viernes, 28 de agosto de 2026

EL CRISTIANO CON ARMADURA COMPLETA (1658) *GURNALL* i-v

 ***Libro publicado en su tercera edición en el año de 1655, es decir hace  371 AÑOS, ¿Puedes imaginarte como sería el mundo en ese  tiempo?

Es un libro con más de 371 años, porque en su primera edición debe  ser unos años atrás. Muy antiguo, empolvado, deteriorado en sus páginas físicas, pero suficientemente actual,  porque no ha perdido su vigencia. Estaba empolvado, guardado, archivado en la estantería del tiempo, como una espada  guardada en su vaina, un arsenal olvidado, “oxidado”; pero hoy, vengo a desempolvarlo y mostrarlo a, quizás a unos pocos. Sí, a unos pocos, pero inmensamente privilegiados somos al leer y aprender de sus páginas. El Autor, nos sigue hablando desde sus letras, y sus buenas obras, siguen trabajando para el reino de Dios

.Lunes 3 de Agosto del año del Señor de 2026.* Atte. El autor del blog***

IBRO IMPRESO EN SU TERCERA EDICION, EN 1658,

COLECCIÓN DE LITERATURA PURITANA Y TEOLÓGICA INGLESA

BIBLIOTECA DE ALUMNOS DEL SEMINARIO TEOLOGICO  DE PRINCENTON

N.J.

EL CRISTIANO CON ARMADURA COMPLETA

O UN TRATADO SOBRE LA GUERRA DE LOS SANTOS CONTRA EL DIABLO

CON ARMAS ESPIRITUALES PARA LA BATALLA,  LE AYUDA A ABROCHARSE LA ARMADURA Y LE ENSEÑA EL USO DE SUS ARMAS, JUNTO CON EL FELIZ RESULTADO DE TODA LA GUERRA

POR WILLIAN GURNALL

TERCERA EDICION

IMPRIMATUR: EDMUND CALAMY

PRINTED FOR RALPH SMITH

1658

EL CRISTIANO CON ARMADURA COMPLETA (1658) *GURNALL* i-v

A MIS QUERIDOS AMIGOS Y VECINOS, LOS HABITANTES DE LAVENHAM.

 MIS QUERIDOS AMIGOS

SALOMÓN dice: «El deseo del hombre es su bondad, y mejor es el pobre que el mentiroso», Proverbios 19:22. Si comparten su sentir, les prometo que estas notas (que aquí les dedico) serán recibidas con benevolencia por ustedes. Me encontrarán como el pobre, por la gentileza con la que se las presento; pero el sincero deseo de su felicidad eterna, del cual provienen, espero, me librará de la mentira.

Jamás podría serles tan útil como muchos ministros lo son para su pueblo, habiendo estado con ustedes en la debilidad; y aun así, es la voluntad de Dios que me vea limitado, a un límite de fuerza y ​​capacidades.

Por lo tanto, tengo motivos (para que, aunque no compense esa carencia, pueda expresar mi profundo pesar por ella) para concentrar más amor en lo poco que puedo hacer por ustedes. Y verdaderamente mi corazón se ensancha hacia ustedes, y hacia Dios por ustedes. Si algo me hace detestar ir a otro mundo (para el cual mi morada me insta a prepararme más que a muchos), no es lo más importante, pensar que no dejaré a ninguno de ustedes caminando por el camino a la vida eterna, ni a ustedes que van en camino, sin un apoyo y consuelo mutuos, en el camino del Evangelio.

 Una fuerte fortaleza en su camino; sí, mientras estoy entre ustedes, poco se dan cuenta de cuánto de la vida de su humilde ministro está en sus manos. Si midiera mi vida por la alegría que me produce (¿quién no lo hace?), entonces con cierta rectitud puedo decir, con Pablo: vivo como veo a cualquiera de ustedes firme en el Señor, y muero como veo a otros firmes en sus pecados, sin conmoverse ante las súplicas del Evangelio que los han atraído.

¿Y por qué, queridos amigos, no habría de ser vuestra vida, más valiosa para vosotros que la mía? Pero me abstengo: no quisiera que se pensara, como hacen algunos maridos, que soy más amable con vosotros fuera de casa, delante de extranjeros, que en casa.

Lo que les presento en este Tratado es un plato de su propia mesa, y así, espero, les sentará mejor. No pueden despreciarlo (aunque la comida sea sencilla), a menos que se culpen a sí mismos, quienes eligieron al cocinero.

No puedo ser serio con los demás, dedicarles tanto tiempo como para leer estos sencillos sermones, no sea que les resulte una pérdida; sería como llamarlos de las labores más fructíferas de otros, para recoger unas pocas espigas, y aun así delgadas, en las mías. Sin embargo, con ustedes, mi pueblo, puedo ser un poco atrevido.

 Los médicos dicen que la leche materna, aunque no sea tan concentrada como la de otra persona, si no se percibe ningún sabor nocivo, por ser natural, es más apropiada para el niño que la de un extraño. Y creo que no sería un error afirmar que esto se aplica a la leche que el pastor da a su rebaño. Un pueblo que, con conciencia, se entrega a los brazos de su pastor (si la leche que les da es sana), puede esperar la bendición de Dios para su sustento, aunque no tenga tanta exquisita para complacer el paladar curioso como otros lugares. Bueno, cualesquiera que fueran estos sermones, algunos de esos pocos espíritus que encontraste al escucharlos, faltarán en su lectura.

Es tan fácil pintar el fuego con el calor, como plasmar en papel con pluma y tinta, lo que ocurre al predicar.

 Hay tanta diferencia entre un sermón en el púlpito y uno impreso en un libro, como entre la leche en el pecho caliente y en un biberón; sin embargo, lo que pierde en el sabor vivo, lo compensa con la comodidad.

 El libro puede estar a mano cuando el predicador no puede; Y en verdad, ese es el principal fin de la imprenta: que así como el biberón y el bolso se usan cuando la madre está enferma o ausente, así también el libro, para calmar al cristiano y saciar su estómago en ausencia de la Ordenanza. Quien no lee sermones ni buenos libros en casa, para ahorrarse el esfuerzo de ir a escucharlos, es un ladrón para su alma en el hábito religioso: consulta para su comodidad, pero no para su beneficio. Come carne fría cuando puede comer caliente; es peligroso perder el beneficio de ambos al despreciar uno. Si la esposa hubiera podido tener a su amado en casa, no habría tenido que recorrer las calles ni servir en público.

¡Oh, qué necesidad tenemos de ofrecer sacrilegios por sacrificio, de robarle a Dios un deber para pagarle otro! Él ha ordenado mejor nuestro trabajo; una rueda no interferiría con otra si se realizara con mayor regularidad.

 Una parte fundamental de la aritmética de David para contar nuestros días reside en lo que llamamos división, para calcular el tiempo de nuestra corta vida; así como para dividir la pequeña suma total en las distintas porciones de tiempo debidas al cumplimiento de cada deber en un instrumento no está afinado, a menos que tenga todas las cuerdas; y estas no harán buena música, si el músico no tiene la sabiduría de hacer que cada cuerda suene en su dos tiempos.

El cristiano no está afinado, a menos que cumpla con todos los deberes de su lugar y vocación; ni el cumplimiento de ellos será armonioso ante Dios; si cada uno no se realiza en su tiempo debido.

Oh, amigos míos, no solo trabajen para cumplir con su deber en su propio lugar, sino también en el lugar que le corresponde. Escuchen cuando deban escuchar. Sepan cuándo guardar sus cosas y cuándo ir a la tienda, y cuando llegue la hora de retirarse, si dedican unos minutos de vez en cuando a repasar lo que ya han escuchado, no se les contará (espero) otro día como tiempo perdido.

El tema del Tratado es solemne: una guerra entre el Santo y Satanás, y tan sangrienta que la más cruel que jamás hayan librado los hombres parecerá un juego, un juego de niños comparada con esta **.//= La guerra mas sangrienta que  se haya librado entre hombres, es pequeña es un “juego de niños”  comparada con la guerra entre Satanás contra los fieles creyentes de Dios// ** ¡Ay!, ¿qué es matar cuerpos para destruir almas? Es una triste reflexión pensar cuántos miles han sido enviados a la tumba en los últimos años por la espada del hombre, pero mucho más asombroso es considerar cuántos de ellos pueden ser enviados al infierno por la //justa// ira de Dios.

Es una guerra espiritual la que leeréis, y no una historia de lo que se libró hace muchos siglos y que ya terminó, sino de lo que está sucediendo ahora, la tragedia que se desarrolla en el presente, y no en los confines del mundo, sino en lo que os concierne a vosotros y a todos los que la leen.

 El escenario donde se libra esta guerra es el alma de cada hombre. No hay neutrales en esta guerra; el mundo entero está involucrado en la contienda, ya sea por Dios contra Satanás o por Satanás contra Dios.

Hace algunos años, se planteó una gran pregunta: ¿De quién sois? No dar una buena respuesta a esta pregunta ha costado muchas vidas. Oh, queridos amigos, pensad con solemnidad qué respuesta daréis a Dios y a vuestra conciencia cuando, en vuestro último momento, os pregunten a cada uno:

—¿De quién sois?—

Es una misericordia incomparable que aún estéis //todavía aquí en la vida// donde podáis elegir vuestro bando; no será así, puede que no sea el fin de un día. Si en otro mundo debéis manteneros fieles a vuestras banderas, podéis huir de las guaridas del diablo y ser recibidos por Cristo.

 El tambor //llamando// resuena en el Evangelio para voluntarios. Oh, que el Señor os haga dispuestos en el día de su poder. Sé que todos estaríais del lado seguro. Oh, ¿de qué podéis estar seguros, mientras bajo el estandarte del diablo, sino de la condenación? La maldición de Dios se aferra a él y a todos los que participan con él. Oh, que el pequeño botín y despojo de los placeres pecaminosos y las riquezas no os embrujen para seguir su campamento. ¿De qué sirve el soldado por el botín que obtiene en una batalla, si antes de poder huir con él, muere él mismo en el lugar (tantos han servido en estas guerras, si los rumores son ciertos)? Eso es lo que sin duda debes esperar. La pieza //cañón enemigo// está cargada y apunta a tu pecho, lo que será tu muerte eterna, si persistes.

Las advertencias de Dios cesarán por fin, y ¿entonces dónde estarás? ¿Dónde, sino en el infierno, donde tu tesoro de oro y tu vestidura babilónica, tu salario de injusticia, de poco te servirá?

Oh, vecinos, me resisto a dejaros en el camino donde vuelan las balas de Dios, pero debo dirigirme a vosotros, mis amigos cristianos, que habéis abrazado la causa de Cristo, y estáis en el campo de batalla contra Satanás. Mi corazón está con vosotros, que así os habéis ofrecido voluntariamente entre el pueblo del Señor para ayudarlo contra el //maligno//poderoso

***Libro publicado en su tercera edición en el año de 1655, es decir hace  371 AÑOS, ¿Puedes imaginarte como sería el mundo en ese  tiempo?

Es un libro con más de 371 años, porque en su primera edición debe  ser unos años atrás.

Muy antiguo, empolvado, deteriorado en sus páginas físicas, pero suficientemente actual,  porque no ha perdido su vigencia. Estaba empolvado, guardado, archivado en la estantería del tiempo, como una espada  guardada en su vaina, un arsenal olvidado, “oxidado”; pero hoy, vengo a desempolvarlo y mostrarlo a, quizás a unos pocos. Sí, a unos pocos, pero inmensamente privilegiados somos al leer y aprender de sus páginas. El Autor, nos sigue hablando desde sus letras, y sus buenas obras, siguen trabajando para el reino de Dios

.Lunes 3 de Agosto del año del Señor de 2026.* Atte. El autor del blog***

LIBRO IMPRESO EN SU TERCERA EDICION, EN 1658,

COLECCIÓN DE LITERATURA PURITANA Y TEOLÓGICA INGLESA

BIBLIOTECA DE ALUMNOS DEL SEMINARIO TEOLOGICO  DE PRINCENTON

N.J.

MONUMENTOS, , GEMAS, MONEDAS * MURRAY* 33--35

 LA VERDAD DE LA BIBLIA

 DEMOSTRADA MEDIANTE UNA APELACIÓN A MONUMENTOS, ESCULTURAS, GEMAS, MONEDAS Y MEDALLAS EXISTENTES.

JOHN MURRAY, F.S.A. F.L.S. F.G.S.

RELIGION VICTORIOSA” "Grabado en  una joya antigua.

LONDON:

1840

A SU MAJESTAD LA REINA,

 ESTE VOLUMEN ES  MUY HUMILDE DEDICADO CON SU PERMISO,

CON LA MAYOR  GRACIA; POR SU SÚBDITO  LEAL, Y A SU SERVICIO

EL  AUTOR.

LA VERDAD DE LA BIBLIA * MURRAY*  33-

Los vasos absorbentes que succionan, con una hábil selección, los diversos materiales asimilados, y con rara discriminación, apropiándose de todos; las funciones de la piel que enfrían la superficie, cuando es necesario, y los orificios que actúan como conductos de desecho, también del sistema.

Las maravillas ópticas de ese perfecto instrumento acromático, el ojo; su ventana, y su curiosa cortina, y su lente, y los medios en contacto con él; su lienzo reticular en el fondo de una cámara oscura con todo su mobiliario microscópico y telescópico.// cerca y lejos//

 El aparato acústico del oído con su martillo, su estribo y su tímpano, y sus cámaras y sus cavidades bellamente intrincadas.

Los movimientos del cerebro y sus membranas: los órganos secretores y asimiladores que reclutan lo de desecho y cultivan la buena estructura; la sensible, irritable y celosa epiglotis, que custodia, como un fiel centinela, el viaducto de la tráquea; la refinada sensibilidad de las papilas y fibrillas de la lengua, y las delicadas funciones de las membranas de Shneider.

 Estos y muchísimos más órganos secretores y asimiladores, junto con las secreciones de los riñones, las mamas, la vesícula biliar, las glándulas salivales, el páncreas, las glándulas conglobadas y los vasos linfáticos, bien merecen nuestra admiración. ¡Qué milagro de habilidad y complejidad, y sin embargo, qué serena y discreta armonía!

 Todo lo bello en el diseño y maravilloso en la adaptación recíproca de las partes, con sus aptitudes mutuas, se concentra aquí en un foco luminoso de sabiduría omnipotente.

Habiendo descrito la maquinaria del hombre, no necesitamos referirnos al mecanismo de las criaturas inferiores; pero si lo hiciéramos, con la mente clara y en pleno uso de los conocimientos, sin duda encontraríamos, junto con el descubridor de la circulación sanguínea, a un Dios tanto en las obras más humildes como en las más elevadas de la creación.

Menos aún necesitamos observar la estructura de la vegetación. La planta rebosa de pruebas de un diseño palpable y curioso: las células, los conductos y los filtros, los vasos absorbentes y secretores; la diastasa que transforma la fécula en azúcares; el ascenso de la savia cruda y su transferencia a los alambiques de las hojas, donde se transforma en cambium; la posterior formación de alburnum y liber; las funciones de la flor; el sellado en la semilla del embrión, impreso por la semejanza de la planta que lo engendró.

 Si todo este maravilloso mecanismo pudiera revelarse a la vista, el ateísmo, con toda su estoica audacia, se avergonzaría y sonrojaría.

*********Lunes, 21 de marzo de 2016

DE LAS TINIEBLAS A LA LUZ

Por Beverly Nichols

JUNIO1951

DE LAS TINIEBLAS A LA LUZ

Un empeño en busca de la fe, que obtiene recompensa

condensado de “All I Could Never Be)

Por Beverly Nichols

JUNIO1951

Ensayista británico, novelista y dramaturgo, autor de “Veredict on India”

En mis años juveniles publiqué una autosemblanza en que proclamaba la futilidad de la fe,  dije así:

La fe no es virtud, como no es virtud el oído músical; se tiene o no se tiene.

 Yo anhelo creer en una vida futura; ansío aceptar que las sombras que ahora mismo se van extendiendo lentamente sobre los prados de la vida serán ahuyentadas, cuando la noche venga, por una luna que no ha salido aún. Pero no puedo Ninguna de mis pesquisas, ninguna de mis averiguaciones, me han llevado a terreno firme”

A medida que mi correspondencia aumentaba me fui dando cuenta gradualmente de que con mi constante machaqueo sobre el tema de la futilidad de la fe estaba causando pesar a un gran número de personas. Y cierto día abrí una carta que fue como una puñalada en pleno corazón. Hela aquí:

"Estimado Beverly Nichols:

Chesterton dijo alguna vez que el mayor crimen del mundo era romperle su juguete a un niño. Sólo ahora acabo de comprender lo que el brillante escritor inglés quiso decir, y es a usted a quien se lo debo. Yo tenía  un juguete que se llamaba Fe y con él había jugado por cerca de 80 años.  Y ahora usted me lo ha roto.

No sé si debo darle las gracias o maldecirlo. Pero yo, que había pensado  morir como una chiquilla abrazada a mi juguete, moriré ahora como una anciana insensata, y no tendré nada que estrechar contra mi pecho..."

Desde ese momento juré que fueran cuales fueran mis pobres opiniones sobre los grandes misterios de la vida y del más alla, las reservaría para mí solo.

Empezó entonces un curioso intermedio durante el cual, esquivando siempre  toda forma de ortodoxia cristiana, exploré los caminos laterales de la religión. Mis esfuerzos por hallar la fe llevaron a los estantes de mi biblioteca una miscelánea de volúmenes, principiando con el Bhagavad_Gita y terminando con Mental Healers de Zweig. La ayuda que pude hallar en esos credos fue sólo transitoria. Mirando retrospectivamente me parece extraño que hubiera podido yo evadir con tanta persistencia la solución obvia, que era atravesar la puerta de una iglesia.

No fue en la penumbra de mi biblioteca sino en la sencilla placidez de mi jardín donde pude hallar finalmente el sinuoso y estrecho sendero que conduce a la verdad.

 Voy a decir algo tan simple que a muchos les parecerá que no vale la pena de decirlo: no veo cómo puede un hombre ser a un mismo tiempo jardinero y ateo.

Admirar el corazón de una rosa, enaltecer su belleza y en seguida proclamar que el universo es un caos sin sentido, constituye seguramente el ejemplo más manifiesto de términos contradictorios.

 El ir descubriendo gradualmente en una y otra primorosa flor, los más exquisitos y completos dechados tuvo para mí el carácter de una revelación religiosa.

Compré una lente de aumento y tarde en la noche, a la luz de la lámpara, la ponía frente a una margarita con sus miles de apretadas estrellas cada una coronada con un casquete de oro por la mano de un artífice maestro. Gozaba con las ricas telas de los lirios, cada uno de cuyos pétalos es un tapiz en miniatura.

Los objetos más comunes eran los más interesantes, por ejemplo, la primorosa disposición de las semillas en el anverso de los helechos, a manera de botoncitos cosidos en un justillo milagroso.

Y así como el sentido de la vista me persuadía de la posibilidad de un modelo divino, el oído me insinuaba la posibilidad de un ritmo universal.

El aire mismo se poblaba de vibraciones musicales: las frases de un suave ligado que canta el viento en los trigales, los brillantes arpegios del aguacero, los altos y bajos del flautín de las aves. Con toda esta música tan incesantemente difundida ¿Cómo podría ser que no hubiera una fuente central de armonía y un maestro concertador?

Durante mis solitarios paseos por las colinas yo me hacía a mí mismo estas preguntas.

 A veces solía entrar en alguna humilde iglesia y me sentaba en un viejo escaño situado atrás; y entonces me invadía  insensiblemente una sensación de extraña felicidad.

 ¡Qué quietud aquella¡ El mismo canto de las aves llegaba como algo muy lejano. Y sin embargo, aunque estaba absolutamente sólo no me sentía aislado. Aquí tal vez podría encontrar lo que había estado buscando__alguien a quien dar gracias.

 Después de uno de esos paseos releí, por primera vez en varios años, el evangelio de San Marcos. A medida que iba desarrollándose la sublime   historia  yo murmuraba en mis adentros:

¡ Si fuera cierto¡ ¡Si fuera cierto¡

 De repente me di cuenta de que nunca había hecho ningún esfuerzo serio por comprobar si eso era verdadero, Yo había basado, mi convencimiento en una suposición trivial  y fácil: la de que no ocurren milagros por todas partes, desde las flores de mi escritorio hasta ese ramillete fantástico  de sombra que proyectan sobre la pared.

Decidí hacer una investigación imparcial en el campo de la teología. Me fui a Londres y regresé con una valija llena de libros.

 Fueron los meses siguientes una de las épocas más emocionantes que he vivido porque anduve  verdaderamente en busca de  un tesoro, búsqueda que me llevó a través de la historia y cuyo premio final era la Fe.

No me propongo escribir extensamente sobre la evidencia histórica para la cristiandad. Sin embargo, quiero hacer una súplica encarecida.

 Si alguno de mis lectores pertenece al grupo de los que opinan que el relato cristiano de los hechos es “imposible,” que está contra la naturaleza y si es abiertamente contrario a “la opinión ilustrada; sí, en suma, opina que no pasa de ser una bonita leyenda, le ruego, por su más vital interés propio, que examine esos hechos tan fría e imparcialmente como si fuera miembro de un jurado. Aunque no gane ninguna otra cosa habrá hecho el descubrimiento de que la teología es uno de los estudios más a apasionantes a que puede dedicarse un hombre. Pero ésta, creo, será la menos importante de sus ganancias. Sospecho que encontrar, con gran sorpresa suya, que esas cosas sí pudieron haber sucedido.

Este es sólo, naturalmente, el primer pasoEl cristianismo no es un sistema de hechura humana, como el comúnismo que puede ser valorado por un tribunal. Para su realización mística exige a sus adeptos un salto en la oscuridad, un salto que  conduce de las tinieblas a la luz.  JUNIO 1951

GEMAS, MEDALLAS, SON TESTIGOS DE BIBLIA *MURRAY* 30 ---33

 LA VERDAD DE LA BIBLIA

 DEMOSTRADA MEDIANTE UNA APELACIÓN A MONUMENTOS, ESCULTURAS, GEMAS, MONEDAS Y MEDALLAS EXISTENTES.

JOHN MURRAY, F.S.A. F.L.S. F.G.S.

RELIGION VICTORIOSA” "Grabado en  una joya antigua.

LONDON:

1840

A SU MAJESTAD LA REINA,

 ESTE VOLUMEN ES  MUY HUMILDE DEDICADO CON SU PERMISO,

CON LA MAYOR  GRACIA; POR SU SÚBDITO  LEAL, Y A SU SERVICIO

EL  AUTOR.

LA VERDAD DE LA BIBLIA * MURRAY*  xxvi-30

Es razonable creer que, así como el autor de nuestra vida ha entretejido en la esencia de nuestro ser, la conciencia de nuestra identidad personal, perpetuada y establecida en cada etapa posterior de nuestra existencia, también es razonable concluir que dejó una huella en la mente de sus criaturas, o impuso la conciencia de que derivaba su ser, de una fuente infinitamente elevada por encima de su más elevada comprensión; y que esa fuente debió ser la inteligencia omnipotente.

En consecuencia, encontramos que este sello ha sido impreso universalmente; y tal reconocimiento se halla, en el testimonio unánime de toda raza y lengua; existió en todas las épocas pasadas y ahora prevalece, entre todas las naciones de la tierra.

 ¿Acaso el individuo que se ha arrogado el poco envidiable carácter de ateo, haciéndose eco del lenguaje de su prototipo, Hume, exige la prueba de la experiencia?

order and harmony are the sequence of wise and beneficentlaws ; and by the same test, applied to thephysics of the material world, in the synchronism oftheir order and harmony, we, on the soundest principlesof induction, infer a lawgiver, who is God over all.

 Replicamos que la experiencia de los siglos ha demostrado que el orden y la armonía son la secuencia de leyes sabias y beneficiosas; y mediante la misma prueba, aplicada a la física del mundo material, en la sincronía de su orden y armonía, nosotros, según los más sólidos principios de inducción, inferimos un legislador, que es Dios sobre todo.

La evidencia del designio demuestra la existencia de Dios. Es absurdo decir que asumir esto es petitio principii la petición de principio de la dialéctica; y quien plantea esta pregunta niega que exista tal evidencia.

Debe recordarse que un axioma, o proposición autoevidente, no requiere demostración, ni tampoco puede recibirla; y tal intento sería una reductio ad absurdum, como se llama en matemáticas, muy similar a la solución que el escéptico da al problema de su propia existencia. — Sentio ergo sum. ¿Qué es el diseño*? es, por lo tanto, la simple pregunta en cuestión, y una vez definida con precisión, el sofisma se desmorona.

Veo ante mí un ejemplar acabado del más hermoso mecanismo, cuyas diversas partes encajan a la perfección y dependen unas de otras. Percibo, además, ruedas concéntricas e innumerables movimientos, y movimientos circulares y excéntricos combinados con vibraciones cicloidales.

Puede que me pierda contemplando la mística máquina, y que muchos de sus movimientos no los comprenda; pero observo sus relaciones mutuas y dependencias recíprocas, y, además, percibo que sus fuerzas combinadas emergen en el orden y la armonía propios de las leyes de la cronometría. Por lo tanto, deduzco el diseño, e infiero con la misma sensatez un diseñador con la misma sensatez con la que deduzco una causa antecedente a partir de un efecto.

El diseño, por lo tanto, es la adaptación de los medios a un fin; la aptitud y la disposición de las partes para producir un resultado específico y determinado.

 Y cuanto más refinados y precisos sean los movimientos y exquisitas sus combinaciones, mayor es mi admiración por el artista que los creó y la habilidad que los plasmó. Para este argumento, es irrelevante si he visto o veré alguna vez al artista; infiero su existencia a partir de su obra, y admiro y venero lo que su inteligencia ha ideado y sus manos han ejecutado.

Es una necedad hablar de casualidad; esa palabra es propia de la infancia, y resulta asombroso cómo un término sin significado se ha incorporado a algún idioma.

 Es muy fácil demostrar la ingenuidad del ateo y obligarlo a convencerse a sí mismo, pues sería inútil asegurarle que la muestra de habilidad e ingenio a la que me acabo de referir surgió por casualidad, o brotó espontáneamente de la nada. Se burlaría de tal afirmación y consideraría a quien intentara engañarle de esa manera como un inepto racional, o simplemente alguien que escapa del caos. Tan contradictoria, inconsistente e ignorante es esa imitación de un «tonto» a la que llamamos ateo.

¡Qué milagro de la creación es el hombre! —verdaderamente «temible y maravillosamente hecho»—un monumento erigido por una sabiduría infinita, «un prodigio de partes».

 Si se pudiera desvelar el inigualable mecanismo del hombre, o ver sus mil movimientos a través de un medio transparente, ¡qué escenas para la contemplación, el asombro y la admiración!

¡Y qué escenario para la adoración del «anciano de los días», quien creó y ajustó el mecanismo, y puso en movimiento todas sus partes y poderes! ¡Qué visión sería ver los ganglios proyectando sus influencias eléctricas a lo largo de los nervios!

 La máquina neumática de los pulmones expulsando el aire contaminado y recibiendo a cambio un suministro fresco de aire puro. La pausa y el intervalo en la respiración, para distribuir los gases según sus densidades relativas.

 El motor hidráulico del corazón, que impulsa el fluido vital de la sangre, sus contracciones y dilataciones, el movimiento de las válvulas mitral, semilunar y tricúspide, que actúan como las válvulas de una máquina de vapor; las vibraciones de los músculos, la tensión de los tendones; las secreciones sinoviales o lubricantes de las articulaciones, sus cabezas y sus cavidades; la cronometría del pulso y el calorímetro, que mide el calor que llega al organismo y lo distribuye según las circunstancias; un principio de compensación para igualar la temperatura y mantener el equilibrio ante cualquier cambio y variación.

***.***FRAGMENTOS****

SOY EL PULMÓN DE JUAN

EN BUENA parte, este artículo está basado en las entrevistas que tuvo el autor con los doctores Alton Ochsner y Hurst Hatch, de la afamada Clínica Ochsner, en Nueva Or­leáns (Luisiana).

POR J. D. RATCLIFF

SELLECIONES DEL R.D. JUNIO 1969

El verdadero trabajo lo realizo en los alvéolos: los mi­croscópicos sacos de aire que se agrupan como racimos de uvas. Hay en mí unos 250 millones de alvéo­los que, extendidos, cubrirían con su tejido aproximadamente medio campo de tenis.

Cada alvéolo está cubierto por una maraña de capilares. El cora­zón impulsa la sangre hacia un ex­tremo de cada capilar, y los glóbu­los rojos, uno por uno, lo recorren aproximadamente en un segundo. A continuación ocurre algo asom­broso. A través de la membrana finisima de la pared capilar, los gló­bulos rojos descargan su desecho de anhídrido carbónico en mis alvéo­los. Simultáneamente, toman el oxí­geno que entra por el otro extremo. Es una especie de tienda de inter­cambio : por un extremo de los ca­pilares la sangre entra de color azu­lado y por el otro sale de un vivo color rojo cereza.

“La acción automática de mis fun­ciones respiratorias está regulada por el bulbo raquídeo —la protu­berancia donde la médula espinal se inserta en el cerebro—, que es un detector químico asombrosamente sensible. Durante el ejercicio enér­gico, los músculos consumen pron­to el oxígeno y descargan el desecho de anhídrido carbónico. Con­forme se acumula este gas, la san­gre se pone ligeramente ácida. El centro de control de las funciones respiratorias detecta esto de manera instantánea y me envía la orden de que trabaje más aprisa. Si la acidez aumenta demasiado, como ocurre cuando Juan hace un ejercicio enér­gico, el centro de control me orde­na que también haga más profunda la respiración: es lo que llamamos "el segundo aliento".

Cuando Juan está sentado necesi­ta unos 16 litros de aire cada mi­nuto; en la marcha, necesita unos 24; en la carrera, unos 50. Recosta­do, tranquilamente, en la cama, ne­cesita unos ocho litros de aire cada minuto. Para inhalarlos respira unas 16 veces por minuto, es decir, inhala poco menos de medio litro de aire cada vez que respira. (Yo puedo recibir ocho veces esa cantidad, que sólo me infla en parte.) Aun así, no todo ese medio litro de aire me llega a mí; un tercio se escapa sin rumbo fijo por la tráquea y otros conductos del aire.

El aire que necesito me debe lle­gar poco más o menos tan húmedo y cálido como el de una marisma tropical. Para producir ese aire tan especial en el trayecto de unos cuantos centímetros, se requiere todo un complicado sistema.

“Hay una lista casi interminable de cosas que me pueden causar di­ficultades. Cada día Juan inhala toda clase de bacterias y virus. La lisozima, poderosa enzima antimi­crobiana existente en la nariz y la garganta, destruye a,casi todos ellos. Y, por lo general, yo puedo comba­tir a los demás que llegan a penetrar hasta mis oscuros, cálidos y hú­medos conductos, que constituyen un excelente coto de caza de micro­bios. Los fagocitos vigilan en mis conductos y sencillamente envuel­ven a los invasores y los engullen.”

“El proceso mediante el cual se purifica el aire que recibo comienza con los pelillos de la nariz, que de­tienen las grandes partículas de pol­vo. Una película adherente de materia mucosa, en la nariz, la gar­ganta y los bronquios, actúa en for­ma semejante a la del papel mata­moscas para atrapar las partículas más pequeñas de polvo. Y por úl­timo, la labor de limpieza propia­mente dicha la realizan los cilios: pelillos microscópicos que cubren, en cantidad de decenas de millones, todos mis conductos respiratorios. Como trigo al viento, los cilios se agitan hacia atrás y adelante cerca de 12 veces por segundo. Movién­dose hacia arriba, empujan los de­sechos hacia la garganta, donde pue­den ser deglutidos por Juan.”

SOY LA NARIZ DE JUAN

* FRAGMENTOS*

Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras;
Estoy maravillado,
Y mi alma lo sabe muy bien.

SALMOS 139. 14-16

SELECCIONES DEL READER'S DIGEST

OCTUBRE DE 1983

POR J.D. RARCLIFF

“ Si se acuesta sobre el lado izquierdo, por ejemplo, se me tapa poco a poco la ventana izquierda. Al cabo de dos horas, más o menos, envío una señal silenciosa (pues no quiero desper­tarlo) que lo hace volverse. Este es uno de varios mecanismos que utili­zo para lograr que se mueva, lo que evita que sus músculos estén acalam­brados por la mañana.”

“Automáticamente olfateo los ali­mentos de Juan antes de que los co­ma, para protegerlo de los descom­puestos, que podrían intoxicarlo. “ “Otra cosa: la voz de Juan es agra­dable, profunda. En gran parte me la debe a mí. Yo favorezco su reso­nancia. Si se aprieta la nariz al ha­blar, posiblemente se dará cuenta de la diferencia de que soy causa.”

Una de mis tareas principales consiste en limpiar y acondicionar el aire que pasa a los pulmones de Juan. Todos los días debo filtrar aproximadamente quince metros cú­bicos de aire;”

El aparato para acondicionar el aire en una habita­ción de medianas proporciones tiene el tamaño de un baúl pequeño. Mi sistema para el acondicionamiento del aire está reducido a una superfi­cie mínima de sólo unos centímetros de largo.

Naturalmente, no puedo permitir que esta capa de moco se estanque, pués en pocas horas estaría contami­nada totalmente. Por eso, cada vein­te minutos, poco más o menos, fa­brico una nueva capa de mucosidad limpia.

Para eliminar el moco ya usado, tengo cientos de miles de escobas microscópicas: los cilios. Estos di­minutos vellos empujan la capa de mucosidad otra vez hacia la gargan­ta para que Juan la trague,”

Además de atrapar mecánicamen­te las bacterias, dispongo de otra protección contra ellas: una sustan­cia que las mata, llamada endolisina, y que es la misma que protege los ojos de Juan de las infecciones. La endolisina hace de mí uno de los órganos más limpios; tan limpio, en verdad, que se pueden practicar muchas operaciones de la nariz sin necesidad de complicados preparati­vos antisépticos.”

También resulta una tarea labo­riosa calentar el aire que respira Juan. Esto lo hago en gran parte con ayuda de mis cornetes. Tres de estas laminitas óseas, la mayor de unos tres centímetros de longitud”

“¿Cómo percibo los olores? En la parte superior de cada una de mis cavidades nasales tengo una mancha de tejido pardo amarillento, del ta­maño aproximado de un sello de co­rreos. En cada mancha tengo unos diez Millones de células receptoras, de las que salen de seis a ocho deli­cados vellos sensorios. Todo este aparato está conectado por fibras nerviosas al cerebro de Juan, que se encuentra a unos dos centímetros de distancia.

. La diferencia se registra de algún modo y se genera una diminuta co­rriente de electricidad que se tras­mite al cerebro. La señal eléctrica resulta familiar al cerebro de Juan, que da su fallo: vinagre, o rosa, o caucho quemado.

En realidad esto no es tan sen­cillo. “