jueves, 28 de junio de 2018

MILAGROS EN ISRAEL-5-

Bibliografía: Doctor Steve Elwart, Koinonia Institute
Este mensaje fue traducido en memoria de nuestro querido Pastor José Holowaty, quien amaba profundamente a Israel - el pueblo de Dios
 Una reunión en la Oficina Oval
Finalmente Jacobson fue admitido por el presidente en la Casa Blanca.  Al llegar allí, fue escoltado hasta la Oficina Oval a través de una entrada privada para evitar a los medios noticiosos.  El presidente lo recibió calurosamente y le señaló una silla.  Jacobson se sentó.  Truman le preguntó por su familia.  Él había visitado el hogar de los Jacobson frecuentemente, y en una ocasión había tocado un dúo de pianos con la hija de Jacobson.  Jacobson le respondió amablemente, preguntando a su vez por la señora Truman y Margaret su hija.
“Ellas están bien” - fue la respuesta del presidente.  “¿Qué te trae a Washington en esta ocasión?”.  “Harry, tú me conoces.  No soy diplomático.  No me gusta andar por las ramas. Por favor, quiero pedirte que hables con el doctor Weizmann”.
“¿Queeé? ¡No puedo creer esto! ¿A pesar de mi objeción, te atreves a pedirme que vea a Weizmann?”.  Y Jacobson respondió: “Bueno, señor presidente, al menos honré su petición, no mencioné a Palestina”.
Truman, lo interrumpió bruscamente: “Eddie, estoy harto, enfermo y cansado de los sionistas, quienes piensan que pueden decirme qué debo hacer.  Finalmente perjudicaré a todos si trato de ayudarlos.  Ellos vinieron aquí y me gritaron, e hicieron amenazas concernientes al apoyo futuro político, de los judíos norteamericanos”.
Colocando ambas manos sobre su escritorio,  Truman se inclinó hacia delante y exclamó: “Si Jesús no pudo complacerlos cuando estaba en la tierra, ¿cómo puedes tú o cualquier otra persona, esperar que yo tenga alguna suerte?”.
Después de escuchar el arrebato del presidente, Jacobson se quedó estupefacto.  En todos sus años de amistad, nunca habían intercambiado palabras desagradables; sin embargo, en este momento Harry Truman estaba literalmente bramando ante él.  En ese instante, Eddie Jacobson sintió por primera vez que su querido y viejo amigo estaba próximo a convertirse en antisemita, y permaneció estático helado en la silla con los ojos llenos de lágrimas.
Entonces Jacobson vio en una mesa,  una estatua en miniatura del general Andrew Jackson montado sobre un caballo, una de las posesiones más apreciadas de Truman.  Jacobson colocó una mano sobre la estatua y con la otra tocó el hombro del presidente y con una voz casi inaudible, hizo su última petición: “¡Harry!  Toda tu vida has tenido un héroe.  Probablemente sabes más acerca de Andrew Jackson que nadie más en Estados Unidos.  Recuerdo que siempre leías sobre él.  Luego cuando fuiste juez del condado, hiciste construir un nuevo Palacio de Justicia en la ciudad de Kansas, y ordenaste colocar su estatua de tamaño natural  sobre el césped, al frente del palacio.  Bueno, Harry, yo también tengo un héroe.  Un hombre que nunca he conocido, pero quien es un real caballero y un gran hombre de estado.  Estoy hablándote de Chaim Weizmann.  Él está muy enfermo, pero a pesar de todo viajó miles de kilómetros sólo para verte y abogar por la causa de su pueblo.  Ahora tú te rehúsas a verlo debido a que unos imprudentes norteamericanos sionistas te insultaron, a pesar de que ni tú ni Weizmann tienen nada que ver con ellos.  Esa actitud no parece tuya, Harry.  Yo pensé que podías ver las cosas de otra forma.  Y no estaría aquí sino supiera que lo ibas a ver, para que te informara de manera adecuada acerca de la situación que existe en Palestina”.
Cuando Jacobson terminó, Truman no dijo una sola palabra; se volvió y se quedó estático mirando hacia el jardín de rosas. Todo lo que Jacobson podía ver era la parte posterior de la silla de su amigo.
Mientras estaban sentados en silencio, Jacobson recordó que Truman le había contado de los dos días que estuvo a solas, mirando por una ventana, antes de decidirse a lanzar la bomba atómica sobre Hiroshima.  Jacobson recordaba que “Entre más transcurría el tiempo que estuvieron sentados, él más oraba para que no fuera a dejar caer otra bomba sobre él”.
Luego el silencio en la sala fue roto por el sonido de los dedos de Truman que tamboreaban en el brazo de su silla.  Poco a poco se dio la vuelta, se detuvo y miró directamente a los ojos de su viejo amigo, y dijo: “Está bien, calvo... (y lanzó un improperio)... ¡lo veré!”.
Manteniendo su palabra, el presidente Truman invitó a Weizmann a la Casa Blanca el 18 de marzo de 1948.  Durante la reunión, le aseguró que deseaba que se hiciera justicia en Palestina sin que hubiera derramamiento de sangre.  Le prometió, que sí se declaraba un estado judío, con o sin la confirmación de las Naciones Unidas, Io reconocería sin demora.
Fue gracias a Eddie Jacobson que el presidente Truman se entrevistó con Chaim Weizmann. El resultado de esa reunión fue que Estados Unidos reconoció el estado judío.
Esta historia no acaba aquí

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