martes, 10 de abril de 2018

TORTURADO POR CRISTO- WURMBRAND -Parte 1



La iglesia Mártir de Hoy
   Torturado por Cristo
Richard Wurmbrand
Una relación de los sufrimientos y testimonio
 de la Iglesia Subterránea en los países tras la Cortina de Hierro.
Traducido y adaptado por
CARLOS A. MORRIS


PRESENTADO AL AUTOR
 Richard Wurmbrand, nació en Bucarest el 24 de Marzo de 1909. Fue un pastor evangélico que paso catorce años en cárceles comunistas de Rumania, su patria. Fue uno de sus más renombrados dirigentes cristianos, autores y educadores. Pocos nombres son tan conocidos en su país.
 En 1945, cuando los comunistas ocuparon Rumania, e intentaron controlar a las iglesia para sus propios fines, Richard Wurmbrand comenzó de inmediato un efectivo y vigoroso “ministerio subterráneo” entre sus compatriotas esclavizados y los soldados invasores rusos. Finalmente fue arrestado en 1948, en compañía de su esposa Sabina. Ella fue condenada a tres años de trabajos forzados. Richard Wurmbrand pasó tres años de confinamiento solitario, sin ver a nadie, con excepción de sus guardias comunistas. Después de tres años fue trasferido a una celda común por cinco años más, donde continuaron las torturas.
 Debido a su prestigio internacional como líder cristiano, algunos diplomáticos de las embajadas de los países occidentales comenzaron a interesarse por su seguridad. Se les informo que había huido de Rumania. Por otro lado Policías Secretos, haciéndose pasar por ex – compañeros de cárcel, contaron a su esposa como habían presenciado su entierro en el cementerio de la cárcel. Tanto a su familia en Rumania como a sus amigos en el exterior se les aconsejo que era mejor olvidarlo, ya que, según estas falsas noticias, estaba muerto.
 Después de ocho años fue puesto en libertad e inmediatamente reanudo su labor en la Iglesia Subterránea. Dos años más tarde, en 1959, fue vuelto a arrestar y sentenciado a veinticinco años de cárcel.
 Richard Wurmbrand fue puesto en libertad otra vez en una amnistía general en 1964, y continuo su ministerio subterráneo. Conscientes del peligro que significaba para él un tercer arresto. Cristianos de Noruega negociaron su salida de Rumania con las autoridades comunistas. El gobierno comunista había comenzado a “vender” a sus presos políticos. El precio habitual de rescate por un preso era de 2.000 dólares; pero por el pidieron 10.000 dólares.  En mayo de 1966, mientras prestaba declaraciones ante el Sub-Comité de Seguridad Interior del Senado norteamericano en Washington, se desnudo hasta la cintura para que pudieran ver las dieciocho profundas cicatrices que le habían dejado las atroces torturas a que fue sometido durante su encarcelamiento. Los periódicos norteamericanos, europeos y asiáticas contaron al mundo su dramática historia. En el mes de Septiembre de ese mismo año se le advirtió que el régimen comunista de Rumania había dispuesto su asesinato. Mas, ni siquiera aquellas amenazas de muerte pudieron silenciar su voz.
Richard Wurmbrand ha sido llamado “la voz de la Iglesia Subterránea”. Líderes cristianos lo han llamado “un mártir viviente” y “el Pablo de la Cortina de Hierro”.
 Richard Wurmbrand, encontró el eterno descanso en los brazos de su Amado Salvador el 17 de Febrero de 2001, Sabina su esposa, se le había adelantado, el 11 de Agosto de 2000.
INTRODUCCION

Por que escribo este libro.
 Traigo a todos los cristianos libres un mensaje de la Iglesia Subterránea detrás de la Cortina de Hierro.
 La Iglesia Subterránea, que tuve el honor de dirigir durante muchos años, decidió que yo tendría que hacer todo lo posible para llegar al mundo libre para entregarles a Uds. este urgente mensaje. Por un milagro extraordinario, del que van a leer aquí, logre sobrevivir y llegar. En este libro entrego el mensaje que me ha sido confiado por la fiel y sufrida Iglesia Subterránea en los países comunistas.
 Con el objeto de que este mensaje de la Iglesia Subterránea reciba toda la consideración que se merece, en primer lugar doy mi testimonio, para luego contar el trabajo que ella realiza.

CAPITULO PRIMERO
LA AVIDA SED DE CRISTO DE LOS RUSOS
Un ateo encuentra a Dios
 Fui criado en una familia donde ninguna religión era reconocida. Por lo tanto, en mi niñez no tuve ninguna instrucción religiosa. A los catorce años era ya un convencido y empedernido ateo. Era el lógico resultado de mi amarga niñez. Quede huérfano a muy temprana edad y conocí la pobreza en aquellos difíciles años de la Primera Guerra Mundial. De allí que, a mis catorce años, fuera un ateo tan convencido como lo son hoy los comunistas. Había leído libros sobre ateismo y ello no significaba meramente que no creyese en Dios o en Cristo… odiaba esos conceptos por considerarlos perjudiciales a la mente humana. Y así crecí sintiendo amargura y resentimiento hacia la religión.
 Pero, como llegue a entender mas tarde, había sido elegido por la gracia de Dios, por razones que no alcanzaba a comprender. Esas razones no tenían nada que ver con mi carácter, pues este era muy malo.
 Aun cuando me consideraba un ateo, algo incomprensible dentro de mí me atraía hacia las iglesias. Me resultaba difícil pasar frente a una iglesia sin sentir necesidad de entrar. No obstante, nunca podía entender lo que sucedía dentro de esos lugares. Escuchaba los sermones, pero estos no apelaban a mi corazón y no me sentía ni afectado ni conmovido por ellos. Tenía la absoluta seguridad de que Dios no existía. Aborrecía el concepto errado que tenia de Dios como un amo al que había que obedecer. Sin embargo, mucho me habría agradado saber que en algún lugar en el centro de este universo existiera un corazón de amor. Había conocido tan pocos de los goces de la niñez y la juventud, que anhelaba encontrar en alguna parte un corazón que estuviera latiendo de amor por mi también.
 Sabia que Dios no existia, pero me lamentaba que no existiera tal Dios de amor. En cierta oportunidad, movido por este conflicto espiritual interior, entre en una Iglesia Católica. Observe la gente arrodillada, y me di cuenta que estaban murmurando algo. Pensé, me arrodillare cerca de ellos y tratare de captar lo que dicen, y repetiré sus oraciones a ver si algo sucede. Rezaban una plegaria a la Santa Virgen: “Ave Maria, llena eres de gracia”. Repetí esas palabras y otra vez, mirando a la imagen de la Virgen Maria, pero no sucedió nada, lo que me causo gran pesar.
 Un día, a pesar de ser un ateo convencido, ore a Dios. Mas o menos mi oración fue así: “Dios tengo el convencimiento absoluto que Tu no existes, pero por si acaso existieras, cosa que dudo, no es deber creer en Ti, pero si es Tu obligación revelarte a mi”. Si, yo era ateo, pero eso no traía paz a mi corazón.
 Durante ese periodo de conflicto interior, como lo vine a descubrir mas tarde en un pueblito situado en las montañas de Rumania, un carpintero anciano oraba de esta manera: “Mi Dios, te he servido aquí en la tierra y te pido que me des una recompensa tanto aquí como en el cielo. La recompensa que quiero es que no muera sin antes haber traído a Ti a un Judío, puesto que Jesús era Judío. Pero soy pobre y estoy viejo y enfermo, no puedo salir de aquí en busca de uno de ellos, y bien sabes que en este pueblo no vive ninguno. Trae, Señor un judio hasta acá, haré todo lo que este en mi para llevarlo a Cristo”
 Algo irresistible me trajo a ese pueblo. Yo no tenía nada que hacer allá. Existen doce mil pueblos semejantes en Rumania. Sin embargo, yo viaje a ese pueblo. Viendo el carpintero que yo era judío, me lleno de atenciones como nunca una hermosa muchacha se vio atendida. En mi había visto la respuesta a su oración y me obsequio una Biblia. Yo había leído muchas veces la Biblia, pero solo por interés cultural. En cambio, la Biblia que me obsequiara aquel anciano me dio la impresión de ser totalmente diferente. Esta parecía no estar escrita simplemente con letras, sino con las llamas de amor de sus ardientes oraciones. Según me confeso mas tarde, el y su esposa habían pasado horas enteras orando por mi conversión y la de mi mujer. Me resultaba difícil leerla, pues solo atinaba a llorar cuando comparaba mi vida con la vida de Jesús; mis impurezas con su pureza; mi odio con su amor. Mas a pesar de eso me acepto como uno de los suyos.
 Al poco tiempo se convirtió mi esposa. Ella atrajo a otras almas a Cristo, las que a su vez atraían a otros a nuestra fe. De esta manera nació una nueva congregación luterana en Rumania.
 Entonces llego el Nazismo. Teníamos mucho que sufrir. El Nazismo tomo la forma de una dictadura de elementos ultra – ortodoxos que persiguieron a los grupos protestantes además de los judíos.
 Aun antes de mi ordenación formal y de que estuviera preparado para el pastorado, era el líder virtual de una Iglesia recién fundada. Tenía la responsabilidad por ella. Mi esposa y yo fuimos arrastrados varias veces a los tribunales. El terror Nazi fue muy grande, empero era solamente un anticipo de lo que vendría: el Comunismo. Mihai, mi hijito, debió adoptar un nombre no judío para poder escapar de la muerte.
 A pesar de todo, la era del Nazismo nos proporciono una gran ventaja, pues nos enseño que los golpes físicos podían ser soportados, puesto que el espíritu humano, con la ayuda de Dios, puede sobrevivir a las más horribles torturas. Además nos obligaron a adoptar los métodos del trabajo cristiano en secreto, que nos sirvieron como entrenamiento para la prueba aun mas terrible que estaba por venir y que, sin saberlo, ya se aproximaba.
   Mi ministerio con los rusos
 El remordimiento de mi pasado ateo me hizo anhelar desde el primer día de mi conversión el testificar de mi fe a los rusos. Ellos son un pueblo criado desde la infancia en el ateismo. Mis deseos de alcanzar a los rusos para Cristo se han cumplido. Su cumplimiento comenzó en los años del Nazismo, pues había muchos prisioneros de guerra rusos en Rumania, entre los cuales podíamos hacer nuestra obra.
 Fue una labor conmovedora y dramática. Jamás olvidare mi primer encuentro con un prisionero ruso, quien me contó que era ingeniero. Le pregunte si creía en Dios. Si me hubiera dicho “no”, no me habría importado tanto, pues que cada hombre tiene el derecho de creer o no creer. Pero ante mi pregunta si creía en Dios levanto sus ojos sin comprender y me respondió: “Mis superiores militares no me han dado ninguna orden para creer. Si tuviera una orden, creería”.
 Las lágrimas corrieron por mis mejillas, y sentí como si el corazón se destrozara dentro de mí. Allí, frente a mi, había un hombre cuya mente estaba como muerta. Un hombre que había perdido el don más preciado que Dios concede al ser humano: tener su propia personalidad. Era solo un instrumento, con el cerebro lavado, en manos de los comunistas, dispuesto a creer o no, según se lo ordenaran. No tenia capacidad de pensar por si mismo. ¡Era un ruso típico después de tantos años de dominación comunista! Después del impacto de ver lo que el comunismo había hecho con los seres humanos, prometí a Dios dedicar mi vida a esos hombres, para ayudarles a recuperar su personalidad y llevarles a la fe en Dios y en Jesucristo.
 No necesite ir a Rusia para alcanzar a los rusos.
 A partir del 23 de agosto de 1944, un millón de soldados rusos entraron en Rumania, y poco después los comunistas llegaron al poder en nuestro país. Entonces comenzó la horrenda pesadilla, ante la cual el sufrimiento bajo el Nazismo parecía poca cosa.
 En ese momento en Rumania, que ahora tiene diecinueve millones de habitantes, el Partido Comunista tenía solamente mil miembros. Sin embargo, Vishinsky, Ministro de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética, irrumpió en la oficina de nuestro muy amado rey Michael I, golpeo en la mesa con los puños y dijo: “Ud. debe nombrar comunistas para el gobierno” Nuestro ejercito y policía fueron desarmados y así, por la violencia, y odiados por casi todos, los comunistas llegaron al poder. Esto sucedió con la pasiva cooperación de los gobernantes ingleses y norteamericanos de aquel tiempo.
 Los hombres son responsables ante Dios no solamente por sus propios pecados sino también por los de su nación. La tragedia de todos los países cautivos constituye una responsabilidad en los corazones de los cristianos ingleses y norteamericanos. Los norteamericanos deben saber que en algunas oportunidades han ayudado, sin darse cuenta, a que los rusos nos hayan impuesto regimenes de terror y muerte. Los norteamericanos deben expiar estas faltas, ayudando a los pueblos cautivos para que llegue hasta ellos la luz de Cristo.
   El idioma del amor y el idioma de la seducción son la misma cosa
 Una vez que los comunistas estuvieron en el poder, habilmente pusieron en práctica sus métodos de seducción para conquistarse la iglesia. El idioma del amor y de la seducción son idénticos. Tanto el que desea a una joven para hacerla su esposa, como el que solo la desea para tenerla una noche y después desecharla, dicen: “Te quiero”. Jesús nos enseño a distinguir entre el lenguaje de la seducción y el del amor, como también a discernir a los lobos con piel de oveja de las verdaderas ovejas.
 Cuando los comunistas consiguieron el poder, miles de sacerdotes, pastores y ministros no supieron distinguir entre ambas voces.
 Los comunistas convocaron un Congreso de todos los grupos cristianos, en el edificio de nuestro Parlamento. Asistieron unos cuatro mil sacerdotes y pastores que eligieron nada menos que a ¡Jose Stalin como Presidente Honorario de dicho Congreso! Al mismo tiempo el era el Presidente del Movimiento Mundial Ateo, y un asesino en mesa de los cristianos. Uno tras otro, obispos y pastores se levantaron en aquel recinto para declarar que el comunismo y el cristianismo fundamentalmente son lo mismo y que por lo tanto podían coexistir. Un ministro tras otro ensalzo al comunismo y aseguro al nuevo gobierno que podría contar con la lealtad de la Iglesia.
 Mi esposa y yo estábamos presentes en el Congreso. Ella, que estaba sentada cerca de mi, me dijo: “¡Richard, levántate y limpia la cara de Cristo de tanta vergüenza! Están escupiendo en su cara”. Le dije: “Si lo hago, pierdes a tu esposo”. Ella respondió: “No deseo tener a un cobarde por esposo”.
 Entonces me levante y hable a los congresistas, alabando no a los asesinos de cristianos, sino a Dios y a Su Hijo Jesucristo, afirmando que nuestra lealtad se debía en primer lugar a El. Los discursos de aquel Congreso eran difundidos por radio, así es que se pudo escuchar el mensaje de Cristo en todo el país, proclamado desde la misma tribuna del Parlamento Comunista. Después tuve que pagar por semejante temeridad, pero había valido la pena.
 Los dirigentes de las Iglesias Protestantes y Ortodoxa competian entre si en su afán de ceder al comunismo. Un obispo ortodoxo coloco el emblema de la hoz y el martillo en sus vestiduras eclesiásticas y solicito a sus sacerdotes que no se dirigieran mas a el como “Su Señoría”, sino como “Camarada Obispo”. En otra oportunidad asistí al Congreso Bautista  en el pueblo de Resita, que se efectuó bajo la sombra de la bandera roja, donde todos se pusieron de pie al entonarse el himno nacional de la Unión Soviética. El presidente de los Bautistas declaro que Stalin no hizo más que cumplir con los mandamientos de Dios, y lo alabo como un gran maestro de la Biblia.
 Algunos sacerdotes, como Patrascoiu y Rosianu fueron más directos, convirtiéndose en miembros de la Policía Secreta. Rapp obispo auxiliar de la Iglesia Luterana en Rumania, comenzó a enseñar en el seminario teológico que Dios había dado tres revelaciones: una a Moisés, otra a través de Jesús, y una tercera a través de Stalin que superaba aun a la anterior.
 Debo aclarar que los verdaderos bautistas, por quienes siento un verdadero aprecio, no estaban de acuerdo y mantuvieron intacta su fe en Cristo, sufriendo mucho a causa de ello. Sin embargo, los comunistas “eligieron” a sus dirigentes y los bautistas no tuvieron mas remedio que aceptarlos. La misma condición se mantiene hoy en las altas esferas de dirección religiosa.
 Aquellos que se convirtieron en siervos del comunismo en lugar de siervos de Cristo, comenzaron a denunciar a los hermanos que no se unían a ellos.
 Así fue como los cristianos rusos formaron una Iglesia Subterránea después de la revolución rusa. La ascensión al poder del comunismo y la traición de fatuos dirigentes de la Iglesia Oficial nos obligo a fundar también en Rumania una Iglesia Subterránea que fuera fiel a su fe, que predicara el Evangelio y que ganara a los niños para Cristo. Los comunistas prohibieron todo esto y la Iglesia Oficial consintió.
 Junto con otros comencé una obra secreta. Exteriormente yo mantenía una posición bastante respetable que nada tenia que ver con mi verdadera obra clandestina, pero que me servia de pantalla para ocultarla. Yo era pastor de la Mision Luterana Noruega y al mismo tiempo era el representante del Consejo Mundial de Iglesias para Rumania. (Cabe destacar que en Rumania no teníamos la más remota idea que esa organización algún día podría cooperar con el comunismo. Por aquel entonces se dedicaba a mantener programas de ayuda en nuestro país.) Estos dos títulos me dieron una buena reputación ante las autoridades, que nada sabían de mi obra clandestina.
 La misma tenia dos facetas
 La primera era nuestro ministerio secreto ente el millón de soldados rusos.
 La segunda faceta era nuestro ministerio subterráneo al esclavizado pueblo rumano.
  Los rusos – un pueblo de almas “sedientas”
 Para mi, el predicar el Evangelio a los rusos es el cielo en la tierra. Yo he predicado el Evangelio a hombres de muchas naciones, pero nunca he visto a un pueblo tan sediento del Evangelio como los rusos.
 Un sacerdote ortodoxo amigo mío me telefoneo un día para comunicarme que un oficial ruso había acudido a el para confesarse. Como el no sabia ruso, y yo en cambio si, le había dado mi dirección. El hombre vino a verme al día siguiente. El amaba a Dios, aunque nunca había visto una Biblia, ni jamás había asistido a ningún servicio religioso (pues existen muy pocas iglesias en Rusia). No tenía la menor instrucción religiosa, pero amaba a Dios a pesar de no tener ni el más elemental conocimiento de El.
 Comencé a leerle el Sermón de la Montaña y las parábolas de Jesús. Después de escucharlas, en un arranque de alegría se puso a danzar por todo el cuarto, exclamando: “¡Que maravillosa belleza! ¡Como pude vivir sin saber nada de este Cristo!” fue la primera vez que vi a alguien tan cautivado por la persona de Cristo.
 Fue entonces que cometí un error. Le leí acerca de la pasión y crucifixión de Jesús, sin haberlo preparado para ello. El no la esperaba, pues cuando escucho como Cristo fue abofeteado, como fue crucificado y al fin murió, cayo en un sillón y comenzó a llorar amargamente. ¡Había creído en un Salador y ahora su Salvador estaba muerto!
 Al observarle me sentí avergonzado de llamarme cristiano y pastor, de ser un maestro para los demás y, sin embargo, jamás haber compartido los sufrimientos de Cristo en la forma que este oficial ruso ahora los compartía. Mirándole, me pareció volver a ver a Maria Magdalena llorando al pie de la cruz; llorando fielmente aun cuando Jesús yacía en la tumba.
 Luego le leí la historia de la resurrección. El no sabía que su Salvador había resucitado de la tumba. Cuando escucho estas maravillosas nuevas, se golpeo las rodillas profiriendo una palabra bastante grosera, aunque en ese momento la considere aceptable, y aun quizás “sana”. Era su cruda manera de expresarse. Nuevamente se regocijaba, gritando de alegría: “¡El vive! ¡El vive!”, y danzaba, dominado por la felicidad.
 “Oremos”, le dije, pero el no sabia orar, a nuestra manera por lo menos. Cayo de rodillas junto a mi, y las palabras que brotaron de sus labios fueron: “¡Oh Dios, que magnifico eres!. Si Tú fueras yo y yo fuese tú, nunca te habría perdonado Tus pecados. ¡Eres en realidad magnifico y yo te amo de todo corazón!”
 Pienso que todos los àngeles en el cielo se detuvieron en cielo para escuchar esta sublime oración de un oficial ruso. ¡El hombre había sido ganado para Cristo!
 En un negocio encontré a un capitán ruso con una dama que era también oficial del ejercito; compraban una gran cantidad de cosas, pero tenían dificultades para hacerse entender con el vendedor, ya que el no entendía ruso. Me ofrecí para actuar de intérprete para ellos, y trabamos amistad. Los invite a casa par almorzar, y antes de comenzar a comer les dije: “Uds. están en una casa cristiana y nosotros tenemos por costumbre orar”. Ore en ruso. Entonces dejaron los cubiertos sobre la mesa y perdieron el interes en la comida. Comenzaron a hacer pregunta tras pregunta acerca de Dios, de Jesucristo y la Biblia. Ellos no sabían nada.
 No fue fácil hablarles. Les narre la parábola de un hombre que tenia cien ovejas y perdió una; pero no me entendieron, porque me preguntaron: “¿Cómo es posible que tenga cien ovejas y que no se las haya quitado la granja colectiva comunista?” Entonces les dije que Jesús es un rey. A esto me contestaron: “Todos los reyes han sido hombres malos que tiranizaban a su pueblo, y Jesús por lo tanto tiene que haber sido un tirano también”. Cuando les narre la parábola de los obreros de la viña, ellos dijeron: “Bueno, esos hombres hicieron muy bien en rebelarse contra el propietario de la viña. La viña tiene que pertenecer a la granja colectiva”. Todo era nuevo para ellos. Al relatarles el nacimiento de Jesús, sus preguntas podrían parecer, en labios de un occidental, una blasfemia: “¿Era Maria la esposa de Dios?” Fue entonces que comprendí, al discutir con ellos y muchos otros, que para predicarles el Evangelio a los rusos, después de tantos años de comunismo, tendríamos que usar un idioma totalmente nuevo.
 Los misioneros que fueron a África Central tuvieron dificultades para traducir las palabras del profeta Isaías: “Si tus pecados fueron rojos como la grana, como la nieve serán emblanquecidos”. Nadie, en esa parte de África Central, había visto la nieve. Ni siquiera existía la palabra “nieve”. Por lo tanto tuvieron que traducir: “Tus pecados serán blancos como la pulpa del coco”.
 Así también tuvimos que traducir el Evangelio al lenguaje marxista para hacerlo comprensible a ellos. Era algo que no podíamos hacer solos, mas el Espíritu Santo lo hizo a través nuestro.
 En ese mismo día se convirtieron el capitán y el oficial. Después, ellos nos ayudaron mucho en nuestro ministerio clandestino con los rusos.
 Imprimimos y distribuimos en forma secreta muchos miles de Evangelios y otra literatura cristiana entre los rusos. A través de los soldados rusos convertidos pudimos introducir de contrabando muchas Biblias y porciones bíblicas en Rusia.
 Usamos otra técnica para hacer llegar copias de la palabra de Dios a las manos de los rusos. Los soldados rusos habían estado peleando varios años, y muchos de ellos tenían en su patria hijos que no habían visto en todo ese tiempo (Los rusos tienen un gran cariño por los niños). Mi hijo Mihai y otros pequeños, menores de diez años, iban a las calles y parques llevando con ellos muchas Biblias y Evangelios y otra literatura en los bolsillos. Los soldados rusos los acariciaban en la cabeza y les hablaban cariñosamente, pensando en sus propios hijos que no habían visto por tantos años. Luego les daban chocolates y dulces a los niños, quienes, a su vez, les daban a cambio: Biblias y Evangelios, que eran aceptados gustosamente. A menudo, lo que era peligroso para nosotros hacer abiertamente, podía ser hecho por nuestros hijos sin ningún riesgo. Eran nuestros “pequeños misioneros” para los rusos. Los resultados fueron excelentes. Muchos soldados rusos recibieron de este modo el Evangelio, que de otra manera no hubiéramos podido darles.


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