lunes, 22 de febrero de 2021

NOCHE DE PAZ EN EL BOSQUE DE HÜRTGEN

 lunes, 24 de diciembre de 2018

24 DICIEMBRE BOSQUE DE HÜRTGEN-2 GUERRA MUNDIAL

NOCHE DE PAZ EN EL BOSQUE DE HÜRTGEN
POR FRITZ VINCKEN
READER'S DIGEST    Diciembre 
 1967    
CUANDO llamaron a la puerta en aquella Nochebuena de 1944, ni mi madre ni yo sospechamos que eso era el comienzo del sereno milagro en que íbamos a ser ambos actores y testigos.
Tenía yo en ese entonces 12 años. Hacía poco que vivíamos en las Ardenas, cerca de la frontera de Alemania con Bélgica, en la cabaña donde, antes de la guerra, se alojaba mi padre durante las cacerías de fines de sernana. Al quedar nuestra casa de Aquisgrán hecha escombros por los bombardeos de los Aliados, nos instaló él en esa cabaña, que distaba solo seis kilómetros de Monschau, la población fronteriza a que lo habían llamado a prestar servicio en la brigada cívica de incendios.
—Estaréis más seguros en el bosque —me dijo mi padre al dejarnos en la cabaña—. Y a ver cómo cuidas de tu madre, ahora que tú eres el hombre de la casa.
La última y desesperada ofensiva iniciada hacía una semana por el mariscal von Rundstedt, colocó a la cabaña en el teatro mismo de la batalla de las Ardenas. Aquel 24 de diciembre, en los momentos en que iba yo a ver quién llamaba a la puerta, seguía oyéndose el incesante tronar de la artillería, el zumbido de los aviones; y rasgaba la oscuridad de la noche el haz de los reflectores. Miles de soldados alemanes y aliados combatían y morían en las inmediaciones de la cabaña.
Lo primero que hizo mi madre al oír que llamaban fue apagar las velas para dejar la habitación a oscuras. En seguida, adelantándose a mí, abrió la puerta. Frente a nosotros, como dos fantasmas, se recortaron contra la blancura de los nevados árboles las siluetas de dos hombres con cascos de guerra. Uno de ellos habló en lenguaje que no entendimos, a la vez que señalaba hacia un tercer hombre que, a corta distancia de él y de su compañero, yacía en la nieve. Mientras yo estaba preguntándome iquiénes serían aquellos hombres, mi madre se había dado cuenta de lo que significaban para nosotros. Eran estadounidenses ... ¡Soldados enemigos!
Me atrajo hacia ella apoyando una mano en mi hombro y quedó frente a los soldados, silenciosa e inmóvil. Aunque, de quererlo, habrían podido entrar en la cabaña,
los dos soldados, sin dar un paso, imploraban con la mirada. El herido parecía más muerto que vivo.
 —Komm' rein —dijo al fin mi madre, invitándoles a entrar con un ademán.
Levantaron los soldados al herido, entraron con él en la cabaña y lo acostaron en mi cama.
Viendo que ninguno de los dos sabía palabra de alemán, mi madre les habló en francés. Uno de ellos chapurreaba este idioma. Así pudieron entenderse. Antes de ir a cuidar del herido, me dijo ella:
—Estos dos tienen entumecidos los dedos de las manos. Ayúdales a quitarse las guerreras y las botas, y anda a traer un cubo con nieve.
Obedecí; y poco después estaba friccionándoles a los dos los amoratados pies.
Nos fuimos enterando de sus nombres. El de cuerpo algo achaparrado y cabellos negros se llamaba Jim; su compañero, cenceño y de buena estatura, Robin. El herido, cuyo nombre era Harry, dormía a esas horas en mi cama. Tenía la cara más blanca que la nieve que seguía cayendo afuera. Los tres habían perdido contacto con su batallón y llevaban tres días vagando por esos bosques, en busca de los estadounidenses y procurando ocultarse de los alemanes. Aunque tenían crecida la barba, al verlos sin la guerrera parecían unos niños grandes. Y como si en efecto lo hubiesen sido, empezó a tratarlos mi madre, quien, volviéndose a mi, dijo luego:44    SELECCIONES DEL
—Tráeme a Hermann ... y también media docena de patatas.
Esto significaba un cambio radical en nuestros planes para la Navidad. Hermann era un gallo hermosote (mi madre le puso ese nombre por Hermann Goering, al que ella no quería mucho que digamos). Lo estaba engordando desde hacía semanas, con la esperanza de servirlo en la Nochebuena, si mi padre venía a pasarla con nosotros. Pocas horas antes, perdida esa esperanza, le concedió al gallo unos días más de vida, para echarlo entonces en la cazuela el día de Año Nuevo, si lo festejábamos con mi padre. Pero, según lo que yo barruntaba ahora, Hermann estaba destinado a más urgente e inminente cometido.
Mientras Jim y yo ayudábamos en la cocina, y Robin cuidaba de Harry —cuyo estado era grave por la mucha sangre que la herida del muslo le había hecho perder—, mi madre sacaba tiras de una sábana para preparar vendas.
Llegaba ya a la habitación el apetitoso olorcillo del asado y procedía yo a poner la mesa, cuando llamaron de nuevo a la puerta. Calculando que serían otros estadounidenses, fui a abrir en seguida. Frente a mí surgieron cuatro soldados cuyo uniforme conocía de sobra al cabo de cinco años de guerra. Eran hombres de la Wehrmacht . . . ¡soldados de los nuestros!
Quedé helado de espanto. Aunque casi niño, estaba enterado de la implacable severidad de la ley:
dar asilo al enemigo era delito de alta traición. ¡Podrían fusilarnos! También mi madre estaba asustada. La vi ponerse mortalmente pálida. Pero dando un paso hacia los soldados, dijo:
—Fr¿ihliche Weihnachten.
Respondieron ellos deseándole también felices pascuas. El que estaba al mando, un cabo, explicó después:
—Nos hemos extraviado de nuestro regimiento y querríamos descansar hasta que amanezca. ¿Podemos entrar?
—Claro que sí —respondió mi madre con esa tranquilidad que a veces da el mismo pánico—. Pueden entrar, descansar y compartir con nosotros el rico asado que está en el horno.
Al oír esto y percibir el olorcillo que salía por la entornada puerta de la cabaña, sonrieron los alemanes con la boca hecha agua.
—Pero debo advertirles que tenemos aquí otros invitados que tal vez no sean del agrado de ustedes —les dijo mi madre; y añadió con una severidad completamente nueva en ella—. De todos modos, esta noche es Nochebuena y no quiero tiros en mi casa.
—¿Quiénes tiene usted ahí dentro ... estadounidenses? —preguntó el cabo.
Miró ella de hito en hito los helados semblantes del cabo y de sus compañeros, y dijo recalcando las palabras:
—Hablemos claro. Vosotros, lo mismo que los que están ahí dentro, podríais ser hijos míos. A uno de ellos lo trajeron aquí herido y más muerto que vivo. Los otros dos andaban perdidos en el bosque, lo mismo que vosotros; y, como vosotros, muertos de hambre y de cansancio. Esta noche —alzó aquí la voz al quedarse mirando fijamente al cabo—, sí, esta noche es Nochebuena y tendremos la fiesta en paz.
Sostuvo el cabo la mirada. Hubo dos, tres angustiosos, interminables instantes de silencio.
—¡Ea! Basta con lo dicho —gritó mi madre dando unas palmadas—Vais a hacerme el favor de dejar vuestras armas ahí, en la leñera. ¡Y daos prisa, no sea que los otros os dejen sin asado!
Los cuatro alemanes obedecieron como autómatas; entraron en la cabaña y fueron dejando en la leñera, a un lado de la puerta, todas sus armas: dos pistolas, tres carabinas, una metralleta y dos Panzerfüuste (tubos lanzacohetes antitanques). Entre tanto, Jim, al que mi madre dijo apresuradamente algo en francés, habló en inglés con el otro estadounidense; y vi con sorpresa que ambos le entregaban a ella las armas.
Al quedar alemanes y estadounidenses juntos, pero también penosamente distanciados en espíritu, a pesar de hallarse casi codo con codo por lo reducido de la habitación en que estábamos, fue cuando el don de gentes de mi madre rayó más alto. Con imperturbable amabilidad, sonriente la expresión, buscó manera de acomodarlos a todos.
Había solo tres sillas, pero improvisó a tal fin su propia cama, en la cual hizo que tomasen asiento, al lado de Jim y Robin, dos alemanes.
Desentendiéndose de lo tenso del ambiente, se ocupó luego en disponerlo todo para la cena. Pero Hermann no podía dar de sí más de lo que tenía; y eran ahora cuatro bocas más para alimentar.
—Ve corriendo a la despensa por más patatas y unos puñados de avena —me dijo al oído—. Estos muchachos están hambrientos, y el hambre es mala consejera.
Desde la despensa oí que Harry había empezado a quejarse. Al volver a la habitación, vi que uno de los alemanes tenía puestas las gafas y estaba examinando la herida de Harry.
—¿Es usted médico militar? —le preguntó mi madre.
—No, señora, Pero hasta hace pocos meses era estudiante de medicina en Heidelberg —respondió él. Y en lo que, al parecer, era bastante buen inglés explicó que, gracias al frío, no se había infectado la herida.
—Pero ha perdido mucha sangre y está muy extenuado. Necesita reposo y buena alimentación —concluyó diciendo.
La recelosa tirantez que reinó al principio iba siendo remplazada por una confiada tranquilidad. Hasta a mí, al verlos sentados con nosotros, me parecían los soldados unos muchachos. Heinz y Willi, ambos de Colonia, tenían 16 años. El cabo, que era el de más edad, solamente 23. Sacó del morral una botella de vino tinto. Heinz, después de rebuscar en el suyo, encontró un pan de centeno. Mi madre partió el pan en pequeñas porciones para servirlo con la cena. De la botella de vino guardó la mitad, diciendo:
—Esto es para el herido.
Cuando, sentados a la mesa, rezó la acción de gracias, noté que le quebraba el llanto la voz al llegar a la parte que dice "Komm, Herr lesus, sé nuestro invitado". Los soldados que habían visto de cerca la muerte en los campos de batalla, lloraban también. En esos momentos, los de los Estados Unidos lo mismo que los de Alemania eran sólo muchachos que se sentían muy lejos de su hogar.
Al filo de medianoche se asomó mi madre a la puerta de la cabaña y nos llamó para que viésemos la estrella de Belén. Acudimos en seguida. El único que faltó fue Harry, que dormía apaciblemente. En muda contemplación de Sirio, la estrella más brillante de todo el cielo, la guerra se trocaba para nosotros en algo lejanísimo, casi inexistente.
El armisticio pactado por nuestra cuenta y riesgo seguía vigente al amanecer. Harry, que despertó en mitad de la noche murmurando frases incoherentes, volvió a quedarse dormido después de tomar la taza de caldo que le llevó mi madre, y estaba mejor. Preparó ella ahora para él una bebida confortante compuesta de azúcar, el vino que había dado el cabo y el último huevo que se encontró en la despensa. Los demás nos desayunamos con 
El armisticio pactado por nuestra cuenta y riesgo seguía vigente al amanecer. Harry, que despertó en mitad de la noche murmurando frases incoherentes, volvió a quedarse dormido después de tomar la taza de caldo que le llevó mi madre, y estaba mejor. Preparó ella ahora para él una bebida confortante compuesta de azúcar, el vino que había dado el cabo y el último huevo que se encontró en la despensa. Los demás nos desayunamos con avena hecha en agua. Al concluir el desayuno, trajo mi madre el mejor de sus manteles, con el cual y un par de palos se improvisó una camilla para Harry.
Con la ayuda del estudiante de medicina, que servía de intérprete, el cabo indicó a Jim y a Robin el mejor camino para llegar a las líneas estadounidenses (en esos días del fluctuante frente de la batalla de las Ardenas los alemanes estaban asombrosamente bien informados). En el mapa que llevaba Jim señaló el cabo un arroyo y dijo:
—Siguiendo a lo largo de él, aguas arriba encontrarán el lugar donde está reagrupándose el Primer Ejército.
Cuando le tradujeron lo dicho por el cabo, pidió Jim que le preguntasen:
—¿No sería mejor, ir a Monschau ?
—Um Himineis Willen! Nein! —exclamó el cabo—. Monschau es nuestro otra vez.
Al devolverles a los soldados las armas, les dijo mi madre:
—Y ahora, muchachos, andad con cuidado. Quiero que volváis algún día sanos y salvos a vuestras casas, que es donde hacéis falta. ¡Que Dios os lleve con bien!
Alemanes y estadounidenses se estrecharon la mano al despedirse. Luego se alejaron cada cual por su lado, mientras nosotros los seguíamos con la mirada. Después, mi madre entró en la cabaña.
Cuando, pasados unos minutos, fui a reunirme con ella, la encontré con la vista fija en el libro que tenía en las manos, absorta al parecer en la lectura. Me acerqué a ella para mirar por encima del hombro. La antigua Biblia de la familia estaba abierta por el pasaje en que se habla del nacimiento de Jesús en Belén y de cómo los magos llegados de Oriente le adoraron y ofrecieron presentes. Mi madre me señaló lo que leía deslizando el índice a lo largo de las líneas que dicen: ". .. regresaron a su país por otro camino".

 

 



SAM BROWN


EL TOQUE DE UN ANGEL

Es una inolvidable serie de la televisión. 
Con la entrada y salida musical de cada cápitulo yo sentía algo especial. No me perdía un solo cápitulo. Mi corazón recibía sanidad al ver cada programa.

Esta serie fue vista por millones de personas en todo el mundo, los productores recibieron miles y miles de testimonios de hombres y mujeres. Aún en las carceles más duras de los Estados Unidos muchos prisioneros la veían y fueron cambiados en su corazón. En algún segmento de algún cápitulo probablemente algunos cristianos no estarían muy de acuerdo, pero en su totalidad fue una serie inspirada y que Dios usó para sanar multitud de corazones. 

Mientras llega el momento de escribir sobre otros cápitulos 
(" Crisis de fe," El rodeo...)-
 Hoy comparto sobre
EL TOQUE DE UN ANGEL
Sam Brown es un buen hombre, agobiado por las penas de la vida, un día llega su establecimiento una persona que lo ayuda a salir de su aflicción. esta persona es en realidad  un ángel enviado por Dios...
(Dialogo entre amigos --comentan sobre Sam Brown.)
_Cree usted que podría llamar a la condesa-
_La condesa. No Había Pensado en ella durante años,-¿Donde está? ¿Alguién sabe dónde está?
_Espere un momento aguarde, realmente hay una condesa?
-Más te vale creer que hay una condesa_
-ella salvó este antro en los 60._
-Bien, aquí está, mírala, todos la llamaban la condesa, pero Sam la llamaba de otro modo. La llamaba Tess.
-Entonces la condesa es Tess.
_Ese es el mensaje_
_Siempre creí que la condesa Tess  era uno de los cuentos de mi abuelo, pero realmente es ella.
Fue hace tiempo, era mala época para el blues. Nunca había visto tan triste a Sam. En los 60 Sam estaba acabado, había dado demasiados prestamos, demasiados adelantos, confiado en muchos pillos y el club  no atraía mucho público al Blues, porque entonces todo el mundo oía Rock and Roll…bueno fue una época difícil para Sam. Cuando ya no podía pedir  prestado más dinero, decidió cerrar, para entonces ya era demasiado tarde.-su esposa lo había dejado.
_- Sam y su nieto--
"-Que pasa abuelo?
Nada Zac, todo está requetebién  
_¿Requeté qué?_
Es una vieja palabra que significa que todo está muy bien
_Tengo hambre, donde está la abuela__
Ella…Zac, tu abuela me dijo que te diera un gran abrazo y te dijera que … tomó el tren a Nueva York.
_Vamos a ir a la feria mundial_
__Claro, por qué no__
__Todos__
_No, no, solo tú y tu  abuela
Quien te va a dar de cenar
Tienes razón, es hora de cenar. ¿Porqué no vamos allí, a ese lugar de costillas. Nosotros pediremos, pediremos…unas…
Yo tengo dinero abuelo, la abuela me lo dio de cumpleaños. Es medio dólar de Kennedy, todo nuevo
_Eso es tuyo_
Guárdamelo tú, como haces con las cosas de otras personas
Seguro
_Oye, te diré algo, te llevaré a la cocina y te voy a hacer unos deliciosos huevos a la Sam Brown . ¿que te parece.? _
Gracias, mejor voy a ver televisión"
(Llega Tess ( el ángel) al bar )
"Espero que la música en este lugar sea mejor que el menú.
¿Quién es usted?
Una amante de la música, este lugar es bar de Blues, ¿Cierto?
_No por mucho tiempo, voy a cerrar_
Parece que usted tiene un caso severo de tristeza, ¿De cuál tiene? Alegre, triste, de soledad…o de la buena"
Se suponía que la siguiente noche se cerraría, pero gracias a Tes el lugar  nunca se cerró.
Tess fue una sensación. Muy pronto Sam tenía el suficiente dinero  para arreglar el lugar. Cambió el nombre del bar por Índigo. El tono más profundo del azul y el color favorito de Tess. También le cambió el nombre  a Tess. Noche tras noche la gente se peleaba por entrar a ver a la mujer que él llamó la Condesa.
Sam volaba en las alturas, hasta qué un día, y eso resulta difícil de creer, pero el juró que eso pasó.
 (Sam habla por  teléfono) 
" Bueno, si me da una fecha fija, déjeme ver las reservaciones a ver si hay lugar. Ah, si de hecho creo que sí podemos. No hay problema puede confiar en nosotros, bien..bien.
 (Tess entra con su maleta y Sam se dirige ella)
--Eso es, es el show de Ed Sullivan, nos quieren, te quieren. Nos vamos a Nueva York, ¡ah,! ya empacaste, ya estás lista, Excelente. Yo pondré unas cosas en una bolsa y tomaremos el primer avión_
_Espera un momento, no puedo ir a Nueva York contigo
_De qué estás hablando. ¿Por qué no?_
_Llego el momento de irme__
--¿Irte? ,y el show de Ed Sullivan_
_Esto no se trata de salir en la televisión,, solo vine a ayudarte a levantarte otra vez y a recordare que escuches la música. De eso se trata_
_Pero no comprendo_
_Soy un ángel que mandó Dios_
_¿Aun club de estos?_
_Sí, a un buen hombre que tiene un trabajo que hacer
Loa ángeles son de todos colores. ...Aquí hay amor, SAM, y tú lo compartes con todos los que entran por esa puerta. Loas Alimentas con tu propia alma, con música, comprensión, ánimo y Dios quiere que mantengas esas puertas abiertas, no solo para que la música siga, sino para que la gente siga adelante. No importa lo que otros digan_
__Dios mandó Moisés a la tierra prometidas y Josué a Jericó, pero…__
_Y te está diciendo que aquí te quedes porqué también eres un líder._
_-¿Quedarme, aquí?
_Recuerdas esa vieja canción de  …”No hagas nada hasta que yo te diga_
_Seguro_
__Bueno, Ese va a ser tu lema a partir de ahora. Solo aguanta. VAN A VENIR EPOCAS MALAS, guerras, problemas de dinero y algo llamado disco, PERO VAS A SALIR ADELANTE, PORQUe EL ESTARÁ CONTIGOTODO ESTE TiEMPO.
_Pero yo te necesito_
_No soy yo a la que necesitas. El solo me pidió que te  trajera  este mensaje_
Solo les cuento lo que él me dijo, y yo le creo. Creo que la Condesa era un ángel.
"Nunca olvidaré lo que Sam me dijo una vez, es el mejor consejo que he recibido. Él dijo: No te des por vencido, solo sigue dando. Y también dijo que soy su músico preferido."
Recuerdo una navidad en la cual no tenía un lugar para dormir y Sam me invitó a quedarme aunque su casa estaba llena como lata de sardinas, me dejó dormir debajo del árbol como si fuera un regalo sin abrir. Pero lo que más recuerdo es la tarjeta que me dejaste querido Sam-, “A mi músico preferido.”
( El hombre de la trompeta de oro)
"La mayoría de la gente no sabe esto, pero Sam y yo estuvimos juntos en la fuerza aérea,, y yo era el corneta. Yo solía levantarme a las cinco de la mañana para tocar diana, y  ¿quién creen que se levantaba conmigo? Sam…¡quién creen que me prestó el dinero. Tienen razón, Sam, fueron veinte dólares."
(Habla Tess)
DIOS TE DIO UNA MISIÓN, MANTENER ESAS PUERTAS ABIERTAS y hacer que la música continúe Y ME DIJO QUE TE DIJERA 
SAMUEL JACOB BROWN
             “BIEN HECHO SERVIDOR BUENO Y FIEL”
(En ese momento ,los ángeles conducen a Sam Brown al reino de los cielos.)

LOS PRIMEROS HONORARIOS IMPORTANTES DE LINCOLN 1943


viernes, 6 de noviembre de 2015

LOS PRIMEROS HONORARIOS IMPORTANTES DE LINCOLN 1943

Los primeros honorarios
 importantes de Lincoln
Por Mitchell Wilson  
1943
Un episodio dramático y
decisivo en la vida de un
humilde abogado
provinciano
Cierta tarde del año de 1855 Llegó a Springfield, población del estado de Illinois enclavada en la región de las praderas, un abogado de Filadelfia elegantemente vestido que preguntó por la dirección de un tal señor A. Lincoln. Le encaminaron a una casa de madera de humilde apariencia.
Acudió a abrir la puerta un hombre, en mangas de camisa, delgaducho e increíblemente alto. Era estrecho de hombros, cargado de espaldas, muy largo de brazos y piernas, de manos y pies desmesuradamente grandes. Su cabello, negro y áspero, parecía no conocer el peine. Lo único que impresionó favorablemente al visitante fue la mirada de aquel hombre: grave, melancólica, sabia.
-P. H. Watson -dijo el de Filadelfia haciendo su propia presentación-. Soy abogado de un grupo de fabricantes suscritores del fondo para ayudar a una persona a quien usted tal vez conoce: f . H. Manny, de Rockford, en Iiinoís. Lincoln reveló en su semblante vivo interés, al preguntar:
-¿Se trata del pleito de MtCormick y Manny? Watson respondió con un ademán afirmativo.
El pleito de McCormick y Manny era en aquellos días uno de los más sonados e importantes en los Estados Unidos. Sucedia que en vista del gran éxito alcanzado por Cyrus Mc Cormick con las segadoras mecánicas de su invención, buen número de pequeñas empresas estaban fabricando máquinas parecidas, y se negaban a pagar a Mc Cormick derechos de inventor alegando que las máquinas que ellos fabricaban no eran  iguales a la suya. Mc Cormick  contrató los servicios de los dos abogados  más famosos de los Estados Unidos, y demandó por 400,000 dólares a los competidores contra los cuales parecía más seguro el triunfo: J.H. Manny /Son.
Los demás fabricantes vieron muy claro que la ruina del negocio de los Manny acarrearía la suya propia, y formaron causa común para la defensa. En este punto, el abogado Watson les aconsejó:
"El pleito pasará a conocimiento del juez Drummond, del distrito del norte de Illinois, y se ventilará probablemente en Springfield. Les convendría a ustedes contar con simpatías entre la opinión pública. Consíganse los servicios de un abogado del lugar, que sea amigo del juez."
A esto obedecía que Watson se hallase en una casa de Springifeld hablando con el larguirucho abogado provinciano. Se valió para convencerlo del argumento que creyó de mayor peso: un anticipo de 500 dólares v la perspectiva de los honorarios más sustanciosos que hasta entonces le habían ofrecido.  Lincoln no se había hecho cargo hasta entonces de un solo asunto cuyos honorarios pasaran de unos pocos cientos de dolares.
Su nombre de abogado era completamente desconocido fuera del distrito en que ejercía la profesión.    Watson-se abstuvo, empero, de mencionar ciertos aspectos del negocio.
 Al marcharse Watson, Abraham Lincoln se dejó caer en una silla y quedó absorto en sus pensamientos.
Tenía ya 46 años, estaba cargado de deudas, le asaltaban a veces vagos temores de que sería siempre un fracasado. El revés experimentado años antes en su carrera política le hacía desconfiar del mañana. Mas he aquí que ahora se le presentaba como llovida del cielo la ocasión de que su fama de abogado se extendiese a toda la república.
Como no estaba al tanto de las disposiciones acerca de patentes de invención, ni tampoco tenía idea de la construcción y funcionamiento de las segadoras mecánicas, se aplicó asiduamente a adquirir los conocimientos que necesitaba en ambas materias. Vencida esta dificultad, aún quedaría otra, que era para Lincoln motivo de seria preocupación: los abogados con quienes habría de contender ante el tribunal eran hombres de mundo a los cuales adornaban un don de gentes y una cultura de los que él se sabía desprovisto.
Durante el período de intensa preparación a que hubo de someterse recibió muy de tarde en tarde cartas de Watson; pero los términos en que todas estaban concebidas le inclinaron a creer que le daban amplias facultades. Esto le hizo sentirse más seguro de sí mismo. En este punto le avisaron que la vista del pleito se había trasladado, por consentimiento           de        ambas partes, de Springfield a Cincinnati, donde presidiría el tribunal un juez que Lincoln no conocía. Aunque le pareció que hubieran debido consultarle de antemano, acabó por encogerse de hombros diciéndose que Watson trataba solamente de no desviar su atención a cuestiones secundarias.
Se trasladó, pues, a Cincinnati para conocer a sus clientes, seguro de que ellos confiaban en su capacidad y contaban con él para dar buen término al litigio. Llevó consigo el alegato laboriosamente preparado, en el cual cifraba sus esperanzas para lo por venir.
Había atendido a que su traje correspondiera a la importancia de la ocasión; su porte y sus maneras fueron mesurados y decorosos. Sin embargo, he aquí la impresión que causó a sus elegantes colegas «Su facha era la de un leñador desgarbado, vestido con ropa burda y que le venía mal. Los pantalones apenas le daban al tobillo; tenía puesto un guardapolvo lleno de sudor...".
Pronto empezaron       los desengaños de Lincoln. Le dijeron que tocaría   a otro              abogado,        Edrvin            Stanton contestar el pleito.  A la verdad, esto había sido lo resuelto casi desde el primer momento.
Cuando Manny Io, llevó al hotel en que se hospedaba Stanton, Lincoln quedó aguardando en el corredor. La puerta de la habitación del abogado estaba abierta. Stanron, que era pequeño de cuerpo y agresivo. vio a Lincoln y dijo a Manny en voz alta: "¿Qué hace ése ahí? ¡No estoy dispuesto a que me asocien con un orangután alelado¡ Díganle que se largue. Busquen alguien que tenga aspecto de caballero, o no cuenten conmigo›
Lincoln guardó silencio. Aunque el agravio era manifiesto, prefirió fingir que nada había oído. Alta la frente a pesar de la humillación recibida, se retiró al vestíbulo del hotel. Allí le presentaron a George Harding, otro de los abogados de Mannv. Poco después salieron todos en dirección al tribunal.
Al llegar allá, los abogados de una y otra parte cambiaron saludos. Todos se conocían ya. Nadie cuidó de presentar a Lincoln, que permaneció solo cerca de la mesa de la defensa. en situación por demás desairada.
Depositó en la mesa el manuscrito de su alegato. De acuerdo con la costumbre, sólo harían uso palabra cuatro abogados, dos por cada una de las partes. Como acababa de enterarse, por lo que hablaron los otros en el trayecto del hotel al tribunal, que a él lo habían contratado unos días antes que a Stanton, supuso fundadamente que dada esta anterioridadle correspondería ser el abogado de la parte de Mannv que presentara el escrito de conclusiones.
Reverdy Johnson, abogado de Mc-Cormick, se adelantó para decir afablemente: "Hemos notado que son tres los abogados de la defensa. Gustosamente convendremos en que se oiga todo cuanto tengan que alegar, v a este fin prescindimos de toda objeción a que haya más de dos alegatos por cada una de las partes. Pediremos tan sólo que se le consienta a mi colega, Edward Dickerson, hacer uso de la palabra por dos veces, si así lo deseamos."
Lincoln notó que Stanton y Harding cambiaban una mirada como si hubiesen convenido algo de antemano. Esto le hizo sentir que él estaba de más.
Stanton habló a su vez, para de­cir: No aspiramos a condescendencia alguna de nuestros opositores. Ni es nuestro propósito presentar más de dos alegatos. Jamás se nos ocurriría faltar al uso establecido en los tribunales. ¡Antes que contribuir a tal irregularidad, preferiré abstenerme de presentar el alegato           que      traigo cuidadosamente preparado ¡ " ¿El alegato que Stanton traía cuidadosamente Lincoln frunció el entrecejo. De ser esto así: ¿ Qué papel le habían asignado a él? Se limitó a decir sosegadamente: Traigo listo mi alegato."
Stanton le lanzó una mirada despreciativa y se encogió de hombros, al decirle: "Desde luego, tiene usted precedencia." A esto repuso Lincoln con su habitual cortesía: "Señor Stanton, si le parece preferible que sea usted quien lleve la palabra..."
Stanton aceptó inmediatamente la oferta de Lincoln, como si éste hubiera dado por terminada su intervención en el pleito. Harding guardó silencio. Viendo Lincoln que era inútil continuar allí, se retiró sin decir palabra después de echarse su alegato al bolsillo.
A la salida del tribunal permaneció de pie en la solitaria escalinata; se        sentía avergonzado, ofendido, indignado. Diciéndose luego que sus clientes le habían pagado por el alegato que tenía en el bolsillo y que a ellos debía entregarlo, volvió a la sala de tribunal y tomó asiento entre el público.
Antes, sin embargo, Lincoln entregó a Watson el manuscrito. "Dediqué bastante tiempo a prepararlo -le dijo-. Tal vez le sirva de álgo a Harding› Watson entregó el alegato a Harding, quien lo tiró desdeñosamente sobre la mesa. Ni una sola vez se dignó mirarlo. Al día siguiente, el menospreciado alegato de Lincoln continuaba en el mismo sitio, sin que nadie lo hubiera tomado en cuenta,
Durante la semana de la vista, los abogados de ambos litigantes cenaron juntos con frecuencia y, en una ocasión, en casa del Juez, invitados por él. Sólo una persona quedó excluida de tales convites: el alto y antiestético abogado de Springfield.
Se acercaba el día del fallo. Johnson, el famoso abogado de McCormick pronunció elocuente discurso en favor de los derechos del gran inventor. El abogado que lograra refutar argumentos tan brillantemente aducidos alcanzaría imperecedero renombre. Era a Lincoln a quien habría correspondido contestar a johnson; pero en vez de Lincoln, fue Stanton -el hombre que había hecho a un lado a Lincoln- quien tomó la palabra.
Sin rebajar en lo mínimo los méritos del invento de McCormick, Stanton fue analizando y rebatiendo uno por uno los argumentos de Johnson. Cautivado por la contundente lógica de Stanton, Lincoln olvidó la humillación sufrida a manos del hombre que le inspiraba ahora admiración por su talento.
"El discurso de Stanton ha sido una revelación para mí -dijo esa noche a un amigo con quien había salido a dar un paseo-. Nunca he escuchado nada tan pulido ni tan bien preparado: i No les llego a la suela del zapato ni a él ni a los otros abogados! Ni sé hablar como ellos ni me parezco a ellos - añadió con tristeza. Mas rehaciéndose al punto, con la resolución del hombre que no se deja amilanar por las dificultades, concluyó-: Me volveré a casa y empezaré a estudiar jurisprudencia de nuevo desde el principio. Esos gran-des abogados vendrán por aquí cada vez con más frecuencia, y es menester que yo sea capaz de enfrentarme con ellos en igualdad de condiciones."
El notable discurso de Stanton decidió el pleito a favor de Manny. Watson envió a Lincoln un cheque por 2000 dólares. Aunque esta suma era un capital para Lincoin, devolvió el cheque a Watson con una carta en que le manifestaba que no habiendo actuado en el pleito le era imposible aceptar pago alguno. Sintiéndose, al parecer, culpable por la parte que le había cabido en la exclusión de Lincoln, Watson le envió por segunda vez el cheque rogándole que lo aceptase. Llegó en momentos en que la situación económica de Lincoln era desesperada. Aceptó los $2000, que compartió con su compañero de bufete.
No le era dable a Lincoln borrar de su memoria el humillante trato que había recibido -fresco quedó en sus recuerdos toda la vida-; pero sí estaba en su mano desterrar de sí mismo las causas de tal humillación, para que nunca pudiera repetirse.
De ahí en adelante, su porte adquirió mayor dignidad, sus discursos fueron más pulidos, más profundos.
Volvió a dedicarse a lo que desde un principio fuera objeto de su predilección: la política. No tardó en deparársele la coyuntura de contender con Stephen Douglas, uno de los más notables y brillantes oradores políticos del país. Aceptó esta nueva ocasión con que la vida le brindaba; y fue por irónica circunstancia el dinero recibido de Manny el que le permitió desentenderse de otras ocupaciones para entregarse de lleno a la campaña política en que conquistó la fama que no había logrado cuando el pleito de McCormick y Manny.
Poco tiempo después fue elegido Presidente de los Estados Unidos.Uno de sus más acerbos censores había sido Stanton; pero Lincoln estableció siempre la distinción entre e¡ Stanton de la palabra cáustica y descomedida y el Stanton de la poderosa v cultivada inteligencia. Y cuando necesitó elegir a un hombre para el importante cargo de secretario de Guerra, su elección recayó en Edwin Stanton.
Sólo un hombre del carácter de Lincoln pudo haberse sobrepuesto al recuerdo de antiguos agravios; únicamente la generosidad de alma de un Lincoln pudo acallar todo rencor.
Años de servir a las ordenes de Abraham Lincoln dieron a entender a Stanton cuál de los dos era el grande hombre. Ante el lecho de Lincoln expirante permaneció Stantrón abrumado de dolor. Y cuando Lincoln cerró para siempre los ojos, fue Stanton -el hombre que tan cruelmente le hiriera años atrás- quien le rindiera memorable homenaje al decir
"Ahora pertenece a la inmortalidad."
siempre. Ya no había Priscilia que lo detuviera allí. Quedaban solamente el cielo y las voces distantes de sus hermanos y el viento del norte que les pellizcaba las colas para .apresurar su marcha a los campos apacibles del sur.
Entonces se elevó al cielo para unirse a la remota bandada.
¡Adiós, Voyageur!

martes, 22 de marzo de 2016

ANECDOTARIO DE ABRAHM LINCOLN --William Herndon

“ABRAHÁN FUE un chico muy juicioso, y yo puedo decir de él lo que acaso apenas podría decir una madre entre mil: nunca me dijo una palabra dura ni me lanzó una mirada rencorosa, ni rehusó hacer nada de cuanto le mandé. Era diligente para el estudio, leía cuanto libro encontraba. Si algún pasaje le llamaba la atención, lo escribía sobre alguna tabla si no tenía papel a mano. Cuando conseguía papel, lo copiaba, lo leía y lo releía.

— SARA LINCOLN, en declaración hecha aWILLIAM HERNDON

 SE METÍA un libro debajo de la camisa, se llenaba los bolsillos de los pantalones con tortas de maíz y se iba a arar o a rastrillar. A mediodía se sentaba bajo un árbol a leer y a almorzar. Cuando llegaba a casa por la noche, recostaba una silla contra la chimenea, engarzaba los pies en el travesaño y se agachaba a leer

Tía Sarita le ponía una vela sobre la repisa y muchas veces Abrahán tomaba su cena allí mismo, comiendo todo cuanto ella le servía sin dejar de leer. Entraban los vecinos, se quedaban mirándolo sin que él se diera cuenta siquiera, y volvían a salir haciéndose cruces


martes, 16 de febrero de 2021

CAMINOS PARA ACERCARSE AL SEÑOR

 Ante el espectáculo del amanecer, al escuchar la armonía musical o al sentir el toque de una mano, puede haber momentos de reverencia que trascienden la experiencia de la iglesia y del templo

CAMINOS PARA ACERCARSE AL SEÑOR 

-POR ARDIS WHITMAN

-ERA UNA noche primaveral, en Atenas. Después de cenar, un grupo de compañeros de viajey  yo subimos a la terraza del hotel. Riendo y conversando, buscamos un buen punto de observación por el parapeto. De pronto, alguien exclamó: "¡Miren!" Al volvernos hacia donde se dirigía su mirada, todos guardamos silencio.
La Luna ascendía sobre la ciudad. Su luz trasformaba la neblina apenas perceptible en una bruma dorada.
Debajo de nosotros se extendía la antigua metrópoli, blanca como narciso. A lo lejos, la Luna captaba el misterio y esplendor del Partenón en su elevada colina. Más cerca de nosotros, refulgía entre las ramas plateadas de un olivo. Por un instante, la ciudad se nos antojó la antesala de la eternidad. Era como si pudiéramos escuchar una solemne música detrás de todas las cosas. Un amigo mío que estaba a mi lado susurró: "¡Qué noche sagrada!" -
En su libro Gift From the Sea ("Regalo del mar" ), Anne Morrow Lindbergh narra una experiencia similar, mientras estaba de vacaciones en la cabaña de una playa solitaria. Sus únicos compañeros eran los pelícanos, las gaviotas y las gallinetas, y se sentía —según afirma— "fundida en el universo, perdida en él, como se pierde el alma
en un cántico de alabanza que surge de la desconocida muchedumbre congregada en una catedral: ¡Alabado seas, Señor! Todos los peces del mar, todas las aves del cielo, todos los hijos del hombre, ¡te alaban, Señor!"
Cuando pienso en los actos espontáneos de adoración, también recuerdo a un músico que vivía en la misma ciudad que yo. Un brillante día de verano, él y su esposa visitaron la torre que se erguía en la cumbre más alta de la montaña Mohawk Trail, de la cordillera de Berkshire. Tres estados —Connecticut, Massachusetts y Nueva York— se extendían ante ellos; el Sol refulgía sobre valles, bosques y lagos.
Se conmovió tanto con lo grandioso del panorama, que corrió al auto, empuñó su corneta y volvió a trepar a la torre. Allí tocó con todo su corazón, para su propio placer, para los turistas que pasaban, y a la gloria de Dios.
El culto religioso nunca puede confinarse al recinto de la iglesia o del templo, pues constituye una actitud ante la vida; una respuesta al universo que nos rodea. La esencia de la adoración a la Divinidad es el asombro. El filósofo Gerald Heard la describió en una ocasión como "esa mezcla de estupefacción profunda y abrumadora, olvido de sí y deleite, que es la verdadera catarsis y la liberación del alma".
¡Cuán antiguas habrán sido las experiencias de culto espontáneo! Mucho antes de que hubiera religión formal, los primeros seres humanos
debieron de pasmarse, anhelantes, cuando las copas de los árboles refulgían a los rayos del Sol poniente, o cuando las estrellas tachonaban el firmamento con inconmensurable majestad. "Desde que el hombre pintó animales en la oscuridad de las cavernas", escribió el naturalista Loren Eiseley, "ha estado respondiendo a lo sagrado, a lo espiritual, al misterio de ser y devenir".
La experiencia del culto espontáneo a la Divinidad no sólo llega al creyente. Un día, hojeaba yo un libro de fotografías en compañía de un joven estudiante de medicina a quien había conocido hacía años. Fijamos la mirada en la imagen de una flor traslúcida, de soles dorados en miniatura que brillaban en su corola, y mi amigo susurró estos versos del poeta inglés William Blake:
Ver ... todo un cielo en una
flor silvestre,
y abarcar el infinito en la palma de la mano
.

Me quedé sin habla, pues el cielo no formaba parte del agnosticismo de mi amigo la última vez que lo había visto. "Te asombra, ¿verdad?", comentó, al advertir mí expresión. "Verás: lo que me hizo cambiar fue presenciar la operación que se practicó a un joven con tumor cerebral. Era la primera vez que veía yo un cerebro vivo al descubierto; no parecía una máquina, sino un universo. dotado de vida. Al salir del quirófano, tuve más deseos de rezar que jamás en mi vida. Acaso todavía no sea yo muy religioso; pero ahora, cuando observo a través del microscopio un objeto viviente —como esa flor, o una célula humana—, veo el milagro que implica".
El impulso para acercarse al Creador también puede proceder de nuestra capacidad de amar. Recuerdo una noche, hace unos cuantos meses, después de la muerte de mi hijo, en que un destello fugaz de amor humano me hizo sentirme muy cerca de Dios. Con la esperanza de distraerme de mi dolor, mi nieta universitaria y su novio me invitaron a un centro nocturno.
Yo estaba agradecida e intentaba divertirme, pero a la mitad de una canción que me traía recuerdos, empecé a llorar. Al instante, ambos jóvenes me tomaron de cada mano y las sostuvieron entre las suyas; un ademán tan sencillo, espontáneo y cariñoso, que me sentí en un círculo de seguridad, lleno de amor.
No es de extrañar que el cielo descienda hasta nosotros cuando nos consideramos seguros, en el corazón de otra persona, El amor humano es como el brillo del oro en la artesa del ávido buscador; algo tan diferente de su entorno, que nos parecería tener que encontrarlo sólo en un mundo mejor. "Después de tu partida", escribió el filosófo indostano Rabindranath Tagore a un huésped amado, "descubrí en el piso las huellas de Dios"
Nada nos incita más al culto divino que las pasmosas obras maestras humanas: en arquitectura, pintura, poesía y música. A menudo percibímos en ellas una presencia mayor.
El gran arte es un lenguaje simbólico. "El interés fundamental del hombre", afirmó el teólogo alemán Paul Tillich, "ha de expresarse mediante símbolos, pues el lenguaje simbólico es el único que puede expresar lo fundamental". En una ocasión, pregunté a una amiga escultora, que trabajaba en una burda piedra, qué intentaba hacer. "Estoy trasformando la materia en espíritu", fue su respuesta.
El culto espontáneo a la Divinidad, tal como lo encontramos en nuestra vida diaria, es parte del significado y del misterio de ser humanos. Necesitamos este sentimiento de asombro y gratitud para reavivar en nosotros la reverencia por la vida, y para aprender a amar las maravillas del universo.
EL POETA Bradford Smith recibió la bendición de un momento de dicha cuando, sabedor de que pronto moriría, miró el despuntar del alba y escribió estos versos:
¡Mi Dios!, ¡cuán bellamente iluminas tu inundo!
¡Qué dulzor majestuoso nos llega con tu luz!

Refiriéndose a este hombre tan animoso, su colega el norteamericano Mark Van Doren dijo a su muerte que había vivido día con día "de modo que no se perdiera de ningún gozoso secreto de la existencia".
Tal es la clave para sentir la esencia del culto religioso.
El don de la felicidad pertenece a quienes la saben descubrir.  A.D   -SELECCIONES DEL
READER'S DIGEST CTUBRE DE 1982

  Sueño narrado por el hermano Petros Sprang al autor del blog. el día domingo 14 de Febrero de 2021. 5.00 P.M 

C... Reunió a todos sus hermanos y les dijó:"

 Es tiempo  de cruzar al otro lado del río. Hacía la Tierra Prometida. Es tiempo de. alcanzar nuevos niveles en los caminos del Señor. " S aparecía vestido igual o similar con su hermano C.Los dos de verde olivo o bien como guerreros con armadura al estilo samurai. Entonces S. se inclinó y tomando en su mano un puñado de tierra muy fértil  , llevóla a su nariz y aspirando profundamente sobre ella habló así:

"Esta tierra es santa y bendita, porque Jesucristo ya la olió y Él ( Cristo) pasó por aquí."

El día 15 de Febrero del 2021 a las 4.30, S soñó varias escenas que sólamente Dios puede permitir que un hombre sueñe./el que lea ,entienda/ a próposito lo escribí  con palabras entrecortadas . porque es solo para mí- pero si alguién lo entiende , comparto la bendición- hombre-tipo sold o guardaesp ( represen Cristo) calles solitarias sin gent. caminar - curios pregunt - ¿Que lugar este?-  resp tip guard -Es la Z..3.G- seguri complet -el mira tod lad- mir cintur de algu que veni- enton yo mir cint de tip guard- pens -si el"guar"  hac est debe traer ar muy pote- asomb ver  no tener nad en su cint- much energ  y seguri brotar  de su perso- de su pers-- el decia o comuni en mi cereb si algu quer atac.vas a ver yo hac en 1 seg triz instantan  riva-    adel encon homb- guard provocmuy intencionalmente en el hombr  al hombre para esper su reacc-- posible contendient callado (repres Diab) sin decir palabras (" guarsd" Repres  Crist querer demostr poder letal- triz instantan  riva- -hombr que encontr saber muy bien quie era el " guard"-  pero no encnotr nadie - nadie  estar loc para provoc ira reacc  del Señor) - más adelante calle más centrica- al mirar lado derec 4 sold .luego otros más en tot 10 en fila-seguir - luego sold o guard habla con otro.Panoramica  en cerro. muje dar tort grand- cae canast mimbr hacia abajo. se lo lleva una caretill- al avanzar guard desparec de la esc- pero llegan 3  a mi lado 3 "ange" en form de homb -me narran parab-miran mi rost- reacc  luego entiend ser mi perso- digo "entiend soy y"- " Aqu esty" postrad- -rejill drenaj - saliv-cosa fea exp-avanz-mang agu-a-lleg  una muje-brav pedir accio=  representar Legalismo pensar me gust la misericor- desp d erecib agu limp en mi esp, busc mi zap-lueg uno de ls 3 ang. decir" ya puse su zap-su ropa, malet o algo en el carro, no s e preocup noosotros prever su zap-- yo decir "teng 3 pares  calz-zap- uno de plat-otr de or y el otr de cuper-y lo dij sonrient

RUSIA-CUBA

 RECÓNDITOS MISTERIOS DE LOS INCAS

Por increíble que parezca, los an­tiguos peruanos desarrollaron sus grandes culturas sin tener lengua escrita ni moneda. Comerciaban ex­clusivamente mediante el trueque. (Los metales preciosos eran sagra­dos —el oro se consideraba el "su­dor del Sol"— y se usaban sólo con propósitos religiosos, o para la gen­te de la nobleza.)

El origen de las artes culturales peruanas sigue siendo motivo de conjeturas. Algunos indicios (como la aparición de estatuillas de ce­rámica, semejantes a las de Asia Oriental, hacia el año 200 a. de J.C.) hacen pensar en cierta influen­cia traspacífica. No obstante, cuando dos pueblos muy alejados entre sí tienen los mismos problemas, mate­riales y oportunidades, a menudo en­cuentran soluciones similares; y, de haber habido contacto transoceáni­co, seguramente los peruanos ha­brían adquirido la idea de un len­guaje escrito, y aprendido el uso de la rueda. Con todo, quedan en pie algunas incógnitas interesantes: ¿Por qué habrían de surgir zampo­ñas o chirimías afinadas en el mismo tono, y con la misma escala musical, en América del Sur y en el Pacífi­co Occidental? ¿Por qué las vasijas peruanas del siglo VI habrían de representar rostros en apariencia orientales, mientras que otras tie­nen facciones africanas o árabes?- RECÓNDITOS MISTERIOS DE LOS INCAS Por Ronald Schiller Selecciones del R.D. Oct. de 1982

  

EL PUÑAL RUSO AL ACECHO

En Cuba se lleva a cabo silenciosamente una colosal campaña militar, con lo cual este país, satélite de los soviéticos, se con­vierte en grave amenaza para la seguridad de Estados Unidos.

Los aviones soviéticos de reconocimiento que, con base en Murmansk, vuelan a Cuba, hancruzado más de cien veces la Línea de Identificación de la Defensa Aérea de Estados Unidos sobre el Atlántico Norte. Estas fotos muestran que los Tu-95, aviones rusos de reconocimiento, vuelan tan cerca de los interceptores estadounidenses, que los rostros y gestos de los tripulantes soviéticos son fácilmente visibles.

POR RALPH KINNEY BENNETT Y
JAY MALLIN Selecciones del R.D. Oct. de 1982

DÍA TRAS día entran buques soviéticos en el bullicioso puerto de Mariel. Como parte del multimillonario cordón de salvación tendido a la economía cubana, en continua zozobra, los navíos descar­gan en ocasiones harina refinada, ce­reales o pesca congelada de la flota pesquera soviética. Pero, muy a me­nudo, lo que las grúas levantan en las dársenas de Maríel es alimento de guerra: aviones cazabombarde­ros MiG-23 construidos por los so­viéticos, tanques, proyectiles, ame­tralladoras ... para alimentar un enorme conjunto de aeródromos, emplazamientos de radar y otras ins­talaciones militares de la isla, dis­tante 145 kilómetros de Estados Unidos.

La afluencia de equipo militar so­viético a Cuba ha alcanzado niveles nunca vistos desde los días anterio­res al conflicto de los proyectiles cubanos de 1962, cuando el presi­dente John Kennedy supo esgrimir la indiscutible superioridad estratégica estadounidense para hacer frente al primer ministro Níkíta Khruschev, y obligarlo a retirar los proyectiles de alcance intermedio que apuntaban a Estados Unidos. No obstante, desde esa época los so­viéticos, al tiempo que han igualado —y en algunos casos aventajado—a Estados Unidos en fuerza estraté­gica, han trasformado callada y de­liberadamente a su Estado satélite en una valiosísima posesión militar.En ninguna otra parte del mundo, fuera del Bloque Oriental, ha gas­tado Moscú tanto o colocado tan­tas instalaciones militares como en Cuba. Allí invierte 3.000 millones de dólares al año: cinco veces la can­tidad que Estados Unidos destina para ayudar a toda Latinoamérica. De ahí la desproporcionada anoma­lía en Cuba. Esta nación isleña, de unos 10 millones de habitantes, mantiene un ejército de 225.000 hombres: dos veces más que Méxi­co, cuya población suma 70 millo­nes. Semejante expansión militar en un país que casi carece de crecimiento económico, indica que sencillamente Cuba es un costoso dispositivo militar para la URSS.
Hasta ahora, este desembolso de los rusos ha valido la pena. A través de Cuba, han dirigido su poder sobre apartados sitios del planeta y explotado las zonas conflictivas, sin que sus tropas participen directamente. Pero, mientras que las actividades cubanas en países como Angola y Nicaragua acapararon la atención del mundo, no se ha advertido el mayor peligro potencial que representa Cuba: es un puñal, puesto por manos rusas en la garganta de Estados Unidos. La amenaza se manifiesta en tres formas:
1. Las grandes instalaciones que la URSS tiene en territorio cubano le permiten observar todo el aparato de seguridad nacional estadounidense.
2. Cuba pone a los soviéticos a horcajadas sobre las más importantes rutas aéreas y marítimas que unen a Estados Unidos con sus aliados europeos.
3. A estas alturas, la mancuerna militar ruso-cubana es tan poderosa, que distrae una parte cada vez mayor del Ejército norteamericano, la cual podría ser necesaria en alguna zona de crisis.
Al sur de La habana y cerca del pequeño pueblo de Lourdes, se yergue una  serie de alrededor de 50 edificios atestados de moderno equipo electrónico, al que sólo algunos de los 10.000 rusos que viven en la isla, y ningún cubano, tienen acceso. Se trata de uno de los principales emplazamientos soviéticos fuera de Rusia; es un complejo supersecreto de vigilancia electrónica, dirigido fundamentalmente contra Estados Unidos.
Si los bombarderos estadounidenses B-52 realizan sus prácticas de penetración a bajo nivel desde Florida hasta Luisiana o Virginia, los soviéticos graban las inconfundibles emisiones electrónicas de los aviones, para ayudar a sus fuerzas de defensa aérea en caso de guerra. Cuando las tropas maniobran en Fort Benning (Georgia) y se comunican por radio, los rusos penetran en las tácticas estadounidenses en el campo de batalla. Tanto la comunicación radiada desde los cuarteles generales de la Flota del Atlántico, como las emisiones de radar de los portaaviones estadounidenses frente a la costa oriental, son captadas a través de Lourdes. Cuando los generales del Pentágono conversan vía satélite con las bases del Pacífico y Europa, los rusos escuchan.
En Estados Unidos, los "díplomáticós" soviéticos y cubanos graban por sistema miles de telefonemas trasmitidos por microonda a la vez; aumentan la velocidad de las grabaciones y las envían por radio a Cuba mediante "estallidos" ininteligibles. En Lourdes, los expertos soviéticos utilizan computadoras para clasificar las llamadas por números telefónicos o palabras clave, y se concentran en las que parecen contener datos de espionaje. Aunque tienen capacidad para escuchar millones de llamadas telefónicas de los estadounidenses, prestan especial atención a las que se hacen desde las industrias de la defensa, del Departamento de Estado, del Pentágono y del Congreso. ¿Está un sargento de la Fuerza Aérea en el Pentágono recibiendo llamadas telefónicas por haberse retrasado en el pago de su pago de su coche? Quizá esté preparado para vender secretos. Y esperan que hasta de la charla frívola de un ayudante del Congreso, salga era la pieza    - faltante de un rompecabezas relativo a la adquisición de armas por parte de la Marina.Desde la base aérea de San Antonio de los Baños (en la costa sudoeste de La Habana), enormes aviones de reconocimiento Tu-95 de la Fuerza Aérea, realizan vuelos para escuchar las comunicaciones a lo largo de la costa oriental de Estados Unidos y para espiar a los barcos de la Flota del Atlántico. Hace tiempo, tales misiones exigían fatigosos vuelos sobre el polo desde Murmansk. Pero hoy, la base en Cuba permite a las descansadas tripulaciones permanecer más tiempo sobre el Atlántico y reaccionar más rápidamente a la actividad militar estadounidense. La razón de estos frecuentes vuelos de vigilancia se funda en las concurridas rutas marítimas del Golfo, del Caribe y del Atlántico. Estas SLOC (siglas en inglés de rutas oceánicas de comunicación), como las llaman en la Marina, son la línea vital de comunicación entre Estados Unidos y Europa. En caso de guerra, la mitad de los suministros para las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) saldrían de puertos del golfo de México. En la actualidad, el 45 por ciento del petróleo crudo estadounidense, , el 44 del tonelaje procedente del extranjero y el 66 del crudo europeo, deben cruzar el mar Caribe o las SLOC del Atlántico Sur.
Por eso cobra importancia la pequeña Marina de Cuba. Sus dos submarinos Foxtrot, de construcción soviética y motor de diesel, con un radio de acción bajo el agua de 18.000 kilómetros, son sumamente silenciosos en su trayecto bajo la superficie.
Cuba también cuenta con una fragata, proporcionada por la URSS, provista de misiles buque a buque, y con 25 lanchas torpederas. Sus MiG-23, algunos de ellos pertrechados con indicadores de láser y con municiones de precisión controlada, tienen un radio de acción de 1.000 kilómetros, lo que hace que estos aviones sean armas temibles en los ataques a barcos.
Para Estados Unidos, la Marina cubana no sería la única preocupación en una situación crítica. La visita que en 1981 realizaron a puertos cubanos un crucero soviético y dos fragatas con misiles teledirigidos, es un botón de muestra de la creciente presencia naval rusa en aguas hasta hace poco consideradas del dominio estadounidense. En 1970, los buques de guerra del Kremlín realizaron un total de 200 días de navegación en el Atlántico Sur; en 1980 la cifra ascendió a 2.600.
Últimamente, los oficiales del Servicio Secreto norteamericano han acumulado pruebas fotográficas de que se está construyendo una enorme instalación naval en el puerto de Cienfuegos, en la costa sur de Cuba. El ambicioso complejo va más allá de las necesidades de la Marina, compuesta por 117 buques y 11.500 hombres. Al decir de algunas fuentes estadounidenses de espionaje, o la URSS pretende incrementar considerablemente la escuadra de Castro, o se prepara para abrir su primera base en América.No resultará fácil afrontar esa amenaza. Moscú ha tenido cuidado de proteger a su vasallo cubano con una de las defensas aéreas más formidables del orbe. A lo largo de la costa septentrional de la isla, los soviéticos manejan una cadena de radares de detección inmediata, capaces de descubrir aviones a una distancia de hasta 500 kilómetros mar adentro. Podrían guiar a los 200 cazabombarderos MiG de Cuba al encuentro de aviones que se aproximaran por el estrecho de Florida, el golfo de México y las Bahamas. Este sistema recibe apoyo de 100 bases de lanzamiento de proyectiles tierra-aire, y de cientos de puestos de ametralladoras antiaéreas.
Comparadas con el arrollador poderío naval estadounidense, las fuerzas bélicas de Cuba quizá parezcan insignificantes. Pero ganarían un tiempo que tal vez las fuerzas armadas de Estados Unidos necesiten para acudir urgentemente a otro lado; por ejemplo, para cerrar el paso de Groenlandia, Islandia y Noruega, y así evitar que el grueso de la Armada soviética irrumpiera en el Atlántico y atacara los convoyes estadounidenses enviados a Europa. El evidente peligro que supone una Cuba sovietizada, ha llevado a que se sugiera tomar algunas providencias, como imponer sanciones comerciales comerciales a Rusia (es posible que una parte de los cereales soviéticos destinados a la isla, se hubieran adquirido de Estados Unidos) y estrechar el embargo comercial contra Fidel Castro. Pero ahora se podría poner en práctica una medida sencilla y prudente: trazar una línea de aguas altas en el Caribe ... ni más ni menos. Es preciso que La Habana y el Kremlin se convenzan de que no se les aceptará ningún incremento (en calidad o en cantidad) de efectivos militares en la isla. Quizá Estados Unidos considere la posibilidad de apostar más armas —por ejemplo, los proyectiles crucero en Florida— para neutralizar eficazmente la amenaza cubana, o de amagar a la URSS enviando fuerzas navales estadounidenses al norte de Noruega, en el océano Indico o en el norte del Pacífico. Como quiera que sea, lo menos que debe hacer Washington es trazar esa línea sobre la mancuerna cubano-soviética, si es que quiere seguridad y paz en el hemisferio.
FOTOS POR EL SARGENTO MAYOR R. DIAZ. DE LA FUERZA AEREA DE ESTADOS UNIDOS