viernes, 6 de julio de 2018

42-44 EL LIBRO NEGRO DE LA NUEVA IZQUIERDA IDEOLOGIA DE GENERO


EL LIBRO NEGRO DE LA NUEVA IZQUIERDA
IDEOLOGIA DE GENERO O SUBERSIÓN CULTURAL
Nicolás Márquez - Agustín Laje 
Grupo Unión 

Extraigamos como conclusión algo que a esta altura ya es evidente: si hay algún
acuerdo estratégico en el marco de la reconstrucción de una nueva izquierda para el siglo

XXI, es que ésta se tiene que apoyar con fuerza en nuevos “movimientos” que son

mencionados y repetidos hasta el hartazgo por todos los teóricos que hemos repasado
hasta aquí, incluidos Ernesto Laclau y Chantal Mouffe que, como vimos en el
subcapítulo anterior, sentaron las bases teóricas post-marxistas para superar

definitivamente el economicismo que sólo permitía ver la lucha socialista como una

confrontación de clases sociales. Esos nuevos movimientos que el socialismo del Siglo
XXI debe hegemonizar son fundamentalmente los indigenistas, ecologistas,
derechohumanistas, y a los que en este primer tomo de esta obra les dedicaremos
especial atención: las feministas y los homosexualistas (de estos últimos se encargará

Nicolás Márquez en la segunda parte de la presente obra), eufemísticamente

representados por lo que se ha dado en conocer como la “ideología de género”.
  [65] 65 Stefanoni, Pablo. Ramírez, Franklin. Svampa, Maristella. Las vías de la emancipación. Conversaciones
con Alvaro García Linera. México, Ocen Sur, 2009, pp. 11-13.
  1 661 66 Stefanoni, Pablo. Ramírez, Franklin. Svampa, Maristella. Las vías de la emancipación. Conversaciones
con Alvaro García Linera. México, Ocen Sur, 2009, pp. 11-13.
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  Capítulo 2: Feminismo e ideología de género

Por Agustín Laje

  I- La primera ola del feminismo
 Dado que el feminismo no puede ser abordado como una ideología unívoca, sus
diversas expresiones suelen ser diferenciadas a través de “olas” que se van sucediendo
unas a otras a través de la historia, y que llevan consigo importantes cambios
políticoteóricos respecto de sus predecesoras. De tal suerte que resulta necesario repasar
rápidamente las principales características de estas distintas manifestaciones de
feminismo, para escapar a los discursos reduccionistas que nos llevarían a
generalizaciones peligrosas. En efecto, el feminismo radical, sobre el cual aquí
concentramos nuestras críticas, nada tiene que ver con otros feminismos que la historia

ha registrado y que nosotros, lejos de criticarlos, creemos que representaron progresos

sociales importantes y necesarios.

Los orígenes de lo que podemos llamar la “primera ola” feminista han de
encontrarse en los tiempos del Renacimiento (Siglos XV y XVI), como período de
transición entre la Edad Media y la Edad Moderna. Mujeres de gran inteligencia

comienzan a reclamar el derecho a recibir educación de manera equitativa a la recibida

por los hombres, y empiezan a notar y a hacer notar el papel socialmente relegado que

juega la mujer de aquel entonces. Nuevos aires intelectuales se sienten
fundamentalmente en Europa; los clásicos son releídos sin los anteojos arquetípicos del
mundo medieval. Y así, a este momento de la historia corresponden obras tales como
La ciudad de las damas de Christine de Pizan, escrita en 1405, y La igualdad de los
sexos del sacerdote Poulain de la Barre, publicada en 1671. Entre medio de ellos,
Cornelius Agrippa publica la célebre obra De la nobleza y la preexcelencia del sexo
femenino en 1529. El padre Du Boscq escribe a favor de la educación abierta al público

femenino en La mujer honesta. Al término del Siglo XVII, el filósofo Fontenelle publica
sus Conversaciones sobre la pluralidad de los mundos. A la lista se puede sumar La

novia perfecta de Antoine Héroét, El discurso docto y sutil de Margarita de Valois, entre
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  otros ejemplos de los nuevos aires intelectuales concentrados en el flamante reclamo de
y por la mujer.
 Pero la primera ola feminista no se va a expresar con toda su fuerza sino a causa
de las nuevas condiciones sociales, políticas y económicas que se derivaron de las
revoluciones de inspiración liberal del Siglo XVIII. Y no debe extrañar que así haya
sido, atendiendo al marco ideológico en el cual aquéllas se originaron y desarrollaron,
fundado en la igualdad natural entre los hombres y la libertad individual. Y ello sin dejar
de considerar, por supuesto, la importancia del factor económico: estas revoluciones que
traerán consigo el capitalismo liberal al mundo, crearán nuevas condiciones de vida para
la mujer, la cual ve frente de sí todo un nuevo universo lleno de posibilidades fuera del

hogar.
  Este primer feminismo surgido de las entrañas de las revoluciones liberales
luchará, en términos generales, por el acceso a la ciudadanía por parte de la mujer: el

derecho a la participación política y el derecho a acceder a la educación que, hasta

entonces, había estado reservada para los hombres, estructuran el discurso del naciente
feminismo de carácter liberal. El contexto filosófico imperante es funcional a este
discurso. Voltaire postula la igualdad de mujeres y hombres, y llama a las primeras “el

bello sexo”. Diderot les dice a las mujeres “Os compadezco” y denuncia que a lo largo

de la historia “han sido tratadas como imbéciles”. Montesquieu determina que la mujer
tiene todo lo que se necesita para poder tomar parte en la vida política. Condorcet publica
en 1790 el texto “Sobre la admisión de las mujeres al derecho de ciudadanía”, donde
concluye que los principios democráticos que se han inaugurado caben a todos por igual
independientemente del sexo. “¿Por qué unos seres expuestos a embarazos y a
indisposiciones pasajeras no podrían ejercer derechos de los que nunca se pensó privar
a la gente que tiene gota todos los inviernos o que se resfría fácilmente?”, ironiza este
último.
 Es en este contexto en el que estas nuevas demandas, al compás de las nuevas
ideas, nacerán con especial relieve en el epicentro de las revoluciones de inspiración
liberal: Inglaterra, Francia y Estados Unidos.
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  Suele tomarse como obra fundacional de la primera ola feminista al libro
Vindicación de los derechos de la mujer, de la inglesa Mary Wollstonecraft, centrado
en la igualdad de inteligencia entre hombres y mujeres y en una reivindicación de la
educación femenina. Nacida en 1759 y fallecida en 1797, Wollstonecraft trasciende
como una de las más importantes escritoras de su tiempo, a pesar de no haber gozado de
una educación que excediera el quehacer doméstico. Su carrera como escritora nace
cuando recibe el encargo de escribir Pensamientos acerca de la educación de las niñas,
donde ya empieza a formar sus ideas en defensa de una enseñanza que incluyera al sexo
femenino, y llega a la cima con el citado Vindicación de los derechos de la mujer,
redactado en apenas seis semanas de 1792, donde abroga por la participación política de

la mujer, el acceso a la ciudadanía, la independencia económica y la inclusión en el

sistema educativo.
 Quien recogerá el legado de Wollstonecraft durante buena parte del Siglo XIX
en Inglaterra no será, sin embargo, una mujer, sino un hombre: John Stuart Mili. Su libro

La sujeción de la mujer, publicado en 1869, es su obra más importante en esta materia,
editada no sólo en su país de origen, sino también en Estados Unidos, Australia, Nueva
Zelanda, Alemania, Austria, Suecia, Italia, Polonia


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