GUATEMALA 1967
I. “LAS GUAYABAS"
Diciembre en los Cuchumatanes. Brillan las hojas de los
árboles humedecidas por el rocío de la noche. El viento que baja de la altura
hace resbalar las gotas de agua hasta la suave tierra donde dejan perceptible y
fresca huella. Brilla el riachuelo que serpea en hondo cauce de negruzca roca.
Brilla también la laguna de Ocubilá, silenciosa, prolongándose sucesiva,
adentrándose mansa, profundamente, lamiendo rejoyas y bordecillos, llenando
quebradas con sus largas lenguas de plata acariciadas por los rayos de la luna
aquella noche azul, diáfana y tranquila. ...
El firmamento aterciopelado adórnase con multitud de estrellas y
luceros; con sedosas gasas claras que impulsadas por invisibles ráfagas,
caminan, caminan y caminan.
Enclavada en la inmensa cordillera, perdida en una arruga
gigantesca y en estratégica meseta de los bajos Cuchumatanes está la aldea
"Las Guayabas" donde destacan lucecillas y las pocas casas cubiertas
de teja o paja de trigo.
La primitiva iglesia apunta al cielo con su pequeño
campanario piramidal de una sola pieza, rodéala en parte un macizo de chatas
que extiéndese hasta el bosquecillo vecino formado por cerones, chalahuites,
chulubes y arrayanes bajo cuyo follaje reposan durmiendo centenares de
indígenas procedentes de Santa María Nebah, Chajul, Cotzal, Chalchitán y
Aguacatán, mezclados entre cacaxtle,, jarros de arcilla, tecomates, suyacales y
machetes.
Recién acaba de llegar el último rezago de naturales enganchados para seguir a
la partida de rebeldes cuyos ideales cual pólvora encendida en aquella lejana
zona de los Altos, inflama ya, como fruto de las intentonas nacidas allende de
la frontera, el espíritu de algunos ciudadanos que arriesgan vida, familia y
hacienda al contravenir las disposiciones contenidas en la proclama del
Sargento Mayor don Julio César de Garrido y Estrada, de fecha 1o. de mayo de
1869 y basadas en el decreto de 4 de febrero de 1867., 'En estas
circunstancias, sirven y guían a los que empéñanse en avasallar la institución
gubernamental de tendencia conservadora establecida en la república desde hace
más de veinte años (1848),
II.CAMPAMENTO
Desaparece la luna en la comba sin límite del cielo. Alborozo de gallos giros y mugir de vacas prietas, overas y barrosas en los patios de la aldea. Vida y movimiento principian aquella madrugada mientras los luceros se fugan con el alba. Azul, el humo del hogar, asciende en forma de volutas caprichosas confundidas en la niebla...
De una casa con guardias a la puerta, sale el Capitán Motta seguido por tres intérpretes de raza indígena. Dirígense al bosquecillo vecino a la iglesia instando con fuertes voces a los .indios a ponerse en pie y formar en línea. Estos, que duermen vestidos y cubiertos con "capishayes", incorpóranse perezosos recogiendo algunos petates y calándose los sombreros humedecidos y grasientos. Las órdenes del militar acompáñanse con la actitud de los sargentos que principian a ayudarles en la tarea .de extinguir los rescoldos de las fogatas mantenidas para moderar el frío de la altura.
Aquellos que apenas comprenden el español e ignoran lo que son las maniobras militares y menos la obediencia a las voces de mando, actúan sin mayor coordinación. Sin embargo, cuando los traductores advierten que la hora de comer ha llegado, acuden presurosos a tomar la ración de totoposte y de birringue , formando extraña multitud de seres descalzos, de ojos semioblicuos, pronunciados labios, magra presencia, pelo hirsuto y abundante, moreno-amarillenta la color que, con gritos entrecortados, guturales y medio salvajes manifiestan su alegría adelantándose unos a otros para tratar de, llegar primero al reparto.
III EL CORRAL
Al lado del cabildo. suaves rayos de sol alargan las sombras proyectadas por los postes de "mezquite" que forman un gran corral donde guárdanse ochenta equinos, mulares y otros mancarrones de toda laya y color.,
Relinchan los sementales percibiendo a la cansada yegua que desciende
las veredas arenosas de empinadas serranías, mientras eluden reatas, maneas y
lechuguillas que silban amenazantes en su intento de detenerles por el cuello.
Tiembla la tierra cuando el tropel de bestias muévese incesantemente en un solo
grupo: al arrancar en conjunta estampida y entre nubes de polvo; al doblar
repentinamente para esquivar con gallardía y precisión las sogas ahogadoras; o
al mancarse con inadvertidas coces lanzadas al azar...
El vapor que exhalan los ollares es doble niebla que
levántase del suelo opacando el brillo de los ojos, el sudor de los ijares y el
tornasolar de las crines de los cuellos y las colas. Los que lidian con
aquellos animales son hábiles arrieros contrabandistas que hacen mensualmente
el recorrido entre El Pino y la frontera, por la vieja, peligrosa y casi
desconocida senda que pasa por El Rancho, Tojeloj, Tuispec, Las Cajas y Los
Jazmines perdiéndose en las crestas de Tablón Viejo para ascender las serranías
de Puchilaj y llegar al paso de Los Limones conduciendo largas recuas de
mulares atados de cola y gamarrón y cargados del famoso comiteco. Secos y
enjutos, curtida la piel y luenga la barba, avezadísimos en las tareas del
"sabaneo y arrejunta" demuestran pronto su larga experiencia: a la
luz de aquel amanecer van "cayendo" una a una las mulas grullas,
mapanas y mosqueadas; los garañones alazanes, retintos, bayos y tordillos; por
último, los caballos caretos, estrellas, calzados, entrepelados, y unos más unalbos,
dosalbos o tresalbos .. .
Domeñados sus ímpetus, son sacados por la puerta principal
hacia los apeaderos de la pequeña plaza. Allí, en presencia de los Capitanes
Apolonio Cabrera y José María González proceden los mozos a ensillarlos. Los
militares revisan cada una de las cabezadas, frontales, ahogadoras y frenos;
las barbadas, cerretas y bridas; cinchas, barrigueras y tenedoras; mantillones,
sudaderos, acciones, pistoleras y fundas de todos aquellos jaeces,
especialmente los de un hermoso tordillo de buena alzada que, alejado de los
otros, tasca nerviosamente el freno atado a una basa de los pilares del
edificio municipal. Es el caballo para el jefe rebelde, Mariscal de Campo don
Serapio Cruz, cabecilla de la facción que ha pasado la frontera amalhayando la
victoria y como la suerte le ha sido adversa en varias ocasiones, ha tornado a
descabalgar cumbres, veredas, senderos, cerros, crestas y puentes que conducen
a Chiapas para soñar de nuevo con un triunfal regreso.
IV. ANTECEDENTES
La mañana del sábado 4 de diciembre de 1869, en la apenas enjalbegada
habitación de la alcaldía encuéntrase el obeso militar sentado ante rústica
mesa en compañía de su hijo Ramón, su primo hermano D. Vicente Méndez Cruz y el
Coronel Nemesio Polanco. En la puerta de entrada vigilan Ambrosio Xunux y
Antonio Velásquez, fieles servidores de sangre quiché mezclada con la de los
chujes del alto Cuchumatán. Ambos les han acompañado en todas las intentonas
llevadas a cabo por los sediciosos en él correr del año 1869: desde el robo en Nentón
donde se apropiaron de varios bultos de mercadería destinada a don Martín
Barrundia (6 ,de marzo); el ataque a la línea fronteriza por las vegas del río
Ixpil (18 del mismo mes); su posterior derrota en las cumbres de Chibul y su
huida hacia Xexamic (20 de mayo); siguiendo con la entrada que les llevó hasta
Chajul, Uspantán y Verapaz (5 de junio) detenida por el revés sufrido en el
lugar nominado Salquil, en jurisdicción de Santa María Nebah (29 de junio); un
asalto al pueblo de Nuestra Señora de la Encarnación de Aguacatán perpetrado
por J. Rufino Barrios (6 de agosto); a más del efectuado a la Villa de Chiantla
(9 de agosto) a la una y media de la madrugada donde dieron fuego e incendiaron
las casas de don Gabriel y don Saturnino Escobedo, tan solo por no plegarse a
sus propósitos, y rompieron los enseres del estanco de aguardiente; la nueva
incursión que terminó en Sacapulas (15 de septiembre) con el reencuentro
librado en el punto "San José" donde fueron vencidos (25 del mismo
mes); y por último, el asalto y asesinato del pontero del río Negro (13 de
noviembre) fugándose después por la ruta de Chaculá ...
El Superior Gobierno organizó desde un principio el número conveniente de
tropas controladas por el Brigadier don Narciso Pacheco Arzú, Corregidor de
Quezaltenango e Inspector de las Milicias de los Altos. Estas, tuvieron por
principales jefes al Brigadier don Gregorio Solares, los Coroneles Batlle,
Godoy y Castell; los Tenientes Coroneles José Domingo Morales, Agustín Cuevas,
Mariano Anguiano y Cipriano Peña; los Sargentos Mayores Cayetano Rascón y Julio
César de Garrido y Estrada, y un Capitán de apellido Blanco.
La acción conjunta y prolongada de estas fuerzas no fue satisfactoria al
gobierno. Así lo prueba la carta del licenciado don Manuel Echeverría y
Arrivillaga dirigida al Brigadier Pacheco Arzú, que dice:
"Guatemala, julio 17 de 1869.
Mui apreciado Señor mío:
He tenido el gusto de recibir su favorecida del 11 del corriente. Parece que lo
que ha pasado en el Malacate ha sido una verdadera torpeza, pues habiendo hecho
todo el mal posible, dejaron escapar a Barrios, cuya presa hubiera únicamente
justificado el paso. Por lo demás no se ha tenido aquí el menor detalle,
después de la primera noticia y se está esperando lo que el Coronel Batlle informe,
una vez que fué a la frontera con motivo de aquel suceso i sus consecuencias.
"En cuanto a la persecución de Cruz, confieso a Ud. que estoi bastante
desagradado, porque no veo plan ni fijeza, i por otra parte he llegado a
figurarme que el tal Cruz inspira un gran miedo, apesar de haberse palpado que
no tenía elementos en Chibul, ni puede tenerlos hoi como para combatir con
tropa regular. Como con usted no tengo reserva, voi a copiarle lo que le digo
hoy a don Julio (Julio César de Garrido y Estrada, Corregidor de Huehuetenango)
en la carta que incluyo a Usted para que la haga llegar donde esté dicho Señor.
"Siento sobre manera, le digo, las demoras para perseguir a Cruz, porque
ellas le proporcionan gran tiempo para reorganizar su facción i por la propaganda
de los indios. Fuerzas las hai suficientes para haber emprendido algo, porque
además de la Compañía del Capitán Calonge i de las dos baterías de montaña, se
ha dispuesto permanezca, hasta nueva orden, en Totonicapam, la compañía del
Capitán Blanco. Por lo demás noto con pena que hai vacilaciones i que se hace
mucho caso de las especies que se saben, aun cuando vengan de un origen poco
autorizado, como lo es la ladina de que Usted habla en su carta al Señor
Presidente. Creo que debe formarse un plan, no teniendo en cuenta otra cosa que
la posición en que esté colocado el enemigo i los elementos que tenga, i no
detenerse, pues el estar variando de pensamiento, como Usted reconocerá, es
fatal bajo muchos aspectos.
"Por más que se diga, yo no puedo conceder que Cruz tenga los medios
necesarios para habérselas con una columna de 150 a 200 hombres nuestros, pues
sí los hubiese tenido, habría comenzado por batir a Rivas, en vez de huir de
él. Recomiendo a Usted por lo tanto que no se pierda el tiempo i que se obre
con firmeza, sin recelos ni vacilaciones. Aguardar al Coronel Batlle que debe
estar ocupado en la frontera de Soconusco, i esperar de Quezaltenango Jefes que
no hai, i tropas que no se necesitan, me parece fuera de propósito. Anguiano,
según lo convenido con Usted debe estar en Sacapulas, i talvéz habrá
contramarchado por lo que últimamente le haya comunicado Usted. Ha¡ pues falta
de plan, de combinación i de fijeza en las disposiciones i así será imposible
obtener resultados satisfactorios.
"No hai que figurarse un gigante al que todavía es un pigmeo. Al Señor
Presidente lo veo tan desagradado que talvez se decide a ir en persona, lo cual
desearía yo se evitase, mediante a que si ustedes saben conducir las cosas, no
hai necesidad de dar un paso de tanta trascendencia".
"Todo esto digo a don Julio i espero que Usted Señor don Narciso por su
parte insinúe al señor Anguiano procurando con sus indicaciones que haya unidad
i mucha celeridad en las operaciones que se emprendan sobre Cruz.
"Por acá no hai novedad. Deseo que Usted no la tenga i tampoco la haya en
ese Departamento.
"Me repito de Usted afectísimo S. S. MANUEL ECHEVERRIA".
El Inspector de las Milicias de los Altos, Brigadier Pacheco Arzú,
respondió ocho días después:
"Quezaltenango, Julio 25 de 1869.
Muy apreciado Señor mío:
Tengo a la vista la favorecida de usted de 17 del corriente. I veo lo que se
sirve manifestarme. Agradezco a usted infinito la confianza con que me habla en
su citada apreciable. I quedo impuesto de lo que usted dijo al señor Garrido en
la que ha tenido la bondad de transcribirme.
"Ciertamente que es demasiado irreparable el modo como se ha manejado la
cosa en cuanto a la persecución que debió haberse hecho a Cruz, i la conducta
de los jefes y oficiales encargados de hacerla es poco honrosa para ellos
mismos. Cruz invadió y se internó en el territorio de la República desde el 4;
nada se hizo por el señor Corregidor de Huehuetenango, para perseguirlo pronto
i con toda actividad hasta estos últimos días. Semejante inacción es
fatalísima, i no encuentro razón que pueda justificarla. Si Cruz hubiera tenido
elementos i hubiera estado en capacidad de hacer frente a nuestras fuerzas, es
claro que al verificar la invasión, habría a todo trance batido a Rivas en
Nentón, siquiera para adquirir más elementos i hacerse de algún prestigio; no
lo verificó así i eso prueba su debilidad, cuando por el contrario Rivas le
persiguió, i Cruz huyó sin parar. Por consiguiente es un error lamentable el
que crean que la facción tenga fuerza y magnitud, para habérselas con los
nuestros; i pienso como usted, que 200 hombres bastaban para haberla destruido
desde el principio".
"Según las últimas noticias que he transmitido al Gobierno por medio de la
Mayoría General, Cruz pasó a la Verapaz, llegando a Cubulco, de donde ignoro a
la fecha la dirección que haya tomado. Anguiano i Zelaya iban tras él, i
Garrido aun mas atras por el rumbo de Hispantan: en consecuencia, pienso, que,
perseguido el enemigo con toda energía precisa en aquel Departamento, i si los
comandantes generales de Totonicapam, Sololá, i, Huehuetenango, combinando
acertadamente sus operaciones, le cubren i tapan todos los pasos por donde
pueda retroceder, poco costará exterminar la facción i aún cojer al cabecilla,
para poner término al mal".
"Se asegura que lleva 300 hombres, todos armados; pero si bien creo en el
número de gente i aun mucho mas, no sucede lo mismo respecto de armas; porque
no es posible bajo ningun concepto que haya logrado adquirir 300 armas, aún
cuando fuesen solo escopetas. Todas estas noticias, exageradas á mi juicio,
entiendo que provienen del mismo Cruz, que las hace circular, para intimidar a
sus p El suceso del "MALACATE", me ha
preocupado bastante, porque lo he jusgado de igual manera que Usted, i mas habiendo
dejado escapar a Rufino, con cuya captura se habría justificado la
acción".
"La carta para el Señor Garrido, que Usted dice incluirme para que yo se
la remitiese, no llegó a mi poder para habérsela dirigido a cualquier punto
donde estuviese".
"En este Departamento no ha ocurrido ninguna novedad; todo continúa
tranquilo.
"Afectísimo Servidor Q. B. S. M.
NARCISO PACHECO".
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