sábado, 31 de diciembre de 2016

HERMOSA MARJORIE SUZANNE FONTANELLA Y KURT HISTORIA DE AMOR

 MARJORIE SUZANNE BELLAFUENT Y KURT
 BREVE HISTORIA DE AMOR
por Autor del blog
 31 Diciembre 2016
 Marjorie (Hermosa en extremo)
Marjorie Suzanne Bellafuente era una bellísima  joven de cabellos dorados, alta, de tez  blanca, con unos ojos mezcla de un verde turquesa  con azul del cielo. Tan bella era que si se hubiese presentado al concurso de belleza de su país, seguramente habría  salido ganadora, pero sus interés y metas no eran esas.  Sin embargo el verdadero tesoro lo llevaba dentro de su ser. De un espíritu sensible y un corazón noble  para con su prójimo. Desde niña se preocupaba por los pajarillos heridos y por los perros desamparados. Gustaba de salir a pasear  por los campos recién bañados por la lluvia y ver crecer y florecer las  flores silvestres. Su afición por la lectura y pasión por la historia, le abrió camino como escritora y periodista en su ciudad natal perteneciente a un país hispanoamericano Pasado los años Marjorie fue becada por una universidad norteamericana para  asistir a unos estudios relacionados con las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Felizmente en la ciudad donde asitiría Marjorie a la universidad, una tia materna suya vivía en una area cercana.
 A  la misma universidad y por los mismos estudios  se presentó Kurt Graft. El iba becado o comisionado por la marina de guerra de Estados Unidos. Kurt  había nacido en el Brasil. De padres alemanes, había partido siendo casí un adolescente  a Inglaterra  y luego a Estados unidos donde obtuvo sus despachos de oficial de marina. Al presente era piloto aviador  de uno de los más  sofisticados aviones de caza en el  moderno superportaaviones nuclear  USS Patrick Henry.  Kurt era un joven de ojos claros, de cabellos castaño oscuro, muy alto y  fuerte..  De carácter serio y esforzado, pronto hizo una buena hoja de servicio en la naval.
Kurt  por ser de naturaleza reservada y austera, así mismo  por su  dedicación a sus estudios, había tenido pocas oportunidades de tener sino romances breves y fugaces. Bajo la superficie rígida de su vida, existía un corazón que ansíaba conocer  el verdadero amor de una mujer. Por ello no es de extrañar que cuando vió a Marjorie fontanella, la joven  causará un agradable impacto en su ser. Coincidentemente quedaron juntos en un grupo de discusión e investigación sobre la segunda  guerra mundial. Los días y semanas de reunir información sobre el tema hizo que como grupo pasaran juntos mucho tiempo y que la  relación entre ellos fuese haciéndose más seguida. En ese tiempo Kurt  llegó a admirar la inteligencia, el sentido de investigación, el interés por el estudio y la amabilidad de la hermosa joven. Igualmente la belleza esplendida de Marjorie  cautivo el corazón del apuesto caballero.   Pasado un tiempo kurt invitó a  Marjorie a salir un paseo, ella lo consultó con  su  tía donde ella estaba hospedada, La tia estuvo de acuerdo y al poco tiempo Kurt  y su dulcinea salían a comer, a disfrutar de una buena  película,  caminar a la orilla del  mar, escuchando el sonido de las olas y del canto del as gaviotas y pelicanos.  En uno de esos paseos , La declaración de amor de Kurt a Marjorie no se hizo esperar y pronto fueron dos almas gemelas, dos almas nacidas el uno para el otro. Ella  ya había comunicado a sus padres  acerca de su noviazgo con
Por ese tiempo llegaron los padres de Marjorie a visitarla. Conocieron a Kurt y aprobaron su relación. Se amaban tanto que  decidieron unirse en matrimonio.  Se comprometieron y fijaron el día de las nupcias. Más antes de realizar su precioso sueño de amor tendrían que afrontar una tormenta que amenazaba con nublar su horizonte.
El curso al  que asistieron iba  llegando a su final. Entre las tareas finales estaba una  relacionada a presentar las listas de los detenidos en los campos de concentración y su correspondiente   liberación por las tropas del ejército de los Estados Unidos.
Investigando, examinando  documentos, listas…ambos se llevaron una tremenda sorpresa cuando descubrieron que en el listado de personas recluidas en un campo concentración en Polonia, aparecían algunas personas de  origen judío y de nacionalidad italiana, entre los cuales aparecía el Fontanella.   A Marjorie le parecía  haber escuchado uno de esos nombres en alguna ocasión  en boca de sus padres, y más aún al ver la foto de dicha persona, parecía asociarla con una de sus abuelas. Pero el verdadero tsunami  faltaba por llegar a su playa. Entre los documentos y listas de los responsables de esos campos  de la muerte, aparecía un nombre que venía a indicar claramente y sin lugar a dudas que uno de los abuelos de su amado Kurt Graft.
 Marjorie sintió  que su mundo se derrumbaba, que allí se le acababa el camino, porque sus padres no iban a estar de acuerdo con que ella se casara con  su príncipe azul. Para Kurt también fue un golpe emocional, más fuerte que si lo hubiese derribado en su avión un enemigo. Él que no temía alas alturas y a la muerte, y ahora  pensaba que su felicidad futura con Marjorie  no podría ser. Fueron días de intenso sufrimiento espiritual.de aflicción y desesperación mutua. Mientras tanto el curso en la universidad llegaba a su fin. Ambos obtuvieron notas sobresalientes y menciones honorificas. Kurt  aprovechó unos días de licencia antes de presentarse nuevamente al servicio en el superportaviones USS Patrick Henry. Días de licencia donde pudo viajar en compañía de Marjorie al país natal de ella, para poner en claro todo el asunto delante de su familia.
Llegó el día del recibimiento. La tia de Marjorie, enterada del asunto había hecho llegar algunas noticias a los padres de la muchacha. Kurt y su novia no dejaron de preocuparse y mostrarse inquietos y nerviosos durante el viaje y su llegada  a la casa familiar.
Los padres de Marjorie recibieron con mucho afecto a Kurt, recordemos que lo habían conocido  en la ocasión que  habían visitado a su hija en los Estados Unidos.Estaban además presentes el hermano mayor de Marjorie y su hermana menor, una bellas señorita.
Se dieron a conocer los detalles existentes de la historia descubierta. ¿Qué pasaría?- se preguntaba Kurt en su interior-¿Dejarán que me casé con Kurt? Interrogaba en su pensamiento Marjorie. Fue una velada larga, muy larga. Al filo de la medianoche, el padre de Marjorie con la mirada iluminada y el corazón lleno de bondad, puesto en pie al lado de su esposa , dijo:
-          Somos una familia unida, Hace muchos años, cuando nuestros hijos eran pequeños, decidimos vivir  de acuerdo a las enseñanzas y preceptos de la Palabra de Dios que está contenida en la Sagrada Biblia .Todo bajo la dirección y autoridad de nuestro Padre Celestial, de nuestro Señor y Salvador Jesucristo y de su hermoso Espíritu Santo.  El nos manda y exhorta a perdonar toda ofensa e injuria que los hombres nos pudiesen haber hecho. Las cosas que hemos conocido y tratado en esta noche no deben ser motivo de rencor o amargura. Seguramente en otras familias serían motivo de odio, discordia y maldiciones.  De común acuerdo con mi esposa  y familia decidimos sepultar toda ira, rencor y discordia en el pasado, en el fondo del mar. Ahora viendo el amor existente entre Kurt y nuestra hija Marjorie , no seremos nosotros los que añadamos una nueva herida o tropiezo en el corazón de nuestra hija respecto a su amor. Si Marjorie  decide aceptar la proposición de matrimonio de Kurt, será aceptado como nuestro nuevo hijo. Seguidamente abrió la Sagrada Biblia en el  pasaje de  la 1ra. Carta del apóstol  Pablo a los Corintios y leyó de forma clara y segura. _ y luego añadió:- Kurt, se que respetarás y amarás a mi hija como se merece_ Similares palabras expresó la madre de la noble joven.
Kurt estaba  asombrado de tanta bondad, amor y comprensión y por supuesto estaba feliz por su próximo  enlace matrimonial con su amada. Agradeció profundamente y se prometió a si mismo y a los padres  de ella amarla para siempre y hacerla dichosa.
Pasaron los días, semanas y algunos meses, al llegar la fecha establecida  Kurt Graft y Marjorie Fontanella unieron su vida y su destino para siempre. Fue una boda muy  bonita. La novia estaba radiante y super bella. La madre de Kurt y dos hermanas del  joven novio asiSteron a la boda. El padre de él habia fallecido un par  de años antes.
 Al finalizar La hermosa pareja  pasó bajo un espectacular  y tradicional  arco de sables o espadas, formado por los compañeros aviadores  navales del USS Patrick Henry.
Pasó más de un año y vino la nueva buena al nuevo hogar . Pronto llegaría el primer fruto de su amor.
Kurt que desde muy joven había servido a su  patria, y sobre todo considerando y anhelando fervientemente estar siempre al lado de su amada, decidió presentar su retiro del servicio naval  y dedicarse a la vida civil. Compró una hermosa casa de campo donde viviría con su familia. Como había cursado la abogacía en la armada Se integró a una exitosa empresa  y luego  pasó a ser un poderoso hombre de negocios.
La vida y el cielo les regalaron una preciosima bebita  de cabellos como el color del oro puro cuando es bañado por sol al ocaso de un día esplendido y de  ojos del color  cielo azul zafirado unido al verde de un jardín de cipreses verdes.Kurt y Marjorie de verdad conocieron la dicha del amor.
La mayor felicidad de Kurt era abrazar intensamente a Marjorie y decirle las siguientes palabras con toda la intensidad de su alma_
 _ "Marjorie, Marjorie, mi amada y bellísima esposa, eres mi tesoro de mil  piedras preciosas, rubies, diamantes, zafiros...te amo , te amo, siempre, siempre...!
No se sabia quién de los dos era más feliz de los dos, sí epor decirlo, o ella por escucharlo, así de tan inmenso era su amor.
Y así vivieron felicies por siempre.
 1ra. a los Corintios
Capítulo 13
13:1 Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.
13:2 Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.
13:3 Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.
13:4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;
13:5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;
13:6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.
13:7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
13:8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.
13:9 Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos;
13:10 mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.
13:11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.
13:12 Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.
13:13 Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor



martes, 6 de diciembre de 2016

UN ENEMIGO NOBLE-- POR HENRY HURT

UN ENEMIGO NOBLE
POR HENRY HURT

UNAS BALAS TRAZADORAS surcaron el cielo y perforaron el ala izquierda del Sunbonnet King, avión B-29 estadounidense. Inslantes después, un cazabombardero soviético soltó una descarga a la cola del avión y la hizo estallar. Lanzando llamas y humo negro, el aparato se ladeó bruscamente a la izquierda y cayó describiendo una espiral.
Seis kilómetros abajo, Vasily Saiko, sargento de la Guardia Marítima Fronteriza Soviética, observaba desde el puente de su barco patrullero la implacable persecución que ocurría en las alturas. Segundos después, el Sunbonnet King terminó de hacerse pedazos en aguas soviéticas, cerca de la pequeña isla japonesa de Yuri.
Era el 7 de octubre de 1952 y el mundo estaba atento a la Guerra de Corea. Los tripulantes del avión derribado habían estado fotografiando varios kilómetros de una de las zonas más ferozmente disputadas durante la Guerra Fría: las islas Kuriles, situadas entre Japón y la Unión Soviética.
Saiko, de 24 años, y dos compañeros suyos recibieron orden de botar una lancha y recoger todos los restos que encontraran del avión. El mar estaba más que una mancha de gasolina y aceite, y un neumático que se mecía entre los despojos. De pronto divisaron un paracaídas medio sumergido. Atado a las cuerdas, un hombre flotaba boca abajo.
—¡Quizá esté vivo! —gritó Saiko.
Cuando lo subieron a la lancha y lo voltearon, apartaron la vista horrorizados: el hombre tenía deshecha la parte superior de la cabeza y su rostro había desaparecido. Entonces regresaron al barco y allí envolvieron el cadáver con una lona.
Al día siguiente, Saiko recibió orden de llevar el cuerpo a la isla de Yuri y esperar a que un destacamento lo recogiera para examinarlo y enterrarlo. Mientras aguardaba en el muelle, solo con el cadáver, Saiko pensó en que ese hombre debía de tener familia. Seguramente tiene esposa e hijos, se dijo.
Movido por un impulso, desenvolvió un poco el cuerpo. El hombre tenía en la mano derecha un anillo grande y pesado. Al parecer, era de oro puro.
 
Se lo quitó y examinó disimuladamente el grabado interior. No reconoció los caracteres, pero supuso que se trataba de un nombre. Entonces se lo guardó en el bolsillo.
Podría ir a prisión por esto, reflexionó. Un oficial de la armada o un agente de la KGB sin duda querría quedarse con este tesoro. Luego se tranquilizó pensando en que arrojaría el anillo al mar en caso necesario.
Poco después llegó el destacamento. Saiko observó a los hombres colocar el cadáver en una camilla y luego perderse entre la niebla mientras él se alejaba en su bote. El sargento metió la mano en el bolsillo e hizo girar la sortija entre sus dedos.
ATAVIADA con un vestido de organdí blanco que hacía relucir aún más su rubio cabello, Mary observó a su prometido, John Dunham, sacar un anillo de un estuche. Era el 28 de mayo de 1949, fecha del Baile de los Anillos de los alumnos de la Escuela Naval Militar de Estados Unidos, en Annapolis, Maryland. Muy sonriente, John hizo pasar un listón azul por el anillo, lo ató y se lo puso a Mary en el cuello. Ella lo llevaría allí hasta el momento de la ceremonia que iba a celebrarse durante el baile. Entonces se lo pondría a John en la mano derecha para que lo llevara con orgullo por el resto de sus días. Era una de las tradiciones más respetadas de la escuela.
Mary y John se conocieron cuando tenían 17 años. Ella se enamoró a primera vista de ese muchacho alto de risueños ojos color castaño.
Se casaron en junio de 1950, el mismo día en que John se graduó. En ese tiempo se ofrecía a algunos de los graduados de Annapolis la oportunidad de ingresar en la fuerza aérea. John se inscribió y comenzó a adiestrarse para piloto de reconocimiento aéreo.
Mary y John se despidieron en mayo de 1952, cuando él se disponía a partir en viaje de misión a Japón. Faltaban tres meses para que naciera su primogénito. Sonriente, le dio a su esposa unas leves palmadas en el vientre y prometió que los vería a ambos en noviembre.
Tiempo después, en una llamada telefónica de la Cruz Roja, Mary volvió loco de alegría a John al anunciarle que su bebé tenía ya una semana de edad. Suzanne era la confirmación de su amor y de su ilusión de disfrutar juntos una vida larga y feliz. Aunque se escribían casi todos los días, ésa fue la única en que hablaron tras el nacimiento de su hija.
Y nunca volvieron a hablarse.
   VASILY SAIKO fue dado de baja de la armada soviética a fines de 1952. Después de casarse, se estableció en Rostov del Don y se dedicó a trabajar como capitán de un barco fluvial.
Siempre llevaba consigo el anillo, guardado en una cajita junto a la medalla con que la armada había premiado su valentía. A menudo se detenía a contemplarlo y a pensar en el hombre que había sacado del mar.
   MARY ACABABA de acostar a su bebé de seis semanas cuando oyó que llamaban a la puerta. Como John estaba ausente, había ido a pasar unas semanas con su suegra.
Al abrir la puerta, Mary miró con recelo a los dos oficiales de la fuerza aérea que estaban en el umbral. Uno de ellos le entregó un telegrama que decía: "Con profundo pesar le informo que su esposo desapareció en vuelo. Se está llevando a cabo una intensa búsqueda".
Mary recibió numerosos telegramas y cartas en los meses siguientes. Al final le notificaron que el gobierno soviético admitía haber hecho fuego contra el Sunbonnet King, pero que no tenía noticia del destino de los tripulantes.
Un año después, John seguía en calidad de desaparecido; sin embargo, la notificación de la fuerza aérea revelaba algo que iba a llenar de zozobra a Mary durante decenios: "Al parecer, el accidente ocurrió en un sitio donde alguien podría haber rescatado a los sobrevivientes".
En cierta forma, aquello era peor que la certeza de su muerte. ¿Lo tendrán en una cárcel?, pensó. ¿Lo estarán torturando?
En 1955, tres años después del derribamiento del avión, le notificaron a Mary que ya no era lógico suponer que su esposo estuviera vivo. Esas palabras aliviaron un poco su desconsuelo, pero trató de no revelar su angustia ni el atisbo de esperanza que aún abrigaba. Sus amigos la alentaban a rehacer su vida, pero por más que lo intentaba, seguía sintiendo cada instante la presencia de John.
Su mayor preocupación en ese momento era Suzanne, pues no iba a conocer a su padre. Necesitaba rodearla de cariño y de cuidados para compensar el inmenso vacío.
  UNA NOCHE DE 1987, Vasily Saiko le contó a un nuevo amigo —un hombre que lo contrató para transportar un cargamento de madera en su barco— la experiencia de hacía 35 años. Le confió que siempre había deseado devolverle el anillo a la familia del piloto y que a lo largo de los años había resistido muchas veces la tentación de venderlo.
Lo sacó de la caja fuerte del barco para mostrárselo. Mientras sopesaba la sortija, el amigo ofreció cambiársela por su automóvil Volga blanco, el cual le encantaba a Saiko.
De regreso en casa, Vasily le habló de la atractiva oferta a su esposa, Liuha; pero ella lo detuvo en seco.
—El anillo es de la familia de ese hombre —dijo con firmeza    . Algún día hallarás la manera de devolverlo.
  TRECE AÑOS después de la desaparición de su esposo, Mary Dunham, quien ya tenía 39 años, se casó con Donald Nichols. Estaba convencida de que su hija avanzaba por buen camino: era una chica sociable y equilibrada, y una magnífica estudiante. Al cabo de unos años, Suzanne contrajo nupcias con un hombre al que conoció en la Universidad Harvard, y luego empezó a estudiar leyes.
La estabilidad del matrimonio reavivó en ella el deseo de saber más acerca de su padre. Poco a poco fue comprendiendo que no  podían seguir aceptando la explicación de que —había desaparecido—. Debían, pues, indagar la verdad.
Convencidas de que el gobierno soviético sí sabía qué les había ocurrido a los tripulantes del Sunbonnet King, Mary y Suzanne se unieron a otras familias de desaparecidos que querían averiguar la suerte de sus seres queridos.
Estoy segura de que alguien sabe qué fue de mi esposo —le dijo Mary a un periodista—. Alguien conoce la verdad.
Sus empeños fueron recompensa dos en 1992, cuando los rusos, en un arrebato de franqueza, declararon que ninguno de los tripulantes había sobrevivido. Sin embargo, Mary no podía conformarse con la declaración de un gobierno que les había mentido desde el principio.
 UNA NOCHE DE FINES de 1993, los Saiko se sentaron a ver televisión. En esos días estaban ocurriendo cambios asombrosos, como la caída del comunismo y la desintegración de su país. De pronto escucharon algo que los hizo estremecerse: una comisión conjunta de asuntos sobre prisioneros de guerra y desaparecidos en acción pedía ayuda a los rusos que supieran algo sobre estadounidenses extraviados en territorio soviético.
Al día siguiente, Liuba marcó el número telefónico que habían dado por televisión.
Vasily     le dijo esa noche a su marido—, ha llegado la hora: debes llevar ese anillo a Moscú.
Luego le explicó que había conversado con un miembro de la comisión y que, sin mencionarle nada del anillo, le había dicho que él, su esposo, sabía algo sobre un piloto norteamericano cuyo avión fue derribado cerca de las islas Kuriles.
Días después, Saiko partió en tren hacia Moscú. Varias veces metió la mano en el bolsillo del pantalón para asegurarse de que el anillo seguía en la bolsita donde su esposa lo había guardado
.El viaje duró 24 horas, y tuvo tiempo de sobra para reflexionar en cómo había llegado hasta ese punto. Él descendía de campesinos y la erauna familia unida y cariñosa; su abuela le había hablado a menudo de las Sagradas Escrituras y de la importancia de creer en Dios. Siempre había procurado tratar a los demás apegándose a lo que le habían enseñado.
Cuando por fin llegó a la sede de la comisión conjunta, los rusos que lo recibieron escucharon impresionados el relato de lo que vio el 7 de octubre de 1952. Una hora después, ante un grupo de rusos y estadounidenses sentados frente a frente alrededor de una larga mesa, Saiko contó cómo él y dos compañeros habían rescatado del mar el cadáver de un norteamericano. Al terminar, sacó la bolsita que tenía en el bolsillo.
El hombre llevaba esto —dijo, al tiempo que les mostraba la sortija—Tiene grabado un nombre.
Un murmullo de asombro recorrió la sala. Saiko entregó entonces el anillo al estadounidense que presidía la junta, quien en seguida lo examinó.
Es un anillo de generación de la Escuela Naval Militar —explicó—. Y el nombre grabado es John Robertson Dunham.
Al día siguiente, Saiko, en una ceremonia a la que asistieron los miembros de la comisión, entregó el anillo al ex embajador estadounidense Malcolm Toon, presidente de la comisión, el cual se comprometió a devolverlo a la familia de Dunham.
  A LAS 6 DE LA MAÑANA del 7 de diciembre de 1993, sonó el teléfono en casa de Mary Dunham Nichols. Llamaba Kaye Whitley desde la embajada de Estados Unidos en Moscú.
—Señora Nichols -le dijo—, le tengo noticias. Acabamos de recibir un anillo de su esposo. Nos lo entregó un marinero soviético que rescató el cuerpo de su marido en 1952. Guardó el anillo y nos lo dio para que se lo devolvamos.
Mary no pudo pronunciar palabra. Minutos después, llena de emoción, telefoneó a su hija para darle la buena nueva.
—Han sido 41 años —dijo, reprimiendo un sollozo—. ¿Qué significa esto?
—Que la espera por fin terminó —respondió Suzanne.
Al cabo de unas semanas, en una breve ceremonia celebrada en el Pentágono, Mary recibió el anillo de John. Ella ya tenía 67 años.
—Pensar que fueron tantos años de buscar la verdad, y el gobierno soviético siempre nos la negó —le comentó a su hija—. Y de repente aparece un hombre decente y honrado que con un solo gesto borra toda esa incertidumbre.
A Mary y Suzanne les quedaron dos grandes deseos: localizar los restos de John y agradecer a los Saiko.
    LA IGLESIA DE PIEDRA donde John Dunham fue bautizado estaba atestada de amigos y familiares. Era un caluroso día de julio de 1995, y las personas que más lo quisieron finalmente iban a poder despedirse de él. Mary ansiaba reencontrar a sus viejos amigos, pero también había algunos amigos nuevos —unos muy especiales— que la esperaban en la casa parroquial.
Cuando ella entró, Vasily Saiko se puso de pie, muy sonriente. Se fundieron en un efusivo abrazo, con una emoción que no requería palabras. Era el primer día de una visita a Estados Unidos que los Dunham habían arreglado para Vasily y Liuba.
Luego, Mary se dirigió al resto de la concurrencia.
—Todos estos años me sentí muy sola, segura de que a nadie le importaba —dijo—. Pero todo ese tiempo este hombre y su mujer, al otro lado del mundo, pensaron en nosotros y guardaron este precioso símbolo de mi esposo.
Junto al altar del santuario se hallaba el ataúd de John. Con ayuda de Saiko, se habían localizado los restos del capitán Dunham y enviado a Estados Unidos para someterlos a análisis genético y darles sepultura. La ceremonia empezó con unas palabras de Suzanne:
—Lo perdimos hace 43 años. Estaba desaparecido, lo cual no es lo mismo que estar muerto. Los muertos regresan a nosotros cuando los evocamos contando su historia, pero nadie cuenta historias de desaparecidos; sería una especie de traición. En su breve vida se hizo entrañable para muchos, y los lazos de amistad y de recuerdo que tejió son lo que nos ha reunido aquí esta noche. Amó profundamente, y a cambio recibió un inmenso amor.
Al día siguiente, en el Cementerio Nacional de Arlington, Virginia, una carroza militar tirada por caballos trasladó el féretro del capitán Dunham de la capilla a su última morada. Al pie de la tumba aguardaban sentados Mary y su esposo, Don Nichols, además de Suzanne, su marido y sus dos hijos. Vasily y Liuba Saiko estaban de pie detrás de ellos. Del cuello de Mary, reluciente a la luz del sol, colgaba el anillo que había hecho posible todo aquello.
Antes de que el capellán pronunciara el discurso final, los presentes oyeron a lo lejos un imponente rumor. Era un bombardero B-52 de color gris oscuro que pasó lentamente sobre sus cabezas como último saludo a John Dunham.
Mary abrazó a sus nietos mientras la guardia de honor disparaba la tradicional salva de homenaje; luego, desde una ladera cercana, se oyó un emotivo toque de silencio. Mary tocó suavemente el anillo: el capitán John Dunham descansaba en paz, y sus seres queridos por fin podrían evocar su recuerdo con orgullo.

viernes, 2 de diciembre de 2016

REGALO DE AMOR DE MARIA "VINAGRE"- PORTUGAL

Cáustica, exigente y quejumbrosa, parecía incapaz de dar.  parecía incapaz de dar.. Pero el suyo fue el obsequio perfecto de amor.
    
MARIA VINAGRE Y SU SINGULAR REGALO

 POR MANUEL DE PORTUGAL

SE LLAMABA  María Rosa de Jesús Calharica,* -Todos los nombres han sido cambiados.- pero era María Vinagre para todos los lugareños de aquella soñolienta aldea montañesa de Beira Alta, en Portugal.
 Amargada, ruda, de rostro angulo y arrugado pecho sin relieve y espalda jorobada, aquella mujer satisfacía el hambre de sus setenta años cargando ramas de pino y trabajando en la árida huerta donde todos los días recogía una col para su sopa vespertina: dos papas, un poco de aceite de oliva y agua sacada con una bomba perdida en la distancia de un laberinto de senderos boscosos.
Conocí a María Vinagre hace quince años, cuando, joven, ejercía de médico rural. Era mi primera práctica médica y, dada mi poca experiencia en la vida, me sentí ofendido por sus modales rudos. Solía presentarse en mi casa sin pedir permiso y, alargándome una mano infectada, exigía en tono amargo: "Encárgate de esto".
Sabiendo que era desesperadamente pobre, yo le daba muestras gratuitas de medicamentos. Ella se levantaba su negro delantal de viuda y guardaba las medicinas en la pequeña bolsa que pendía de su cintura. Se ajustaba el nudo del pañuelo y giraba sobre sus talones para irse sin proferir una palabra — , ni gracias ni adiós. Mi amigo Ti Neco da Regueira la describía con tres palabras: "Es un animal". Y escupía al suelo para demostrar su desprecio.
Los domingos, en misa, María Vinagre murmuraba una oración ininteligible amontonando las palabras y puntuándolas con repetidas y complejas señales de la cruz, Está tocada, pensaba para mí.
No tardó en empezara pegarse a mí como una sanguijuela. Cuando no se quejaba de reumatismo, tenía un dolor en la espalda por haber cargado un leño para el fuego.
Cuando María Vinagre era joven, me dijeron, había sido una arriera que hacía recados, recogía y cargaba productos para ganarse la vida. Se casó temprano, cuando era buena moza: ojos almendrados, verde claro, con reflejos de ágata. Su marido, borracho siete días por semana, no duró mucho y murió pronto. Sola, ella comenzó su luto. También comenzó a comportarse de manera extraña y se retiró a la aldea.
A veces, mientras la atendía, intentaba que hablara de sí misma. Pero, veloz como el rayo, ella res- pondía: "No vine aquí a conversar. Haz lo que tengas que hacer y hazlo de una vez". Y yo seguía curándola en doloroso silencio.
Era un agosto caluroso. Al atardecer, los grillos iniciaban su coro, y una pacífica serenidad lo envolvía todo, menos mi espíritu. Conversábamos delante de la iglesia. Zé Pinhanco, labrador; el padre Nabais, un santo, y el hijo mayor de la mansión, un noble. Los demás nos rodeaban formando círculo. María Vinagre, a paso rítmico y sin mirar a derecha ni izquierda, pasó cerca de nosotros. Siguió de largo, mientras sus zuecos resonaban en el empedrado. Iba ensimismada en sus pensamientos, como si viviera en otro mundo. "¡No das ni la hora, maldita seas! ", exclamó alguien, "¡Guárdate tu dinero, pera di algo!", gritó otro.
Sorda por naturaleza o por voluntad, María Vinagre estiró su sucio pañuelo para quitarle las arrugas de un mes en el bolsillo, y se lo pasó por los ojos, ignorándonos. "Está cada vez peor", observó el noble.
Pobre mujer", comentó el prior. Neco da Regueíra, que liaba un cigarríllo, resumió su opinión en la frase acostumbrada: "Es un animal", pero como era domingo, día del Señor, no escupió al suelo.
Al otoño siguió un frío invierno. Mi contrato con la aldea debía terminar al final de la primavera, y me llamaron a filas para prestar servicio militar en África. Pero, a causa de complicaciones burocráticas, hasta finales del siguiente octubre comencé los preparativos de partida. Mi pequeño Fiat estaba repleto de cajas y paquetes. Aquella madrugada, todos vinieron a despedirme. Excepto María Vinagre.
El coche iba tan lleno que no podría haber metido en él ni siquiera un puñado de aire: jamones, embutidos, confituras, manzanas. El pequeño motor tosió por el esfuerzo al subir la última loma antes de la bajada. En el aire fresco y ligero, un leve olor a hierbas flotaba en una brisa que era ya nostalgia. La última casa se había desvanecido entre los pinares, y en el camino hacia el sur estaba el comienzo del futuro y el final del pasado.
Al tomar la curva, una figura en medio de la carretera me hizo señas para que me detuviera. Abrí la puerta y me hallé cara cara con la figura encogida de María Vinagre.
Sus ojos eran más dulces que el aire perfumado. "Estoy aquí desde las 6 de la mañana, helada, esperando tu paso para decirte adiós", dijo. Se agachó detrás de una roca y sacó cinco pequeños huevos puestos por la gallina que representaba su única riqueza terrena. "Son para ti, doctor. Son todo lo que tengo". Extendió las manos ofreciendo los huevos. En sus labios apareció la primera sonrisa que yo había visto en más de un año. Los cinco huevos, de los que la hambrienta anciana se había privado durante otros tantos días, eran para ella una fortuna y representaban para mí mucho más que las carnes del terrateniente.
Traté de rechazarlos:
—¿Dónde los voy a poner? ¿No ves que no queda sitio para nada?
—No me los llevaré —insistió.
Cogí un jamón para encontrar hueco. Iba a estrecharle la mano, pero algo nos impulsó a abrazarnos y sentí el latido del corazón de María Vinagre contra mi pecho. Llorando, susurró: "Te quise. Te quise".
Para ocultar mi emoción, esgrimí el jamón como una maza de carne. "Si pongo este jamón sobre los huevos, se van a aplastar", dije. "Llévatelo, Rosa. Cómelo y piensa en mí".
Los ojos de la anciana, profundos y brillantes de sabiduría, no vieron mi ofrecimiento como una caridad. Gentil y temerosamente, pasó las manos por mi cara. "Doctorcito", dijo, "te quiero como al hijo que hubiera deseado tener y que no tuve. No fue la voluntad de Dios ..." Cogió el jamón y se fue.
Durante mi carrera médica, nunca he recibido un regalo tan valioso como el que me dio María Vinagre aquella mañana llena de amor.


EL LIBRO- Por Gulshan Esther- EL VELO RASGADO

domingo, 27 de noviembre de 2016

JESUCRISTO VISITA A MUSULMANA- GULSHAN ESTHER

 EL VELO RASGADO
POR GULSHAN ESTHER
 Y THELMA SANGTER

¿Por qué Dios estaba tan lejos y tan silencioso? Tal vez mis antepasados habían cometido un pecado muy grave. Quizá Dios quería desarrollar una mayor medida de paciencia en mí,… pero ¿acaso no había sido paciente, y aun así estaba enferma? Si El no me .iba a ayudar, tendría que encontrar otra forma de librarme de este cuerpo desgastado. ¿Pero cómo? ¿Ahorcándome? Hacerlo con una sola mano sería imposible. ¿Envenenándome? ¿Dónde conseguiría elveneno? Si yo pudiera encontrar un cuchillo o unas tijeras...Pero estaban encerrados bajo llave. Aun cuando ese pensamiento me venía una y otra vez, había otro que enseguida ocupaba su lugar: Nunca estarás en el paraíso con tu padre y tu madre si te quitas la vida. En mi condición de Sayed tenía el derecho automático de entrar en el paraíso, aun si fallaba en cumplir con los cinco pilares del Islam; pero el suicidio bastaría para que ese derecho quedara cancelado .. Entonces, tal vez nunca sería sanada. Sentí como si mehubieran estrujado el corazón y no pude controlar las lágrimas. Fue entonces, al sentir tan absoluto desamparo, que comencé a hablar con Dios, de veras a hablar con El, no como lo hace un musulmán. Usando oraciones preparadas, aproximándose a El a través de un gran abismo. Impulsada por un enorme vacío interior, oré como si hablara con alguien que conocía mis circunstancias y mí necesidad.
~- Quiero; morir - dije -. No quiero vivir más. Esto es lo último. No lo puedo explicar, pero supe que había sido escuchada. Fue como si se hubiera corrido un velo entre mí y alguna fuente de paz. Acomodándome el chal alrededor para combatir el frío, pude expresarme más libremente en la oración.. ¿Qué pecado terrible he cometido, que me has hecho vivir así? _ dije entre sollozos -. Apenas nací te llevaste a mi madre, luego me hiciste paralítica y ahora te llevas a mi padre. Dime ¿por qué me has castigado tan duramente?
El silencio era tan profundo y quieto que podía escuchar los latidos de mi corazón.
"No te dejaré morir. Haré que vivas." Era una voz suave, amorosa, como la brisa del viento que
pasaba sobre mí Yo sé que había una voz, que me habló en mi idioma y que con ella recibí una nueva libertad para acercarme a Dios, el Ser supremo,
quien hasta entonces no me había dado ninguna indicación de que conocía algo sobre mi existencia.
"¿De qué servirá que yo viva? - pregunté Soy Inválida. Cuando mi padre estaba vivo podía compartir .todo con él. Ahora cada minuto de mi vida es como cien años. Tú te llevaste a mi padre y me dejaste sin esperanza, sin nada porlo cual vivir."
La voz vino de nuevo, vibrante y suave. "¿Quién le dio ojos al ciego, y quién hizo sano al enfermo, y quién curó-a los leprosos y quién resucitó al muerto? Yo soy Jesús, el hijo de María. Lee acerca de mí en el Corán. En el Sura Maryam
No sé cuanto duró ese intercambio. ¿Cinco minutos? ¿Media hora? De pronto sonó desde la mezquita el llamado para la oración matinal y abrí los ojos. Todo se veía normal en la habitación. ¿Por qué no había venido nadie con el agua para lavarme? Parecía que me habían garantizado un tiempo de paz y privacidad para este extraño encuentro.
A medida que transcurrió el día me fui convenciendo de que había estado soñando y entonces, junto con mis hermanas y otros miembros femeninos de la familia fui a visitar la tumba. Todo estaba tranquilo y en paz, y sobre el montón de tierra marrón habían depositado unas flores frescas. Miré la escena con horror. Mi padre, que estando vivo, jamás permitió que lo tocara una pizca de polvo, yacía ahora enterrado bajo aquel barro. Era demasiado horrible para contemplarlo.
No sé cuanto duró ese intercambio. ¿Cinco minutos? ¿Media
hora? De pronto sonó desde la mezquita el llamado para la oración matinal y abrí los ojos. Todo se veía normal en la habitación. ¿Por qué no había venido nadie con el agua para lavarme? Parecía que me habían garantizado un tiempo de
paz y privacidad para este extraño encuentro.
A medida que transcurrió el día me fui convenciendo de que había estado soñando y entonces, junto con mis hermanas y otros miembros femeninos de la familia fui a visitar la tumba. Todo estaba tranquilo y en paz, y sobre el montón de tierra marrón habían depositado unas flores frescas. Miré la escena con horror. Mi padre, que estando vivo, jamás permitió que lo tocara una pizca de polvo, yacía ahora enterrado bajo aquel barro. Era demasiado horrible para contemplarlo.

domingo, 27 de noviembre de 2016

MUSULMANA ENCUENTRA A JESUCRISTO- GULSHAN ESTHER

EL VELO RASGADO
POR GULSHAN ESTHER
Y THELMA SANGTER
----desenvolví la funda de seda verde y saqué el Corán en urdu. Sostuve el libro en mi mano por un momento. Ansiaba mucho oír de nuevo aquella voz, con su afirmación de que mis oraciones eran oídas y que había un camino de sanidad y esperanza. La forma oírlo de nuevo, supe instintivamente, era obedecer su instrucción de leer. Y entonces, llena de curiosidad y tristeza y sin la menor idea de cuán importante era este acto. Dije Bismillah. Abrí el libro y comencé a leer. Entonces los ángeles dijeron: "¡Oh María! En realidad,
Dios te anuncia la buena noticia de su Verbo. Su nombre es el Mesías Jesús, hijo de María, considerado en este mundo y en el otro, y hasta por aquellos que están inmediatos a Dios. El hablará a los hombres, tanto a los que están en la cuna como en la edad madura. Y será del número de los justos ... "
_________________________________
 Se fue de nuevo y cuando el silencio me envolvió, abrí mi Corán en urdu y leí nuevamente el pasaje del Sura "Los Imrans", que ahora era el foco de mi atención: "Con el permiso de Alá daré visto a los ciegos, sanaré
a1 leproso, y resucitaré los muertos a la vida .••
 Había bastante más que yo no entendía. Muchos eruditos inteligentes habían tratado de dar sus interpretaciones sobre el profeta Jesús quien, dice este Sura, fue un ser creado, hecho del polvo, como Adán y sin embargo uno que podía, por el poder de Alá, hacer todos esos milagros. Que él era importante, yo no lo podía dudar, pero ¿quién era ese profeta que conocía mi necesidad y que podía hablar conmigo desde
el cielo como si estuviera vivo? Yo había perdido mi compañera más querida, y delante de mí se extendía una vida vacía. Sin embargo, había brotado en mi corazón una semilla de búsqueda y de esperanza. Un día, algún día, lo sentí como algo seguro, descubriría el secreto de Jesús, el profeta misterioso, escondido tras un velo en las páginas del Santo Corán

domingo, 27 de noviembre de 2016

MARAVILLOSO JESUCRISTO SANA A MUSULMANA-

 EL VELO RASGADO
POR GULSHAN (FATIMA)ESTHER
Y THELMA SANGTER

“Mira que estás vivo en el cielo y el Santo Corán dice que sanaste, a las personas. Tú puedes sanarme y sin embargo sigo estando paralítica.” ¿Por qué no había respuesta, excepto ese silencio sepulcral en la habitación, como una burla a mis oraciones? Pronuncié de nuevo su nombre y abogué por mi causa, con desesperación. Con todo, no había respuesta. Luego clamé con una angustia febril: "Si puedes hacerlo, sáname; de lo contrario, dímelo." No podía dar un paso más en este camino. Lo que sucedió luego es algo que me resulta difícil describir en palabras. Lo que sé es que toda la habitación se llenó de Luz. Primero pensé que era la lámpara que tenía al lado de la cama. Pero vi que, en comparación su luz parecía oscura. ¿Sería tal vez el amanecer? Era demasiado temprano para eso. La luz iba creciendo, aumentando en brillo hasta que sobrepasó la luz del día. Me cubrí con mi chal. Sentía mucho miedo. Luego se me ocurrió que podía ser el jardinero, que había encendido la luz de afuera para alumbrar sobre los árboles. A veces hada eso para ahuyentar a los ladrones, cuando los mangos estaban maduros, o para ver el sistema de riego en el frío de la noche. Me corrí el chal para ver las puertas y las ventanas estaban firmemente cerradas, con las cortinas y las persianas corridas. Luego reconocí unas figuras con ropas largas, de pie en medio de la luz, algunos metros más allá de mi cama. Había doce figuras en fila y la figura central, la número trece, era más grande y brillante que las otras. ¡Oh Dios! clamé y el sudor brotó de mi frente. Incliné la cabeza y oré.
Oh Dios, ¿quiénes son esas personas y cómo han entrado aquí estando las ventanas y las puertas cerradas?- Levántate -me dijo de pronto una voz .
-Este es el camino que has estado buscando. Yo soy Jesús, el hijo de María, a quien has estado orando y ahora estoy de pie delante de ti.- -Levántate y ven a mí.- Comencé a llorar. - Oh Jesús, estoy paralítica. No puedo levantarme.- - Levántate y ven me dijo -. Yo soy Jesucristo.- Debido a que dudé, lo dijo por segunda vez. Luego, mientras continuaba aún con mis dudas, me lo dijo por tercera vez: - ¡Levántate!-Y yo, Gulshan Fátima, que había estado paralítica en mi cama por diecinueve años, sentí una nueva fuerza que fluía de mis piernas inútiles. Puse el pie en el piso y me levanté. Luego caminé algunos pasos y caí a los pies de la visión: Me estaba bañando en una luz tan pura que irradiaba un fulgor tan brillante como el del sol y de la luna juntos. La luz alumbró mi corazón y mi mente, y en ese momento se me aclararon muchas cosas. Jesús puso su mano sobre mi cabeza y vi que tenía un agujero a través del cual descendía un rayo de luz que se proyectaba sobre mi vestidura, de modo que el vestido verde parecía blanco. -Yo soy Jesucristo dijo El . Soy Emmanuel. Yo soy el camino, la verdad y la vida. Estoy vivo, y vengo pronto. Mira, desde hoy eres mi testigo. Lo que ahora viste con tus ojos debes llevarlo a mi pueblo. Mi pueblo es tu pueblo y debes permanecer fiel en llevárselo a mi pueblo. Ahora debes mantener inmaculada esta túnica y tu cuerpo. Dondequiera que vayas estaré contigo y a partir de hoy orarás así: "Padre nuestro que estás en los cielos, santificado tu nombre.. Venga tu reino Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén."
Me hizo repetir la oración y ésta penetró profundamente en mi corazón y en mi mente. En su hermosa sencillez, y a la en su gran profundidad, era muy diferente de las oraciones que había aprendido a recitar desde mi niñez.
Llamó a Dios "Padre"; ese era un nombre que cautivó mi  corazón Y que venía a llenar el vacío que había en él. Quería permanecer allí a los pies de Jesús, utilizando para orar ese nuevo nombre de Dios: "Padre nuestro," Pero la visión de Jesucristo tenía mucho más contenido para mí: - Lee en el Corán, yo estoy vivo y vengo otra vez.- Eso era algo que ya me habían enseñado, de modo que meinfundió fe en lo que estaba oyendo. Jesús dijo todavía mucho más. Sentía un gozo que llenabatodo mi ser. Es algo que resultó indescriptible. Me miré el brazo y la pierna. Estaban cubiertos de carne. Mi mano no estaba perfecta, sin embargo tenía fuerza y ya no colgaba seca e inútil.¿Por qué no la sanaste del todo? - pregunté. La respuesta fue expresada en tonos cariñosos: Quiero que seas mi testigo. Las imágenes subían alejándose de mi vista y esfumándose. Quería que Jesucristo se quedara un poco más y clamé con tristeza. Luego la luz se desvaneció y me encontré sola, de pie en medio de la habitación, llevando un vestido blanco y con mis ojos embargados por la luz deslumbrante Ahora hasta la débil lámpara que estaba al lado de mi cama me molestaba a los ojos y mis párpados caían pesadamente. Busqué a tientas un mueble que estaba contra la pared. Allí encontré un par de anteojos para el sol, que usaba en el jardín. Me los puse y me sentí cómoda, y pude abrir mis ojos y ver otra vez. Cerré la gaveta con cuidado, luego me volví y miré mi habitación. Estaba igual que cuando me levanté. El reloj que estaba sobre la mesa de noche repetía su tic tac, marcando que eran casi las cuatro de la madrugada. La puerta estaba cerrada con firmeza y las ventanas, con sus cortinas corridas; también estaban cerradas para proteger del frío. Sin duda, no se trataba de una escena imaginada por mí, pues tenía las pruebas en mi cuerpo, Di algunos pasos y luego algunos más. Caminé de pared a pared, a uno y otro lado, de una parte a la otra. Era evidente que mis piernas estaban sanadas de aquel lado que había sufrido la parálisis.¡Oh, qué alegría sentí!
"Padre nuestro clamé , que estás en los cielos." Era una nueva y maravillosa oración. De pronto tocaron a la puerta. Era mi tía. __Gulshan dijo en tono apremiante , ¿quién está caminando en tu habitación? - Soy yo tía..- Hubo un ligero jadeo y luego la voz de mi tía.- Oh, eso es imposible. No hay tratamiento eficaz para tu enfermedad. ¿Cómo puedes caminar? Estás diciendo mentiras.- Bueno, entra y mira .- La puerta se abrió con lentitud y la tía entró en la habitación llena de temor. Se detuvo apoyada contra la pared, con terror e incredulidad con los ojos abiertos de par en par y contemplando fijamente mi rostro radiante. Te vas a caer dijo. No me voy a caer -me reí, sintiendo el poder y la fuerza de una nueva vida que corría por mis venas. Mi tía se acercó paso a paso, con las manos extendidas, como una persona ciega que tantea su camino. Levantó la manga de mi túnica y miró mi brazo, regordete y saludable, tal como se veía ahora. Luego me pidió que me sentara en la cama y observó mi pierna enferma, que estaba tan sana como la otra.Parece extraño verte de pie. Me tendré que acostumbrar a esto dijo ella. Me pidió que le contara cómo había ocurrido. Entonces le relaté a la tía, desde el principio, primero acerca-de-la predicción de padre, luego; sobre la voz en mi habitación, la noche después que él murió. Después le conté de los tres años que estuve leyendo acerca de Jesús en el Corán, finalizando con su aparición delante de mí y mi sanidad. Cuando llegué a la parte en que Jesucristo me dijo que yo iba a ser su testigo, la tía me interrumpió. No hay cristianos en Paquistán para que les testifiques y no hay necesidad de que vayas a los Estados Unidos o a Inglaterra. Tu testimonio tendrá que consistir en dar limosnas a los pobres. Cuando esas personas vengan pedirte comida y dinero, ese será tu testimonio, Hasta entonces no había relacionado la comisión que me había dado Jesucristo con ir a Inglaterra o los Estados Unidos. Sin embargo, sus palabras eran verdaderas y mantenían su vigencia:
“Lo que viste con tus ojos debes llevarlo a mi pueblo. Mi pueblo es tu pueblo.” Comenzó a formarse en mi mente una oración: “Jesucristo, ¿dónde está tu pueblo?”

El Libro          ( La Biblia)
Tres semanas después de ser sanada, decidí poner en práctica un plan para conseguir una Biblia. Le dije a mi tía que iba a visitar a Razia. ¿Vas a llevar a Salima? preguntó mi tía, que no estaba acostumbrada, aún a la nueva manera en que tomaba las decisiones según mis deseos. No tía le respondí sonriendo . Creo que ya soy bastante grande como para arréglamelas sin alguien que me esté previniendo en cada cosa. Por favor, pídele a Munshi que me tenga listo el auto. La tía abrió la boca como para argumentar algo, pero en seguida la volvió a cerrar. Esta nueva Gulshan no tenía la tendencia, que caracterizaba a la anterior, de preocuparse demasiado por los pensamientos ociosos de la gente. Majeed trajo el Mercedes azul brillante y abrió la puerta de atrás con un gesto ceremonioso. Adentro, las cortinas cerradas me protegían de las miradas curiosas. Cada detalle de los modales de Majeed, mientras atravesábamos por la puerta principal haciendo rugir el motor, demostraba su satisfacción por el curso que estaban tomando los acontecimientos. Un sonriente chowkedar cerró la puerta detrás de nosotros y salimos. Razia estaba preparada para mi visita. Lo que ella no sabía era que le iba a hacer un pedido. Le dije a Majeed que se retirara y que volviera a buscarme después del almuerzo. Luego me volví hacia mi maestra, que estaba llena de alegría por verme tan bien de salud y quería hacerme un montón de preguntas. Se sintió desilusionada y con algo de curiosidad cuando le dije que tenía que ir con urgencia a ver a alguien que estaba en el otro lado de la ciudad. No, no necesito compañía le dije . Sólo se trata de un negocio que tengo que hacer. La dejé perpleja, de pie sobre su terraza, siguiéndome con la mirada mientras yo descendía de prisa por el pasillo y salía a la calle. Me sentí incómoda. Nunca antes en mi vida había tratado de engañar a nadie; pero esta era la única manera en que alguna vez llegaría a conseguir una Biblia. Cuando estuve afuera me di cuenta de que me había olvidado de mi burka. Eso me pareció algo simbólico de la libertad que estaba creciendo por dentro. Una tonga tirada por un caballo se dirigía hacia mí y saludé al anciano encargado de la tonga. - Estoy buscando a un cristiano que vive en la calle Kachary. ¿Por casualidad la conoce?- Miró fijamente hacia delante, entre las orejas de su viejo caballo, como si no hubiera escuchado. Tengo que hacer un trabajito allí agregué rápidamente. Hizo un ademán hacia el norte. Hay un lugar, un lugar muy antiguo que ya estaba antes que existiera el Paquistán. - No sé si vive allí algún cristiano; pero, si usted quiere, la puedo llevar. - Lléveme, por favor. Subí a la tonga. El encargado de la tonga fustigó su flaco caballo y partimos a paso sosegado. Durante la media hora de viaje tuve tiempo para reflexionar sobre lo que estaba haciendo. ¿Qué dirían mis hermanas si pudieran ver a su amada y querida Gulshan viajando sola, en la ruta abierta, en una tonga? En la historia de nuestra familia no había por cierto un precedente así. Pero no tenía otra opción. Era Jesucristo el que me había mandado hacer ese viaje, y confiaba en El en cuanto a su resultado. Llegamos a un edificio amplio. Más tarde supe que era una capilla cristiana. Junto a ella, detrás de un alto muro, había una gran casa campestre. La tonga se detuvo junto a una puerta abierta en el muro. Es aquí , dijo el encargado de la tonga. Le pagué y pasé por la puerta a un sector abierto lleno de árboles. Me dirigí hacia la casa y vi a un hombre sentado al sol con un montón de libros sobre una pequeña mesa que tenía a su lado. A medida que me aproximaba, el hombre levantaba la vista. Mi corazón latía asombrado. Era precisamente el rostro que había visto en mi visión. Jesucristo me había dicho: "Este hombre te dará una Biblia." El hombre me dirigió la palabra cortésmente, inclinándose un poco. Si usted viene para ver a mi esposa, siento decirle que no está. Se ha ido a Lahore. No vine a ver a su esposa le respondí sino a usted, para que me dé una Biblia. Lo he visto antes, en una visión.

viernes, 2 de diciembre de 2016

LA BIBLIA ANSIADA- Gulsham esther- EL VELO RASGADO

 EL VELO RASGADO

POR GULSHAM ESTEHR Y TELMA  SANGTER
 
El hombre miró sorprendido y me examinó tratando de traspasar con su mirada el dupatta que yo me había colocado sobre el rostro, instintivamente, mientas caminaba por el jardín. Entonces dejé que el pañuelo cayera de mi rostro y lo miré de nuevo. - ¿Quién es usted? ¿A qué religión pertenece? ¿De quién es hija)- - Vivo a quince kilómetros de aquí y provengo de una familia musulmana.- Noté que el hombre se alarmó. ¿Qué dificultad había en que esta extraña mujer musulmana llegara a donde él estaba y le pidiera una Biblia?-
- Si yo estuviera en su lugar - me dijo - iría casa y seguiría leyendo el Corán. Todo lo que dice allí es bueno para usted y todo lo que dice en mi Biblia es bueno para mí. No es algo por lo que debiera interesarse.- Se levantó para acompañarme afuera. Permanecí de pie, mientras mi corazón se apacigüaba a medida que disminuía la excitación. Me había imaginado que me daría la bienvenida y que tal vez estaba preparado para mi visita.
- Jesús Emmanuel me ordenó que viniera a verlo. Por favor, créame.-
Me estudió por un momento y luego me pidió que me sentara. Me sumergí en mi propia historia, al principio con timidez, luego en forma más vívida, describiéndole algo de lo que había sido mi vida durante esos diecinueve años en que estuve paralítica. Le conté sobre el viaje a la Meca y sobre las oraciones llenas de esperanza que quedaron frustradas allí. Me referí a la trágica muerte de mi padre con su resultado tan sorprendente: la visión de Jesucristo que me habló y me indicó que leyera el Corán, Se inclinó hacia adelante absorto, con sus ojos fijos en mi rostro. Nunca antes me había sentido examinada así por un hombre extraño, salvo que a mí no me parecía que era un extraño. Continué relatando la asombrosa revelación quetuve de Jesucristo en mi habitación y 1uego la forma en que fui sanada.Y después le dije  - lo vi a usted. Jesucristo me apareció de nuevo y me mostró su pueblo, y usted estaba entre ellos. El mismo me dijo que viniera a verlo para conseguir una Biblia. Y si todavía no me cree, escuche la oración que Jesucristo me enseñó a orar. Le repetí las palabras de la oración que comenzaba: "Padrenuestro... "--
Cuando terminé hubo un silencio. Mi amigo se sentó, con los brazos apoyados en los brazos de la silla y la cabeza inclinada sobre el pecho en seria meditación. ¿Será posible? dijo hablando más bien consigo mismo. Dio un suspiro profundo y se levantó. - Quédese aquí sentada por un momento. Tengo que ir y orar sobre este asunto. Darle una Biblia es una decisión importante para los dos. Entró en la casa y yo me senté al sol, mientras los pájaros canturreaban revoloteando entre los árboles, agitando tan rápido sus diminutas alas que parecían estar quietas en medio del aire. Después de un momento, que me pareció un tiempo largo, pero que tal vez no llegó a ser media hora, mi amigo salió de la casa y dijo: -He orado y pedido al Señor que me muestre lo que debo hacer y parece que El dice que debo darle lo que desea. Pero usted sabe que el camino que está pensando adoptar es difícil y podría significar que la echen de su familia. Tendrá que soportar mucho y que perder mucho, pero si permanece fiel recibirá la vida eterna.- Sé todo eso le dije . -Pero este es el Camino que debo tomar.-Quiero seguir a Jesús Emmanuel, que me sanó y me mostró-la senda del amor .. - Ahora, piénselo de nuevo dijo mientras sonreía.- Cuando abandone lo que tiene que abandonar para seguir a  obstáculos por delante. Habrá gran oposición. Es posible que hasta los mismos cristianos le pongan esos obstáculos en el camino. Mis ojos se llenaron de lágrimas. - No estoy pensando en esos impedimentos. Sólo lo que Jesús Emmanuel me mostró. El me levantó y me dio luz. Quiero saber más acerca de El, y El me envió a usted para recibir ayuda. Por favor, ayúdeme.-
Como respuesta me dio un Nuevo Testamento en urdu y un libro llamado Los Mártires de Cartago. Luego hizo unahermosa oración, cuyas palabras expresaron sentimientos tan simples como la hermandad y la bondad. Me sentí fortalecida.Al salir de su casa volví a tomar una tonga, para regresar a
casa de Razia y estar a tiempo para el almuerzo. No hablé sobre mi viaje y sólo dije:Conseguí lo que buscaba, pero el problema no está resuelto aún.Entonces cambié de tema y nos reímos y conversamos como si nada extraño hubiera sucedido. En eso llegó Majeed para llevarme a casa.

jueves, 8 de diciembre de 2016

EL VELO RASGADO- POR GULSHAM ESTHER

 EL VELO RASGADO
POR GULSHAN ESTHER Y THELMA SANGTER

Mis ojos se llenaron de lágrimas. No estoy pensando en esos impedimentos. Sólo lo que Jesús Emmanuel me mostró. El me levantó y me dio luz. Quiero saber más acerca de El, y El me envió a usted para recibir ayuda. Por favor, ayúdeme. Como respuesta me dio un Nuevo Testamento en urdu y un libro llamado Los Mártires de
Cartago. Luego hizo una hermosa oración, cuyas palabras expresaron sentimientos tan simples como la hermandad y la bondad. Me sentí fortalecida. Al salir de su casa volví a tomar una tonga, para regresar a casa de Razia y estar a tiempo para el almuerzo. No hablé sobre mi viaje y sólo dije: Conseguí lo que buscaba, pero el problema no está resuelto aún. Entonces cambié de tema y nos reímos y conversamos como si nada extraño hubiera sucedido. En eso llegó Majeed para llevarme a casa. La tía me había estado buscando. Me miró absorta, pero me volví, sintiendo como si lo que había experimentado estuviera escrito en mi rostro. ¿Cómo estaba Razia? preguntó. Bien, tiene algunos alumnos buenos y está contenta porque su hermana se ha casado. Es una lástima que no la hayan casado a ella, pero supongo que la familia no tiene dinero para la dote. Es cierto. Aún necesita tomar alumnos para ayudar a sus padres, pues el negocio que tienen es pequeño. En otros tiempos ese tipo de chismes nos hubiera entretenido por varias horas, -pero la nueva Gulshan tenía ahora temas mucho más interesantes. Me disculpé, fui a mi dormitorio y cerré la puerta. Después me tiré sobre la cama Y descansé. Me sentía físicamente agotada. Esa noche comencé a leer mi Nuevo Testamento en forma secreta. ¿A qué se parecía? Pregúntele a una persona sedienta a qué se parece el agua. Pregúntele a un bebé a qué se parece la leche de la madre. Yo, que había sido alimentada con cáscaras, ahora tenía pan para saciar el hambre, y así leí la verdad sobre la vida humana Y sobre el destino, según estaba escrita en aquellas páginas Jesucristo me dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida." Sus palabras registradas en los evangelios iluminaron mi entendimiento. Nunca había podido entender el Corán sin ser guiada. Este libro era distinto a todos abrió mis ojos espirituales. Sus historias cobraban vida a medida que las leía. En mi asombrosa visión encontré a los doce discípulos que habían acompañado a Jesucristo ..
Hallé, palabra por palabra, la oración que había aprendido a los pies de Jesús Emmanuel.
Descubrí el significado de ese nombre precioso que se me había dado en la visión:
Yo soy Jesucristo. Yo soy Emmanuel... Dios con nosotros."
Me habían enseñado a pensar acerca de Dios como un ser remoto e inalcanzable. Aquí estaba, por fin, la explicación del poder divino de Jesucristo y de su misión: El podía resucitar a los muertos porque era el Señor de la vida. Prometió venir otra vez, porque vive para siempre. Tiene poder por la eternidad, porque es Dios y no simplemente un profeta. "Yo soy el camino, la verdad y la vida." Ahora comprendía eso como la verdadera síntesis de la singular Persona que es Jesucristo. Al continuar mi lectura encontré pasajes referentes al bautismo. Leí en Marcos 1:9-11 que Jesús fue bautizado. En Romanos-6:4 leí: A fin de como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva." Vida nueva. Eso era lo que estaba experimentando, como si me hubiera sumergido en una fresca corriente de agua que brotaba, trayendo una vida estimulante a cada parte de mi ser. Ese bautismo era una señal y un sello de esa experiencia. Mientras meditaba en eso, se presentó delante de mí una figura, de una joven triste, sentada sobre un taburete, mientras sus criadas derramaban sobre ella el agua del pozo de Zamzam. Zamzam, el agua de vida, no había limpiado mis pecados ni había traído vida a mi carne muerta. Jesucristo me había dado el agua espiritual de la vida para mi cuerpo paralizado y para mi alma. Ahora quería ser sepultada con El en el bautismo. Pensé en eso, aunque no comprendía plenamente todo el poder de lo que estaba contemplando, ni tampoco qué cambios produciría en mi vida... He testificado me dije a mí misma . Entonces he hecho lo que Jesucristo me pidió. Puedo ser bautizada y luego volver aquí y vivir la vida nueva, ¿no es así? La pregunta flotaba en el aire, sin ninguna voz que la confirmara o la negara. Pero el rostro de mi padre se presentó delante de mí y sentí un dolor como si me hubieran clavado un cuchillo en el corazón. "Oh, padre, perdóname, pero tengo que seguir a Jesucristo, quien me ha sanado." En mi aflicción hablé en voz alta. De inmediato, una profunda paz vino sobre mí y di por cierto que ese era el Camino recto que debía seguir. Nada ni nadie podría detenerme ahora. El 12 de marzo había terminado de leer el Nuevo Testamento. También había leído de corrido Los Mártires de Cartago. Estaba lleno de historias sobre los primeros cristianos que fueron arrojados a los leones quemados en el fuego y tratados en formas indescriptibles y habían permanecido fieles. Comprendí el mensaje que me trasmitía. No cambié mi decisión
en lo más mínimo,

jueves, 8 de diciembre de 2016

EL VELO RASGADO- EL BAUTIZMO

 EL VELO RASGADO
 POR GULSHAM ESTER Y THELMA SANGTER

El día siguiente visité de nuevo a Razia y fui desde su casa a la casa de los Major como lo había hecho antes Esa vez la señora Major estaba en su casa. Les mostré las Escrituras que había encontrado.- Aquí le señalé me dice que debo bautizarme.Por favor, ¿podría usted bautizarme?-Se agarró la cabeza. - Hija mía, en nuestra denominación no practicamos el bautismo.-Me miró con una expresión extraña. - ¿Se da cuenta lo que podría suceder si se bautizara?Acaso, que no pueda volver otra vez a su casa. Su familia incluso trataría de matarla. Sí,una familia tan amorosa como la suya podría cambiar hasta tal punto si vieran que uno de sus miembros abandona la fe musulmana. Hubo un breve silencio. Traté de imaginar una situación como esa. Ser echada de mifamilia, tal vez asesinada.... Recordé el concilio de la familia ... El rostro de cada uno de ellos era como de halcones que se volvían contra mí Luego pensé en las últimas palabras de mi padre a mis hermanos: "Cuiden a su hermana." Con seguridad, en última instancia, ellos obedecerían ese mandamiento sagrado y final. Pero aun si no lo hicieran y realmente trataran de dañarme, aun así debía seguir este camino. Las palabras de Jesucristo habían echado raíces en mi vida y ahora había frescura, vitalidad y crecimiento donde antes estaba la esterilidad de una religión que miraba sólo al pasado. Entonces dije con firmeza, de modo que no pudiera quedar ninguna duda en cuanto a mi decisión:
-Jesús Emmanuel me ha dicho que debo ser su testigo y el bautismo es el próximo paso a dar. Debo obedecer, o perderé ese derecho a esta paz que ahora tengo. Será mejor morir con Cristo que vivir sin El.- 
El señor Major entrecruzó miradas con su esposa que asintió en forma suave con la cabeza. El se dirigió de nuevo hacia mí:
- Bueno, que así sea. Si Jesucristo le ha hablado en forma tan clara, no debe ir en contra de su voluntad. Sin embargo, no sería aconsejable que la vean ir a Lahore conmigo. Mi esposa la acompañará en el ómnibus. De todos modos, ella tiene que llevar a nuestra hija de regreso a la escuela. Yo iré en seguida. En realidad, la acompañaré con mucho gusto, Gulshan - dijo la señora Major inclinándose para tomar mis manos en las suyas.Fue un toque muy humano, dándome la bienvenida a la familia de mi nueva fe Así decidí mis planes, con muy poca emoci6n, como si estuviera disponiendo de la vida de alguna otra persona Con frecuencia se dice que el Islam nació en el desierto y sus seguidores aprendieron, en esa dura y cruel escuela, a obedecer fines más elevados que los propios. Los sentimientos personales no se consideraban nunca como una razón suficiente para desviarse de algo. Del mismo modo, para seguir a Jesucristo, yo podría aplicar hábitos de obediencia de largo alcance, en situaciones en que los sentimientos humanos podrían traicionarme No obstante, al hacer mis planes, no podía cerrar del todo la puerta a mi familia. Para ser sincera, esperaba que podría seguir adelante con el bautismo y luego volver a casa, a vivir mi propia vida. Como creyente no instruida, imaginaba que los pasos que estaba tomando eran todo lo que Jesucristo requería de mí: encontrar a creyentes cristianos y decirles de mi sanidad y luego ser bautizada. El señor Majar, en cambio, veía un poco más allá que yo: - No lleve ningún dinero ni tampoco joyas. Si lo hace, es posible que después del bautismo algunos quisieran pleitear con los cristianos.- Lo dijo con mucha seriedad y yo lo miré interpretando bien lo que quería decir. Hablaba de una ruptura clara, como si yo tuviera que dejarlo todo detrás de mi. ¿Todo? ¿Dinero, joyas, casa, tierras, familia, amor y sustento? ¿Quería Jesucristo de veras eso de mí? ¿Me habría dado ese don de sanidad sólo para Quitarme todo lo otro que hacía deseable esta vida? Aquel día, cuando volví a ver a Razia le dije: ¿Puedo venir a verte dentro de dos días? Por supuesto dijo Razia . Estaré aquí. En casa, le dije a la tía y al tío que iba a estar con Razia en dos días y que debíamos ir a Lahore. Firmaré un cheque por setenta y cinco mil rupias para que puedas pagar las cuentas mientras estoy ausente le dije a mi tío.
¿Dónde vas a alojarte en Lahore? dijo la tía frunciendo el ceño, mostrando que este plan no le agradaba. Pero no podía negarme el permiso. Yo era una persona libre ahora y, además, la que firmaba los cheques. Oh, debo estar con mi hermana y hermano dije sin pensarlo mucho , Escribiré una carta.  El día siguiente le pedía la tía que me acompañara a la tumba de mi padre. Esa señal de devoción le pareció bien. Tomamos flores del jardín y las deposité allí con sentimientos difíciles de describir. El respeto por su memoria, se mezclaba con la comprensión de que la eternidad no era un paraíso de comodidades materiales, como él me había enseñado, sino la presencia misma de Jesucristo. En mi última noche fui al jardín donde me había sentado tantas veces en mis años de desesperanza. De pie en el lugar donde había descansado el ataúd de mi padre, pensé de nuevo en él, con tristeza y por un largo rato. El sol se hundió en una hoguera roja, tiñendo las paredes de la casa campestre. Caminé entre las flores, frutas y hojas, oliendo las fragancias mezcladas de las rosas y de los naranjos florecidos. Una suave brisa nocturna hacía murmurar las hojas de los naranjos y de los mangos, mientras el cielo, encima de mí, era surcado por tintes púrpura y azul nocturno. Apareció la luna, grande como un melón, y las estrella; se veían salpicadas como pequeños diamantes en estuches de aterciopelada noche. Se habían encendido las luces en la casa campestre detrás de mí, de modo que todo brillaba cálido y seguro. Todavía vacilaba. Ahora que debía dejarlo, era como si lo estuviera viendo por primera vez y no permití que me atemorizaran ni siquiera las sombras horripilantes que se arrastraban debajo de los árboles.
¿Por qué bautizarme? Puedo ser una seguidora de Jesucristo sin hacerla. En cambio, si lo hago, puedo llegar a perderlo todo ..
Ese pensamiento volvía como a la deriva surgiendo de entre las sombras. Como si fuera en respuesta a eso, vino a mi mente como una voz suave un versículo que había leído:
"El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí ... el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí" (Mateo 10:37,38).