sábado, 17 de septiembre de 2016

"TU ESTARÁS CONMIGO"-A ORILLAS DEL RIO KWAI Por Ernest Gordon

 TU ESTARÁS CONMIGO"-
A ORILLAS DEL RIO KWAI 

Por Ernest Gordon
Un día un sargento australiano a quien yo no había visto antes, vino a verme. Nos sentamos en cuclillas frente a mi choza, y hablamos de varias cosas. Se veía que tenía algo que decirme pero le llevó algún tiempo para decidirse a hablar.
Finalmente dijo:
— Mis compañeros y yo hemos estado charlando acerca de algunas cosas. Nos pusimos a pensar si, después de todo, no habrá algo que no habíamos entendido correctamente hasta ahora en esta cuestión del cristianismo.
— ¿Cómo sucedió esto? — le pregunté. El sargento arrugó la frente.
— Estamos hartos de todo lo que vemos a nuestro alrededor — continuó —. Hombres que le patean los dientes al caído, que se roban mutuamente y que roban a los muertos, que se arrastran como ratas hasta las cocinas de los japoneses para recoger restos de los baldes de desperdicios ... — No, no puede ser así, — le temblaba la voz por la emoción —, por cualquier lado que se lo mire. , . Está todo muy podrido, podrido. . . — haciendo un esfuerzo volvió a cobrar dominio de sí.
—Sí, señor. Mis compañeros y yo lo hemos meditado bastante. Todos hemos podido conocer el lado peor de la vida ¿no es así? y pensamos que debe de haber algo mejor en alguna parte. De modo que queremos intentar una vez más con el cristianismo. . . descubrir si es de valor, o no.
¿Y qué pasa si descubren que no lo es?
El sargento se rascó el mentón pensativamente.
— Entonces sabremos que no sirve. Eso puede ser importante también.
— ¿Y qué tiene esto que ver conmigo? —pregunté.
El sargento me miró fijamente.
—    Mis compañeros, ... ellos ... bueno, me pidieron que le preguntara si usted estaría dispuesto a encontrarse con ellos, y ... bueno, dirigir las charlas.
— Pero ¿por qué yo? Seguramente hay otros que podrían hacer esa tarea mejor.
—    Ellos piensan que usted es la persona adecuada — contestó con calmosa tozudez —. En primer lugar porque saben que usted es un hombre de lucha, un soldado. Por otra parte han oído que usted asistió a la universidad, de modo que debe de saber algo del cristianismo.
Quedé pasmado con el pedido. Quise rehusar la propuesta de inmediato. Pero cuanto más hablábamos, tanto más me sentía atraído por este hombre. Nos podíamos comunicar sin ningún esfuerzo. ¿Sería tal vez porque había pasado por una experiencia similar a la mía?
Para ganar tiempo mientras tomaba una decisión, le pregunté acerca de su vida. Me dijo que había pasado la niñez en las minas de cobre de Nueva Gales del Sur, en donde creció acostumbrado al rigor y al peligro. No había tenido una educación formal, pero tenía, por naturaleza, inteligencia y fuerza de espíritu.
No le había dado la respuesta todavía cuando mencionó de paso que debido a su experiencia en atletismo, estaba organizando un equipo para devolverle vida a las piernas de los paralíticos. Ya que él se entregaba a los demás ¿tenía yo derecho a rehusar su pedido? Más aun, el interés de sus compañeros debía de ser genuino porque de lo contrario no lo habrían enviado a verme.
—    Y si acepto — le dije, tratando de dilatar la cosa — ¿crees que podré ser de alguna ayuda? — Por supuesto, no me cabe la menor dud- repuso enseguida —, pero debo aclararle algo. Los muchachos no van a aguantar una clasecita de Escuela Dominical. Quieren la cosa en serio.
— Está bien — le dije sonriendo —. Trataré de darles "la cosa en serio". Pero, entiéndame bien, no puedo asegurar que lo que yo diga llegue a tener significado para ellos.
— ¡Gracias! Se levantó del suelo, y me extendió la mano.
—    ¿Dónde nos reuniremos? — le pregunté. Pensó un momento.
—    ¿Conoce ese lugar pasando el hospital, donde crecen muchas cañas?
— Creo que sí.
— Un poco más arriba de las letrinas. Creo que allí estaremos tranquilos.
— ¿No es ese el lugar junto a la Casa de la Muerte?
— Sí, ¿por qué?
Me reí.
—    Es todo parte de mi pasado. ¿Cuándo nos encontramos?
— ¿Es muy pronto mañana por la noche?
—    En absoluto. Estaré allí.
Me dio las buenas noches y se fue.
 Hice un inventario de mis posibilidades. Una cosa sabía con certeza: En una situación tan real como un campo de concentración, no era cuestión de discutir conceptos filosóficos abstractos. Y, sin embargo, tenía muy poco en mi experiencia anterior a la guerra que prometiera ser significativo.
Había pasado por los típicos entusiasmos idealistas de la juventud. David Livingstone había sido uno de mis héroes de la niñez. La vida y la obra de Albert Schweitzer habían sido una inspiración para mí. En algún momento pensé en ser un misionero en algún país lejano pero gradualmente le fui dando la espalda a esa meta, y al mismo tiempo, la espalda al cristianismo. Sus doctrinas prácticas parecían irrelevantes y para el "otro mundo" en comparación con las de mis amigos"- racionalistas.
Las dos manifestaciones de doctrina cristiana con las que estaba familiarizado no me impresionaban en absoluto. La primera de ellas mantenía que la Biblia había sido inspirada literalmente, había sido dictada palabra por palabra y entregada al hombre en bandeja de plata. La vida cristiana estaba organizada como una vida de obediencia a una serie de leyes arbitrarias que me parecían negativas, restrictivas y frustrantes. Requerían que uno renunciara al mundo y sus pecados, pasara largo tiempo en interminables oraciones verbales, se dedicara a estudiar la Biblia de una forma muy literal, y considerara cada desastre como una consecuencia del pecado. El énfasis teológico principal se centraba en la muerte de Jesucristo como un sacrificio hecho para aplacar a un Dios iracundo.
Lo que yo encontraba particularmente difícil de aceptar era la actitud de tales cristianos hacia aquellos que estaban fuera de su grupo sectario. Con la vehemencia de quienes se sientan básicamente inseguros se veían a sí mismos como los ungidos de Dios, y por lo tanto criticaban a todos los demás.
Tal como yo veía las cosas, se las arreglaban para quitarle las burbujas a la champaña de la vida, dejándola chata, insípida y sin gusto. A mí me gustaba el mundo y la vida. Me gustaba la buena compañía y la diversión. Cualquier credo que exigiera no ir al teatro, no tomar, no fumar, y no besar a las chicas me parecía, no sólo monótono y aburrido, sino una manera increíblemente fácil de llegar al cielo. Prefería infinitamente un infierno duro a esta gris morada sin sol de los fieles, en donde cada uno estaba enojado con todos los demás.
La otra doctrina parecía sostener que el cristianismo era solamente para la gente decente, criada en casas hermosas, educada en buenas escuelas, en las que habían aprendido a hacer todas las cosas bonitas que se deben hacer. El cielo, para este grupo de personas, era una especie de continua merienda, con bocadillos y té servido en tazas de loza china. Era todo eminentemente respetable, pero bastante duro para los pececitos que estaban fuera del balde.
Nada de esto me atraía. La política o el servicio social — algo de este tipo — me ofrecían una forma más realista de ayudar a resolver los problemas de la humanidad. Y también estaba la ciencia. El rápido progreso que se hacía en ese campo indicaba que el hombre podía cuidar de sí mismo y resolver sus propios dilemas sin ayuda del poder divino, no importa cuán benigno fuera éste.
Muchos "mundos felices` se construían en aquellos días, y el mío era uno de ellos. No teníamos idea de cuán pronto se desmoronarían.
A medida que hacía mi evaluación decidí que prácticamente mi única ventaja era poder empezar a partir de cero. Después de eso lo más obvio era tratar de descubrir lo más posible acerca de jesús.
Una vez, cuando era estudiante, fui a una conferencia donde se anunciaba la primera de una serie de charlas acerca de la persona y las enseñanzas de Jesús. La serie comenzó con el libro de Levítico en el Antiguo Testamento. No me resultaba claro cómo alguien podía aprender gran cosa sobre Jesús en la variedad de sacrificios que allí s( detallaban en abundancia, de modo que no volví a asistir a las otras conferencias. Debido a experíencias de este tipo yo había llegado a la conclusión de que Jesús era un personaje de cuentos de hadas adecuado para niños tal vez, pero no para adultos.
El lugar lógico para comenzar ahora, reflexioné era el Nuevo Testamento, el único registro de si: vida y de sus enseñanzas que teníamos a nuestrc alcance.
Yo tenía una Biblia. Era una ya bastante usada que me había regalado un suboficial que quería aliviar su mochila antes de emprender la marcha hacia el interior del país. Estaba gastada, rota, y remendada, y tenía la tapa forrada con el hule de  una capa. No tenía referencias, ni explicaciones ni anotaciones.
Esa Biblia era todo lo que tenía para usar de base cuando enfrenté el grupo la noche siguiente en el bosquecillo de bambú. Con no poca alarma descubrí que había un grupo grande esperando.
Estaban allí sentados, esperando en respetuoso silencio. Pero sus rostros tenían un aire de advertencia que decía a las claras: "Te toleraremos, compañero, siempre y cuando no te pongas a dr] una perorata."
Comencé por describir mi propio incierto estado de gracia, hablándoles con toda franqueza de mis dudas y conflictos. Cuando les pregunté de frente si estaban dispuestos a acompañarme y enfrentar las cuestiones básicas de la existencia humana, dijeron que sí.
Al principio me abrí camino cautelosamente. Les conté algo de lo que había aprendido en la escuela acerca de la cultura griega y romana, del politeísmo y del mitraísmo, de la vida y las costumbres del Antiguo Testamento. No me llevó mucho tiempo recorrer la totalidad de mi superficial erudición. Se hizo un silencio, un silencio incómodo. En mi desesperación pedí que me hicieran preguntas.
Era riesgoso de hacer. Podrían haberme liquidado arrinconándome o forzando una competencia verbal en la que yo resultaría el perdedor. Pero no habían venido por esa razón. Querían hallar el significado de la vida, si es que ese significado existía y podía encontrarse.
Eran muy bondadosos estos muchachos. Cuando comenzaron a hablar acerca de sus interrogantes íntimos, lo hicieron libremente. Expresaron con franqueza sus puntos de vista acerca de la vida en este mundo, su sentido, y de la vida en la eternidad. Estaban buscando una verdad que pudieran percibir tanto con su corazón como con su mente. Cuando la reunión terminó supe que podría seguir adelante.
En los encuentros sucesivos fue creciendo el número. Había caras nuevas, más y más pares de ojos mirando interrogantes a los míos. Les fui exponiendo el Nuevo Testamento en el propio lenguaje de ellos, manteniéndome apenas una lección más adelante que ellos.
Por medio de nuestras lecturas y discusiones, llegamos a conocer a Jesús. El era uno de los nuestros. Entendería nuestros problemas porque era el tipo de problemas que El mismo había enfrentado. Lo mismo que nosotros, a menudo no tuvo donde reclinar su cabeza, ni alimento para su estómago, ni amigos en posiciones encumbradas.
El también sabía lo que era estar muerto de cansancio por exceso de trabajo, conocía el sufri-miento, el rechazo, y las desilusiones que son parte de la trama de la vida. Sin embargo no fue un aguafiestas.
A medida que leíamos y conversábamos, fue cobrando vida. Lo empezamos a ver en la plena dignidad de su hombría. Era un hombre a quien podíamos comprender y admirar; el tipo de amigo que nos hubiera gustado tener a nuestro lado, cuidándonos las espaldas; un líder al que podíamos seguir.
Nos fascinaba su humanidad. Aquí había un trabajador, y sin embargo alguien perfectamente libre, que no se había dejado esclavizar por la sociedad, ni por la economía, la ley, la política o la religión. Fuerzas demoníacas existían entonces como ahora. Habían intentado destruirlo, pero no habían podido tener éxito.
Es verdad, lo habían clavado a una cruz y atormentado con sufrimientos; pero no se había quebrado. El peso de la ley y de los prejuicios cayó sobre él, pero no pudo aplastarlo. Había permanecido libre y vivo, como lo había demostrado la resurreción. Lo que El era, lo que hizo, lo que dijo, todo tenía significado para nosotros. Comprendimos que el amor expresado de forma tan suprema por Jesús era el amor de Dios, el mismo amor que estábamos experimentando nosotros, amor que es apasionada bondad, amor que se centra en los demás en lugar de centrarse en sí mismo, amor más grande que todas las leyes humanas. Era el amor que había inspirado a San Pablo, una vez que experimentó su poder, a escribir:
"El amor es sufrido, es benigno."
Las doctrinas que fuimos extrayendo tenían sentido para nosotros. Nos aproximamos a Dios por medio de Jesús, el carpintero de Nazareth, la palabra encarnada. Una aproximación así la veíamos lógica, pues era la forma en que El había venido hasta nosotros. Se hizo carne, anduvo en medio de los hombres, y se manifestó por sus acciones, como alguien lleno de gracia y de verdad.
Fuimos llegando a nuestra comprensión de los caminos de Dios no uno por uno, sino juntos. En la confraternidad de la libertad y del amor, encontramos la verdad, y con la verdad, un maravilloso sentido de unidad, de armonía y de paz.
Mientras llevábamos a cabo cada noche nuestro encuentro en el bosquecillo de bambú, me uní, tan pronto como pude hacerlo, al equipo de masajes del sargento australiano. A cada uno se nos asignó cuatro o cinco pacientes que cuidar, dispersos en distintas barracas del campamento. Visitábamos diariamente a las personas que teníamos a nuestro cargo. Mientras les dábamos masajes escuchábamos sus penas y sus infortunios. Cuando se presentaba la oportunidad les hablábamos, intentando darles confianza, y estimulándoles la voluntad de vivir.
Casi todos nuestros pacientes eran jóvenes. Algunos de ellos estaban moribundos. Entonces tenía razones para agradecer las verdades eternas que habíamos encontrado durante nuestras reuniones en el bosque de bambú. Casi diariamente me hacían preguntas para las cuales la Razón no tenía respuestas. Casi diariamente me veía frente a frente con los grandes problemas de la existencia humana.
Estos interrogantes tomaban muchas formas. Pero casi todos ellos eran simplemente formas de ocultar la gran pregunta: ¿Cómo puedo enfrentar la muerte? ¿Es posible superar la muerte?


jueves, 8 de septiembre de 2016

CUCHECOS Y JICAQUES-PALABRAS DE ANTAÑO-HUEHUETENANGO




Mas de alguna vez escuché decir a mi abuela materna  Luisa Palacios Samayoa  las siguientes palabras:
Entrañudos :  cuando de niños  entre hermanos o primos nos peleabamos en los juegos ..
Cuchecos:    Por traviesos
"Juicio,Juicio" :  Para que las discuciones infantiles no pasasen a más
Mi tio abuelo materno Augusto Palacios Samayoa decía a veces 
 jicaque:  a una persona intolerable
Maria Luisa , Alberto, Sofia, Sabina, Rosa y Augusto Palacios Samayoa fueron hijos de Francisco Palacios Samayoa y de Coronada Samayoa López
Francisco Palacios Samayoa fue hijo de  Matias Palacios Zosa y de Julia Samayoa Morales
Matias Palacios Zosa fue hijo de Guadalupe Palacios  López y de Michaela Zosa Gutierrez
Guadalupe Palacios Lopez fue hijo de Ramón Palacios y de Maria Mathias López y de los Rios. Ramón Palacios y 2 hermanos suyos, los 3 con tierras propias y ganado según censo colonial ,  fueron los primeros iniciadores del apellido Palacios en la entonces Villa de Gueguetenango.De aquí se propagaría el apellido Palacios muchos años después a algunos municipios de Huehuetenango y de partes del Quiché.  María Mathias Lopez y de los Rios (0campo) pertenecía a famila criolla española asentada en la Villa de Gueguetenango.
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  Francisco Palacios Samayoa. (Mi Bisabuelo)
   Nació el 7 de Octubre de 1885. Hijo de Matías Palacios Sosa y de Julia Samayoa. Tuvo muchos hermanos, de los cuales no recordamos sus nombres según nuestras investigaciones, mas dejaremos anotado el de Eugenio y Andrés Palacios. Sus abuelos paternos  se llamaban  Guadalupe Palacios y Bernabela  Sosa o Soza. (Así aparece escrito en un documento antiguo) Y habían nacido en la época en que los españoles aun dominaban estas tierras
MI BISABUELO MATERNO FRANCISCO PALACIOS SAMAYOA
    Mi bisabuelo Francisco provenía de una familia de criollos terratenientes medianos, de forma que había heredado  grandes terrenos cerca del camino real (antigua salida) que conducía a la ciudad capital. También poseía terrenos en  San Lorenzo, La Estancia (cerca del anterior), Ojechejel, Las vegas y cambote. Sin contar otras propiedades, y sin nombrar las herencias de sus hermanos, tíos y primos. De sus ancestros también heredo telares del tipo introducido por los españoles. Dedicándose a fabricar colchas y manteles de mesa, que luego se dedicaba a vender en los pueblos de Huehuetenango y en el lado mexicano. Esta actividad  fue tan   rentable para él y su familia, que cuentan  que organizaban grandes fiestas, igualmente  ellos iban a la vanguardia de la compra de novedades, tales como los voluminosos radios de transistores en la época en que fueron inventados, y de otras cosas.
   La familia de mi bisabuelo criaba  ganado, de donde  ellos tomaban una yunta de bueyes para el arado de reja, y así cultivar sus terrenos.
   Los  hijos  e hijas de don Francisco  Palacios fueron: Luisa, Sofía, Sabina, Rosa, Augusto; todos fallecidos; y Alberto que aún vive.
   Varias anécdotas se contaban de don Francisco. Una que contaba a  todos los vecinos que él había heredado de sus ancestros una estatuilla que representaba a la reina Isabel de España. Esto motivo a los ladrones para asaltarlo en busca de la famosa estatua.  Contaban  también que había enterrado ­__en un lugar que solo él sabía__ un tesoro de monedas de plata del tipo colonial.
   De don Guadalupe Palacios, y de sus hijos, especialmente don Matías, descienden muchos huehuetecos que llevan el apellido Palacios. Los varones de esta familia gustaban de vestirse muy elegantes. Con trajes elaborados con casimires importados.
    Mi bisabuela Coronada Samayoa López tuvo por hermanos a: Eugenio. Catalina, Otilia, Margarita. Valentina, Clemencia, Matea, Marcelino (tío gato). Los hermanos Samayoa Palacios eran de físico rubio y ojos verdes.  Doña coronada  era prima de los hermanos Felisa y Marcelo Hernández López;  siendo  nietos de don José María López Herrera y de doña Norberta Castillo Rubio. El apellido Rubio de esta familia provenían de una familia criolla que poseían  tierras en Momostenango.
Expresiones peculiares  de la Familia Palacios Samayoa.
 Luisa de Jesús Palacios  usaba la palabra “Soponcio” (fam. Desmayo. Diccionario de la lengua española. Se emplea todavía en  Caracas, Venezuela)
 Augusto Palacios nombraba. “Tudesco”, “Cárcola”, “Lanzadera”, “Urdimbre”, “Canilla”, “Jicaque”.
Explicaremos estas palabras a continuación.
Tudesco. Nombre que daban los castellanos a los alemanes en época del Emperador Carlos V.     Cárcola. Pedal de los telares.     Lanzadera. f. Instrumento en forma de barquichuelo, con una canilla dentro, que usan los tejedores para tramar.    Urdimbre.  Conjunto de hilos que se colocan en el telar paralelamente unos a otros para formar una tela.     Canilla. Carrete metálico en que se devana la seda o el hilo, y que  va dentro de la lanzadera en las maquinas de tejer o coser.     Diccionario de la lengua española.     Jicaque.   Tribu indígena con gran resistencia al dominio español.
 

miércoles, 20 de julio de 2016

“SULFATO EL AVIÓN EN LA HISTORIA DE GUATEMALA" Por Luisa Rivera

jueves, 29 de septiembre de 2016

CARIDAD HERNANDEZ Y SAMUEL JOSE LUIS RIVERA--HUEHUETENANGO

EDELMIRA CARIDAD HERNANDEZ MENDEZ
(Huehuetenango) 
1923
    y
     SAMUEL JOSE LUIS RIVERA GARCÍA
(San Raymundo Guatemala) 
1918
 EDELMIRA CARIDAD HERNANDEZ MENDEZ
(Huehuetenango) 
1923
"Edelmira Caridad Hernández h.l. lad
En Huehuetenango a 23 de Julio de mil novecientos veintitres...comaprerció Don Marcelo Hernández y dijo que el 15 del presente nació Edelmira Caridad, hija legitima del exponente y María Antonia Méndez, ladinos de ésta Ciudad..."
 "Samuel Santiago Luis h.l. ladino
En San Raymundo a veintiseis de Agosto de mil novecientos dieciocho...compareció don José Pelaez...dijo:que el veinte del corriente nació un niño que se llamará Samuel José Luis, hijo legitimo de Luis Rivera y Josefina García, ladino,..en Carrizal de esta jurisdicción..."

 “SULFATO EL AVIÓN EN LA HISTORIA DE GUATEMALA"
Introducción
Podemos tomar esta narración como un cuento más de los abuelos, solamente que en esta ocasión más que eso, es una historia verídica que mi abuelita María Luisa Rivera Hernandez, muy entusiasmada y gustosa me contó una de estas tardes que nos visitó en casa, la tituló “Cuando el Sulfato vuela es porque noticias trae” me dice que trata sobre la época conocida como la Contra Revolución de 1954 en Guatemala. Este hecho sucedió cuando ella era niña, y recién llegada con sus padres y hermanitos provenientes de la ciudad de Huehuetenango hacia la ciudad capital de Guatemala. Mientras se ubicaban en una casa propia, fueron a vivir a la casa de sus abuelos paternos, lugar donde también vivían sus tíos, hermanos de su padre y primos. Fue en esta casa, donde se desarrollan las escenas de esta historia. 
Desarrollo.
Transcurría el año 1,954, época en la que yo contaba con cuatro años de edad, siendo la segunda de cinco hermanos. Mi hermana mayor a quien le llamábamos cariñosamente Canchita, otra menor que yo, Telmita, y dos hermanos José Luis y Edgar Fernando; más tarde nacieron otros hermanos.
Por voluntad de Dios, de mi padre José Luis Rivera y de mi madre Caridad Hernández de Rivera, y por mejoras salariales para ambos, nos trasladamos de Huehuetenango a la ciudad capital, llegando a vivir a la casa de mis abuelos paternos, José Luis Rey Rivera, y Josefina Rivera de García, donde también residían mi tío Paquito, mi tía Anita, y mi tío Miguel. 
Recuerdo que frente a esta casa situada en la avenida del ferrocarril, pasaba el tren sonando la bocina fuertemente, que si alguien estaba dormido, lo despertaba al escuchar que el tren se acercaba. A todos los primos nos gustaba salir a la puerta a verlo pasar y a decirles adiós a los pasajeros moviendo nuestras manitas y con una sonrisa en el rostro, pensando que algún día podríamos viajar en él. El tren era de color verde, y cada vez que pasaba la tierra temblaba.
Vivíamos felices porque éramos varios los primos aproximadamente unos veinte. Nuestros padres se llevaban bien y acostumbraban reunirse por las tardes a tocar guitarra y cantaban “Allá en el rancho grande” y otras melodías.
A determinada hora escuchaban noticias por la radio, pues en ese entonces no había televisores.
Un día de tantos, la alegría de la familia, se convirtió en preocupación cuando se escuchó volar sobre la casa a “Sulfato”, que así le llamaban al único avión de guerra, que tenía Guatemala, (Según dicen) el cual aparecía en los cielos cuando sucedía un golpe de Estado o algún acontecimiento inesperado y  alarmante de malas noticias. 
Por la radio informaron que el Presidente de esa época el General Jacobo Arbenz Guzmán había sido derrocado por un golpe de Estado dirigido por el gobierno de los Estados Unidos; y sustituido por el coronel Carlos Castillo Armas.
La radio transmitía y advertía al pueblo guatemalteco que no salieran de sus casas y que por la noche estaba prohibido encender las luces, para evitar ser bombardeados. Por este motivo tuvimos que dormir debajo de las camas casi en oscuridad apenas encendían candelas o una linterna con mucho cuidado.
Recuerdo el ruido de los aviones, de las bombas y de armas que se escuchaban muy cerca y nos producían mucho miedo, por lo que nos juntábamos para dormir y dormíamos con ropa. Nuestros padres no lograban dormir por estar pendientes de alguna novedad.
El ambiente se había tornado muy peligroso porque cerca de la casa se encontraba y aun permanece el Cuartel de Matamoros que era una guarnición de soldados, que rodeaban  la mayor parte de  toda la zona uno. 
Muchas personas tuvieron la oportunidad de salir huyendo para lugares seguros dejando abandonadas sus casas y pertenencias.
Nuestra familia dispuso que nos trasladáramos al municipio de San Raymundo, lugar de donde eran originarios mis abuelitos, Luis Rey Rivera García y Josefina Mancilla de Rivera;  contrataron con dificultad, debido a la situación operante, un camión en el cual viajamos todos.
Llegamos a San Raymundo y nos albergamos en una casa que pertenecía a una de mis tías. La casa tenía muchas habitaciones, no muy amuebladas, por permanecer la mayoría de veces desocupada, contaba con una pequeña cocina con poyo y leña. La casita esta rodeada por árboles frutales y no faltó quien cortara mangos verdes para comer con limón. 
En el lugar nos sentimos contentos, conocimos el mercado, compramos manías muy sabrosas. No podía faltar un campo de futbol a donde nos encaminamos con libertad, jugamos pelota, corrimos, gritamos y fue muy divertido.
A los pocos días hubo un alboroto en el lugar, los habitantes anunciaban temerosos que los indígenas del los alrededores se habían sublevado y venían con machetes y palos contra los ladinos, culpándolos de la derrota del gobierno. Por esta razón, la familia dispuso nuevamente contratar un camión, para el viaje de regreso a la capital. Recuerdo que ese día llovía tan copiosamente que tuvieron que cubrirlo con una carpa gruesa para evitar mojarnos pues la mayoría de los niños veníamos en la parte de atrás del camión con nuestros padres, nuestras madres fueron acomodadas en la cabina por traer a los niños pequeños. 
Al llegar a la capital entramos rápidamente a la casa, la encontramos con basura por todos lados y también había algunas pelotas tiradas en el patio que no pertenecían a la familia y quizá los soldados las tiraron o dejaron allí.
Ocurrieron algunas otras anécdotas a consecuencia de la situación, como esta: Una mañana mi mamá me encontró hablando con un soldado que estaba parado frente a la puerta de la casa, yo le decía que me regalara cascabillos de los que estaban tirados en toda la calle, mi mamá se enojó y por supuesto me regañó y me prohibió abrir la puerta.
Esta revolución terminó con las elecciones del nuevo presidente, Carlos Castillo Armas y con el derrocamiento y exilio del general Jacobo Arbenz Guzmán. 
Esta vivencia de una guerra, me permitió la oportunidad de vivir algo histórico e importante; dejó recuerdos también en mis hermanos de algo especial en nuestra infancia, que hoy como adultos las hemos conversado cuando tenemos oportunidad de reunirnos. Pensamos que después de la tranquilidad que siempre hubo en Huehuetenango tuvimos que pasar por esta experiencia que nunca imaginamos al ir a vivir a la capital. 
Gracias a Dios que hoy puedo compartir con mis hijos y nietos esta parte de mi vida y mostrarles como evidencia algunas fotos de la casa donde te cuento que sucedieron estas confrontaciones por la guerra. Y otra donde aparecen algunos de mis primos con quienes participamos en esta historia.
El mensaje que deseo dar a las generaciones jóvenes es: que lo que se obtiene con violencia, _refiriéndome a lo que provocó esta revolución_, solo dejó en los guatemaltecos tristeza, mal ejemplo y muerte, puesto que se vieron forzados, por el temor a morir, a aceptar la decisión extranjera; ya que fueron amedrentados y amenazados, al ver que en las calles del centro de la ciudad aparecieron rótulos que decían: Los que apoyen a Carlos Castillo Armas, vivirán, y los que apoyen a Jacobo Arbenz Guzmán morirán
Carlos castillo Armas murió asesinado a los tres años de su gobierno en la Casa Presidencial desconociéndose hasta hoy, quien fue el responsable de su muerte. En cuanto a Jacobo Arbenz murió en el exilio después de ser difamado y la peor humillación fue haberlo sacado en calzoncillo, para llevarlo al aeropuerto. Esto afectó tanto a su familia que una hija suya se quitó la vida.
La historia ha juzgado las acciones de ambos ex presidentes de Guatemala y de la actitud de partidos políticos que buscan sus propios intereses. Pienso que si hubieran permitido a Jacobo Arbenz terminar su mandato, muchas mejoras hubieran beneficiado a sus habitantes y en especial a los campesinos entre ellas el Proyecto de la Reforma Agraria que Arbenz pretendía establecer.
Espero que al conocer parte de esta historia, te formes una opinión sobre hechos que no se deben volver a repetir en nuestra amada Patria Guatemala y nos ser víctimas de gobiernos corruptos. Culpables de la muerte de personas civiles y militares inocentes, de mujeres violadas y niños que se quedaron sin padres. Un guatemalteco amante de su patria no le hace falta lágrimas al ver a Guatemala siendo devastada. Pero confiemos que Guatemala será una nación bendecida por Dios.
 

martes, 5 de julio de 2016

INSCRIPCIONES CHINAS Y HEBREAS - GRUTA EN COLOMBIA. - BOGOTA (UP)

JUDIOS EN AMERICA

Por PABLO SCHVARTZMAN 

Instituto

Amigos del Libro Argentino

Buenos Aires - 1963

UNA NOTICIA RECIENTE  .Mucho de lo que hasta aquí se ha dicho podrá parecer, fuera de algunas opiniones indiscutiblemente auto- rizadas, muy de acuerdo con la mentalidad de gentes de otras épocas y quizá explicables por el escaso desarrollo de las ciencias etnológicas y antropológicas de siglos pasados. Pero dejando aparte viejas leyendas y tradiciones y el testimonio de relatos y documentos más o menos antiguos, se puede reproducir una noticia de nuestros días, en este caso un despacho telegráfico procedente de Bogotá, Colombia,

publicado por el diario "La Prensa" de Buenos Aires en su edición del lunes 30 de Mayo de 1960. Dice así: FUERON HALLADAS INSCRIPCIONES CHINAS Y HEBREAS EN UNA GRUTA EN COLOMBIA. Por GERMAN ESPINOSA BOGOTA (UP) El hallazgo de inscripciones chinas y hebreas en una gruta de la sierra de La Macarena, situada al sudeste de la capital colombiana, ha hecho pensar a eminentes antropólogos del país, no sólo que esas civilizaciones pudieron explorar América siglos antes de que su territorio fuera pisado por Cristóbal Colón o los vikingos del norte de Europa, sino que las famosas minas del rey Salomón estuvieron situadas en algún lugar de la Amazonia.

Una comisión del instituto Colombiano de Antropología, que realizó recientes investigaciones en La Macarena, hizo la sensacional revelación. La Macarena ha sido clasificada por geólogos, botánicos y zoólogos del mundo entero como una región cuya fauna, flora y minerales pertenecen a ciclos diferentes al que actualmente atraviesa el planeta. Esa región sin embargo, no ha sido explorada del todo hasta nuestros días. 

  CARACTERISTICAS DEL NOTABLE DESCUBRIMIENTO

El hallazgo consistió exactamente en una serie de caracteres chinos, entre ellos el signo "tien" que significa "paraíso", y otra de letras hebreas, que conforman entre todas la palabra "violencia". Según el informe de la Comisión, en el techo y paredes de la gruta hay también profusión de figuras "antropomorfas, zoomorfas y símbolos", unas de color rojo, otras amarillas y algunas negras, hechas al parecer con brea. En los pisos, ocultos por amplias grie-

tas, se hallan fragmentos de cerámica "con decoración en relieve", fabricadas con resinas.

La posibilidad de que los indígenas americanos tuvieran un antepasado blanco había sido descartada inicialmente por los antropólogos. Lo que no significa que hombres de ciencia, como los europeos Thor Heyerdahl y Jean Poirier, hayan dejado de insistir sobre ella.

Algunos cronistas señalan curiosamente, como probable indicio de un origen hebreo de esos indígenas, el hecho de que ciertas tribus amazónicas del Brasil y Colombia practiquen la circuncisión, rito eminentemente judío. Otros habían hecho notar la afinidad de algunas lenguas primitivas americanas con el lenguaje hebraico.

Para esos cronistas, la tesis más aceptable sería la de que los fenicios, cuyo activo comercio los condujo a las más apartadas regiones del globo, llegaron a estas tierras muchos años antes de la era cristiana y legaron en parte a los nativos su idioma y sus costumbres. Los fenicios eran de raza hebrea.

LAS ESCRITURAS SERIAN DEL SIGLO II

ANTES DE CRISTO

A propósito de esto, se han traído a colación testimonios escritos de notables de la antigüedad, como Aristóteles, Esdras y Montanus, según los cuales los fenicios "navegaron al occidente hasta encontrar nuevas tierras". El célebre Humboldt sostuvo en 1802 que "las tradiciones de los hebreos se encuentran en los pueblos de América". De todos ellos, el más curioso es el de Onfroy de Thoron, quien en un libro titulado "Viajes de las flotas de Salomón a América", emplea inusitada erudición para demostrar que el País de Ophir estuvo localizado en el Alto Amazonas, concretamente en el río Caquetá o Japurá, no lejos de la sierra de La Macarena. En Ophir, según la leyenda, tenía Salomón sus famosas minas.

De acuerdo con las características especiales de los signos hallados en la sierra, los expertos del instituto antropológico han calculado que ellos pueden haber sido escritos entre los años 183, antes de Cristo, y 200 de la era cristiana.

Tanto esos signos como las figuras y las cerámicas halladas en la gruta, serán objeto de un minucioso estudio por parte de especialistas en los diferentes ramos. Su fallo pudiera perfectamente arrojar luz sobre el enigma del hombre americano acerca de cuya procedencia se han edificado tantas teorías".

EPILOGO

Más fuerte que el anhelo de cultura histórica, el celo religioso de algunos de los clérigos que acompañaban a los conquistadores envió a la hoguera importantes documentos indígenas, códices antiquísimos, remotas tradiciones escritas, que de haber sido posible estudiar debida-

mente en la época actual habrían podido indudablemente arrojar mucha luz sobre aspectos apenas entrevistos de la "historia prehistórica" de los pueblos americanos.

"Bien es verdad que en esa lucha, primero aguda y después sorda, entre vencedores y vencidos — dice el Dr. Eduardo Alfonso — se agotaron todos los recursos que es capaz de inspirar el espíritu de hostilidad."

El padre Landa, gran historiador y Obispo de Yucatán, nos dice refiriéndose a los Códices Mayas: "Hallárnosles de libros de estas sus letras; y porque no tenían cosa en que no hubiese superstición y falsedades del demonio, se ios quemamos todos, lo cual a maravilla sentían y les daba pena".

¿Qué concepto tendría el padre Landa — nos preguntamos con el Dr. Alfonso — sobre teoría del conocimiento? " Se ha visto por los códices que han sobrevivido a los autos de fe del clero español — y éstas son también palabras del Dr. Eduardo Alfonso — que los mayas sabían

más de astronomía que los europeos de su tiempo, y que en finuras mitológicas no tenían nada que envidiar a las religiones más perfectas del Viejo Continente".

Podríamos muy bien trazar un paralelo entre estas dos situaciones similares: la presencia de israelitas en la América colonial y su activa participación en todos los órdenes de la vida, incluso en las luchas por la independencia de las actuales repúblicas, y la presencia judía en

la América prehispánica. Como en el caso de la posible presencia hebrea en la América precolombiana, al terminar la Inquisición en el Nuevo Mundo su nefasta obra, sólo vestigios quedaban de los criptojudíos. Perseguidos, torturados, diezmados con feroz ensañamiento, se fue operando el alejamiento inevitable de las fuentes judías y terminaron por ser absor-

bidos por la población general.

Algunos siguen todavía practicando ritos originariamente judíos: encienden velas los viernes, conservan en su poder "taletim" ( 18 ), candelabros, libros y objetos religiosos judíos, en algunos casos practican incluso la cir-cuncisión, pero la gran mayoría prefiere ocultar o ignorar

su alcurnia hebrea.

18 "Taled", "talet" o "talit", "taletim" en plural, es el manto de oraciones que usan los judíos en los servicios religiosos.

Su cantidad testimonia la existencia pasada de muchos millares de hebreos, especialmente españoles y portugueses, que a la par de sus connacionales no judíos y "contra todos los vientos" — como dice Pablo Link ( 19 ) — echaron los cimientos de las repúblicas americanas.

Quizá en un futuro no lejano, por el descubrimiento de nuevos documentos ocultos o desconocidos hasta el presente, por el encuentro de nuevas claves para la interpretación de antiguos jeroglíficos, por el estudio de regiones todavía inexploradas — de la que hay tantas aún y tan tremendamente extensas en el continente americano — pueda tenerse no sólo la presunción sino la absoluta certeza de esa presencia judía en la América precolombina, cuyas

teorías atraen, envuelven y apasionan a los espíritus curiosos.