jueves, 28 de junio de 2018

MILAGROS EN ISRAEL-4-

Bibliografía: Doctor Steve Elwart, Koinonia Institute
Este mensaje fue traducido en memoria de nuestro querido Pastor José Holowaty, quien amaba profundamente a Israel - el pueblo de Dios
 Una carta de triunfo propia
Ante la negativa del presidente de recibir a Weizmann, los judíos se decidieron a jugar su propia “carta de triunfo”.   Llamaron a Eddie Jacobson.  Edward Jacobson era un judío de Nueva York que se había trasladado a Missouri en 1893.  Él y el presidente se conocieron por primera vez cuando Eddie tenía 14 años y Harry 20.  Eddie trabajaba como encargado de la mercancía en una tienda de camisas, y Harry como contador en un banco cercano.  Sus diferencias de edad y religión: ya que Harry era bautista y Eddie judío, no importaban. Harry dejó su posición en el banco para hacerse cargo de la granja familiar, pero los dos se mantuvieron en contacto.
La amistad se reanudó cuando descubrieron que ambos se habían unido a la Guardia Nacional de Missouri, Harry como segundo teniente en la artillería D, y Eddie como sargento en la artillería F.  Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, sus unidades se fusionaron en la artillería 129 de campaña.  Truman fue puesto a cargo de la bodega del regimiento, además de otras funciones, pero como tenía poco conocimiento comercial, de inmediato pidió que el sargento Jacobson fuera transferido a su unidad.  Juntos administraron la bodega más exitosa en la zona. Reconocido por su administración ejemplar, Truman fue ascendido al rango de capitán y nombrado comandante de artillería.
Debido a la experiencia de ellos con la bodega, el par decidió abrir una mercería después de la guerra, que prosperó por un par de años hasta que llegó la depresión de 1921 y el negocio fracasó.  Ese fracaso empresarial dejó a los dos hombres con una deuda que les tomó años pagar.
Cuando el negocio fracasó, Truman se dedicó a la política y Jacobson se convirtió en un vendedor ambulante, una vocación que le permitía ver a Truman a menudo, cuando visitaba Washington.
Por otro lado, como el presidente se negaba a recibirlo, Weizmann reconoció que tenía que jugar la única carta que le quedaba: Eddie Jacobson, así que lo contactó por medio de un intermediario.  Eddie quien se había enterado del rudo comportamiento de los sionistas en la oficina del presidente, y quien además no era sionista, rehusó involucrarse.  Y le dijo: En mis 37 años de amistad con el presidente Truman, nunca le he pedido un favor, y si usted me dice que él no desea que le vuelvan a mencionar la palabra Palestina, ciertamente no voy a poner en peligro nuestra amistad convirtiéndome en su antagonista”.
Después de un poco de persuasión, Jacobson accedió a regañadientes a ir a ver al presidente, en nombre de Weizmann. Jacobson llamó a la Casa Blanca y el presidente le dijo que estaría contento de verlo, siempre y cuando no se mencionara el tema de Palestina.

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