miércoles, 30 de agosto de 2023

VAN WERWIJCK-1-1552 d. de J.C.

 Bibliografía. El Sacrificio del Señor- Autor anónimo   Primera edición Año de 1562

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. 7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

PEDRO VAN OLMAN, O VAN WERWIJCK, EJECUTADO EN GANTE. TAMBIÉN UNA CARTA QUE ESCRIBIÓ PEDRO VAN OLMAN, O VAN WERWIJCK, AL ESTAR EN LA PRISIÓN EN GANTE, DONDE DIO SU VIDA POR EL TESTIMONIO DE JESÚS, 1552 d. de J.C.

Que la abundante gracia y paz de Dios el Padre y del Señor Jesucristo estén con ustedes. Que la gracia y paz de Dios nuestro Padre y de nuestro Señor Jesucristo estén con ustedes. Dios es el

Padre de misericordias y el Dios de todo consuelo. Él nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que podamos consolar con el consuelo que recibimos de Dios a aquellos que están en dificultades.

Pues como los sufrimientos de Cristo abundan en nosotros, así también nuestra consolación abunda por Cristo. “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos. Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu. Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor” (2 Corintios 1.3–5; 2 Corintios 4.17–18; 5.1–8; Romanos 8.22; Apocalipsis 3.18).

Los amonesto, estimados hermanos, por las misericordias de Dios, que no dejen de congregarse para que así puedan instruirse

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mutuamente en la eterna verdad de nuestro Salvador mientras tengan tiempo. Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir, y esto por la paciencia (Hebreos 10.25; 13.14).

Por lo tanto, estimados hermanos, tomen a pecho la palabra del Señor, y entiendan lo que el Señor dice para que puedan estar firmes cuando sean probados. Porque yo les digo, estimados hermanos, que tenemos que luchar con más valor que lo que yo antes había creído; pues ellos se nos acercan con preguntas tan sutiles, y palabras suaves para atraparnos en alguna palabra y así hacernos apostatar. Por eso, estimados hermanos, instrúyanse bien los unos a los otros para que puedan discernir cuál es el camino del Señor y cuál el camino del diablo; cuál es el verdadero culto a Dios y cuál el culto al diablo y a los ídolos; cuáles son los hijos del Señor y cuáles los hijos del diablo. Pues los hijos del Señor no son de este mundo, y por eso el mundo los odia. Todos sufren persecución, son llevados a la muerte como ovejas al matadero, y son odiados y atacados por todos. No tienen lugar seguro donde morar. Se les considera la escoria de la tierra. Lloran y lamentan, y el mundo se regocija. Sufren reproche porque confían en el Dios viviente. En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo.” Por lo tanto, hijitos míos, no améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre (Santiago 1.27;

Juan 17.16; Salmo 44.22; Isaías 59.15; 1 Corintios 4.11, 13; Juan 16.20; 1 Timoteo 4.10; 1 Juan 3.7, 10; 2.15–17).

Mis más queridos, sepan que yo tuve un gran debate con las potestades que dominan este mundo de tinieblas y con los falsos profetas; pues ellos dijeron que uno puede escucharlos y ser instruido por ellos, aunque no viven según los mandamientos del Señor. Entonces yo les pregunté:

—¿Verdad que le es un extraño al Señor aquél que no camina en los mandamientos de él?

—Sí —contestaron ellos.

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Entonces yo les dije que Cristo dice (Juan 10.27): “Mis ovejas oyen mi voz (...) y me siguen”; más no conocen la voz de extraños, y por eso huyen de ellos. Entonces, si yo escuchara a los extraños, no sería oveja de Cristo; pues sus ovejas no escuchan a extraños.

Entonces contestaron:

—Ellos seguramente predican la verdad; la palabra no por eso disminuye.

Yo contesté:

—Juan dice (1 Juan 2.4): “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él”. ¿Y si no hay verdad en él, cómo puede decir la verdad?

De otro modo, lo que Juan escribe es mentira. Cristo dice (Mateo 7.18) que el árbol malo no puede dar frutos buenos. También dice

(Mateo 12.34): “¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos?” Resuelvan esto, y los creeré. Yo les digo que aunque tomaran un Testamento y lo leyeran de principio a fin en su Iglesia, tal y como  los apóstoles lo escribieron, aun así les probaría que mienten. Pero si un hombre que anda en los pasos del Señor hablara las mismas palabras, él hablaría la verdad. Si uno de su grupo predicara estas palabras en su templo, dirigiéndose a los borrachos, los adúlteros,

los ladrones, los homicidas, los avaros, los maldicientes, los mal hablados, diciéndoles: “Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia” (1 Pedro 2.9–10),

si él hablara estas palabras a estas personas malas, ¿no mentiría? Pero si un hombre temeroso de Dios hablara estas palabras con referencia a las personas que temen a Dios, diría la verdad. De nuevo, si ustedes predicaran así: “Por tu causa somos llevados a la muerte, como la oveja para el degolladero”, ¿no sería esto una mentira? Pero un hombre temeroso de Dios diría la verdad.

martes, 29 de agosto de 2023

JOOS KINDT (II)

JOOS KINDT

Bibliografía. El Sacrificio del Señor- Autor anónimo   Primera edición Año de 1562

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. 7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta

Ellos siguieron haciéndome muchas preguntas. Yo les dije:

—Apártense de mí; porque ustedes no son de Dios.

—Sí, somos de él —contestaron.

—¡Váyanse! Apártense de mí —les dije—, y no regresen más.

—Sucedió mucho más aun, pero tardaría mucho para escribirlo.

Por fin, se marcharon, y a mí me llevaron a la celda.

El domingo me llevaron a la casa de los jueces donde la corte estaba congregada. También estaban presentes Salomé, el señor Cornelio, el decano de Kestenne, Ronse y Polet. Me pusieron en el centro, amarrado firmemente y sostenido por dos cazadores de ladrones. Yo les pregunté:

—Señores, ¿qué quieren?

Ronse: “Eso se le dirá.”

Entonces ellos leyeron la confesión de mi fe que habían escrito en la prisión, y me preguntaron si todavía creía igual. Yo contesté:

—Sí. Todavía estoy dispuesto a ser quemado por mi fe. —Ronse preguntó si yo no creía que Cristo había tomado su carne de María—.

No —le contesté. Parecía que el señor Cornelio se iba a desmayar; él se bendijo y se persignó mucho, y todos se horrorizaron. Hubo un poco de discusión sobre eso; pero ellos, como dragones, exhalaban su veneno en los jueces. Cada uno se acercó a un juez y le dijo:

—Es verdad que así está escrito; pero él no tiene conocimiento; falta que entienda las escrituras. —Ellos citaron muchos

El sacrificio del Señor 149

argumentos falsos, llenaron los oídos de los señores y me hicieron muchas preguntas sutiles. Yo les dije:

—Ya les he confesado mi fe; estén satisfechos con eso. Y les pido, no porque sea digno, sino por la sangre colorada de nuestro querido Señor, que me dejen en paz. Ya saben cuál es mi fe, y me tienen en las manos; quédense satisfechos con eso, y hagan lo que desean hacer.

Entonces Ronse me preguntó si yo no había estado presente en algún culto, y me conjuró tres veces por mi bautismo que dijera quién estaba presente. Yo le contesté que no le diría ni una sola palabra. Ronse dijo:

—Usted ha negado su bautismo; Menno se va a entristecer de que usted niegue su bautismo.

—Mi fe y bautismo conozco —les dije—, pero con su conjuro no tengo nada que ver; por eso sé que ustedes son hechiceros.

—Nosotros podemos jurar —dijo Polet.

—Busque Mateo 5. ¿Verdad que prohíbe todo juramento?

—No —dijeron ellos.

—Sí —les dije.

 Entonces Polet lo buscó en una Biblia que ellos habían traído, un libro grande, y decía lo que yo había dicho.

En consecuencia, el señor Cornelio dijo:

—La Biblia es falsa; nuestra Biblia latina no dice eso.

—¿Usted me trae libros falsos? —le dije—. ¿Por qué dice que es falsa? Y es una Biblia permitida. ¿Por qué la permite circular, ya que usted la examinó?

Él contestó:

—Yo no la examiné.

Yo dije:

—Pero algunos hombres sabios en Louvain, sí.

Ronse entonces le dijo en voz baja al señor Cornelio Roose:

—Es cierto; fue examinada y era buena, pero el empleado de la imprenta la imprimió mal cuando su amo estaba en el pueblo.

Ronse me preguntó por qué yo le creía tan fácilmente a un hombre a quien tal vez nunca vería otra vez, y por qué me dejé bautizar por él; y por qué no les creía a ellos, ya que los veía a diario y me habían instruido, y por qué no creía a mi pastor que

a diario me predicaba el evangelio. Yo le contesté que no le creía

150 El sacrificio del Señor

porque era mentiroso y que yo le había oído predicar que en ninguna parte se hallaba escrito que María era madre y virgen. Pero él dijo que ya que su Iglesia lo enseñaba, había que creerlo. Entonces le dije que yo no lo escucharía, ya que en Isaías 7.14, en Mateo y en otros lugares yo había leído algo diferente. Y habiendo oído esas mentiras salir de su boca, no lo escucharía, ni a ningún otro. Y esperaba por la gracia de Dios, nunca más escucharlos. Él dijo:

—No.

Yo dije:

—Sí, y ofrezco mi cuerpo al potro, contra el suyo.

Pero él no tenía ningún deseo para eso, y dijo:

—¡Qué! ¿Debo yo ir al potro? Usted afirma que nuestra Iglesia no es buena porque nosotros no somos sin culpa. ¿No tiene ninguna culpa usted? Hay algunos de los suyos que han cometido asesinato

porque la gente no les creía, porque no aceptaban su doctrina.

Yo le contesté:

—¿Usted ha visto esto, o cualquier cosa que sea impropia, en mí?

Aquí estoy en manos de los jueces para que ellos me castiguen por ello.

Ronse dijo:

—No hemos visto nada de eso en usted.

Yo dije:

—Entonces no me digan lo que hacen otros, ni tampoco considérenme malo sólo porque otros lo han sido. Nadie debe llevar la carga del pecado de otro; ustedes no deben llevar la mía, ni yo la suya. “El alma que pecare, esa morirá” (Gálatas 6.5; Ezequiel

18.20).

Ellos todavía dijeron mucho más, pero no vale la pena escribirlo.

También dijeron que Cristo había dicho que los escribas y los fariseos se sentaban en la cátedra de Moisés, y que había ordenado que hiciéramos conforme a sus mandatos, pero no

según sus obras. Por consiguiente, yo debía hacer lo que ellos me aconsejaban, pero no según sus obras, ya que Cristo enseñó eso

(Mateo 23.1–2) Yo pregunté:

—¿Quién dijo Cristo que se sienta en la cátedra de Moisés?”

Respuesta: “Los fariseos.”

Pregunté de nuevo: “¿Y esa escritura se refiere a ustedes?”

Respuesta: “Sí.”

El sacrificio del Señor 151

Yo dije:

—¿Entonces ustedes confiesan que son de su generación?

Entonces el señor Cornelio, el sacerdote de la parroquia, me preguntó por qué no creía ni un artículo de la Iglesia Romana, y por qué creía que el evangelio de Mateo era evangelio, si no está escrito en ningún lado. Sin duda yo creo que Cristo fue crucificado, lo cual la Iglesia Romana también cree, y ciertamente es un artículo. También dijo que él me mostraría que Pablo escribió antes que los evangelistas. Yo le dije entonces:

—Muéstreme que Pablo escribió antes que Mateo.

El señor Cornelio dijo:

—¿Qué tiene que ver usted con eso?

Le contesté:

—¿No debo tener nada que ver con eso? Mi vida y alma están en peligro, según lo que dice usted.

El señor Cornelio dijo:

—Ya lo vencimos.

Yo le dije:

—Cállese. Usted no es digno de que se le hable, y no quiero que en mi ausencia diga usted que me venció, o que tengo el diablo en mí, ni que me condene delante de los sencillos, y así los engañe aun más.

Entonces Ronse dijo:

—Usted está condenado, si permanece así.

Yo le pregunté:

—¿Por qué?

Ronse contestó:

—Porque usted no cree.

Yo dije:

—Yo creo; y me apego con tal firmeza a mi fe que prefiero entrar en la hoguera antes de desobedecer en un solo punto.

Pasaron muchas cosas más que tardaría mucho en escribir.

Por fin me llevaron de vuelta a la prisión, donde me pusieron dos grilletes. Yo dije:

—Estoy listo, no sólo para ser encadenado, sino también para morir la muerte más vil por causa del nombre del Señor

(Hechos 21.13).