viernes, 30 de abril de 2021

A LA SOMBRA DEL EMANCIPADOR- ABRAHAM LINCOLN

 10    Oí entonces una fuerte voz que decía en el cielo: «Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo, porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que los  acusaba día y noche delante de nuestro Dios.
    11    Ellos lo vencieron gracias a la sangre del Cordero y a la palabra de testimonio que dieron, porque despreciaron  su vida ante la muerte.
12    Por eso, regocijaos, cielos y los que en ellos habitáis. ¡Ay de la tierra y del mar! porque el Diablo ha bajado  donde vosotros con gran furor, sabiendo que le queda poco tiempo.» Apocalipsis

miércoles, 11 de noviembre de 2015

A LA SOMBRA DEL EMANCIPADOR- ABRAHAM LINCOLN-Por T. E. Murphy 1950

Por T. E. Murphy Seleciones del R.D. 1950

El mayor tributo rendido a Lincoln  es eI profundo sentimiento queinspira el noble monumento 

conmemorativo en Washington

 

 Más de un millón y medio de Personas visitan cada año el monumento conmemorativo de Lincoln en la ciudad de Washington. Allí Abraham Lincoln pertenece otra vez al pueblo. La mayor parte de los que van a verlo son hombres y mujeres sencillos venidos de las aldeas, los llanos y las montañas de los Estados Unidos, de Europa y de la América Latina. Aunque entre ellos hay diversidad de lenguas, todos se sienten atraídos por un magnetismo cuya fuerza aumenta año tras año.  ¿Y por qué? La mejor manera de hallar la contestación a esta pregunta es hacérsela a los visitantes mismos.

El sol de la mañana acaba de retirarse de la cámara interior donde Lincoln está serenamente sentado en su gran sillón de 3,8 metros de alto. La estatua, cuya altura de los pies a la cabeza es de 5,8 metros, se compone de 28 trozos de mármol blanco de Georgia. Son las nueve, y un guarda vestido de uniforme verde oliva quita la cadena que sirve de barrera

Entonces principia la peregrinación. Hay que subir una escalera de 58 peldaños. Al llegar arriba la mayor parte de los hombres se descubren y contemplan reverentemente la pensativa figura. Una mujer se enjuga los ojos; y otra de manos encallecidas por el trabajo y traje que delata pobreza, cae de rodillas como lo haría ante un altar. "Cosas así suceden con frecuencia," dice el guarda.

Y es que en esta estatua heroica, obra del escultor Daniel Chester French, Abe* Lincoln, sale de los libros de historia y habla con el pueblo. Este sentimiento de intimidad y afecto puede percibirse claramente en las facciones de los que contemplan arrobados la estatua, a veces hasta por 45 minutos. Y se hace más notorio viéndolos leer en voz baja o alta el discurso de Gettysburg grabado en la pared meridional del Monumento, o los extractos del discurso de la segunda inauguración esculpidos en la pared del norte.

“Cada vez que leo estos discursos encuentro en ellos algo nuevo, “, dice  un vendedor procedente de Nueva York.

Cerca de él está un hombre agachado que se esfuerza en explicarle las palabras a un niño. Una mujer de cabeza cana, oriunda de Dakota del Sur, dice mirando fijamente la estatua: "Es cautivadora„” y se lleva el pañuelo a los ojos. No lejos de ella está una joven alta, superintendente de una fábrica de ropa del estado de Ohío. Es más expresiva que la otra.

Me gusta Lincoln, dice, porque con todos era justo."

Un hombre de mediana edad, ex ingeniero. de minas de Colorado, expresa un juicio que otras bocas repiten una y otra vez durante el día.  "He aquí un hombre, declara, que nunca cedió a la presión de las minorías. Era demasiado probo para ser un verdadero político, demasiado probo para ser secuaz servil de una corrompida camarilla política. Siempre fue paladín de la justicia y la rectitud."

Y sonriendo como si quisiera excusarse agrega. "No sé qué opinará usted de estas cosas; pero en mí causan profunda impresión. Mi abuelo fue gobernador de Kentucky. Abe Lincoln lo invitó para que se presentara como candidato a la vicepresidencia. "

Detrás de una de las pilastras jónicas de 15 metros de altura, otro hombre lee el discurso de la segunda inauguración de Lincoln. Cuando vuelve la cara, me fijo en la expresión de seriedad y mesura que hay en sus ojos castaños. Es don Antonio José Coello, de Honduras. Me dice en excelente inglés que es director de La Liberación, semanario que se publica en San Pedro Sula y cuya circulación asciende a 15.000 ejemplares.

Para nosotros los centroamericanos- me dice- Lincoln es el grande hombre, el más grande del mundo. Lo queremos por sus puros ideales de libertad. Lo conocemos perfectamente y en nuestros planteles de educación se estudian sus discursos.Siempre vengo a ver a Lincoln cuando estoy en Washington. Soy amante fervoroso de la libertad. Mi padre, Augusto Coello, escribió el himno nacional de Honduras cuando era secretario de Estado”.

Luego mueve la cabeza tristemente y agrega:

-Lo que hoy necesitamos es otro Lincoln.

Un joven medio tullido pero de cara alegre asciende penosamente la larga escalera; se apoya en un bastón y va moviendo primero una pierna y después la otra. Es un artista de Washington.

-“Bueno ¿qué opina del monumento-me pregunta con aire de propietario-Yo vengo aquí muy a menudo. Me gusta venir porque ésta es una bella obra de escultura-- Y agrega --Lincoln era un hombre paciente. Por eso lo admiro.”

El sol ya está alto, y de los auto­buses que llevan paseantes a los lugares de interés sale infinidad de gente. Un grupo de niños de escuela suben la escalera en pares que van muy ordenados uno tras otro. Yo comento con la maestra el buen comportamiento de los niños.

-Están más callados y quietos de lo que deberían estar- dice melancólicamente- Es a causa de que son negros y se ven en un medio extraño.”

Los niños, con los ojos muy abiertos, se aprietan los unos contra los otros como para protegerse. Cuando por casualidad hablan, lo hacen cuchicheando.

La maestra también es negra.

-“Tengo dos hijitos -me dice- y mucho pienso en el modo como debo enseñarles a mirar con ecuanimidad las distinciones de raza y otras cosas así. No quiero que  las vean con  amargura         sino filósoficamente. Es un problema  muy difícil.

 --Lincoln era un  visionario y un idealista—agrega mirando afectuosamente la estatua- Todavía  queda muchísimo por hacer.

Tras una pausa, exclama:

-Yo detesto la palabra tolerancia. Hay que ir mucho más allá. Queremos que se nos mire y se nos trate como seres de la especie humana, no como seres de otra especie.

Son casi las doce del día, y el guarda mira su registro. "Hoy el número de visitantes pasará de 10,000," dice.

"Algunos días vienen más de 50.000. Casi todos traen cámaras fotográficas."

Allí no se permite fumar, comer ni beber nada. "Tales cosas no se hacen en la iglesia ¿verdad " pregunta el guarda sucintamente.

Otro hombre lisiado sube con trabajo la escalera, apoyado en dos muletas. "Eso no es nada, dice el guarda. El otro día subieron a un hombre en una silla de ruedas."

El señor Arturo Pardo, de Caracas, importador de telas y hombre de mucha cultura, me dice tomándome del brazo:

-Venga conmigo y le enseñaré un poco de historia.

Se detiene delante del discurso de Gettysburg y me dice:

-Mire usted. Cuando Lincoln terminó este magnífico discurso, no hubo aplausos ni vítores; solamente silencio. ¡Pobre hombre! Se volvió hacia uno de sus amigos y le dijo: "He fracasado otra vez›

"Pero no; ¡no fracasó!-exclama con entusiasmo el señor Pardo ‑

¿Qué diría ahora de sus fracasos si viera este soberbio monumento y estas multitudes que vienen de toda la tierra a rendirle tributo

"Ah, sí señor! -continúa- En Suramérica lo conocemos sobre todo por sus palabras de fe en la libertad. Allí también es nuestro grande hombre. El fue, por decirlo asl, un compendio de virtudes humanas, sin que le faltaran sus flaquezas. Lincoln no fracasó.”

 

 Hablo con un hombre y su esposa, ambos de edad avanzada, que miran arrobados la estatua. Son tímidos, y la mujer retrocede un poco y dice algo a su marido en una lengua extranjera. El, de pelo cano y rala barba blanca, dice suavemente;  “No hablamos bien el inglés. “  Debe de ser un rabino.

--Mi nombre no importa. Hemos estado esperando 20 años. Ahora lo vemos cara a cara ¿verdad, querida ¿

La mujer mueve la cabeza afirmativamente,

-Allá en nuestra tierra del Viejo Mundo leímos acerca de él, y siempre habíamos esperado verlo algún día. Y ahora lo vemos ahí. Precisamente como yo te lo decía -agrega dirigiéndose a su esposa y acariciándole las manos.

El sol ha desaparecido y empieza a caer una melancólica lluvia de otoño. En el interior del venerable monumento hace un frío que hiela los huesos. Sin embargo, continúan entrando multitudes de gente. En la confusión de voces quedas que llenan el recinto se distingue una que otra frase. Así, alcanzo a oír que un guarda dice: " Si, señora, desempolvamos la estatua cada dos o tres días."

He aquí un vendedor de granos, ya retirado del oficio, que ha traído a su nieta. "Abe Lincoln trataba a sus enemigos con honor y con paciencia," dice. "¡Cuán diferente de los politicastros de nuestros días,. Que tratan a sus opositores con ruindad o los ponen en ridículo!"

A lo lejos se ven como cuadritos fulgurantes las ventanas de los desparramados      edificios         del gobierno.  Uno de los guardas mira su registro v dice: "Lo que yo  esperaba. Más de 10,000 personas hoy, a pesar de la lluvia."

Pronto descenderán de nuevo la noche y el silencio, y Abe Lincoln se quedará otra vez solo, como vivió cuando el desolador torbellino de la guerra civil azotaba su patria.

El muchacho tímido y rústico de un pueblo apartado de Illinois, el tosco abogado de cara mustia, el triste y angustiado Presidente del mantón y el viejo sombrero de copa, aguardará sentado allí, y mañana, con la regularidad de la salida del sol, llegará al recinto otra multitud de peregrinos a reverenciar su memoria y a buscar inspiración,   consuelo y esperanza en su noble grandeza.

*Los   norteamericanos   dan afectuosamente a Lincoln el nombre de Abe (éib) diminutivo de Abraham

El recuerdo del justo sirve de bendición Proverbios 10.7


   

INOLVIDABLE SERIE EL TOQUE DE UN ANGEL -Azul Indigo

 5    Tocó el séptimo Angel... Entonces sonaron en el cielo fuertes voces que decían: «Ha llegado el reinado sobre el mundo de nuestro Señor y de su Cristo; y reinará por los siglos de los siglos.»
16    Y los veinticuatro Ancianos que estaban sentados en sus tronos delante de Dios, se postraron rostro en tierra y adoraron a Dios diciendo:
    17    «Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, "Aquel que es y que era" porque has asumido tu inmenso poder para establecer tu reinado.
    18    = Las naciones se habían encolerizado; = pero ha llegado tu cólera y el tiempo de que los muertos sean juzgados, el tiempo de dar la recompensa a = tus siervos los profetas, = a los santos y = a los que temen tu nombre, pequeños y grandes, = y de destruir a los que destruyen la tierra.»

19    Y se abrió el Santuario de Dios en el cielo, y apareció el arca de su alianza en el Santuario, y se produjeron  relámpagos, y fragor, y truenos, y temblor de tierra y fuerte granizada. Apocalipsis

 domingo, 1 de noviembre de 2015

INOLVIDABLE SERIE EL TOQUE DE UN ANGEL

EL TOQUE DE UN ANGEL

Es una inolvidable serie de la televisión. 

Con la entrada y salida musical de cada cápitulo yo sentía algo especial. No me perdía un solo cápitulo. Mi corazón recibía sanidad al ver cada programa.

"CADA DÍA ERA UNA BATALLA"

En el año 1,994 unos meses de iniciada mi peor aflicción en mi vida... tuve un sueño.

" Caminaba por un sendero,...me senté en una piedra que estaba junto al camino... mi alma esta tan abatida y triste... !Entonces vi que a mi derecha había un campo donde unos hombres cuidaban unas milpas pequeñas y tiernas...el ambiente era caluroso y sofocante..era verano y al medio día...los agricultores tenían en la cabeza unos sombreros de paja que los protegía del sol y estaban inclinados trabajando,....no les véia el rostro...repito que mi alma estaba tan abatida, tan agobiada...

De pronto empieza a caer --aun con ese sol tan brillante,-- una lluvia del cielo , tibía y a la vez tan fresca sobre  mi... sobre el campo,... sobre las milpas tiernas... 

! QUE SUEÑO TAN ESPLENDOROSO Y RECONFORTANTE PARA MI ALMA  Y ESPÍRITU...


!BENDITO SEA MI REDENTOR JESUCRISTO!

ME SENTÍ TAN RECONFORTADO...


Esta serie fue vista por millones de personas en todo el mundo, los productores recibieron miles y miles de testimonios de hombres y mujeres. Aún en las carceles más duras de los Estados Unidos muchos prisioneros la veían y fueron cambiados en su corazón. En algún segmento de algún cápitulo probablemente algunos cristianos no estarían muy de acuerdo, pero en su totalidad fue una serie inspirada y que Dios usó para sanar multitud de corazones. 

Mientras llega el momento de escribir sobre otros cápitulos 

(" Crisis de fe," El rodeo...)-

 Hoy comparto sobre

EL TOQUE DE UN ANGEL

Sam Brown es un buen hombre, agobiado por las penas de la vida, un día llega su establecimiento una persona que lo ayuda a salir de su aflicción. esta persona es en realidad  un ángel enviado por Dios...

(Dialogo entre amigos --comentan sobre Sam Brown.)

_Cree usted que podría llamar a la condesa-

_La condesa. No Había Pensado en ella durante años,-¿Donde está? ¿Alguién sabe dónde está?

_Espere un momento aguarde, realmente hay una condesa?

-Más te vale creer que hay una condesa_

-ella salvó este antro en los 60._

-Bien, aquí está, mírala, todos la llamaban la condesa, pero Sam la llamaba de otro modo. La llamaba Tess.

-Entonces la condesa es Tess.

_Ese es el mensaje_

_Siempre creí que la condesa Tess  era uno de los cuentos de mi abuelo, pero realmente es ella.

Fue hace tiempo, era mala época para el blues. Nunca había visto tan triste a Sam. En los 60 Sam estaba acabado, había dado demasiados prestamos, demasiados adelantos, confiado en muchos pillos y el club  no atraía mucho público al Blues, porque entonces todo el mundo oía Rock and Roll…bueno fue una época difícil para Sam. Cuando ya no podía pedir  prestado más dinero, decidió cerrar, para entonces ya era demasiado tarde.-su esposa lo había dejado.

_- Sam y su nieto--

"-Que pasa abuelo?

Nada Zac, todo está requetebién  

_¿Requeté qué?_

Es una vieja palabra que significa que todo está muy bien

_Tengo hambre, donde está la abuela__

Ella…Zac, tu abuela me dijo que te diera un gran abrazo y te dijera que … tomó el tren a Nueva York.

_Vamos a ir a la feria mundial_

__Claro, por qué no__

__Todos__

_No, no, solo tú y tu  abuela

Quien te va a dar de cenar

Tienes razón, es hora de cenar. ¿Porqué no vamos allí, a ese lugar de costillas. Nosotros pediremos, pediremos…unas…

Yo tengo dinero abuelo, la abuela me lo dio de cumpleaños. Es medio dólar de Kennedy, todo nuevo

_Eso es tuyo_

Guárdamelo tú, como haces con las cosas de otras personas

Seguro

_Oye, te diré algo, te llevaré a la cocina y te voy a hacer unos deliciosos huevos a la Sam Brown . ¿que te parece.? _

Gracias, mejor voy a ver televisión"

(Llega Tess ( el ángel) al bar )

"Espero que la música en este lugar sea mejor que el menú.

¿Quién es usted?

Una amante de la música, este lugar es bar de Blues, ¿Cierto?

_No por mucho tiempo, voy a cerrar_

Parece que usted tiene un caso severo de tristeza, ¿De cuál tiene? Alegre, triste, de soledad…o de la buena"

Se suponía que la siguiente noche se cerraría, pero gracias a Tes el lugar  nunca se cerró.

Tess fue una sensación. Muy pronto Sam tenía el suficiente dinero  para arreglar el lugar. Cambió el nombre del bar por Índigo. El tono más profundo del azul y el color favorito de Tess. También le cambió el nombre  a Tess. Noche tras noche la gente se peleaba por entrar a ver a la mujer que él llamó la Condesa.

Sam volaba en las alturas, hasta qué un día, y eso resulta difícil de creer, pero el juró que eso pasó.

 (Sam habla por  teléfono

" Bueno, si me da una fecha fija, déjeme ver las reservaciones a ver si hay lugar. Ah, si de hecho creo que sí podemos. No hay problema puede confiar en nosotros, bien..bien.

 (Tess entra con su maleta y Sam se dirige ella)

--Eso es, es el show de Ed Sullivan, nos quieren, te quieren. Nos vamos a Nueva York, ¡ah,! ya empacaste, ya estás lista, Excelente. Yo pondré unas cosas en una bolsa y tomaremos el primer avión_

_Espera un momento, no puedo ir a Nueva York contigo

_De qué estás hablando. ¿Por qué no?_

_Llego el momento de irme__

--¿Irte? ,y el show de Ed Sullivan_

_Esto no se trata de salir en la televisión,, solo vine a ayudarte a levantarte otra vez y a recordare que escuches la música. De eso se trata_

_Pero no comprendo_

_Soy un ángel que mandó Dios_

_¿Aun club de estos?_

_Sí, a un buen hombre que tiene un trabajo que hacer

Loa ángeles son de todos colores. ...Aquí hay amor, SAM, y tú lo compartes con todos los que entran por esa puerta. Loas Alimentas con tu propia alma, con música, comprensión, ánimo y Dios quiere que mantengas esas puertas abiertas, no solo para que la música siga, sino para que la gente siga adelante. No importa lo que otros digan_

__Dios mandó Moisés a la tierra prometidas y Josué a Jericó, pero…__

_Y te está diciendo que aquí te quedes porqué también eres un líder._

_-¿Quedarme, aquí?

_Recuerdas esa vieja canción de  …”No hagas nada hasta que yo te diga_

_Seguro_

__Bueno, Ese va a ser tu lema a partir de ahora. Solo aguanta. VAN A VENIR EPOCAS MALAS, guerras, problemas de dinero y algo llamado disco, PERO VAS A SALIR ADELANTE, PORQUe EL ESTARÁ CONTIGOTODO ESTE TiEMPO.

_Pero yo te necesito_

_No soy yo a la que necesitas. El solo me pidió que te  trajera  este mensaje_

Solo les cuento lo que él me dijo, y yo le creo. Creo que la Condesa era un ángel.

"Nunca olvidaré lo que Sam me dijo una vez, es el mejor consejo que he recibido. Él dijo: No te des por vencido, solo sigue dando. Y también dijo que soy su músico preferido."

Recuerdo una navidad en la cual no tenía un lugar para dormir y Sam me invitó a quedarme aunque su casa estaba llena como lata de sardinas, me dejó dormir debajo del árbol como si fuera un regalo sin abrir. Pero lo que más recuerdo es la tarjeta que me dejaste querido Sam-, “A mi músico preferido.”

( El hombre de la trompeta de oro)

"La mayoría de la gente no sabe esto, pero Sam y yo estuvimos juntos en la fuerza aérea,, y yo era el corneta. Yo solía levantarme a las cinco de la mañana para tocar diana, y  ¿quién creen que se levantaba conmigo? Sam…¡quién creen que me prestó el dinero. Tienen razón, Sam, fueron veinte dólares."

(Habla Tess)

DIOS TE DIO UNA MISIÓN, MANTENER ESAS PUERTAS ABIERTAS y hacer que la música continúe Y ME DIJO QUE TE DIJERA 

SAMUEL JACOB BROWN

             “BIEN HECHO SERVIDOR BUENO Y FIEL”

(En ese momento ,los ángeles conducen a Sam Brown al reino de los cielos.)

ADIOS, VOYAGEUR!- Conmovedora historia sobre una oca

 9    Y gentes de los pueblos, razas, lenguas y naciones, contemplarán sus cadáveres tres días y medio: no está permitido sepultar sus cadáveres.
    10    Los habitantes de la tierra se alegran y se regocijan por causa de ellos, y se intercambian regalos, porque estos dos profetas habían atormentado a los habitantes de la tierra.
    11    Pero, pasados los tres días y medio, = un aliento de vida = procedente de Dios = entró en ellos y se pusireon de pie, = y un gran espanto se apoderó de quienes los contemplaban.
12    Oí entonces una fuerte voz que les decía desde el cielo: «Subid acá.» Y subieron al cielo en la nube, a la vista  de sus enemigos.
    13    En aquella hora se produjo un violento terremoto, y la décima parte de la ciudad se derrumbó, y con el terremoto  perecieron 7.000 personas. Los supervivientes, presa de espanto, dieron gloria al Dios del cielo.
    14    El segundo ¡Ay! ha pasado. Mira que viene en seguida el tercero. APOCALIPSIS

 lunes, 30 de noviembre de 2015

ADIOS, VOYAGEUR!

Por Gerald Movius Condensado de « Nature' Magazine»

Selecciones del R.D. 1954

EN su vuelo primaveral rumbo al norte, al cruzar el cielo de nuestra granja, las ocas canadienses hacían recordar a Voyageur, mi ganso salvaje, lugares remotos que yo esperaba hubiese olvidado, porque Voyageur no podía volar y me dolía ver que lo intentase inútilmente.
El otoño anterior me lo había encontrado caído en la maleza, patas arriba en la orilla de una hondonada. Estaba malherido, pero un mes de descanso en la leñera y una dieta .de alimento para pollos le devolvieron la salud, aunque arrastraba un ala y caminaba ladeado.

  Al oir el concierto de graznidos en el cielo, se subía hasta lo alto del montón de paja, batía el ala sana y graznaba anheloso de que sus hermanos lo vieran. 

 Por lo general las voces de la bandada apagaban las llamadas de Voyageur. En cierta ocasión, sin embargo, las ocas efectuaron un viraje y destacaron una escuadrilla de reconocimiento para ver las cosas más de cerca. Descendió la escuadrilla; pero vio solamente a Voyageur, en compañía de un muchachito con gorro de lana y chaquetón de tela gruesa, ansioso de que las grandes aves grises hallasen medio de ayudar a su hermano encadenado a la tierra.

Volvieron a remontar el vuelo porque nada podían hacer, y Voyageur se quedó silencioso. Al ver cómo la oscura madeja se perdía en la luz oro y rosa de la aurora, bajó la cabeza y continuó batiendo el ala, pero cada vez con menor fuerza. A partir de aquel día no prestó mayor atención al paso de los gansos salvajes que la que le prestaban nuestras gallinas. Parecía haberse decidido a sacar el mejor partido posible de la situación.
Dicen los libros que los gansos canadienses son altivos y huraños, pero Voyageur era tan sociable como un perrito faldero y tan charlatán como una vieja cotorra. En las horas de faena me seguía los pasos, se restregaba el cuello contra mis pantalones o, en súbitas manifestaciones de afecto, arrimaba el pico a mis manos haciendo como que me picaba. ` -
Voyageur hacía amistades con todo el mundo, especialmente con las crías que alegraban la granja. Los polluelos utilizaban su dorso para tomar el sol o para saltar sobre él en sus carreras de obstáculos. Los polluelo abandonados por sus aturdidas mamás a los rigores de un chaparrón repentino, podían contar con un refugio de urgencia bajo las alas de Voyageur. Cuando Vinagre y Mostaza se ausentaban para cultivar sus importantes relaciones sociales, Voyageur cuidaba de sus gatitos; y lloró la muerte accidental de la cría de Mostaza mucho más que la madre misma. Lo encontré junto al flácido despojo con el largo, cuello extendido como para protegerlo y emitiendo hondos sonidos guturales muy parecidos a sollozos.
El ganso salvaje es monógamo y muy exigente en la selección de compañera, pero nosotros esperábamos que Voyageur se aparease con una de nuestras ocas domésticas. Las crías de un ánsar y una gansa de corral son el mejor bocado que nadie haya comido, como no sea en los grandes banquetes del Olimpo, y en aquellos tiempos los hoteles las compraban a precios fantásticos.
Pensé que si Voyageur quisiera cooperar, mi fortuna estaba hecha. Nuestras gansas vírgenes estaban muy bien dispuestas al enlace. Ante el porte esbelto y elegante de Voyageur, nuestros gansos de Tolosa parecian zafios aldeanos; en cambio él era una sinfonía en negro, gris y blanco y daba la impresión de un mozo aristócrata vestido de tiros largos para la boda.
Tulipa esperaba solamente una leve insinuación para rendírsele. Puntilla le seguía los pasos con aire lánguido. Teresa ahuecaba todas las plumas con sólo que el buen mozo acertase a rozarla al azar..Voyageur no prestaba atención alguna a tales carantoñas.
Cuando ya parecía haberse decidido a abrazar una vida de recogimiento monástico, sorprendió a todo el mundo presentándose un día en el corral doméstico con una novia de su propia elección. Era una gansita de una granja vecina, situada un par de kilómetros carretera arriba. Parecía ruborizada de la situación, pero Voyageur la hacía marchar adelante a suaves golpes de pico, con graznidos que trataban de tranquilizarla.
Voyageur debió de haberla enamorado en la hondonada, que era el lugar de reunión avícola de la vecindad, y su elección había sido buena. La gansa era esbelta y recatada; su abrigo de plumas blancas y grises evocaba el atuendo de una doncella colonial. Los vecinos me trocaron la gansa por cinco nidadas de huevos de gallina. La bauticé con el nombre de Priscilia.
Priscilia eligió para hogar un barril viejo que yo amueblé con un huevo de vidrio a fin de hacer olvidar a la pareja que yo me llevaba sus huevos, tan pronto como ella los ponía, para colocarlos en nidos de cluecas. Dejé a Priscilia los diez últimos huevos que puso. Mientras duró la incubación, ningún extraño podía acercarse a unos cuantos metros del barril sin suscitar la iracundia de Voyageur. Hasta conmigo mismo se mostraba un tanto incivil.
Fue entonces cuando descubrió que se le había curado el ala. Había marchado a la hondonada para darse una rápida zambullida y, una vez allí, creyó oír que Priscilia lo llamaba. Volvió volando y llegó al corral con tanta facilidad como si nunca hubiera tenido el ala inútil.
Aterrizó de golpe, sacudió sorprendido la cabeza, se miró el ala como si no la hubiera visto en su vida y,rompió a lanzar graznidos de entusiasmo. Los espléndidos ojos destellaban de emoción. Danzó sobre las puntas de los dedos con ambas alas en alto, corrió hasta Priscilia, le hizo caricias en el cuello con el pico y por último se apresuró a llegarse hasta donde yo estaba para darme tirones del pantalón.
Desde aquel día voló por toda la vecindad. Aquellos vuelos presagiaban una sola cosa: Voyageur nos dejaría en otoño. Ciertamente, yo podía cortarle las alas; pero lo vi demasiado feliz. Voyageur había necesitado de mí cuando tenía el ala inútil. Ahora que tenía buenas las dos alas, sólo necesitaba libertad. Vi acercarse el final del verano con tristeza.
Voyageur y yo estábamos juntos en el corral cuando oí el concierto del primer vuelo rumbo al sur. Voyageur observó el cielo para tomar el rumbo. Le tembló todo el cuerpo. Dio una carrerilla y emprendió el vuelo a las alturas. «¡Adiós, Voyageur!—dije para mí-¡Adiós!»
Al principio, Priscilia tomó la cosa con serenidad. En los meses que llevaban juntos, Voyageur se había ausentado en vuelos de varias horas. Pero cuando cayó la noche, se mostró intranquila. Dos días después estaba enferma. Ya habíamos visto enfermar gansos por causa de alguna desgracia ocurrida al compañero; pero Priscilia se encontraba sola en su ansiedad porque no había trabado amistad con nuestras gansas tolosanas y ya sus propias crías se habían emancipado. Se dejó abatir y rechazó la comida.
Sin embargo, tanto Priscilia como yo habíamos interpretado mal la na-tural disposición de Voyageur: a los tres días estaba de regreso, libres los ojos de la alucinadora mirada selvática. El instinto del deber que lo vinculaba a su compañera resultó superior a sus impulsos migratorios. Volvió a ser el mismo de siempre, a enredárseme en los pies mientras trabajaba, a mimar a Priscilia, que recobró la salud en seguida.
Era la temporada de diversión para las aves. Los cuidados de la vida familiar habían terminado por aquel año. El sol del veranillo de San Martín calentaba el agua de la hondonada y allí acudían los gansos y los patos jóvenes a pasarlo en grande y recibir en la cabeza alguno que otro picotazo de sus mayores, si se mostraban demasiado levantiscos.
También era la temporada de caza. Se oían disparos por las  mañanas, muy tempranito. De vez en cuando se veía vacilar un ánsar y abatirse hacia tierra en espiral. Debió de ser así como Voyageur hubo de caer cerca de nuestra granja el año anterior.
Me alegraba ver que Voyageur no abandonaba ahora la seguridad de la hondonada, protegida por carteles que prohibían la caza. Por esa razón, casi no pude dar crédito a mis oídos cuando escuché un disparo de escopeta muy cerca de la granja, seguido del graznido de los gansos aterrorizados. Sentí una náusea helada en el estómago y corrí a ver. Al lado opuesto de la hondonada vi que un hombre corría a toda prisa; sus ropas delataban al lechuguino de la ciudad.
Priscilia estaba muerta y Voyageur ileso, aunque lo probable era que el cazador lo hubiera elegido como blanco. Voyageur estaba tirado en la hierba al lado de Priscilia cuyas plumas  estaban empapadas de sangre. El largo cuello del primero, quieto, los ojos velados por el dolor, descansaba sobre el cuerpo de la compañera.
La enterré con todos los honores ante la mirada atenta de Voyageur. Cuando le eché la última paletada de tierra, Voyageur vino hacia mí y me puso el pico en la mano, quejándose como un perro afligido. Allá arriba se oyeron los graznidos de las ocas y Voyageur miró a lo alto. Ya sabía yo que me estaba diciendo adiós.—¡Adiós, Voyageur!—le dije.
Esta vez era para siempre. Ya no había Priscilia que lo detuviera allí. Quedaban solamente el cielo y las voces distantes de sus hermanos y el viento del norte que les pellizcaba las colas para .apresurar su marcha a los campos apacibles del sur.
Entonces se elevó al cielo para unirse a la remota bandada.
¡Adiós, Voyageur!