¿A DONDE LLEVA CHAVEZ A VENEZUELA?
Por Rudolph Chelminski
EN NOVIEMBRE PASADO, un equipo venezolano de beisbol viajó a Cuba a jugar contra un equipo local entrenado nada menos que por Fidel Castro. Los visitantes perdieron, mas la derrota no mermó la admiración de su lanzador por el barbado comandante. "Estoy satisfecho de seguir el camino de Fidel", declaró el corpulento jugador. "Venezuela avanza en la misma dirección, hacia el mismo mar que el pueblo cubano, un mar de felicidad, justicia social y paz verdadera".
El lanzador vencido era Hugo Chávez, presidente de Venezuela, quien un mes después demostró la enorme influencia que el dictador cubano ejercía en él. Pese a que su país había sido asolado por una serie de inundaciones y aludes que dejó miles de muertos, Chávez rechazó la ayuda enviada por Estados Unidos en dos barcos llenos de tractores, excavadoras y aplanadoras, además de 450 ingenieros militares. Al parecer, consideró tal presencia de tropas en aguas venezolanas una violación de la soberanía nacional y la declaró indeseable.
Chávez no es comunista, pero al seguir el ejemplo de Castro está asumiendo el papel de caudillo. Impetuoso coronel del Ejército que estuvo en prisión por intentar un golpe de Estado y recibió luego el indulto, Chávez fue el candidato que más llamó la atención en las elecciones presidenciales de 1998. Orador nato, carismático y audaz, prometió acabar con la corrupción y mejorar las condiciones de vida del pueblo. Una aplastante mayoría de votos lo llevó a la presidencia.
En un año, una nueva constitución hecha a su conveniencia le ha dado inmenso poder. Y el poder es su idioma. "Estoy en guerra", clama. "Tengo la espada desenvainada".
Éste es un mal presagio. De hecho, el encumbramiento de Chávez se está convirtiendo en el último capítulo de una historia dolorosa: la de la pésima administración del que llegó a ser el país más prometedor de América Latina.
Riqueza dilapidada.
Venezuela parece tenerlo todo: un clima tropical envidiable, grandes ríos que generan energía eléctrica e importantes yacimientos de oro y otros minerales valiosos. Pero, sobre todo, tiene enormes reservas de petróleo que lo convierten en el sexto mayor productor del mundo.
"Dios es venezolano", decían los habitantes de este país en los años 60 y 70. En efecto, Venezuela parecía ser un ejemplo para el resto de Latinoamérica: una democracia cuyo ingreso per cápita era el más elevado de la región, con una moneda sólida, inflación mínima y una tasa de crecimiento impresionante. Las cosas no podían pintar mejor.
Hoy en día, la situación es muy distinta. La mitad de la población vive en la pobreza, y la tasa de crecimiento del producto interno bruto es de menos 7.2 por ciento, la peor de la región.
Chávez tiene ante sí un enorme reto. Al aumentar la deuda externa, los capitales han huido; la inflación supera el 20 por ciento, y el desempleo real es imposible de medir (se calcula que oscila alrededor del 18 por ciento), ya que la economía informal impera en el país.
RESULTA IRÓNICO que los problemas de Venezuela hayan comenzado con la bonanza del petróleo. Durante la primera gran crisis petrolera de 1973-1974, el precio del barril de crudo aumentó de dos dólares a alrededor de diez, y las ganancias llenaron las arcas del Estado. Para gastarlas, el presidente Carlos Andrés Pérez puso en marcha un ambicioso plan al que llamó "la Gran Venezuela".
Nacionalizó el petróleo y la industria minera y expandió los sectores petroquímico, eléctrico, del aluminio y de las telecomunicaciones, que estaban ya en manos del gobierno. Se crearon monopolios estatales para comercializar cacao y café. "¡Vamos a cambiar al mundo!", alardeaba Pérez.
El gobierno construyó presas, ingenios azucareros, bodegas refrigeradas, plantas petroquímicas y cafetaleras, escuelas y hospitales, y compró barcos y aviones. La banca extranjera le concedía créditos rápidos, que esperaba cobrar en pocos años, pues se creía que el precio del petróleo se mantendría al alza.
Pero esto no sucedió. Tras alcanzar, en noviembre de 1980, una cotización máxima de 30 dólares, dicho precio se desplomó en los siguientes 20 años. Con todo, el gobierno se había comprometido a realizar fuertes gastos y la deuda pública creció a un ritmo alarmante.
Entre tanto, las empresas nacionalizadas, con el lastre del exceso de personal y la corrupción, y la incapacidad de producir bienes de calidad a precios competitivos, naufragaron. Aun cuando el problema era la desmedida intervención gubernamental, la única solución que se les ocurría era más estatismo.
Las administraciones siguientes intentaron controlar la economía regulando cada proyecto industrial, cada importación de bienes y cada aumento de precios", señala Moisés Naím, venezolano que dirige la revista Foreign Policy. "Esa política fracasó".
TANTO O MÁS DEPLORABLE ha sido el trastrueque de valores
que el plan de la Gran Venezuela provocó. "La gente piensa que lo que el gobierno posee es suyo también, así que, si lo toma, no lo considera un robo", explica el doctor Gustavo Villasmil, jefe de urgencias del mayor hospital público de Caracas. "Tengo policías armados en la sala de urgencias para evitar que la gente se robe el equipo, y aun así lo hacen. A veces no podemos realizar ni las operaciones más sencillas por la falta de instrumentos".
"Las ganancias petroleras destruyeron el valor del trabajo arduo", se queja Alberto Vollmer, cuya destilería familiar, ubicada cerca del pueblo de El Consejo, produce el mejor ron del país desde hace más de un siglo. "El oportunismo se ha generalizado. En Venezuela, todo el mundo quiere obtener algo, pero nadie está dispuesto a dar nada a cambio".
Los patrones, claro, se quejan de que los trabajadores no se esfuerzan. Lo asombroso es que Freddy Padrón, un líder sindical de la ciudad industrial de Valencia, opina lo mismo. "La gente no está educada para trabajar", dice. "En general, estoy en contra de la propiedad estatal. Creo en el libre mercado, pues es en él donde los trabajadores obtienen los mayores beneficios".
Sin embargo, sobre el sector privado de Venezuela pesan muchas restricciones, señala Flavio Fasano, empresario de Caracas. Sus padres abrieron una pequeña lavandería en 1968 y, gracias al trabajo arduo, ahora tienen cuatro y un total de 18 empleados. Pero la injerencia del gobierno los ha limitado. "Necesito permisos de por lo menos cuatro ministerios para cada cosa que quiero hacer", añade Fasano, "así que me la paso lidiando con la burocracia".
El gobierno lleva mucho tiempo manteniendo sumamente bajos los precios de la gasolina. En febrero de 1989, el anuncio de que planeaba aumentarlos fue una de las causas de un disturbio en Caracas que duró tres días y tuvo que ser reprimido por el Ejército, con un saldo de varios cientos de muertos.
Lo que ocurría era que el precio del petróleo estaba cayendo y el gobierno estaba hundido hasta el cuello en deudas.
Los sueños de prosperidad que muchos venezolanos tenían se han disipado. Chávez ha prometido acabar con la corrupción y hacer justicia, pero persiste la duda sobre la sinceridad de su compromiso con los ideales democráticos.
"Utiliza un lenguaje muy violento con el que pretende borrar hasta el último rastro de disidencia", advierte el cardenal de Venezuela, Rosalío Castillo Lara. "Es una retórica totalitaria".
La tentación del poder. Chávez sigue siendo muy popular porque, a diferencia de la repudiada vieja clase política, es un hombre surgido del pueblo, que sabe llegar al corazón de la gente común. En su programa dominical de radio, 'Aló Presidente", las ciudadanas le cuentan sus problemas cotidianos y él las llama mi amor".
Aunque Chávez es gran admirador de Simón Bolívar, en 1999 la prensa de Caracas reveló que había contestado una carta que le envió Ilich Ramírez Sánchez, el famoso terrorista venezolano conocido como Carlos el Chacal. Éste se halla hoy en una prisión de alta seguridad en Francia, y se dice que celebró la frase "Con profunda fe en la causa" con que Chávez terminaba su carta.
¿Cómo usará Chávez el enorme poder que tiene? "Lo que Venezuela debe hacer ahora es muy claro", señala Jonathan Coles, un próspero empresario venezolano de origen estadounidense que fue ministro de Agricultura durante el gobierno reformista de 1990-1993, el cual intentó privatizar la economía. "El Estado debe dejar aquello que no hace bien y dedicarse a invertir en salud y educación. Por lo que toca a la economía, cuando ofrezca suficiente libertad de acción a la empresa privada, fomente la competencia y cree una ley antimonopolios eficaz, estaremos ante un nuevo comienzo".
Parece que este camino no es el que Chávez desea seguir. Al menos eso demuestra PDVSA, el monopolio petrolero estatal que genera el 80 por ciento de los ingresos por exportaciones de Venezuela. A mediados de los años 70, tenía 33,000 empleados; en 1998, debido al apoyo que se dio a la investigación y el desarrollo, eran más de 50,000, sin que el volumen de producción de petróleo haya variado. Aun así, la nueva constitución de Chávez prohibe su privatización.
Con todo, si el coronel cumple su compromiso con la democracia y presta oídos a consejos económicos sensatos, el país podría salir de la crisis. Si no lo hace, los venezolanos lamentarán haberlo llevado al poder en 1998. En ambos casos, el camino será tortuoso.
Selecciones del Reader´s Digest
Agosto de 2000
LA MARCHA DE LAS MUJERES- LA NACION QUE SE SALVO A SI MISMA
LA NACION QUE SE SALVO A SI MISMA
Ppr Clarence Hall
LA MARCHA DE LAS MUJERES
LA
PRIMERA reacción vino de las mujeres de Sáo Paulo. Centenares de amas
de casa, al enterarse por la radio y la televisión de las peroratas del
13 de marzo, corrieron al teléfono y comenzaron a organizar una
manifestación pública que debía dejar pequeña a la de Goulart. Seis días
después, el 19 de marzo, las amplias avenidas del sector comercial de
Sáo Paulo se vieron colmadas por un río humano que las mujeres llamaron
"La marcha de la familia con Dios hacia la libertad". Apretando sus
devocionarios y sus rosarios contra el pecho, marchaba un ejército de
más de 600.000 mujeres con ritmo solemne a la sombra de sus banderas
anticomunistas. Y mientras avanzaban, los vendedores de la prensa, desde
las aceras, vendían diarios donde estaba impresa la larga proclama que
habían preparado ellas mismas:
"Esta
nación que Dios nos ha dado, inmensa y maravillosa, está en extremo
peligro. Hemos permitido que hombres ambiciosos, sin religión y sin
escrúpulos, traigan a nuestro pueblo la miseria, que destruyan nuestra
economía, que perturben nuestra paz social para engendrar odio y
desesperación. Ellos han infiltrado en nuestro país, en
nuestro gobierno, en nuestras fuerzas armadas, y hasta en nuestras
iglesias, servidores del totalitarismo, hombres extraños para nosotros y
que todo lo destruyen .. . ¡Santa Madre de Dios, sálvanos de la triste
suerte y de los sufrimientos de las martirizadas mujeres de Cuba,
Polonia, Hungría y otros países esclavizados!"
Un testigo llamó a
esta marcha de las Mujeres de Sto Paulo "la demostración más conmovedora
en la historia del Brasil". Días después se realizaron marchas
similares en otras ciudades importantes del Brasil. Ni la oposición del
gobierno, ni las amenazas de la policía pudieron impedir estas cruzadas
femeninas.
LA NACION QUE SE SALVO A SI MISMA
Por Clarence Hall
MURMULLO DE ORACIONES
HASTA en las favelas, barrios pobres de chozas miserables que circundan a muchas ciudades brasileñas, y blancos predilectos de la propaganda roja, se formaron células de CAMDE. Una de ellas nació en una favela de Río llamada Rocinha cuando una humilde lavandera recurrió a doña Amélia en
busca de ayuda. "Este lugar", le dijo la pobre mujer, "está repleto de
comunistas. Dicen que quieren enseñarnos a leer y a escribir, y nos dan
cine. Pero los únicos libros que tienen son cartillas cubanas; las únicas películas que nos muestran son de guerrilleros cubanos".
Pronto
se formó en Rocinha una célula de CAMDE "cuyo centro fue la casa de la
lavandera. Se organizaron clases de lectura y escritura, se repartieron
circulares y folletos. Al poco tiempo las mujeres de Rocinha fueron capaces de discutir con los rojos en igualdad de niveles y les decían a los propagandistas de candidatos comunistas al Congreso y a los que mandaba la Unión Nacional de Estudiantes: "Aquí no los queremos, ya sabemos lo que buscan ustedes". Los rojos seguían adelante en busca de campos más propicios.
La
propagación de las organizaciones femeninas fue algo asombroso. Algunas
se convirtieron en sucursales de CAMDE; otras, como LIMDE (Liga de
Mujeres Demócratas) de Belo Horizonte, tenían identidad propia.
Las mujeres de Belo Horizonte, capital de Minas Gerais, quizá el Estado más firmemente anticomunista de todo el Brasil, eran la personificación del valor. Cuando
la Unión Federal de Trabajadores Iberoamericanos, dirigida por los
rojos, anunció que iba a celebrar una reunión general en su ciudad, en
la cual hablarían como número especial del programa dos organizadores
rusos, las dirigentes de LIMDE enviaron este corto mensaje: "Tengan la
bondad de enterarse de que, cuando llegue el avión que trae a bordo esos
hombres, encontrará centenares de mujeres tendidas en el campo de aterrizaje". Con esa amenaza fue bastante. El avión no aterrizó en Belo Horizonte; siguió, adelante y fue a parar a Brasilia.
Esas
mismas mujeres hicieron otra demostración igualmente eficaz en febrero
pasado. Iba a reunirse en Belo Horizonte un "congreso de reforma
agraria", y el propio Leonel Brizola sería el orador principal. Cuando Brizola llegó al recinto, lo encontró lleno de bote en bote; tan colmado estaba que no pudo hacerse oír entre el cascabeleo de los rosarios y el murmullo
de 3000 mujeres que rezaban por la salvación de su patria. Brizola salió a la calle y la encontró igualmente colmada de mujeres en oración hasta donde le alcanzaba la vista. El hombre abandonó Belo Horizonte y en el bolsillo se llevaba uno de los discursos más violentos que había escrito en su vioda ... sin haberlo podido pronunciar
.En
el el lapso de doce meses había grupos de mujeres trabajando
activamente en todas las ciudades principales del Brasil, desde Belén, en el norte, hasta Porto Alegre, en el sur.