, para que así s'e instimulasen los ánimos y se viniesen á él los confidentes de Castellanos; mas sin embargo de su índustría no así á su intento correspondió del todo el buen efecto; por que arbolado su estandarte solo pudo juntar la diligencia del Castellanos cuarenta infantes y treinta y dos caballos, y á la verdad no se hizo poco, estando toda la demás gente de guerra ocupada y entretenida en las apuntadas divisiones y en sitios muy retirados, y mas cuando la ofensa hecha á la persona benemérita y venerable del Alcalde Gaspar Arias había encendido grande llama en los pechos republicanos que vivían desconfiados de los procederes de Orduña y aborreciendo su persona. Con que en esta ocasión más, que en alguna compuso nuestro ejército en mayor parte la nación de los indios tlascaltecos y mejicanos, de quienes se formó un trozo de cuatrocientos de su estirpe y de los de Guatemala, con ocho cabos españoles que los regían y gobernaban Gonzalo López, Juan de Peredo, Alonso de Velasco, Francisco de Lináres, Diego -de Llanos, Estevan de Aponte, Martín Rodríguez y Diego de Berlanga, que fueron conferidos en este cargo y á este efecto.
Al nombramiento de estos y posesión de sus conductas siguió la ejecución de la jornada hasta Chíchícastenango, de donde haciendo alto, les hizo Orduña embajadores á aquellos indios de Uspantlán, con los ,requerí-míentos de paz y lo demás contenido en las instrucciones del rey. Pero habiendo penetrado los mensajeros con varias dificultades y peligros, hasta la v'lla de Uspantlán, -distante de aquel lugar de Chíchicastenango, y dado á entender el fin de su jornada á los principales de aquel lugar, estos no solo soberbios y sobre sí, sino crueles y temerarios y reos de muerte contra el derecho de gentes á que bárbaros se opusieron, no solo no aceptaron la embajada, sino que mataron á los embajadores, de cuya noticia que se tuvo por lo que de ella blasonaron los uspantecos, pudo nacer la cierta y razonable resolución de hacerles guerra, maquinando todos los daños posibles, hasta ver ¡su reducción, y dando órden Francisco de Orduña al Castellanos para la disposición de esta empresa. No sin escolta de su persona se quedó en Chic`hIcastenango, con ánimo de distribuir desde allí las órdenes convenientes y enviar -socorros si importase, y por que la gente de aquella expedición tuviese segura la retirada; pero enfermando brevemente le fué preciso el dar la vuelta á Goathemala, enviando orden á Castellanos para que terminada la facción de Uspantlán, pasase á Cuzcatlán contra la gente de Pedrarias; y así á su ejecución pronto y valiente el Castellanos partió á perfeccionar esta empresa, como veremos adelante.
CAPITULO VII
De la continuación de la guerra de el Partido de Uspantlán, hasta la reducción de sus pueblos.
MARGINALES. Detiene Francisco de Castellanos a fabricar un puente en el río de Sacapulas para tomar la marcha hacía Nebaj. — Encuéntranse a la contrapuesta ribera con un ejército de cuatro a cinco mil indios y se presenta la batalla. — Queda roto el ejército de los indios y se encierra en los muros de el poblado. — Valor y agilidad de un indio de los nuestros. — Queda Nebaj sujeto a la obediencia católica. — Pónese nuestro ejército sobre el lugar de Uzpantlán. — Júntase gran número de indios en Uzpantlán a nuestra oposición. — Prueban los uzpantlecos a cansarnos con largas dilaciones. — Presentan la batalla a nuestro ejército. — Temeridad de un indio uspanteco viéndose herido de un soldado español.
Salió con celeridad Francisco de Castellanos á ejecutar el orden del Capitán general Francisco de Orduña contra la rebeldía y soberbia de los vecinos de Uspantlán, si con deseo de la venganza de los embajadores muertos é indios amigos sacrificados á su gran diablo Exbalamquen; no hay para que detenernos en ponderarlo, ello se dice y manifiesta sin digresiones importunas. Pero habiendo dejado el alojamiento de Chich`castenango y hecho la marcha de siete leguas, dejando á Sacapulas á mano derecha, siguió, el progreso de su jornada por entre bosques espesos y peñascos de estraña celsitud á encaminarse al pueblo de Nebah, bajando la agría y dilatada sierra que se interpone; mas encontrado con el cajón del río de Sacapulas, de honda y caudalosa madre, le fué preciso detenerse en esplorarle la ribera. Es el esguazo de este río bien peligroso, así por la abundante congregación de sus aguas como por la rapidez de su curso, y que siendo los sitios de su camino tan fuertes y tan impertransibles por la naturaleza de la madre por donde corre compuesta de cajón de inmensa celsitud que se forma todo de inmensos peñascos rudos que si en la vía de aquel trajín hubieran los indios aplicado una ligera defensa, con gran facilidad hubieran impedido la entrada á nuestros españoles; pero encontrada parte más estrecha, que hubo de hallarse hacia el río arriba á medra legua con brevedad y muy seguro se fabricó un puente de madera, por el cual la caballería bien despeada y trabajosa, con la comodidad de los infantes, pudo tomar á salvo la contrapuesta ribera, y penetrando la montaña de difícil y levantada serranía, al encimarse así á su cumbre, se opuso al paso del camino un escuadrón de cuatro ó cinco mil indios guerre-
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