María
Historia real por Jorge Isaacs
301-305— No.
— Pues estoy por decirle que es de esas que usan polvos ; y ya no hay quien le quite de la cabeza á Candelaria que esa murciélaga fué la que le ojeó el mico aquel tan sabido y que tanto lo divertía á usté ; porque el animalito boqueó sobándose la barriga y dando quejidos como un cristiano.
— Algún alacrán que se habría comido, compadre.
— ¡ Deónde ! Si trabajo costaba para que probara comida fría : convénzase que la bruja le hizo maleficio ; pero no era allá donde yo iba. Enanticos que fui á buscar la yegua me encontré á la vieja en el Guayabal, que iba para casa, y como ando orejero,
todo fué verla y me le aboqué por delante para decirle : "Vea, ña Dominga, devuélvase, porque allá tienen las gentes oficio en lugar de estar en conversas.
Van dos viajes con éste que le he dicho que me choca verla en casa." Toda ella se puso á temblar, y yo que la vi asustada pensé al golpe : este retobo no anda en cosa buena. Salió con estas y las otras ; pero la dejé como en misa cuando le dije : "Mire que yo soy malicioso, y si la cojo á usté en la que anda, yo la desuello á rejo, y si no lo hago, que me quiten el nombre."
La exaltación de mi compadre había llegado a] colmo. Santiguándose continuó :
— i Jesús creo en Dios padre ! Esa cangalla es capaz de hacerme perder, un día que se me revista la ira mala. Es buen hacer, blanco : tener un hombre de bien su hijita que tantas pesadumbres le ha costado, y que no ha de faltar quien quiera hacerlo abochornar á uno de lo más querido.
Mi irascible compadre estaba próximo á un acceso de enternecimiento, y yo, á quien no habían parecido salvas y repiques sus últimas palabras, me apresuré á decirle :
— Veamos el remedio que usted ha encontrado para el mal, porque ya voy creyendo que es cosa grave.
— Pues ory verá : su mamá le propuso el otro día á mi mujer que le mandara á Salomé por unas semanas para que la muchacha aprendiera á coser en fino, que es todo lo que Candelaria desea. Entonces no se pudo... Yo no lo conocía á usté como agora.
— ¡ Compadre I
MARÍA. 303
— Por la verdad murió Cristo. Ya el caso es diferente : quiero que su mamá me tenga allá unos meses á la muchacha, que por ahí no ha de ir á buscarla ese enemigo malo : Salomé se ajuiciará y será lo mismo que decirle al que quiera alborotármela, que se vaya á la punta de un cuerno. ¿ Le parece ?
— Por supuesto. Hoy mismo le hablaré á mi madre; y ella y las muchachas se pondrán muy contentas. Yo le prometo que todo se allanará.
— Dios se lo pague, compadre. Entonces yo me daré formas de que usté hable hoy un rato solo con Salomé, como quien no quiere la cosa : le propone que vaya á su casa y le dice que su mamá la está esperando.
Usté me cuenta luego qué ha notado, y así nos saldrá todo derecho como surco. Pero si la muchacha se me encapricha, sí le juro que un dia de éstos la encajo eu uno de mis mochos, y al beaterío de Cali va á dar, que ahí no se me le ha de asentar una mosca, y si no sale casada, rezando y aprendiendo á leer en libro la tengo hasta que san Juan agache el dedo.
Pasábamos por el rastrojo recién comprado por Custodio, y éste me dijo :
— ¿No ve qué primor de tierra y cómo está el espino de mono, que es la mejor señal de buen terreno? lo único que lo daña es la falta de agua.
— Compadre, le respondí, si ya puede usted ponerle toda la que quiera.
— No embrome ; entonces no lo vendo ni por el
doble. 304 ISAACS.
— Mi padre consiente en que usted tome cuanta necesite de los potreros de abajo : yo le hice ver lo que usted me recomendó ; y él extrañó que no le hubiese pedido antes el permiso.
— Pero qué memoria la suya, compadrito : mire que aguardará ahora para avisármelo... Dígamele al patrón que se lo agradezco en mi alma; que ya sabe que no soy ningún ingrato, y que aquí me tiene con cuanto tengo para que me mande. Candelaria va á estar de pascuas : agua á mano para la huerta, para el sacatín, para la manguita... Supóngase que la que pasa por casa es un hilito, y eso revuelta por los puercos de mi compañero Rudecindo, que lo que es hozar y dañarme las quinchas, no vagan ; de forma que para cuanto limpio hay que hacer en casa, tienen que empuntar al mudo con la yegua cargada de calabazos á Amaimito, porque para tomar agua de la Honda, mejor es tragar lejía, de la pura caparrosa que tiene. — Es cobre, compadre.
— Eso será.
La noticia del permiso que le concedía mi padre para tomar el agua, refrescó al chagrero hasta el punto de hacer que el potrón en que iba luciera la trastraba en que decía el picador lo estaba metiendo.
— ¿De quién es ese potro ? no tiene el fierro de usted.
— ¿Le gusta ? Es del abuelo Somera.
— ¿Cuánto vale ?