“MI CORAZÓN INQUIETO “
Por Viento Sollozante
Primer Libro
MI CORAZÓN INQUIETO 37
Le dijo esto a Pedernal, dándole ocho dólares.
Pedernal se metió el dinero en el bolsillo de su camisa. ¡Qué cosa! —dijo en voz baja al pasar junto a mí. ¡Parece que ha servido! i Hay personas a las que les asusta un cartel!
Pedernal se mantuvo más cerca de la casa, tal como me había prometido, y el hombre no regresó jamás, pero a pesar de ello, nunca más volví a sentirme a salvo. Siempre vigilaba el movimiento en los arbustos y escuchaba por si oía pasos detrás de mí, metiéndome en la casa temprano y cerrando la puerta con pestillo antes de que se pusiese el sol. Entonces comprobaba varias veces el buen funcionamiento de las cerraduras de las puertas antes de irme a la cama y con frecuencia no dormía bien. Comencé a darme cuenta de que mientras estuviese sola no estaría a salvo, pues una chica está siempre en peligro y el que estuviese a salvo dependía de Pedernal. ¿Qué haría yo si él se marchaba?
CAPITULO CUATRO
Las plantas comenzaban a brotar. Las plantas de trigo estaban empezando a salir y eran solamente de unos pocos centímetros de altura cuando Pedernal me comunicó que había llegado el momento de la Danza del Maíz y del "powwow" o ceremonia anual.
El día de la ceremonia yo di saltos de pura emoción. Cuando nos dirigimos al campamento donde se iban a reunir todos, vimos una cantidad de camionetas y multitudes de indios que se preparaban para comenzar las danzas. Nos abrimos camino entre la multitud para obtener un lugar mejor desde el cual contemplar las ceremonias.
Pedernal llevaba una nueva camisa vaquera y yo llevaba mi vestido de piel de ante y llevaba cuentas en el pelo. La mayoría de los indios llevaban la vestimenta tradicional de su tribu en honor a ese día. La Danza del maíz se realizaba para pedirle al maíz que creciese bien alto y diese alimento a las gentes para que al invierno siguiente no pasasen hambre.
Indios de varias tribus estaban alineados, de cara al este, en el terreno de las danzas. Se hizo el silencio en la multitud y durante varios minutos nos dedicamos a esperar.
Entonces, como si hubiese sido el rugido de los tambores, cincuenta guerreros kickapu descendieron como dispuestos al ataque, por la falda de la colina, sobre sus caballos al galope.
Mi corazón saltó de emoción y las lágrimas me quemaron los ojos al contemplar a aquellos jóvenes bravos, sobre caballos medio salvajes, abalanzándose colina abajo en medio de una nube de polvo. ¡No era de extrañar que los guerreros kickapu hubiesen si- MI CORAZÓN INQUIETO 39
do el terror de los primeros colonizadores! porque aún ahora eran un espectáculo formidable y temible.
La salvaje carga acabó en una carrera de caballos y se le daría al ganador el caballo del hombre que llegase el último.
Cuando los caballos corrían por las amplias planicies mis ojos se posaron sobre uno de los jinetes y mi corazón le siguió. Era un hombre joven y sus brazos parecían tan fuertes como robles. Su cabello negro y largo era meneado por el viento y alrededor de su cuello había un collar de antiguas cuentas de las utilizadas para traficar. Ganó un muchacho que cabalgaba un caballo gris, pero eso a mí no me importaba, porque a pesar de que mi guerrero había perdido la carrera, se había ganado mi corazón.
Durante toda la mañana me esforcé por verle entre la multitud y a Pedernal no le costó demasiado trabajo adivinar a quién estaba mirando.
—¿Quieres conocer a Relámpago Amarillo? —me preguntó mi tío sonriendo— conozco a un tío suyo que puede arreglarlo.
—¿Cómo es que sabes su nombre? —le pregunté repitiendo el nombre para mí misma, Relámpago Amarillo y a mis oídos les sonó a música.
Mi tío se echó a reír. —Le vende caballos a la hacienda donde yo trabajo. ¿Verdad que tienes suerte teniéndome por tío? —dijo Pedernal y pareció muy satisfecho consigo mismo.
Fiel a su palabra Pedernal me presentó a Relámpago Amarillo y el corazón comenzó a latirme con tal fuerza que estaba segura de que él podía oírlo. Me sonrió y cuando le miré a los ojos supe que me había enamorado por primera vez; era algo que me había pillado por sorpresa, sin que yo me lo hubiese esperado. Era como encontrarme atrapada en un derrumbamiento de rocas y mi vida cambió para siempre.
Cada día esperaba que Relámpago Amarillo viniese a visitarme, miraba cientos de veces por la ventana y cada noche me cepillaba el pelo y me sentaba en la huerta esperando. ¡No había duda de que esta noche vendría! MI CORAZóN INQUIETO 41
Yo tenía grandes sueños sobre nuestra vida juntos; sueños secretos que escondía mi corazón. Estaba segura de que si amaba lo suficiente él a su vez me amaría a mí un poco.
Estaba tan ensimismada pensando en mi apuesto guerrero que cada día me iba volviendo más callada. Un día vendría, así que tenía que tener paciencia y esperarle. Cada día miraba y cada noche esperaba, pero fueron transcurriendo las semanas y mis sentimientos hacia él se hicieron más profundos.
¡Pero una noche vino! Cuando vino cabalgando por el sendero y ató su caballo a la cerca me preguntaba si estaría soñando otra vez o si podía ser efectivamente una realidad.
Salí apresuradamente de la casa para saludarle, con el brillo en mis ojos y las manos que me temblaban.
—Hola, Viento Cantarín, ¿está Pedernal en casa? —preguntó.
Me quedé desmoralizada porque había venido a ver a mi tío y no a mí y ¡ ni siquiera se había acordado de mi nombre!
Entró en la casa y él y Pedernal empezaron a hablar del precio de un caballo.
Me senté sobre los escalones de madera hundida con mi barbilla apoyada en mis manos. ¿Cómo era posible que no se diese cuenta de lo que yo sentía por él? ¡ Debía de estar ciego!
Me dirigí hacia la puerta y acaricié a su caballo durante unos minutos y contemplé la puesta del sol y luego regresé de nuevo a la casa.
Podía escuchar sus voces a través de la puerta abierta y cuando oí a Pedernal mencionar mi nombre, me detuve.
—Viento Sollozante te mira con buenos ojos, Relámpago Amarillo —le dijo Pedernal.
A mí me quemaba el rostro en la oscuridad. Pedernal no debería de haberle dicho eso.
—Pedernal, tú eres mi amigo, así que te diré la verdad. Tú y yo somos pura sangre, pero tu sobrina es, mestiza. Si ella fuese una india pura sangre puede
42 MI CORAZÓN INQUIETOque las cosas fuesen diferentes, pero yo no quiero que ninguno de mis hijos sea mestizo, así que la muchacha que yo escoja tendrá que ser una india kickapu de pura sangre.
—Ella es una india de pura sangre en su corazón, que es lo que cuenta —argumentó Pedernal.
—Es nuestra sagrada obligación mantener nuestra descendencia pura y proteger a nuestro pueblo —dijo Relámpago Amarillo.
Mientras s yo estaba envuelta por las sombras de la noche, el hombre al que amaba me había dado una puñalada en el corazón y me había dejado mortalmente herida, como un conejo con una flecha atravesada en su pecho. El amor había perdido su dulzura y me había dejado aplastada y dolorida.
¡Mestiza, jamás llegaría a ser otra cosa!
Corrí en dirección al bosque y lloré amargamente. Mi primer amor había llegado y se había alejado sin haberme dejado como recuerdo ni siquiera el roce de las manos.
Oí el sonido de los cascos de los caballos que se perdían en la distancia.
—Adiós, Relámpago Amarillo —dije sollozando. —No amaré jamás a nadie, solamente a ti.
Pedernal salió a buscarme y yo me sequé las lágrimas cuando le oí aproximarse.
—¿Qué estás haciendo ahí fuera? —me preguntó suavemente.
—Nada —dije atragantándome.
El se quedó callado. En la distancia los relámpagos cruzaron el cielo oscurecido y estallaron los truenos.
—Nos has oído ¿no es cierto? —me preguntó. Yo me eché a llorar.
—Ojalá no te lo hubiese presentado. Olvídale, Viento Sollozante.
Me puso su mano sobre mi hombro. —Vamos adentro antes de que llueva.
Me condujo en la oscuridad hacia la casa y no volvió a hablar hasta que llegamos a la puerta de entrada.