domingo, 19 de septiembre de 2021

ASCENSO AL VOLCÁN-INCIDENTES DE VIAJE EN CENTROAMÉRICA, CHIAPAS Y YUCATÁN

 INCIDENTES DE VIAJE EN CENTROAMÉRICA, CHIAPAS Y YUCATÁN

Tomo I

Traducción de Benjamín Mazariego Santizo

 No salimos sino hasta las siete de la mañana siguiente. El día tenía mala apariencia y toda la montaña estaba cubierta de nubes. Hasta aquí la falda del volcán estaba cautivante. Al cabo de media hora el camino se tornó tan empinado y resbaladizo que desmontamos y comenzamos el ascenso a pie. Los indios se habían adelantado llevando agua y provisiones, y cada uno de nosotros se proveyó de un fuerte cayado. A las ocho menos cuarto llegamos a la región media que se encuentra cubierta por una ancha faja de espeso bosque; el camino era escarpado y lodoso y cada tres o cuatro minutos nos veíamos obligados a parar y descansar. A las nueve menos cuarto salimos a un claro donde se encontraba una gran cruz de madera. Este era el primer lugar de descanso y nos sentamos al pie de la cruz a merendar. Había empezado una llovizna, pero con la esperanza de un cambio, a las nueve y media reanudamos nuestro ascenso. El paso se hizo más empinado y fangoso, los árboles se aglomeraban tan densamente que ni el más leve rayo de sol penetraba por allí y tenían sus troncos y ramas cubiertos de verdes excrecencias. El camino había sido abierto y mantenido por los indios que suben en invierno a conseguir nieve y hielo para Guatemala. El trabajo para trepar por esta lodosa ladera era excesivo y muy pronto mi joven compañero sintióse fatigado y fue impotente para continuar sin ayuda. Los indios iban preparados con lazos, uno de éstos se le ató alrededor de la cintura y dos indios pasaron adelante con el lazo sobre los hombros. A las diez y media nos encontrábamos arriba de la región de los bosques y salimos a un lado abierto del volcán. Allí aún había árboles dispersos, abundante hierba y una gran variedad de curiosas plantas y flores aportando rico material para los botánicos. Entre ellos había un árbol con una flor roja denominado el árbol de las manitas, pero más parecido a la mano de un mono, creciendo a una altura de treinta o cuarenta pies, con el interior de un ligero tinte bermellón y por fuera bermellón con listas amarillas. Mi compañero cansado con el trabajo de la ascensión, no obstante la ayuda del lazo, se montó por fin sobre los hombros de un indio. Yo me veía obligado a parar a cada dos o tres minutos, siendo mis descansos casi iguales al tiempo que caminaba. La gran dificultad consistía en la humedad y el lodo, que al ascender nos hacía perder una parte en cada paso. Éste era tan resbaladizo que aun con el cayado y la ayuda de las ramas de los árboles y arbustos, se hacía difícil evitar una caída. Como media hora antes de llegar a la cima y quizás a unos mil o mil quinientos pies de ella, los árboles se volvieron escasos y parecían secados por los rayos o marchitados por el frío. Las nubes se aglomeraban más espesas que antes y yo perdí toda la esperanza de un claro día. A las once y media llegamos a la cúspide y descendimos al cráter. Un torbellino de nubes y vapores batía violentamente en sus contornos. Estábamos sudando; nuestros vestidos se encontraban empapados por la lluvia y el fango y en pocos momentos el frío nos caló hasta los huesos. Intentamos encender una fogata, pero las ramas y hojas estaban mojadas y no podían arder. Por unos pocos instantes logramos una débil llama y todo se abatió a su alrededor; pero cayó una llovizna lo suficiente para apagarla. No podíamos ver nada y los temblorosos indios me suplicaban que regresáramos. Sobre las rocas inmediatas había inscripciones, una de las cuales llevaba la fecha 1548; y sobre una piedra cortada estaban las siguientes palabras:

 Alexandro Ldvert, De San Petersburgo;

Edvardo Legh Page, De Inglaterra;

José Croskey, De Fyladelfye,

Bibymos aquí unas Boteas De Champana, el día 26 de agosto de 1834.

 Parecía extraño que tres hombres de tan lejanas y diferentes partes del mundo, San Petersburgo, Inglaterra y Filadelfia, se hubiesen juntado para beber champaña en la cima de este volcán. Mientras que yo me soplaba los dedos y copiaba la inscripción, el vapor se aclaró un poco, permitiéndome ver el interior del cráter. Era una hoya de forma ovalada, de fondo plano cubierto de hierba. Los lados eran en declive como de cien a ciento cincuenta pies de altura, y en todo el derredor había montones de rocas apiñadas en espléndida confusión y elevándose en picos inaccesibles. No hay ninguna tradición respecto a que esta montaña alguna vez haya arrojado fuego, y no existe por ningún lado en sus contornos materia calcinada o alguna otra señal de erupción volcánica. La historia dice: que en 1541, un formidable torrente, no de fuego, sino de agua y piedras, fue vomitado del cráter, destruyendo la antigua ciudad. El Padre Remesal refiere que en esta ocasión la cima de la montaña se vino abajo. La altura de esta parte separada era de una legua, y de la cima restante hasta el valle había una distancia de tres leguas, la que él afirma que midió en 1615. El área, según mis medidas, es de ochenta y tres pasos de largo por sesenta de anchura. De acuerdo con Torquemada (y tal es la tradición, según el Padre Alcántara, de Ciudad Vieja), esta inmensa hoya, probablemente el cráter de un volcán extinguido, con bordes mucho más altos que los actuales, se llenó de agua por las acumulaciones de nieve y de las lluvias. Allí nunca hubo una erupción de agua, sino que uno de los lados se rompió y la inmensa cantidad de líquido salió precipitadamente, inundando y destruyendo todo cuanto se opuso en su camino. La inmensa barranca por donde descendió, todavía era espantosamente visible a un lado de la montaña. La altura de esta montaña ha sido determinada por observaciones barométricas y es de catorce mil cuatrocientos cincuenta pies sobre el nivel del mar. La orilla del cráter domina una hermosa vista de la antigua ciudad de Guatemala, de treinta y dos pueblos alrededor y el Océano Pacífico; a lo menos así se me dijo, aunque yo no los vi. Sin embargo no lamenté mi fatiga; y aunque empapado por la lluvia y todo cubierto de lodo, me prometí a mí mismo que en el mes de febrero, cuando el tiempo es bueno, ascendería otra vez, preparado para el caso y para pasar dos o tres días en el cráter.

A la una principió nuestro descenso. Éste fue rápido y algunas veces peligroso, por el excesivo declive, por lo resbaladizo y por el riesgo de golpearse la cabeza contra el tronco de un árbol. A las dos de la tarde llegamos a la cruz; y yo recuerdo aquí, como un aviso para otros, que por la presión de las fuertes botas impermeables sobre los dedos de los pies, me veía obligado a parar con frecuencia; y después de cambiar la presión descendiendo de lado y de espaldas, agarrándome de las ramas de los árboles, me vi en la necesidad de quitarme las botas y seguir descalzo, metido en el fango hasta los tobillos. Mis pies fueron severamente dañados por las piedras, y me era muy difícil andar, cuando encontré a uno de los indios que subía la montaña con mi caballo a encontrarme. A las cuatro de la tarde llegamos a Santa María, a las cinco a la Antigua, y un cuarto de hora después me acosté. 

  DESCRIPCIÓN DE TOTONICAPÁN Y QUETZALTENANGO

POR JUAN DE PINEDA  - AÑO DE 1,549

(Copiado con la ortografía colonial)

 El pueblo de Totonycapa.

 El pueblo de Totonicapán está en el propio camino rreal que de la ciudad de Guatemala viene a esta ciudad, siete leguas más hazia aca del pueblo de atras; está asentada en un llano, al pie de una sierra, y bien poblado por sus calles a modo de españoles; es tierra fria y sana; los vezinos desde dicho pueblo tienen las mesmas cosechas de mayz, axy y frisóles, aves de la tierra y de Castilla, y cazas, y las mesmias granjerias que el pueblo de atras, con las quales van a la dicha costa de Zapotitlan a las vender, y las llevan en sus caballos que para ello tienen, y las venden a trueco de cacao y algodón, y hazen dello lo que dicho pueblo de atras haze; y el mayz y aves y otras cosas lo venden a los españoles que por el pasan, que de lo uno y de lo otro sacan mucho dinero, y asi están rricos y tienen abastadamente lo que an menester; andan bien tratados, como los del pueblo de atras, y están emparentados con los yndios de la dicha costa, igualmente que todos, como el pueblo de atras, porque están todos en una cordillera; antiguamente tributavan lo que el dicho pueblo de atras; el dia de hoy tributan poco, como el dicho pueblo de atras, porque como es una cordillera, todos tributan de una manera, y podrían tributar lo mesmo que esta dicho en el pueblo de atras, sin vejación ninguna; visitan este pueblo los rreligiosos de Sans Francisco.

 El pueblo de Quezaltenango.

 El pueblo de Quezaltenango está asentado en un llano junto a una ciénaga y está en el camyno Real que viene de Guatemala a esta ciudad, quatro leguas del pueblo de arriba, vínyendo para esta ciudad ; los vecinos del y sus mugeres e hijos andan bien vestidos, limpios y aderezados como los de los pueblos de atrás, están ricos ; todos tienen cavallos como los de los pueblos de atras, porque también están en la cordillera de la «yerra que los de atras, y tienen las cosas de cosechas, tratos y granjerias quellos; y deste pueblo a la costa de Zapotitlan ay una jornada una cuesta abaxo, como los demas; tiene dos estancias, que la una se llama Sant Luis, y la otra la Madalena, y en estas estancias tienen los vezinos deste dicho pueblo mlyllpas de cacao. Los tributos que antiguamente y de presente dan es como los pueblos de atras dichos y declarados; podra dar el tributo que los demas e dicho, sin veja- ción ninguna, syno muy cómodamente, y los demas y este pueblo podrían dar el tributo al doble, como dicho tengo, puos les pueblos de Zacatepeque y Ostuncalco y sus estancias, que están seys leguas dete dicho pueblo, questan encomendados en don Pedro de Alvarado. hijo de don Francisco de la Cueua y de doña Leonor de Alvarado, dan de tributo a su encomendero cada vezino mas de diez tostones en mandas y cacao y maiz, no tenyendo mas del mayz y axy frísoles y aves, por estar muy adentro de la syerra, y para aver de dar el cacao se van alquilar a la provincia de Soconusco, de donde lo traen, y algodón para las mantas, ques tres jornadas de sus pueblos y otras tantas de buellta; de lo qual este pueblo de Quezaltenango y los demas de atras, no tienen necesidad de se alquilar por estar como están rricos y tener las granjerias cerca de su casa, por do se ve claramente el agravio que en este caso ay, pues estos dichos pueblos no tributan a Vuestra Majestad a cuatro tostones cada yndío ; visitan este pueblo los rreligiosos de Sant Francisco.

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