miércoles, 31 de mayo de 2023

POR QUÉ CREO EN DIOS

 Una antigua prueba de la realidad de Dios adquiere hoy apremiante frescura.

POR QUÉ CREO EN DIOS

POR PAUL JOHNSON SELECCIONES DEL READER'S DIGEST              Septiembre  de 1985

 UN DOMINGO por la mañana desperté ardiendo de ira.

 Un personaje prominente me había criticado en público, in­justamente, acerca de un tenia im­portante, y yo me proponía contra­atacar con energía a través de la prensa. Como Sansón a los filisteos, yo le asestaría "golpe sobre golpe haciendo grandes estragos". Estaba ansioso por redactar tal artículo.

Pero, como era domingo por la mañana, fui temprano a la iglesia. La lección de la misa fue un texto del Eclesiástico: "Rencor e ira son también detestables", dice; "el que se venga sufrirá la venganza del Señor".

La misa continuó con el célebre pasaje del Evangelio de San Mateo en que San Pedro pregunta a Jesús cuántas veces debe perdonar a un hombre que le hace un daño. ¿De­berá ser hasta siete veces? La res­puesta de Jesús fue: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete".

Mi crítico no me había agraviado setenta veces siete; ni siquiera sie­te veces, sino una sola vez. No es­cribí el artículo.

Hay muchas razones por las que debo creer en Dios, pero la primera es, para mí, la más importante: creer en Dios me convierte en una persona mejor. Las otras razones son más discutibles, y no puedo pro­barlas. Pero sé que esta es verda­dera, y lo sé por mi propia expe­riencia. Y estoy convencido de que cualquier hombre o cualquier mu­jer, sea cual sea su carácter, es una persona mejor por la fuerza de tal creencia.

Una valiente mujer formuló una ardua pregunta a Evelyn Waugh, ese escritor tan magníficamente do­tado, pero irritable y en ocasiones malévolo, que a veces causó dolor con sus palabras: —Señor Waugh, ¿cómo puede comportarse así, y seguir siendo cristiano?

—Señora, tal vez sea yo tan malo como usted dice; pero, créame: si no fuera por mi religión, casi no sería un ser humano.

Waugh estaba simplemente reafir­mando una verdad fundamental: sin Dios, la humanidad pronto de­genera, hasta caer en lo subhuma­no. Esta tesis la fundamentó elegan­temente Francis Bacon hace 350 años, en su ensayo Del ateísmo: "Los que niegan a Dios destruyen la nobleza del hombre. Pues sin du­da el hombre es afín a las bestias por su cuerpo. Y si no es afín a Dios por su espíritu, es una criatu­ra baja e innoble".

Uno de los más grandes teólogos modernos, el sacerdote jesuita Karl Rahner, llegó a una conclusión si­milar. Argumentó que si la imagen de Dios se desvaneciera completa­mente de nuestras mentes, lentamen­te dejaríamos de ser humanos. Esto significa que conservaríamos nues­tra capacidad intelectual, nuestra habilidad para hacer máquinas cada vez más complejas; pero, al cortar el cordón umbilical que nos une a Dios, desaparecería la fuente de nuestra vitalidad ética. En lo mo­ral, no seríamos mejores que una especie de monos fantásticamente listos. Nuestro destino final sería demasiado horrible para siquiera pensar en él.

Porque la verdad es que los se­res humanos somos criaturas como Jekyll y Hyde, y el monstruo que hay dentro de cada uno de nosotros siempre está luchando por tomar las riendas. Los teólogos llaman a esto la doctrina del pecado original, que explica lo que todos observamos, pero que nos resulta difícil compren­der. El hombre puede ser, y frecuen­temente es, un ente destructivo, cruel y malévolo. Esta propensión al mal no puede corregirse exclusi­vamente con nuestros propios recur­sos. Necesitamos una ayuda exterior para controlar nuestro lado sinies­tro. Tal auxilio nos lo da la práctica constante de la religión.

Lo lleva a cabo al establecer un código de conducta que no hacemos a nuestra propia conveniencia, ni lo alteramos a capricho, sino que proviene de Dios, y es inmutable.

Además, nos ofrece muchas for­mas de permanecer fieles a este có­digo. De niño, se me enseñó a rea­lizar cada noche lo que se llamaba un "examen sistemático de concien­cia". Para emplear una metáfora moderna, equivale a poner todos los actos del día en una computadora moral. ¿Cuál era mi calificación? El balance que aparece en la pantalla resulta a menudo desalentador, pero me obliga a reconocer que todos los días cometo actos malos, los cuales debo tratar de evitar. Me recuerda que soy un ser humano moralmente responsable, y que algún día tendré que dar cuenta de mis actos.

Asistir a la iglesia es otro factor que sujeta mi aspecto negativo. Cada vez que asisto a misa por las mañanas, siento un acceso de fuer­za que me ayudará durante el día,

pUEes la ceremonia religiosa es. una ocasión extraordinaria, en que hom­bres y mujeres se congregan con el Único propósito de honrar a Dios, midiéndose a sí mismos no por nor­mas de triunfo y fracaso, sino con el patrón de la eternidad. Se preguntan"¿merezco esto? En caso contrario, ¿cómo puedo merecerlo)?" Es importante plantearse díariamente estas preguntas, lo que es muy poco probable sin la disciplina constante de asistir a la iglesia.

Recuerdo cuando empecé a tra­bajar en mi Historia del cristianis­mo, preguntándome si mi fe sobre­viviría a la labor de examinar en detalle las actividades de las iglesias cristianas a lo largo de 2000 años. Los cristianos habían hecho cosas terribles, a menudo en nombre de Jesucristo. ¿Qué ocurriría si mí repugnancia me volviera contra mi religión?

Recordé entonces el consejo que mi maestro de historia, un sabio je­suita, me había dado en la escuela, cuando le pregunté qué le parecía que su Iglesia hubiera sido a veces totalmente injusta. Me dijo: "Lee el Evangelio de San Juan, capítulo 14, versículo 6".

Encontré allí la famosa frase de Jesús: "Yo soy el camino, la ver­dad y la vida". Lo que mi maestro quería indicarme era que la busca de la verdad, cualquiera que sea su resultado, es el deber de todo cris­tiano y, ante todo, del historiador cristiano.

Por tanto, seguí escribiendo el libro, y salí de esa experiencia con mi fe fortalecida, pues descubrí que las calamidades de la humanidad durante los siglos de cristianismo no ocurrieron porque hombres y mu­jeres practicaran el cristianismo sino, precisamente porque no lo practicaron. Por mala que la huma­nidad fuera con religión, sería infi­nitamente peor sin ella.

Y la historia, aunque me pese de­cirlo, así lo ha demostrado. Años después empecé mi libro Tiempos modernos, estudio detallado del pe­riodo que va desde la Primera Gue­rra Mundial hasta el comienzo de los años ochenta. Esta es la primera época en casi 2000 años en que la mayoría de los gobiernos se ha deja­do guiar por lo que podría llamarse la ética poscristiana. Y la considero única en su crueldad, destructividad y depravación.

Una vez más, descubrí que los anales de la historia en realidad for­talecían mi fe. Estos inmensos ma­les ocurrieron precisamente porque se había puesto un gran poder en manos de hombres que no sentían temor de Dios y a los que no fre­naba ningún código absoluto de conducta.

Lenin, cuya política creó ham­bruna y asesinato en masa de su propio pueblo, no sólo no tuvo nin­guna religión, sino que odiaba y te­mía a quienes sí la profesaban. El único principio rector, insistió, era la "conciencia revolucionaria": en la práctica, todo cuanto convenía a él y a su gobierno.

Hitler adoptó el mismo relativis­mo moral, al que llamó la ley suprema del partido. En virtud de esta ley, que él mismo promulgó, construyó fábricas de asesinatos en masa que exterminaron a millones de seres humanos.

Estos monstruos fueron los me­jores discípulos de pensadores que deliberadamente habían rechazado la religión. Lenin derivó de Marx la idea de que había que destruir el cristianismo, porque inculcaba el vi­cio de la humildad. Hitler aprendió de Nietzsche que Dios había muer­to y que lo había sustituido "la voluntad de poder".

Mientras escribía Tiempos mo­dernos, se formó en mí la firme con­vección de que el hombre sin Dios es una criatura condenada al ani­quilamiento. La historia del siglo xx demuestra la tesis de que, al des­vanecerse la visión de Dios, primero nos volvemos simples monos muy listos, y luego nos exterminamos unos a otros.

Es una perspectiva aterradora. Pero la restauración de esa visión de Dios puede invalidarla. La so­ciedad, en conjunto, será menos autodestructiva si reverencia las nor­mas morales que no es posible cam­biar según el capricho de congresos y parlamentos y comités centrales, sino que derivan su autoridad de Dios.

Pero, dicho lo que antecede, no creo en Dios por la utilidad públi­ca de esta idea. Dios no representa un útil mecanismo de control social. Si Dios fuese una simple abstrac­ción de bondad, como arguyen cier­tos autores de asuntos religiosos, el sistema se desplomaría en ruinas ante la primera crisis.

La única fuente válida de vida moral es un Dios viviente. No soy capaz de describir con precisión cómo llegamos a conocer a semejan­te Dios. No es una experiencia in­telectual, sino intuitiva, más cerca de las emociones que de la razón. Tal intuición es consecuencia de la gracia; por medio de la gracia, Dios ilumina nuestra mente y nos con­fiere la capacidad de creer en üÉL y la de verlo. Desde luego, como dijo San Pablo, sólo vemos por medio de un espejo y oscuramente. No po­demos conocer a Dios, plenamente, hasta que lo veamos cara a cara, en la próxima vida.

Pero tal atisbo, aunque oscuro y por medio de un espejo, nos basta. ¿Cómo obtener la gracia para tener este atisbo? El único camino a la gracia pasa a través de la plegaria. Si alguien me pregunta:

—¿Tiene objeto orar a un Dios en el que no creo?

Le contesto:

—Sí; sí lo tiene.

No es cuestión de teoría intelec­tual sino, simplemente, de volverse en la dirección correcta; una súpli­ca en busca de ayuda.

Sólo la creencia en Dios hará de­cente a la sociedad, pero no cree­mos en Dios por esta razón. Las religiones exclusivamente sociales sólo conducen a la idolatría. Debe­mos creer verdaderamente. Es par­te de nuestra lucha por ser huma­nos. Pero en esta lucha, Dios mismo nos ayudará.

 Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.

1 Timoteo 2.5  NVI

 Ellos contestaron: —Cree en el Señor Jesús, y obtendrás la salvación tú y tu familia.

Hechos 16.31 DHH

EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE Perro ovejero 1948

   jueves, 19 de noviembre de 2015

viernes, 8 de abril de 2016

EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE perro de muestra salva de huracán

EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE
Recopilado por Alan Devoe
1,948
Donde haya perros se contarán siempre casos divertidos, o conmovedores, o tan llenos de misteriosa emoción como la mirada misma del perro. Los verídicos relatos que van a continuación se han elegido entre los enviados recientemente a esta Revista por sus lectores.
AQUELLA TARDE, a eso de las dos, se me ocurrió irme a pescar lenguados en la bahía de Great Egg. Alisté la lancha, vio el patrón que no faltara el combustible necesario, y estuvimos listos a hacernos a la mar. Llamé entonces a Redsy, mi perro de muestra. Desde cachorrilo nunca deja de acudir pronta y gozosamente apenas oía ese silbido.
Esta vez, sin embargo, se agazapó en el muelle, ladrando a más y mejor. De nada Sirvió llamarlo. Ni halagos ni amenazas lo decidían a embarcarse. Seguía ladrando sin moverse de donde estaba.
Acabó por impresionarme esa terquedad. El patrón me aseguró que el tiempo no daba nada que recelar; pero Redsy protestaba con más y más empeño contra la proyectada excursión. Al fin me decidí: le dije al patrón que volviese a amarrar la lancha, pues había resuelto desistir de la pesca. Supongo que el hombre creería que estaba chiflado. No disté yo mismo de creer que era así. Hacía un día espléndido:limpio el cielo de nubes; rizada apenas la superficie del mar por leve brisa. En la bahía unas 50 embarcaciones navegaban plácidamente hacia los bancos de lenguados.
Algunas de esas embarcaciones no volvieron nunca. A las pocas horas la mansa brisa se convertía en furioso viento y éste en temporal deshecho. La Isla de Absecon quedó sepultada bajo 30 centímetros de agua. De lo que Redsy me salvó al presentirlo con seguro instinto y obstinarse en que no saliésemos a la mar, fue nada menos que del huracán de 1938
WilliaM Harry Montgomery, Poughkeepsie, Nueva York
esta historia real podría indicarnos que sí?

iernes, 8 de abril de 2016

EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE Perro ovejero 1948

 
EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE
Recopilado por Alan Devoe
1,948
Donde haya perros se contarán siempre casos divertidos, o conmovedores, o tan llenos de misteriosa emoción como la mirada misma del perro. Los verídicos relatos que van a continuación se han elegido entre los enviados recientemente a esta Revista por sus lectores.
 UNA NOCHE en que nevaba copiosamente mi perro de aguas enano se escabulló de casa. Mal le fue en esa aventura, impropia de sus 12 años de edad, pues tuvo un percance del que salió gravemente herido. Probable parece que lo atropellara un quitanieves. En todo caso, quedó tendido en la nieve amontonada al borde de la carretera.
Allí hubiera perecido sin duda a no ser por el desconocido perro ovejero alemán que le salvó la vida.
El chofer que trajo al herido me contó la historia. Pasaba el hombre a eso de las dos y media de la madrugada frente a casa. De súbito, en el tramo de carretera que iluminaban los reflectores del taxi al rasgar la espesa cortina de la nevada, erguido e inmóvil apareció el perro ovejero. Trató el chofer de ahuyentarlo haciendo sonar estrepitosamente la sirena. Como esto no valiese para apartarlo del sitio en que permanecía tercamente clavado, detuvo el taxi. Acercose entonces el perro a la portezuela, aulló unos instantes y trotó luego hacia uno de los lados de la carretera. El chofer echó pie a tierra y se dirigió allá, cayendo y levantando entre la borrasca de nieve. Al verlo acercarse al sitio donde montaba guardia al pie del herido, el perro ovejero batió alegremente la cola.
He tratado inútilmente de dar con ese perro al cual debe la vida el mío. Me encantaría estrecharle la mano.
Eldon Bisbee, Nueva York, N.y
 

BOBBY, UN PERRO AMIGO

Viernes, 15 de abril de 2016 BOBBY, UN PERRO AMIGO

 BOBBY, MI QUERIDO Y RECORDADO AMIGO
Por un huehueteco apasionado por la historia- El autor del blog-
Tenía yo 17 años de edad, cuando él llegó a nuestra familia.. A mi hermano le  regalaron un cachorro mezcla de collie con pastor alemán. Desde el principio cautivó mi corazón. era cariñoso, juguetón, levantaba al aire su frondosa cola.  Le nombramos  Bobby en recuerdo de un perro antiguo que teníamos. De noche a la luz de las bombillas eléctricas,, de sus ojos salían destellos luminosos rojizos.
 Generalmente Bobby se mantenía encerrado en casa, muy pocas veces salía a la calle, salvo  cuando mi madre salía a una panadería cercana a comprar el pan, entonces Bobby la  acompañaba y  la seguía curioseando y saltando por aquí y por allá.
   Pasaron los  años, trabajaba de maestro en un lugar muy lejano, yo llegaba a casa cada mes. No recuerdo exactamente si  yo tenía 21,  22 o 23 años. Al regresar a mi casa , mi finada madre con tristeza  me preguntó , palabras menos, palabras más.
__¿Notaste ya, quién no  salió a recibirte?__
Luego me contó que  en anteriores días habían envenenado a Bobby. y una vecina le avisó que el perro estaba muerto a la vuelta de la casa en un terreno en aquellos años sin construcción. Siendo mi madre una mujer con un corazón muy sensible, le afectaba la ausencia del noble perro.
   Hoy mismo en horas de la mañana  recordaba a Bobby, y sentía que la ira se apoderaba  de mi corazón, solamente de pensar que hay personas que viven alrededor nuestro y que la maldad, la envidia y la amrgura corroen su corazón. No soportan el ver que sus vecinos obtengan un pequeño triunfo o algo parecido, que en lugar de alegrarse, sienten como ya he dicho amargura, odio y rencor, por ello buscan una manera mezquina y ruin de herir a los que son causa de su antipatía. .
COMO LA IRA, LA AMARGURA, EL RENCOR Y EL ODIO SON POCIMAS SATÁNICAS QUE DE NINGUNA MANERA PUEDO DARLES CABIDA EN MI CORAZÓN,  llevé  mi mano al corazón y dijé dentro de mí: __ !Señor Jesucristo, Espíritu Santo, no quiero albergar  ni una pizca de rencor, odio, amargura, resentimiento, quita ese dolor de mi alma, Sana mi corazón, perdono (una vez más) a quien de forma cruel pueda haberle dado veneno a Bobby. ...
Si existiese un paraiso para perros, se que Bobby sería feliz de estar en el. Jugando y saltando como lo hacía...y yo correría a encontrarme con él y lo abrazaría, con un fuerte abrazo como no pude despedirme de nuestro noble y fiel amigo Bobby. Toda la Biblia es Palabra de Dios, PERO EL SEÑOR NOS TIENE RESERVADAS TREMENDAS SORPRESAS Y EL AQUILATA EL CORAZÓN DE CADA PERSONA y enjugará toda lágrima , y  cada vez me convenzo que El Eterno nos dará conforme al deseo de nuestro corazón, ( en esta fecha 30 Nov 2020 Lun- en adelante, escribiré mi petición formal y firmada a mi Dios Eterno y en la eternidad vere el resultado favorable, allá nos veremos)  por ejemplo yo puedo pedirle en la eternidad un planeta similar a la tierra con verdes pastos, azules montañas, rios de agua cristalina que se precipiten a traves de  hermosas cataratas, aves volando en el cielo y todos los perros nobles que siempre han amado a los humanos- aquí  pregunto a los creyentes verdaderos en Cristo, aquellos que haan llegado a entender la dulzura, amor  y misericordia de el Padre Eterno.
¿Habrá algo imposible para Dios?
En la Eternidad siendo ya salvos por trillones y cuatrillones de años luz, EN SU PRESENCIA si yo le pidiese un planeta donde exista una llanura y pueda yo correr y gozarme jugando con muchos perros cerca de esas magnificas cascadas ,(Creo que ya existe, pues antes que el pensamiento esté en nosotros y la palabra en nuestra boca  el hace provisión de todo) quizás todos los que han existido, entre ellos mi amigo Boby,y lo abrazaría, con un fuerte abrazo como no pude despedirme de nuestro noble y fiel amigo Bobby. que impediria que el Señor me regalara lo que yo le pidiera.

Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo

 domingo, 6 de marzo de 2016

UN PERRO GIME POR SU AGUA-- Aprendo de él-

Como el ciervo brama  por las corrientes de las aguas,
    Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.
2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; Salmo 42
 Por un huehueteco apasionado por la historia- El autor del blog-
Hoy Domingo a las 12 del medio día, pasé cerca de un vendedor de granizadas cerca del parque central de Huehuetenango. Esperando la señal del semáforo para pasar la calle, un perro que cojeaba de sus cuartos traseros de forma  lastimera, posiblemente a causa de algún accidente callejero, llegó donde  el  vendedor y empezó a gemir de modo conmovedor. Le pregunté al vendedor si era su perro y contestó que no. El perro movía la cola y seguía gimiendo, llorando...Parecía que esta solicitando algo en su lenguaje canino. Yo dije en voz alta: ¿Tendrá hambre¿. quisé comprar un pan , pero no había una tienda cerca. a la vuelta de la esquina vendían tortillas, compré algunas y y regresé donde  el perro y  le extendí una tortilla. la tomó con su boca pero no la comío. siguió gimiendo muy fuerte delante del vendedor.  Luego el vendedor de granizadas dijo:
__Quiere un poco de hielo__
 Le colocó un  poco de hielo molido en la acera y el perro la lamió o masticó avidamente.
Caminé con tristeza recordando los cuartos traseros de ese perro, como caminaba de forma torcida y sintiendo dolor por el sufrimiento de los animales, especialmente por ese mejor amigo del hombre, de la irresponsabilidad de las personas de tener mascotas que luego abandonan a su suerte en las calles.
  La Biblia de las Américas
No dañarán ni destruirán en todo mi santo monte, porque la tierra estará llena del conocimiento del SEÑOR como las aguas cubren el mar.
 Reina Valera 1909
Porque sabemos que
todas las criaturas gimen á una, y á una están de parto hasta ahora.Romanos 8.22
 La gloria futura
…21de que la creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios. 22Pues sabemos que la creación entera a una gime y sufre dolores de parto hasta ahora. 23Y no sólo ella , sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo.…

 CONMOVEDORA HISTORIA DE UN PERRO FIEL HASTA LA MUERTE

EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE

                          1955
  Por Dr. G. P. C.

 BRANDY, un perro de raza chao, había sido criado cariñosamente por dos pacientes míos; granjeros ya entrados en años.. Cuantas veces salía de casa cualquiera. de lós dos, allá iba Brandy siguiéndole los pasos. Si sus amos trabajaban en la huerta, buscaba el perro un sitio sombreado, y -echándose allí no los perdía de vista un solo instante. Cualquiera -hubiese dicho que temía que se fueran sin él.
Había llegado Brandy a-la edad madura cuando sus amos murieron de repente. Unos vecinos se lo llevaron al pueblo y lo encadenaron mientras se acostumbrába a sus nuevos amos: Pero Brandy no quiso comer., ni beber. Viendo que á ese paso acabaría por morirse, lo soltaron. Pasados dos días fueron a la granja de los antiguós amos. Hallaron a Brandy echado en el umbral, como si estuviese aguardando que ellos volvieran.
No sabían qué partido tomar con el perro; al cabo resolvieron lle­várselo otra vez al pueblo para .tratar de alimentarlo, pero. esta vez no lo encadenaron. A la mañana siguiente notaron que había  con­sumido parte del alimento. Esto animó a los bondadosos vecinos a ir de nuevo a la granja al cabo de dos días, para volver con el perro y darle de comer como anteriormente. Más adelante, advirtieron que, si le dejaban la comida en el sitio acostumbrado, Brandy acudía todas las noches al pueblo, comía y regresaba luego prontamente a montar guardia en la granja.
Con frecuencia me pregunté en qué pensaría el perro al proceder así. Creo saberlo. Pensaría que, en ausen­cia de los amos, le tocaba a él guar­dar la casa y esperar allí su regreso.
Al cabo de un año vendieron la granja. La ocuparon los nuevos due­ños.
 ¿Abandonó entonces Brandy su larga y fiel vigilancia?
 No.
Lo único que hizo fue montar guardia, no en la puerta, sino en una loma a es­paldas de la granja.
Muchas veces, en los años si­guientes, lo vi en sus viajes de ida y vuelta. Trotaba sin detenerse ni reparar en nada, como dominado por un único pensamiento: «Debo estar allá cuando ellos vuelvan.»
Al fin llegó una noche en que Brandy no fue por la comida. Los vecinos que tan cariñosos habían sido con él por tantos años, se dijeron que con seguridad le habría pasado algo. Una mañana de primavera, cuando la nieve empezaba a derre­tirse, vi en la loma donde Brandy montaba guardia un mechón de pelo rojizo. Me detuve y escarbé en la nieve.
Ahí dormía Brandy el último sueño. Reposaba con la cabeza hacia el sur, tal como estuvo al morir, vigilando hasta el postrer instante la casa de los amos.      —Dr. G. P. C.