miércoles, 20 de julio de 2016

“SULFATO EL AVIÓN EN LA HISTORIA DE GUATEMALA" Por Luisa Rivera

jueves, 29 de septiembre de 2016

CARIDAD HERNANDEZ Y SAMUEL JOSE LUIS RIVERA--HUEHUETENANGO

EDELMIRA CARIDAD HERNANDEZ MENDEZ
(Huehuetenango) 
1923
    y
     SAMUEL JOSE LUIS RIVERA GARCÍA
(San Raymundo Guatemala) 
1918
 EDELMIRA CARIDAD HERNANDEZ MENDEZ
(Huehuetenango) 
1923
"Edelmira Caridad Hernández h.l. lad
En Huehuetenango a 23 de Julio de mil novecientos veintitres...comaprerció Don Marcelo Hernández y dijo que el 15 del presente nació Edelmira Caridad, hija legitima del exponente y María Antonia Méndez, ladinos de ésta Ciudad..."
 "Samuel Santiago Luis h.l. ladino
En San Raymundo a veintiseis de Agosto de mil novecientos dieciocho...compareció don José Pelaez...dijo:que el veinte del corriente nació un niño que se llamará Samuel José Luis, hijo legitimo de Luis Rivera y Josefina García, ladino,..en Carrizal de esta jurisdicción..."

 “SULFATO EL AVIÓN EN LA HISTORIA DE GUATEMALA"
Introducción
Podemos tomar esta narración como un cuento más de los abuelos, solamente que en esta ocasión más que eso, es una historia verídica que mi abuelita María Luisa Rivera Hernandez, muy entusiasmada y gustosa me contó una de estas tardes que nos visitó en casa, la tituló “Cuando el Sulfato vuela es porque noticias trae” me dice que trata sobre la época conocida como la Contra Revolución de 1954 en Guatemala. Este hecho sucedió cuando ella era niña, y recién llegada con sus padres y hermanitos provenientes de la ciudad de Huehuetenango hacia la ciudad capital de Guatemala. Mientras se ubicaban en una casa propia, fueron a vivir a la casa de sus abuelos paternos, lugar donde también vivían sus tíos, hermanos de su padre y primos. Fue en esta casa, donde se desarrollan las escenas de esta historia. 
Desarrollo.
Transcurría el año 1,954, época en la que yo contaba con cuatro años de edad, siendo la segunda de cinco hermanos. Mi hermana mayor a quien le llamábamos cariñosamente Canchita, otra menor que yo, Telmita, y dos hermanos José Luis y Edgar Fernando; más tarde nacieron otros hermanos.
Por voluntad de Dios, de mi padre José Luis Rivera y de mi madre Caridad Hernández de Rivera, y por mejoras salariales para ambos, nos trasladamos de Huehuetenango a la ciudad capital, llegando a vivir a la casa de mis abuelos paternos, José Luis Rey Rivera, y Josefina Rivera de García, donde también residían mi tío Paquito, mi tía Anita, y mi tío Miguel. 
Recuerdo que frente a esta casa situada en la avenida del ferrocarril, pasaba el tren sonando la bocina fuertemente, que si alguien estaba dormido, lo despertaba al escuchar que el tren se acercaba. A todos los primos nos gustaba salir a la puerta a verlo pasar y a decirles adiós a los pasajeros moviendo nuestras manitas y con una sonrisa en el rostro, pensando que algún día podríamos viajar en él. El tren era de color verde, y cada vez que pasaba la tierra temblaba.
Vivíamos felices porque éramos varios los primos aproximadamente unos veinte. Nuestros padres se llevaban bien y acostumbraban reunirse por las tardes a tocar guitarra y cantaban “Allá en el rancho grande” y otras melodías.
A determinada hora escuchaban noticias por la radio, pues en ese entonces no había televisores.
Un día de tantos, la alegría de la familia, se convirtió en preocupación cuando se escuchó volar sobre la casa a “Sulfato”, que así le llamaban al único avión de guerra, que tenía Guatemala, (Según dicen) el cual aparecía en los cielos cuando sucedía un golpe de Estado o algún acontecimiento inesperado y  alarmante de malas noticias. 
Por la radio informaron que el Presidente de esa época el General Jacobo Arbenz Guzmán había sido derrocado por un golpe de Estado dirigido por el gobierno de los Estados Unidos; y sustituido por el coronel Carlos Castillo Armas.
La radio transmitía y advertía al pueblo guatemalteco que no salieran de sus casas y que por la noche estaba prohibido encender las luces, para evitar ser bombardeados. Por este motivo tuvimos que dormir debajo de las camas casi en oscuridad apenas encendían candelas o una linterna con mucho cuidado.
Recuerdo el ruido de los aviones, de las bombas y de armas que se escuchaban muy cerca y nos producían mucho miedo, por lo que nos juntábamos para dormir y dormíamos con ropa. Nuestros padres no lograban dormir por estar pendientes de alguna novedad.
El ambiente se había tornado muy peligroso porque cerca de la casa se encontraba y aun permanece el Cuartel de Matamoros que era una guarnición de soldados, que rodeaban  la mayor parte de  toda la zona uno. 
Muchas personas tuvieron la oportunidad de salir huyendo para lugares seguros dejando abandonadas sus casas y pertenencias.
Nuestra familia dispuso que nos trasladáramos al municipio de San Raymundo, lugar de donde eran originarios mis abuelitos, Luis Rey Rivera García y Josefina Mancilla de Rivera;  contrataron con dificultad, debido a la situación operante, un camión en el cual viajamos todos.
Llegamos a San Raymundo y nos albergamos en una casa que pertenecía a una de mis tías. La casa tenía muchas habitaciones, no muy amuebladas, por permanecer la mayoría de veces desocupada, contaba con una pequeña cocina con poyo y leña. La casita esta rodeada por árboles frutales y no faltó quien cortara mangos verdes para comer con limón. 
En el lugar nos sentimos contentos, conocimos el mercado, compramos manías muy sabrosas. No podía faltar un campo de futbol a donde nos encaminamos con libertad, jugamos pelota, corrimos, gritamos y fue muy divertido.
A los pocos días hubo un alboroto en el lugar, los habitantes anunciaban temerosos que los indígenas del los alrededores se habían sublevado y venían con machetes y palos contra los ladinos, culpándolos de la derrota del gobierno. Por esta razón, la familia dispuso nuevamente contratar un camión, para el viaje de regreso a la capital. Recuerdo que ese día llovía tan copiosamente que tuvieron que cubrirlo con una carpa gruesa para evitar mojarnos pues la mayoría de los niños veníamos en la parte de atrás del camión con nuestros padres, nuestras madres fueron acomodadas en la cabina por traer a los niños pequeños. 
Al llegar a la capital entramos rápidamente a la casa, la encontramos con basura por todos lados y también había algunas pelotas tiradas en el patio que no pertenecían a la familia y quizá los soldados las tiraron o dejaron allí.
Ocurrieron algunas otras anécdotas a consecuencia de la situación, como esta: Una mañana mi mamá me encontró hablando con un soldado que estaba parado frente a la puerta de la casa, yo le decía que me regalara cascabillos de los que estaban tirados en toda la calle, mi mamá se enojó y por supuesto me regañó y me prohibió abrir la puerta.
Esta revolución terminó con las elecciones del nuevo presidente, Carlos Castillo Armas y con el derrocamiento y exilio del general Jacobo Arbenz Guzmán. 
Esta vivencia de una guerra, me permitió la oportunidad de vivir algo histórico e importante; dejó recuerdos también en mis hermanos de algo especial en nuestra infancia, que hoy como adultos las hemos conversado cuando tenemos oportunidad de reunirnos. Pensamos que después de la tranquilidad que siempre hubo en Huehuetenango tuvimos que pasar por esta experiencia que nunca imaginamos al ir a vivir a la capital. 
Gracias a Dios que hoy puedo compartir con mis hijos y nietos esta parte de mi vida y mostrarles como evidencia algunas fotos de la casa donde te cuento que sucedieron estas confrontaciones por la guerra. Y otra donde aparecen algunos de mis primos con quienes participamos en esta historia.
El mensaje que deseo dar a las generaciones jóvenes es: que lo que se obtiene con violencia, _refiriéndome a lo que provocó esta revolución_, solo dejó en los guatemaltecos tristeza, mal ejemplo y muerte, puesto que se vieron forzados, por el temor a morir, a aceptar la decisión extranjera; ya que fueron amedrentados y amenazados, al ver que en las calles del centro de la ciudad aparecieron rótulos que decían: Los que apoyen a Carlos Castillo Armas, vivirán, y los que apoyen a Jacobo Arbenz Guzmán morirán
Carlos castillo Armas murió asesinado a los tres años de su gobierno en la Casa Presidencial desconociéndose hasta hoy, quien fue el responsable de su muerte. En cuanto a Jacobo Arbenz murió en el exilio después de ser difamado y la peor humillación fue haberlo sacado en calzoncillo, para llevarlo al aeropuerto. Esto afectó tanto a su familia que una hija suya se quitó la vida.
La historia ha juzgado las acciones de ambos ex presidentes de Guatemala y de la actitud de partidos políticos que buscan sus propios intereses. Pienso que si hubieran permitido a Jacobo Arbenz terminar su mandato, muchas mejoras hubieran beneficiado a sus habitantes y en especial a los campesinos entre ellas el Proyecto de la Reforma Agraria que Arbenz pretendía establecer.
Espero que al conocer parte de esta historia, te formes una opinión sobre hechos que no se deben volver a repetir en nuestra amada Patria Guatemala y nos ser víctimas de gobiernos corruptos. Culpables de la muerte de personas civiles y militares inocentes, de mujeres violadas y niños que se quedaron sin padres. Un guatemalteco amante de su patria no le hace falta lágrimas al ver a Guatemala siendo devastada. Pero confiemos que Guatemala será una nación bendecida por Dios.
 

martes, 5 de julio de 2016

INSCRIPCIONES CHINAS Y HEBREAS - GRUTA EN COLOMBIA. - BOGOTA (UP)

JUDIOS EN AMERICA

Por PABLO SCHVARTZMAN 

Instituto

Amigos del Libro Argentino

Buenos Aires - 1963

UNA NOTICIA RECIENTE  .Mucho de lo que hasta aquí se ha dicho podrá parecer, fuera de algunas opiniones indiscutiblemente auto- rizadas, muy de acuerdo con la mentalidad de gentes de otras épocas y quizá explicables por el escaso desarrollo de las ciencias etnológicas y antropológicas de siglos pasados. Pero dejando aparte viejas leyendas y tradiciones y el testimonio de relatos y documentos más o menos antiguos, se puede reproducir una noticia de nuestros días, en este caso un despacho telegráfico procedente de Bogotá, Colombia,

publicado por el diario "La Prensa" de Buenos Aires en su edición del lunes 30 de Mayo de 1960. Dice así: FUERON HALLADAS INSCRIPCIONES CHINAS Y HEBREAS EN UNA GRUTA EN COLOMBIA. Por GERMAN ESPINOSA BOGOTA (UP) El hallazgo de inscripciones chinas y hebreas en una gruta de la sierra de La Macarena, situada al sudeste de la capital colombiana, ha hecho pensar a eminentes antropólogos del país, no sólo que esas civilizaciones pudieron explorar América siglos antes de que su territorio fuera pisado por Cristóbal Colón o los vikingos del norte de Europa, sino que las famosas minas del rey Salomón estuvieron situadas en algún lugar de la Amazonia.

Una comisión del instituto Colombiano de Antropología, que realizó recientes investigaciones en La Macarena, hizo la sensacional revelación. La Macarena ha sido clasificada por geólogos, botánicos y zoólogos del mundo entero como una región cuya fauna, flora y minerales pertenecen a ciclos diferentes al que actualmente atraviesa el planeta. Esa región sin embargo, no ha sido explorada del todo hasta nuestros días. 

  CARACTERISTICAS DEL NOTABLE DESCUBRIMIENTO

El hallazgo consistió exactamente en una serie de caracteres chinos, entre ellos el signo "tien" que significa "paraíso", y otra de letras hebreas, que conforman entre todas la palabra "violencia". Según el informe de la Comisión, en el techo y paredes de la gruta hay también profusión de figuras "antropomorfas, zoomorfas y símbolos", unas de color rojo, otras amarillas y algunas negras, hechas al parecer con brea. En los pisos, ocultos por amplias grie-

tas, se hallan fragmentos de cerámica "con decoración en relieve", fabricadas con resinas.

La posibilidad de que los indígenas americanos tuvieran un antepasado blanco había sido descartada inicialmente por los antropólogos. Lo que no significa que hombres de ciencia, como los europeos Thor Heyerdahl y Jean Poirier, hayan dejado de insistir sobre ella.

Algunos cronistas señalan curiosamente, como probable indicio de un origen hebreo de esos indígenas, el hecho de que ciertas tribus amazónicas del Brasil y Colombia practiquen la circuncisión, rito eminentemente judío. Otros habían hecho notar la afinidad de algunas lenguas primitivas americanas con el lenguaje hebraico.

Para esos cronistas, la tesis más aceptable sería la de que los fenicios, cuyo activo comercio los condujo a las más apartadas regiones del globo, llegaron a estas tierras muchos años antes de la era cristiana y legaron en parte a los nativos su idioma y sus costumbres. Los fenicios eran de raza hebrea.

LAS ESCRITURAS SERIAN DEL SIGLO II

ANTES DE CRISTO

A propósito de esto, se han traído a colación testimonios escritos de notables de la antigüedad, como Aristóteles, Esdras y Montanus, según los cuales los fenicios "navegaron al occidente hasta encontrar nuevas tierras". El célebre Humboldt sostuvo en 1802 que "las tradiciones de los hebreos se encuentran en los pueblos de América". De todos ellos, el más curioso es el de Onfroy de Thoron, quien en un libro titulado "Viajes de las flotas de Salomón a América", emplea inusitada erudición para demostrar que el País de Ophir estuvo localizado en el Alto Amazonas, concretamente en el río Caquetá o Japurá, no lejos de la sierra de La Macarena. En Ophir, según la leyenda, tenía Salomón sus famosas minas.

De acuerdo con las características especiales de los signos hallados en la sierra, los expertos del instituto antropológico han calculado que ellos pueden haber sido escritos entre los años 183, antes de Cristo, y 200 de la era cristiana.

Tanto esos signos como las figuras y las cerámicas halladas en la gruta, serán objeto de un minucioso estudio por parte de especialistas en los diferentes ramos. Su fallo pudiera perfectamente arrojar luz sobre el enigma del hombre americano acerca de cuya procedencia se han edificado tantas teorías".

EPILOGO

Más fuerte que el anhelo de cultura histórica, el celo religioso de algunos de los clérigos que acompañaban a los conquistadores envió a la hoguera importantes documentos indígenas, códices antiquísimos, remotas tradiciones escritas, que de haber sido posible estudiar debida-

mente en la época actual habrían podido indudablemente arrojar mucha luz sobre aspectos apenas entrevistos de la "historia prehistórica" de los pueblos americanos.

"Bien es verdad que en esa lucha, primero aguda y después sorda, entre vencedores y vencidos — dice el Dr. Eduardo Alfonso — se agotaron todos los recursos que es capaz de inspirar el espíritu de hostilidad."

El padre Landa, gran historiador y Obispo de Yucatán, nos dice refiriéndose a los Códices Mayas: "Hallárnosles de libros de estas sus letras; y porque no tenían cosa en que no hubiese superstición y falsedades del demonio, se ios quemamos todos, lo cual a maravilla sentían y les daba pena".

¿Qué concepto tendría el padre Landa — nos preguntamos con el Dr. Alfonso — sobre teoría del conocimiento? " Se ha visto por los códices que han sobrevivido a los autos de fe del clero español — y éstas son también palabras del Dr. Eduardo Alfonso — que los mayas sabían

más de astronomía que los europeos de su tiempo, y que en finuras mitológicas no tenían nada que envidiar a las religiones más perfectas del Viejo Continente".

Podríamos muy bien trazar un paralelo entre estas dos situaciones similares: la presencia de israelitas en la América colonial y su activa participación en todos los órdenes de la vida, incluso en las luchas por la independencia de las actuales repúblicas, y la presencia judía en

la América prehispánica. Como en el caso de la posible presencia hebrea en la América precolombiana, al terminar la Inquisición en el Nuevo Mundo su nefasta obra, sólo vestigios quedaban de los criptojudíos. Perseguidos, torturados, diezmados con feroz ensañamiento, se fue operando el alejamiento inevitable de las fuentes judías y terminaron por ser absor-

bidos por la población general.

Algunos siguen todavía practicando ritos originariamente judíos: encienden velas los viernes, conservan en su poder "taletim" ( 18 ), candelabros, libros y objetos religiosos judíos, en algunos casos practican incluso la cir-cuncisión, pero la gran mayoría prefiere ocultar o ignorar

su alcurnia hebrea.

18 "Taled", "talet" o "talit", "taletim" en plural, es el manto de oraciones que usan los judíos en los servicios religiosos.

Su cantidad testimonia la existencia pasada de muchos millares de hebreos, especialmente españoles y portugueses, que a la par de sus connacionales no judíos y "contra todos los vientos" — como dice Pablo Link ( 19 ) — echaron los cimientos de las repúblicas americanas.

Quizá en un futuro no lejano, por el descubrimiento de nuevos documentos ocultos o desconocidos hasta el presente, por el encuentro de nuevas claves para la interpretación de antiguos jeroglíficos, por el estudio de regiones todavía inexploradas — de la que hay tantas aún y tan tremendamente extensas en el continente americano — pueda tenerse no sólo la presunción sino la absoluta certeza de esa presencia judía en la América precolombina, cuyas

teorías atraen, envuelven y apasionan a los espíritus curiosos.