Después del 2024 , solo Dios sabrá que nos espera como pueblo cristiano en este mundo decadente...
12 AÑOS MAGNIFICOS DEL 2012 AL 2024
l SEÑOR JESUCRISTO es nuestro JUBILEO, REPOSO Y LIBERTAD
GOZATE
EN LOS 12 AÑOS Magníficos y regocíjate en el jubileo 2017-2018
JUBILEOS 50-70-120
EN LOS AÑOS 2017-2018 = 5777-5778
del calendario hebreo
10 Y santificaréis el año
cincuenta, y pregonaréis libertad 11 El año cincuenta os será
jubileo
![]() |
| Llavero en forma de moneda conmemorativa 2017-2018 |
En 1917, año de jubileo
Jerusalén fue arrebatada a los turcos
por el general Allenby, cristiano sincero.
En 1967, 50 años más tarde, es decir otro
jubileo, Jerusalem fue conquistada por el ejercito israelí y declarada capital eterna del Estado de
Israel.
Sumamos 50 años y
llegaremos al año 2017(calendario
gregoriano) donde la terminación 17 nos
lleva a recordar Génesis 8.4 donde el
arca reposó a los 17 días del
séptimo mes en los Montes de Ararat.
Proféticamente está anunciando que Cristo es nuestra Arca de reposo que nos
guarda de este mundo malvado. Si nos quedaba alguna duda al respecto,
examinemos en el calendario hebreo cual es el año correspondiente al año 2017 y veremos asombrados que corresponde
al año 5777.
EN EL 2017
Alcanzarás la categoria de Aguila guerrera, DE LEON ENHIESTO-ERGUIDO
Serás PROMOVIDO a CAPITÁN DE JUDA-ANTORCHA DE FUEGO- MISIL contra el enemigo
Un varón de vosotros perseguirá a mil; porque Jehová vuestro Dios es quien pelea por
vosotros, como él os dijo. JOSUE
Sagradas Escrituras 1569
Y cinco de vosotros perseguirán a cien, y cien de vosotros perseguirán a diez mil, y vuestros enemigos caerán a cuchillo delante de vosotros
Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces; diga el débil: Fuerte soy. JOEL
12:6 En aquel día pondré a los capitanes de Judá como brasero de fuego entre leña, y como antorcha ardiendo entre gavillas; ZACARIAS
el que entre ellos fuere débil, en aquel tiempo será como David;
La Biblia de las Américas
ése morará en las alturas, en la peña inexpugnable estará su refugio; se le dará su pan, y tendrá segura su agua.
King James Bible
He shall dwell on high: his place of defence shall be the munitions of rocks: bread shall be given him; his waters shall be sure.
La Biblia de las Américas
Tendréis cánticos como en la noche en que celebráis la fiesta, y alegría de corazón como cuando uno marcha al son de la flauta, para ir al monte del SEÑOR, a la Roca de Israel.
EN EL 2017
Alcanzarás la categoria de Aguila guerrera, DE LEON ENHIESTO-ERGUIDO
Serás PROMOVIDO a CAPITÁN DE JUDA-ANTORCHA DE FUEGO- MISIL contra el enemigo
Un varón de vosotros perseguirá a mil; porque Jehová vuestro Dios es quien pelea por
vosotros, como él os dijo. JOSUE
Sagradas Escrituras 1569
Y cinco de vosotros perseguirán a cien, y cien de vosotros perseguirán a diez mil, y vuestros enemigos caerán a cuchillo delante de vosotros
Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces; diga el débil: Fuerte soy. JOEL
12:6 En aquel día pondré a los capitanes de Judá como brasero de fuego entre leña, y como antorcha ardiendo entre gavillas; ZACARIAS
el que entre ellos fuere débil, en aquel tiempo será como David;
La Biblia de las Américas
ése morará en las alturas, en la peña inexpugnable estará su refugio; se le dará su pan, y tendrá segura su agua.
King James Bible
He shall dwell on high: his place of defence shall be the munitions of rocks: bread shall be given him; his waters shall be sure.
La Biblia de las Américas
Tendréis cánticos como en la noche en que celebráis la fiesta, y alegría de corazón como cuando uno marcha al son de la flauta, para ir al monte del SEÑOR, a la Roca de Israel.
Sagradas Escrituras 1569
Y aconteció que, cuando el arca del pacto del SEÑOR vino al campamento, todo Israel dio grita con tan gran júbilo, que la tierra tembló.
Sagradas Escrituras 1569
Conmigo del Líbano, oh esposa, conmigo vendrás del Líbano; mirarás desde la cumbre de Amana, desde la cumbre de Senir y de Hermón; desde las guaridas de los leones, desde los montes de los tigres.
King James Bible
Come with me from Lebanon, my spouse, with me from Lebanon: look from the top of Amana, from the top of Shenir and Hermon, from the lions' dens, from the mountains of the leopards.
Filipenses 1:28
de ninguna manera amedrentados por vuestros adversarios, lo cual es señal de perdición para ellos, pero de salvación para vosotros, y esto, de Dios.
Sagradas Escrituras 1569
Aunque se asiente campamento contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo en esto confío
Sagradas Escrituras 1569
Y los molí como polvo delante del viento; los esparcí como lodo de las calles.
King James Bible
Then did I beat them small as the dust before the wind: I did cast them out as the dirt in the streets.
“Dos veces, quiere decir que el asunto está determinado por Dios, y Dios lo hará pronto.”
Y aconteció que, cuando el arca del pacto del SEÑOR vino al campamento, todo Israel dio grita con tan gran júbilo, que la tierra tembló.
Sagradas Escrituras 1569
Conmigo del Líbano, oh esposa, conmigo vendrás del Líbano; mirarás desde la cumbre de Amana, desde la cumbre de Senir y de Hermón; desde las guaridas de los leones, desde los montes de los tigres.
King James Bible
Come with me from Lebanon, my spouse, with me from Lebanon: look from the top of Amana, from the top of Shenir and Hermon, from the lions' dens, from the mountains of the leopards.
Filipenses 1:28
de ninguna manera amedrentados por vuestros adversarios, lo cual es señal de perdición para ellos, pero de salvación para vosotros, y esto, de Dios.
Sagradas Escrituras 1569
Aunque se asiente campamento contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo en esto confío
Sagradas Escrituras 1569
Y los molí como polvo delante del viento; los esparcí como lodo de las calles.
King James Bible
Then did I beat them small as the dust before the wind: I did cast them out as the dirt in the streets.
“Dos veces, quiere decir que el asunto está determinado por Dios, y Dios lo hará pronto.”
Génesis.
41.32--para que en boca de dos o de
tres testigos conste toda palabra. Mateo 18.16
¿Por que 2017-2018?
Por el motivo de que
el año 2018 está muy unido al jubileo.
Israel fue declarado Estado independiente el 14 de Mayo de 1948
A
1948 le sumamos 70 años y el resultado es 2018
12 AÑOS
MAGNIFICOS DEL 2012 AL 2024
2012
2013
2014 ( Éxodo 12.6)
2015
2016 21 entonces yo os enviaré
mi bendición el sexto año, Levítico
25. 21
2017 -(Génesis 8.4) El año cincuenta os será jubileo Lev.
2018 22 Y
sembraréis el año octavo, y comeréis del fruto añejo; Levítico 25.
22
2019
19 y la
tierra dará su fruto, y comeréis hasta saciaros, y habitaréis en ella con
seguridad.
2020
2021
2022
2023
2024 (“4 Y
los veinticuatro ancianos “Apócalipsis19.4)
El año de reposo de la tierra y el año del jubileo
4 Pero el séptimo
año la tierra tendrá descanso,
8 Y
contarás siete semanas de años, siete veces siete años, de modo que los días de
las siete semanas de años vendrán a serte cuarenta y nueve años.
9 Entonces
harás tocar fuertemente la trompeta en el mes
séptimo a los diez días del mes; el día de la expiación haréis tocar la
trompeta por toda vuestra tierra.
10 Y santificaréis el año cincuenta, y
pregonaréis libertad en
la tierra a todos sus moradores; ese año
os será de jubileo, y volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual
volverá a su familia.
11 El año cincuenta os será jubileo;
no sembraréis, ni segaréis lo que naciere de suyo en la tierra, ni vendimiaréis
sus viñedos,
12 porque es jubileo; santo será a
vosotros; el producto de la tierra comeréis.
13 En este año de jubileo
volveréis cada uno a vuestra posesión.
AÑO
2017 = Jesucristo nuestra Arca es el
Reposo “4 Y reposó el arca en el mes séptimo, a los diecisiete días del mes, sobre
los montes de Ararat.”19 Así que, arrepentíos y
convertíos, para que sean
borrados vuestros pecados; para que
vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,..Hechos 3.19
sábado, 6 de agosto de 2016
MISTERIOSOS CAMINOS DEL SEÑOR- veces ocurren cosas que no se pueden explicar,
MISTERIOSOS CAMINOS DEL SEÑOR
A veces ocurren cosas que no se pueden explicar, pero tampoco negar. Lea estos relatos auténticos y saque sus propias conclusiones.
AQUELLA cálida
tarde veraniega, unos amigos nos habían invitado a mi esposa y a mí a
reunirnos para nadar. Estaba yo de pie en el trampolín, sintiéndome
libre como el viento, cuando se alzó una voz frenética sobre el
estrépito de la fiesta, " ¡El bebé! ", oí que gritaba una mujer. "¡Está en el fondo de la piscina!"
Nadie hacía nada. Todos se limitaban a mirarla. Cuando vi lo que me pareció una forma inmóvil bajo el agua, me sumergí ... y allí estaba un bebé. Lo saqué y lo puse junto a la alberca. Su piel estaba azulada, y no detecté respiración ni pulso. Empecé a aplicarle la resucitación cardiopulmonar. Recé: Dios mío, ayúdame a hacerlo bien.
Por fin, el pequeño tosió. Respiró una vez, y después otra. Sobreviviría. Llamaron una ambulancia, y mientras esperábamos pregunté a los demás:
—¿Por qué no hicieron caso a los gritos de auxilio de la mujer? Un amigo contestó:
—Ninguno entendió lo que decía.
—¿Qué quieres decir? Yo oí que gritaba para que ayudaran a su hijo.
—Pero ella es mexicana. Ninguno de nosotros sabe español.
—¿Español? Yo la oí gritar en inglés.
—Nosotros no. Solamente oímos español.
Hasta la fecha estoy desconcertado. Yo no entiendo una sola palabra de español.
—S. B., de Rock Island, Illinois
Nadie hacía nada. Todos se limitaban a mirarla. Cuando vi lo que me pareció una forma inmóvil bajo el agua, me sumergí ... y allí estaba un bebé. Lo saqué y lo puse junto a la alberca. Su piel estaba azulada, y no detecté respiración ni pulso. Empecé a aplicarle la resucitación cardiopulmonar. Recé: Dios mío, ayúdame a hacerlo bien.
Por fin, el pequeño tosió. Respiró una vez, y después otra. Sobreviviría. Llamaron una ambulancia, y mientras esperábamos pregunté a los demás:
—¿Por qué no hicieron caso a los gritos de auxilio de la mujer? Un amigo contestó:
—Ninguno entendió lo que decía.
—¿Qué quieres decir? Yo oí que gritaba para que ayudaran a su hijo.
—Pero ella es mexicana. Ninguno de nosotros sabe español.
—¿Español? Yo la oí gritar en inglés.
—Nosotros no. Solamente oímos español.
Hasta la fecha estoy desconcertado. Yo no entiendo una sola palabra de español.
—S. B., de Rock Island, Illinois
domingo, 31 de julio de 2016
EL VINO A LIBERAR A LOS CAUTIVOS Por Rebecca Brown --002
EL VINO A LIBERAR A LOS CAUTIVOS
Por Rebecca Brown
Cuando entró en el Memorial Hospital no sabía absolutamente nada de
satanismo ni sabía de la existencia de Elaine, una poderosa bruja que
vivía cerca de allí. Jamás pensó que su caminar con Cristo en aquel
hospital iba a causar tanta conmoción en el mundo espiritual que las
fuerzas de las tinieblas llegarían a encolerizarse de tal manera que
buscarían su muerte. En efecto, se vio envuelta en una lucha titánica
cuando Elaine, una de las principales brujas
de Estados Unidos, a la cabeza de otras brujas armadas de todo el poder y
las habilidades de la brujería, trataron de matarla.
El año de internado es el primer año de entrenamiento que recibe un médico que acaba de graduarse. Es con mucho el año de más intenso trabajo, y el más aterrador. Para Rebecca en el Memorial no fue diferente que para los demás, excepto que estaba constantemente consciente de que había algo extraño pero indefinible en cuanto a aquel hospital. Nadie parecía notarlo, ni siquiera sus colegas cristianos. Desde el principio halló una asfixiante atmósfera de odio, murmuración y lucha en el departamento y, sin duda, en todo el hospital. Era un ambiente de extrema frialdad. Esto, además de las enormes presiones físicas y emocionales del año, lo usó el Señor para que ella se acercara mucho más a El.
Desde el principio notó una inusitada resistencia al evangelio. Cada vez que hablaba de Cristo se negaban redondamente a escuchar. Es más, en sus primeros seis meses en el hospital, la administración mandó a retirar las Biblias que los Gedeones habían colocado en los cuartos de enfermos y colocó un aviso en cada estación de enfermería en el que advertía que cualquier empleado que fuera sorprendido «evangelizando» a los pacientes sería despedido en el acto. Y a cualquier pastor que fuera al hospital se le impedía visitar a quienes no fueran miembros de su iglesia; si las enfermeras lo sorprendían «evangelizando» a otros pacientes tenían la obligación de ordenar que los guardias lo sacaran del hospital y no lo dejaran entrar más. No se permitía servicio de capellanía, lo cual es inusitado. Era como si se estuviera haciendo un esfuerzo por impedir cualquier mención de cristianismo dentro del edificio del hospital.
A Rebecca la asignaron primero a la Unidad de Cuidado Intensivo. De inmediato se vio envuelta en un remolino de actividad. Trabajaba hasta 120 horas a la semana. Dado ese horario tan agotador, atribuía al cansancio el constante empeoramiento de sus condiciones físicas.
Entonces el Señor empezó a poner en su corazón que debía ir al hospital una hora antes todas las mañanas para pasarla en oración por aquella institución y aquella ciudad, para que el evangelio fuera proclamado y produjera fruto. Al empezar a obedecer y orar todas las mañanas antes del trabajo, repetidas veces se vio obligada por el Espíritu Santo a orar que el Señor frenara el poder de las tinieblas en aquel lugar. A menudo se encontraba citando Números 10:35 donde Moisés dijo:
«Levántate, Jehová, y sean disipados tus enemigos, y huyan de tu presencia los que te aborrecen".
No sabía por qué oraba de aquella manera, y a veces hasta sentía que era extraño que lo hiciera, pero el Espíritu Santo siempre la impulsaba a orar así.
A medida que el Señor iba aumentando la carga que sentía por las almas de aquel lugar empezó a orar diariamente que el Señor le permitiera ponerse en la brecha del hospital y de la ciudad como en Ezequiel 22:30-31:
"y busqué de ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese al portillo delante de mí por la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé. Por tanto derramé sobre ellos mi ira; con el fuego de mi ira los consumí: torné el camino de ellos sobre su cabeza, dice el Señor Jehová».
Rebecca no estaba segura de lo que aquello de ponerse «en la brecha» o «al portillo» significaba, pero le pedía al Señor que la usara.
El año de internado es el primer año de entrenamiento que recibe un médico que acaba de graduarse. Es con mucho el año de más intenso trabajo, y el más aterrador. Para Rebecca en el Memorial no fue diferente que para los demás, excepto que estaba constantemente consciente de que había algo extraño pero indefinible en cuanto a aquel hospital. Nadie parecía notarlo, ni siquiera sus colegas cristianos. Desde el principio halló una asfixiante atmósfera de odio, murmuración y lucha en el departamento y, sin duda, en todo el hospital. Era un ambiente de extrema frialdad. Esto, además de las enormes presiones físicas y emocionales del año, lo usó el Señor para que ella se acercara mucho más a El.
Desde el principio notó una inusitada resistencia al evangelio. Cada vez que hablaba de Cristo se negaban redondamente a escuchar. Es más, en sus primeros seis meses en el hospital, la administración mandó a retirar las Biblias que los Gedeones habían colocado en los cuartos de enfermos y colocó un aviso en cada estación de enfermería en el que advertía que cualquier empleado que fuera sorprendido «evangelizando» a los pacientes sería despedido en el acto. Y a cualquier pastor que fuera al hospital se le impedía visitar a quienes no fueran miembros de su iglesia; si las enfermeras lo sorprendían «evangelizando» a otros pacientes tenían la obligación de ordenar que los guardias lo sacaran del hospital y no lo dejaran entrar más. No se permitía servicio de capellanía, lo cual es inusitado. Era como si se estuviera haciendo un esfuerzo por impedir cualquier mención de cristianismo dentro del edificio del hospital.
A Rebecca la asignaron primero a la Unidad de Cuidado Intensivo. De inmediato se vio envuelta en un remolino de actividad. Trabajaba hasta 120 horas a la semana. Dado ese horario tan agotador, atribuía al cansancio el constante empeoramiento de sus condiciones físicas.
Entonces el Señor empezó a poner en su corazón que debía ir al hospital una hora antes todas las mañanas para pasarla en oración por aquella institución y aquella ciudad, para que el evangelio fuera proclamado y produjera fruto. Al empezar a obedecer y orar todas las mañanas antes del trabajo, repetidas veces se vio obligada por el Espíritu Santo a orar que el Señor frenara el poder de las tinieblas en aquel lugar. A menudo se encontraba citando Números 10:35 donde Moisés dijo:
«Levántate, Jehová, y sean disipados tus enemigos, y huyan de tu presencia los que te aborrecen".
No sabía por qué oraba de aquella manera, y a veces hasta sentía que era extraño que lo hiciera, pero el Espíritu Santo siempre la impulsaba a orar así.
A medida que el Señor iba aumentando la carga que sentía por las almas de aquel lugar empezó a orar diariamente que el Señor le permitiera ponerse en la brecha del hospital y de la ciudad como en Ezequiel 22:30-31:
"y busqué de ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese al portillo delante de mí por la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé. Por tanto derramé sobre ellos mi ira; con el fuego de mi ira los consumí: torné el camino de ellos sobre su cabeza, dice el Señor Jehová».
Rebecca no estaba segura de lo que aquello de ponerse «en la brecha» o «al portillo» significaba, pero le pedía al Señor que la usara.
Durante sus primeros meses en el Memorial, Dios le enseñó una valiosa
lección de dependencia total en El para su trabajo médico. En una
ocasión, ya tarde en la noche, un paciente ingresó en la Unidad de
Cuidado Coronario con un agudo dolor en el pecho, presión alta y posible
ataque al corazón. Rebecca debía examinar y cuidar al paciente aquella
noche. Este le dio una lista de las medicinas que estaba tomando, entre
las que había una que era particularmente buena para bajar la presión
arterial y simultáneamente disminuir el trabajo del corazón. Sin vacilar
le dijo que estaba tomando cierta dosis y Rebecca lo creyó. Entonces le
dio la misma dosis para bajarle la presión y aliviar el trabajo del
corazón con la esperanza de prevenir un ataque. Lo que no sabía ella era
que aquella dosis era muy peligrosa a menos que el paciente hubiera
llegado gradualmente a acostumbrarse a ella.
Una hora más tarde, las enfermeras la llamaron para decirle que la presión del paciente había descendido mucho, que estaba en shock y que al parecer iba a morir. Rebecca llamó a su superior, le explicó la situación y le preguntó qué podía hacer para contrarrestar los efectos de la medicina que le había dado. Su jefe, con toda frialdad, le dijo que había cometido un error estúpido y que no había nada que pudiera hacerse, excepto esperar a ver si el paciente vivía o moría. No había medicina que contrarrestara el efecto de la que le había dado. Y añadió que él mismo había cometido un error semejante como interno y que el paciente había sufrido serios daños en el corazón como resultado del shock y que casi había muerto.
Muchos pensamientos se arremolinaban locamente en la cabeza de Rebecca mientras caminaba a solas por los oscuros pasillos de la Unidad de Cuidado Coronario (UCC) para ir a ver al paciente. Sentía remordimientos, temor y autorreproche. Un sudor frío le recorría la espalda al pensar que con toda probabilidad había matado a una persona. De pronto el Espíritu Santo le mostró el error de los pensamientos que la atormentaban. Había estado pensando: «Dios hizo un universo de orden en el que las causas y los efectos se suceden en forma ordenada. Por culpa de aquel estúpido error aquel hombre probablemente morirá. Como la medicina era absolutamente irreversible, el efecto se produciría, por lo que no había necesidad ni siquiera de orar o esperar que Dios interrumpiera el orden universal por aquella estupidez».
Con suavidad el Espíritu Santo inundó todo su ser con el conocimiento cierto de que ella era diferente. ¡Ella era hija del Rey! Por tanto, tenía un privilegio especial que los demás médicos no tenían. Tenía derecho a pedirle a Dios el Padre, en el nombre de Jesús, que corrigiera su error. Esa era una de las muchas cosas por las que Jesús había muerto en la cruz.
Abruptamente dio media vuelta y corrió a la capilla y se echó sobre sus rodillas delante del Señor. Le pidió fervientemente que corrigiera su error, ya que era una hija del Rey afianzada en hebreos 4:16:
«Lleguémonos pues confiadamente al trono de la gracia para alcanzar misericordia, y hallar gracia para el oportuno socorro».
Se levantó y regresó a la UCC. Al llegar encontró que la presión del paciente había vuelto a la normalidad, ¡y no tenía dolor! Un nuevo electrocardiograma reveló que el corazón estaba trabajando perfectamente bien. Lo dieron de alta dos días después sin ningún daño en el corazón.
Una hora más tarde, las enfermeras la llamaron para decirle que la presión del paciente había descendido mucho, que estaba en shock y que al parecer iba a morir. Rebecca llamó a su superior, le explicó la situación y le preguntó qué podía hacer para contrarrestar los efectos de la medicina que le había dado. Su jefe, con toda frialdad, le dijo que había cometido un error estúpido y que no había nada que pudiera hacerse, excepto esperar a ver si el paciente vivía o moría. No había medicina que contrarrestara el efecto de la que le había dado. Y añadió que él mismo había cometido un error semejante como interno y que el paciente había sufrido serios daños en el corazón como resultado del shock y que casi había muerto.
Muchos pensamientos se arremolinaban locamente en la cabeza de Rebecca mientras caminaba a solas por los oscuros pasillos de la Unidad de Cuidado Coronario (UCC) para ir a ver al paciente. Sentía remordimientos, temor y autorreproche. Un sudor frío le recorría la espalda al pensar que con toda probabilidad había matado a una persona. De pronto el Espíritu Santo le mostró el error de los pensamientos que la atormentaban. Había estado pensando: «Dios hizo un universo de orden en el que las causas y los efectos se suceden en forma ordenada. Por culpa de aquel estúpido error aquel hombre probablemente morirá. Como la medicina era absolutamente irreversible, el efecto se produciría, por lo que no había necesidad ni siquiera de orar o esperar que Dios interrumpiera el orden universal por aquella estupidez».
Con suavidad el Espíritu Santo inundó todo su ser con el conocimiento cierto de que ella era diferente. ¡Ella era hija del Rey! Por tanto, tenía un privilegio especial que los demás médicos no tenían. Tenía derecho a pedirle a Dios el Padre, en el nombre de Jesús, que corrigiera su error. Esa era una de las muchas cosas por las que Jesús había muerto en la cruz.
Abruptamente dio media vuelta y corrió a la capilla y se echó sobre sus rodillas delante del Señor. Le pidió fervientemente que corrigiera su error, ya que era una hija del Rey afianzada en hebreos 4:16:
«Lleguémonos pues confiadamente al trono de la gracia para alcanzar misericordia, y hallar gracia para el oportuno socorro».
Se levantó y regresó a la UCC. Al llegar encontró que la presión del paciente había vuelto a la normalidad, ¡y no tenía dolor! Un nuevo electrocardiograma reveló que el corazón estaba trabajando perfectamente bien. Lo dieron de alta dos días después sin ningún daño en el corazón.
martes, 1 de noviembre de 2016
ITALIANOS ENCUENTRAN LA BILIA ENTERRADA EN UNA PARED- SUIZA The Bible in the Wall
Traducido por David K. Siegrist,
de The Bible in the Wall en inglés.
Encontrando la Biblia
La mayoría de los albañiles
que trabajaban en el centro y en el sur de Suiza, vivían en el cantón de Tecino.
Otros vivían en la parte norte de Italia. En la primavera, algunos grupos de
hombres caminaron por entre las montañas con el objetivo de ayudar a reedificar
a Glaro. Llevaban la ropa y sus herramientas en bultos rojos sobre sus hombros.
Cuando el invierno se acercaba, volverían para sus casas por el mismo sendero.
Algunos de estos hombres tratarían de ahorrar la mayor parte de sus salarios. El
dinero ahorrado mantendría a sus familias a través del invierno.
Un grupo de doce hombres
también cruzó las montañas para buscar trabajo en Glaro. Los más jóvenes hacían
travesuras y contaban chistes. Estos jóvenes deseaban visitar otro país. Un
pueblo diferente y con costumbres nuevas. Muchas veces se ponían a cantar sus
cantos italianos favoritos.
Mario, uno de los jóvenes, a
menudo sacaba un libro de su bolsa. Trataba de leer de su libro a sus compañeros
cada vez que se detenían para descansar. Les hablaba de lo importante que era el
contenido de su libro.
Mario era italiano de
Génova. Una vez había sido católico romano, pero ahora un era miembro
entusiasmado de una iglesia evangélica. El libro que Mario leía con tanta
emoción a sus compañeros era el Nuevo Testamento. Hacía poco tiempo había
descubierto los errores mortales de enseñar la salvación por medio de las obras.
¡Pero qué lástima! Mario aún no entendía la verdad viviente del evangelio de la
salvación, que era por la gracia.
Cuando Mario hablaba con sus
compañeros, muchas veces los enojaba porque criticaba al Papa. Trataba de hacer
que el Papa quedara en ridículo en vez de proclamar la dulce verdad de la gracia
de Dios en Cristo. El joven Mario no se daba cuenta de que en vez de enseñarles
del Espíritu de Cristo, durante su viaje, sus críticas causaban ofensas y mucha
amargura en la mayoría.
Uno de los hombres de este
grupo de viajeros, muchas veces se quedaba silencioso y pensativo. Parecía que
le daba mucho placer escuchar a su compañero de viaje. Giovanni era un hombre de
entre cincuenta y sesenta años de edad. Él no contaba chistes ni cantaba ni se
reía con los demás. Él parecía estar triste. Se sentía muy solo, pues le hacían
falta su esposa y sus hijos. Ellos se habían quedado en casa. Giovanni había
salido de casa para viajar a Glaro. Iba a trabajar en aquel lugar por unos seis
u ocho meses. Su familia estaba necesitaba de dinero. Esperaba poder ahorrar lo
suficiente para que su amada familia pasara bien el invierno. Estos pensamientos
le daban a Giovanni el coraje para seguir adelante.
Giovanni tenía otra razón
especial para escuchar con tanta atención y placer la lectura del Nuevo
Testamento. Estando en su casa, una señora cristiana le había dado una copia de
este mismo libro. El cura de su pueblo le había exigido el libro. Giovanni se lo
entregó sin ningún argumento porque no se daba cuenta del valor del mismo. Ahora
se lamentaba por haber actuado con tanta cobardía.
Por fin el viaje terminó.
Los hombres habían cruzado las montañas y ya habían llegado al pueblo de Glaro.
Todos los hombres encontraron trabajo, aunque no todos trabajaron en el mismo
edificio. Giovanni trabajó en la reedificación de una casa. Algunas paredes de
la casa todavía estaban firmes. Pero antes de que empezaran a reconstruir, los
trabajadores probaron la firmeza de estas paredes. ¿Estarían suficientemente
fuertes como para usarlas de nuevo? Los trabajadores comenzaron a golpear las
paredes para probar la firmeza de las mismas.
—Esta casa era casi nueva
dijo Giovanni a uno de los trabajadores que trabajaba bajo su dirección—. No
puede haber tenido más de cinco o Seis años. Mire cómo el fuego convirtió el
interior de la casa en cenizas. Sin embargo, estos ladrillos todavía están en
buena condición. Algunos de ellos suenan bastante huecos. Vamos a ver hasta el
fuego causó daño.
—Al decir esto, levantó su
piocha al aire. La bajó con gran fuerza, y derribó algunos ladrillos. Para
sorpresa de todos, un libro cayó al suelo. Giovanni lo recogió del suelo. Con un
gran asombro y placer, exclamó:
—¡Una Biblia!
Los trabajadores se juntaron
alrededor de él para ver con sus propios ojos aquel libro maravilloso. Entonces
Giovanni, con un estremecimiento en su corazón, abrió el libro y leyó en voz
alta las primeras palabras en que sus ojos se fijaron. De Proverbios 12:2 leyó:
“El bueno alcanzará favor de Jehová; Mas él condenará al hombre de malos
pensamientos”.
—¡Qué hombre tan feliz soy!
—exclamó, apretando el libro con una expresión de gratitud profunda—, ¡Cuánto he
deseado una Biblia! Yo sé que no merezco este regalo tan maravilloso. Una vez
alguien me había hecho un regalo parecido. Era el Nuevo Testamento. Nuestro cura
me lo pidió, y yo de insensato se lo entregué. ¡Esta vez no cederé esta Biblia!
La mayoría de los italianos
que estaban alrededor de Giovanni no sabían leer. Así que no se riñeron con él
acerca de quién podía guardar el libro. El milagro de cómo el libro llegó a
estar allí, les interesó mucho más que la idea de tenerlo. Los hombres
examinaron cuidadosamente la pared de la cual había caído el libro. Ellos
llegaron a la conclusión de que alguien había colocado la Biblia allí a
propósito. Vieron los tres golpes que tenía en su portada. Alguien había dañado
el libro a propósito con golpes. Aun así, con un corazón lleno de gozo, Giovanni
tomó la Biblia como un regalo de la mano de Dios.
Desde este día, Giovanni
leyó el libro cada vez que tenía tiempo libre. Los domingos él reunía a sus
amigos y les leía en voz alta pasajes de la Biblia. La historia del
descubrimiento de la Biblia pronto se divulgó. Mucha gente llegó por la
curiosidad de ver el libro. En ese tiempo Giovanni entendía muy poco de la
Palabra de Dios. De manera que no podía explicar lo que leía. Esto nos hace
recordar de lo que leemos en Hechos 8:30, 31: “Acudiendo Felipe, le oyó que
leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees? Él dijo: ¿Y cómo
podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con
él.”
Giovanni, sabiamente empezó
a leer del Nuevo Testamento porque le era más fácil de entender. Poco a poco,
comenzó a referirse al Antiguo Testamento también. Luego aprendió a orar por
medio de leer el libro de los Salmos. Lo que Jesús dijo acerca del Espíritu
Santo: “Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber”
(Juan 16:14), se comprobó en la vida de Giovanni.
El Espíritu Santo le mostró
a Giovanni las verdades benditas acerca de Cristo. Luego él las enseñó a los que
llegaban a escucharle. Mientras seguían estudiando paso a paso en las
Escrituras, el Espíritu Santo les daba más luz.
Sin embargo, hubo personas
que mostraron rechazo. Inclusive, insultaron y amenazaron a Giovanni. Todo eso
pudo haber asustado y desanimado a nuestro amigo Giovanni. Él todavía no había
llegado a entender la enseñanza de Jesucristo en Lucas 6:22, 23:
“Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre. Gozaos en aquel día, y alegraos, porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres con los profetas”.
Un día un evangelista suizo
visitó el lugar donde trabajaba Giovanni. Encontró a Giovanni y le animó a que
mirara a Cristo por fe. Le mostró a Giovanni las bendiciones de ser aborrecido
por enseñar la Palabra de Dios. El evangelista también le dio a Giovanni un buen
consejo. Le aconsejó que iniciara una escuela gratuita en la casa donde vivían
los trabajadores. En su tiempo libre, Giovanni podría enseñar la lectura, la
escritura y la matemática. La escuela motivaría el interés de los que se le
opusieron. Quizás ganaría sus corazones. Le dijo que usara su Biblia para
enseñarles a leer.
Giovanni estuvo de acuerdo.
Entonces con mucho gozo se puso a trabajar. Al principio un gran número de ellos
vino a participar. Cansados por el trabajo del día, algunos dejaron de estudiar.
Encontraban que les era difícil estudiar. Pero otros se quedaron y terminaron
sus lecciones. Los que terminaron las clases recibieron un regalo muy bonito.
Una señora que trabajaba con el evangelista suizo, le dio a cada uno un Nuevo
Testamento en italiano.
Pronto el valor de los
esfuerzos de Giovanni empezó a mostrarse. Los trabajadores que aprendieron a
leer ya leían sus propios Nuevos Testamentos. También aprendieron a escribir y a
hacer la matemática. Por medio de esta nueva habilidad se dieron cuenta de que
los maestros del trabajo les estafaban cuando les pagaban. Los trabajadores ya
podían revisar sus propias cuentas y calcular lo que se habían ganado.
Hubo otro beneficio que
causó mucha emoción. ¡Qué gozo tuvieron los hombres cuando pudieron leer las
cartas de las familias que habían dejado atrás! Los trabajadores también estaban
muy contentos porque ya podían escribir cartas a sus familiares en la casa.
Existen muchas maneras en
que podemos servir a otros con amor. El amor a Dios y a su Palabra Santa había
enseñado a Giovanni, el nuevo maestro, a servir a su prójimo con amor. Mientras
Giovanni servía a sus compañeros de trabajo, él aprendía más. Giovanni se estaba
convirtiendo en un gran maestro. Por causa del servicio de amor que Giovanni
mostraba hacia los trabajadores, ellos no cerraban sus corazones cuando él les
hablaba de las cosas espirituales. Ahora Giovanni les podía enseñar las verdades
básicas de la piedad. Esto lo hacía con más claridad y habilidad que antes. Sólo
Dios sabe el efecto completo que todo este esfuerzo tuvo en las almas de los
alumnos de Giovanni.
miércoles, 24 de agosto de 2016
Algo oculto había en el carácter de la enorme perra; algo que se revelaría una fatídica tarde de diciembre
UNA PERRA AMIGA Y PROTECTORA
EL DIA DE LA OSA
POR PER OLA Y EMILY D'AULAIRE
Selecciones Reader´s Digest
Algo oculto había en el carácter de la enorme perra; algo que se revelaría una fatídica tarde de diciembre
AFINES
de 1,986, Missy Perkins vio un anuncio en el periódico: regalaban una
perra cruzada, castrada, de tres años, que había crecido demasiado para
la casa de sus dueños. La perra parecía una solución ideal para un
problema creciente. Los patos y gallinas de la granjita de los Perkins,
en Vermont, eran devorados por comadrejas, zorras y mapaches. Las
verduras sucumbían ante conejos y ciervos. Una buena perra podría
ahuyentar a los depredadores. Además, Missy, su esposo Dale y sus cinco
hijos eran naturalmente aficionados a los animales, y aquella perra
sería una grata compañía para la familia.
Missy telefoneó a la dueña, quien prometió llevar al día siguiente la perra a la granja. Al ver al animal, Missy se preguntó si no habría cometido un error. Se trataba de una bestia peluda, de 36 kilos: mitad terranova y mitad de "algo salido de un montón de leña". A Missy le preocupó que la espesa melena de la perra diseminara el olor de la granja por todos los rincones de la casa. Pero el animal dejó que los niños tiraran de su piel y sus orejas sin gruñir
Missy telefoneó a la dueña, quien prometió llevar al día siguiente la perra a la granja. Al ver al animal, Missy se preguntó si no habría cometido un error. Se trataba de una bestia peluda, de 36 kilos: mitad terranova y mitad de "algo salido de un montón de leña". A Missy le preocupó que la espesa melena de la perra diseminara el olor de la granja por todos los rincones de la casa. Pero el animal dejó que los niños tiraran de su piel y sus orejas sin gruñir
Parecía plácida, pero alerta; afectuosa y bien adaptada.
Y, aunque un can de aquel tamaño tendría un apetito difícil de
satisfacer, los Perkins obtenían suficiente rendimiento del ganado para
suministrarle a la perra bastantes sobras como alimento
.No obstante, algo molestaba a Missy. Los dueños de la perra debieron haber advertido que estaba destinada a ser enorme, porque sabían que tenía sangre de terranova, raza que puede llegar a pesar más de 70 kilos.
Deberían haber previsto que resultaría demasiado grande para su casa.
¿habría otro motivo para regalarla? ¿Tendría la perra algo que no
querían revelar?
Para los niños, aquello fue amor a primera vista, y suplicaron quedarse con el animal. Missy accedió, siempre y cuando pudieran devolver al animal si las cosas no marchaban bien.
La perra se llamaba Rosie, pero este nombre no le duró mucho. "No es una rosa", declaró Zeke, el pequeño de tres años, al describir a aquella bestia peluda con orejas colgantes y zarpas como zapatillas. "Más bien parece una osa". A la hora de la cena, Rosíe se había convertido en La Osa.
La Osa no mordisqueaba las cosas ni perseguía automóviles, y parecía entender que su labor consistía en proteger a los demás animales. También cuidaba a los niños, y los vigilaba tan celosamente como a las gallinas y a los patos. En el invierno, galopaba junto a los niños, cuando en trineo se deslizaban cuesta abajo por las nevadas colinas. En verano, nadaba con ellos en un río cercano.
Los terranovas tienen un agudo instinto para el rescate en el agua, característica que durante siglos les fue inculcada por los pescadores del océano Atlántico, al aprovecharlos para ayudar a recoger las redes y salvar a los hombres que caían al agua. La herencia de La Osa era evidente: cuando los niños se zambullían en el río, la perra nadaba en círculos alrededor de ellos, y ladraba cuando consideraba que se aventuraban demasiado lejos. Era la perra perfecta para una granja: buena compañera, guardiana y protectora.
Desde el principio, el favorito de la perra, entre los niños, fue Zeke. En cuanto el autobús escolar se perdía de vista en la carretera, con los otros cuatro niños, Zeke y La Osa se dirigían al granero con Missy, quien ordeñaba las vacas.
Con frecuencia, después de comer, niño y perra se hacían un ovillo en la cocina, cerca de la estufa de leña. A veces, La Osa dormitaba mientras Zeke fingía leerle algo; a menudo, ambos se quedaban profundamente dormidos, en un enredo de piel oscura, cabello rubio, manos pequeñas y enormes zarpas. A la hora de acostarse, Zeke reservaba el último abrazo para La Osa, su "mejor amiga".
EL 19 de diciembre de 1987, Missy salió de la granja para dejar a Becky, de, diez años, en compañía de un grupo con el que ensayaría villancicos navideños, y a Josh, de 11, en casa de un amigo. Los tres hijos más pequeños jugaban afuera, en la nieve, con La Osa. Al caminar el padre del buzón hacia la casa, Martha, de ocho años, le preguntó si podría ir con Zeke y Sarah a deslizarse en el estanque.
Había dos pequeños estanques alimentados por manantiales en la propiedad de los Perkins. Durante varios días, el frío había calado hasta los huesos, y ambos estanques estaban congelados casi hasta el fondo.
Dale dio el permiso a los niños y se metió en la casa. Martha, Sarah y Zeke se deslizaban de un lado a otro; pero, a los pocos minutos, Sarah concluyó que se estaba aburriendo. "Vamos a deslizarnos en el estanque de Lee", sugirió.
A unos 225 metros de allí, quedaba el estanque de Lee, oculto a la casa de los Perkins por una hilera de árboles. Un granjero lo había excavado en un henar para proveer de agua a su ganado. Con unos 20 metros de anchura, el estanque tenía orillas que descendían hasta una profundidad de 2.5 metros. Los pequeños pensaron que, si su estanque tenía hielo sólido, seguramente el otro estaría igual.
Gritando felices, los tres se deslizaron por todos lados, pues sus botas resbalaban fácilmente por el hielo. ¡Y cómo reían al ver los vanos intentos de La Osa por detenerse de pronto! Al cabo, cansados, los tres se sentaron en el hielo, y La Osa se echó junto a ellos. De repente, el
hielo cedió bajo el peso combinado de todos. Mientras La Osa saltaba hacia la orilla, los tres niños se sumergieron en el agua helada.
Con agudos gritos, Martha y Sarah lucharon por apoyar los pies en los troncos y pedruscos sumergidos. Las ramas de un matorral cercano les brindaron asidero y, valiéndose de todas sus fuerzas, las dos niñas se arrastraron hasta la orilla. El pequeño Zeke, en cambio, se agitaba desesperado en el agua, asido a un pedazo de hielo, pero incapaz de encaramarse en él.
Pedía auxilio a gritos, mientras Martha y Sarah se esforzaban por asirlo, pero estaba fuera de su alcance. Aunque las dos niñas sabían nadar, comprendieron que no eran suficientemente fuertes para permanecer a flote con la pesada ropa ya empapada.
La capacidad de Zeke para nadar era mínima. Cuanto más se sacudía, tanto más se alejaba, en tanto que la chaqueta, las botas, la larga ropa interior y los pesados pantalones se llenaban de agua: el peso amenazaba hundirlo. Al buscar frenéticamente unas varas largas para acercarse a su hermanito, las niñas no pudieron hallar nada que no estuviera arraigado con solidez al suelo. En esos momentos, todos gritaban de terror.
MISSY estuvo ausente sólo media hora. Cuando regresó, saludó a Dale y salió a verificar que sus hijos estuviesen bien abrigados. No los encontró en los estanques pequeños, como esperaba, y enfiló hacia el granero. A medio camino, oyó los gritos que procedían del estanque de Lee. Mientras rezaba por llegar a tiempo, Missy atravesó corriendo el campo, sin dejar de gritar los nombres de sus hijos.
El asimiento de Zeke en el hielo se debilitó. "¡Sostente!", le gritaron sus hermanas. La Osa, que se había encaramado a la orilla, pareció comprender inmediatamente el peligro de aquella situación. Emitió varios ladridos y entró en acción: corrió directamente hacia Zeke y se zambulló en el agua. Con el hocico, sujetó el cuello de la chaqueta del niño, y apretó los dientes con todas sus fuerzas. Sin aflojar en absoluto, el noble animal tiró del espantado pequeño hacia la orilla y el agua baja, donde ya podía tocar fondo y ponerse en pie.
Entonces, La Osa hizo algo que no había hecho nunca, ni repetiría jamás: se dio la vuelta y le ofreció la cola a Zeke. Su mensaje era claro, aun para un pequeño de cuatro años, confuso y asustado. Zeke asió la cola, y La Osa lo remolcó a lugar seguro. Con un tirón final, y con la ayuda de Martha y Sarah, la perra dejó a Zeke en la orilla, donde el sollozante niño cayó en los brazos de sus hermanas. -¡Oh, Osa, eres lo máximo!", exclamó Sarah.
Cuando Missy encontró al amontonado trío, se arrodilló y estrechó a los niños en sus brazos, mientras reía y lloraba al mismo tiempo. La Osa lamía los húmedos rostros, uno tras otro.
Aquella noche, a la hora de la cena, los Perkins unieron las manos para rezar. Dieron gracias a Dios por cada día que pasaban juntos. Lo ocurrido aquella tarde dio a toda la familia una nueva conciencia de la fragilidad de la vida, y de la fina línea que separa a la ventura de la desgracia.
La noticia de la heroica hazaña de La Osa trascendió los límites de la comunidad de Vermont, y pocos días después la cocina de los Perkins se vio repleta de reporteros y equipos de televisión.
La Osa aceptó aquello con naturalidad, contenta de cuidar gallinas, ovejas ... y niños. "A ella le gusta ser sólo la sencilla Osa", comentó Zeke, y diciendo esto rodeó con sus brazos el cuello de la enorme perra.
Luego de enterarse de la proeza de La Osa, la anterior dueña visitó la granja de los Perkins. Missy mencionó su escepticismo por la explicación que le dio al regalarle a la perra. La mujer señaló que, en realidad, el animal era muy grande para su casa; pero luego agregó con timidez: "¡Imagine usted!, ¡mi padre creía que era tonta!"
Para los niños, aquello fue amor a primera vista, y suplicaron quedarse con el animal. Missy accedió, siempre y cuando pudieran devolver al animal si las cosas no marchaban bien.
La perra se llamaba Rosie, pero este nombre no le duró mucho. "No es una rosa", declaró Zeke, el pequeño de tres años, al describir a aquella bestia peluda con orejas colgantes y zarpas como zapatillas. "Más bien parece una osa". A la hora de la cena, Rosíe se había convertido en La Osa.
La Osa no mordisqueaba las cosas ni perseguía automóviles, y parecía entender que su labor consistía en proteger a los demás animales. También cuidaba a los niños, y los vigilaba tan celosamente como a las gallinas y a los patos. En el invierno, galopaba junto a los niños, cuando en trineo se deslizaban cuesta abajo por las nevadas colinas. En verano, nadaba con ellos en un río cercano.
Los terranovas tienen un agudo instinto para el rescate en el agua, característica que durante siglos les fue inculcada por los pescadores del océano Atlántico, al aprovecharlos para ayudar a recoger las redes y salvar a los hombres que caían al agua. La herencia de La Osa era evidente: cuando los niños se zambullían en el río, la perra nadaba en círculos alrededor de ellos, y ladraba cuando consideraba que se aventuraban demasiado lejos. Era la perra perfecta para una granja: buena compañera, guardiana y protectora.
Desde el principio, el favorito de la perra, entre los niños, fue Zeke. En cuanto el autobús escolar se perdía de vista en la carretera, con los otros cuatro niños, Zeke y La Osa se dirigían al granero con Missy, quien ordeñaba las vacas.
Con frecuencia, después de comer, niño y perra se hacían un ovillo en la cocina, cerca de la estufa de leña. A veces, La Osa dormitaba mientras Zeke fingía leerle algo; a menudo, ambos se quedaban profundamente dormidos, en un enredo de piel oscura, cabello rubio, manos pequeñas y enormes zarpas. A la hora de acostarse, Zeke reservaba el último abrazo para La Osa, su "mejor amiga".
EL 19 de diciembre de 1987, Missy salió de la granja para dejar a Becky, de, diez años, en compañía de un grupo con el que ensayaría villancicos navideños, y a Josh, de 11, en casa de un amigo. Los tres hijos más pequeños jugaban afuera, en la nieve, con La Osa. Al caminar el padre del buzón hacia la casa, Martha, de ocho años, le preguntó si podría ir con Zeke y Sarah a deslizarse en el estanque.
Había dos pequeños estanques alimentados por manantiales en la propiedad de los Perkins. Durante varios días, el frío había calado hasta los huesos, y ambos estanques estaban congelados casi hasta el fondo.
Dale dio el permiso a los niños y se metió en la casa. Martha, Sarah y Zeke se deslizaban de un lado a otro; pero, a los pocos minutos, Sarah concluyó que se estaba aburriendo. "Vamos a deslizarnos en el estanque de Lee", sugirió.
A unos 225 metros de allí, quedaba el estanque de Lee, oculto a la casa de los Perkins por una hilera de árboles. Un granjero lo había excavado en un henar para proveer de agua a su ganado. Con unos 20 metros de anchura, el estanque tenía orillas que descendían hasta una profundidad de 2.5 metros. Los pequeños pensaron que, si su estanque tenía hielo sólido, seguramente el otro estaría igual.
Gritando felices, los tres se deslizaron por todos lados, pues sus botas resbalaban fácilmente por el hielo. ¡Y cómo reían al ver los vanos intentos de La Osa por detenerse de pronto! Al cabo, cansados, los tres se sentaron en el hielo, y La Osa se echó junto a ellos. De repente, el
hielo cedió bajo el peso combinado de todos. Mientras La Osa saltaba hacia la orilla, los tres niños se sumergieron en el agua helada.
Con agudos gritos, Martha y Sarah lucharon por apoyar los pies en los troncos y pedruscos sumergidos. Las ramas de un matorral cercano les brindaron asidero y, valiéndose de todas sus fuerzas, las dos niñas se arrastraron hasta la orilla. El pequeño Zeke, en cambio, se agitaba desesperado en el agua, asido a un pedazo de hielo, pero incapaz de encaramarse en él.
Pedía auxilio a gritos, mientras Martha y Sarah se esforzaban por asirlo, pero estaba fuera de su alcance. Aunque las dos niñas sabían nadar, comprendieron que no eran suficientemente fuertes para permanecer a flote con la pesada ropa ya empapada.
La capacidad de Zeke para nadar era mínima. Cuanto más se sacudía, tanto más se alejaba, en tanto que la chaqueta, las botas, la larga ropa interior y los pesados pantalones se llenaban de agua: el peso amenazaba hundirlo. Al buscar frenéticamente unas varas largas para acercarse a su hermanito, las niñas no pudieron hallar nada que no estuviera arraigado con solidez al suelo. En esos momentos, todos gritaban de terror.
MISSY estuvo ausente sólo media hora. Cuando regresó, saludó a Dale y salió a verificar que sus hijos estuviesen bien abrigados. No los encontró en los estanques pequeños, como esperaba, y enfiló hacia el granero. A medio camino, oyó los gritos que procedían del estanque de Lee. Mientras rezaba por llegar a tiempo, Missy atravesó corriendo el campo, sin dejar de gritar los nombres de sus hijos.
El asimiento de Zeke en el hielo se debilitó. "¡Sostente!", le gritaron sus hermanas. La Osa, que se había encaramado a la orilla, pareció comprender inmediatamente el peligro de aquella situación. Emitió varios ladridos y entró en acción: corrió directamente hacia Zeke y se zambulló en el agua. Con el hocico, sujetó el cuello de la chaqueta del niño, y apretó los dientes con todas sus fuerzas. Sin aflojar en absoluto, el noble animal tiró del espantado pequeño hacia la orilla y el agua baja, donde ya podía tocar fondo y ponerse en pie.
Entonces, La Osa hizo algo que no había hecho nunca, ni repetiría jamás: se dio la vuelta y le ofreció la cola a Zeke. Su mensaje era claro, aun para un pequeño de cuatro años, confuso y asustado. Zeke asió la cola, y La Osa lo remolcó a lugar seguro. Con un tirón final, y con la ayuda de Martha y Sarah, la perra dejó a Zeke en la orilla, donde el sollozante niño cayó en los brazos de sus hermanas. -¡Oh, Osa, eres lo máximo!", exclamó Sarah.
Cuando Missy encontró al amontonado trío, se arrodilló y estrechó a los niños en sus brazos, mientras reía y lloraba al mismo tiempo. La Osa lamía los húmedos rostros, uno tras otro.
Aquella noche, a la hora de la cena, los Perkins unieron las manos para rezar. Dieron gracias a Dios por cada día que pasaban juntos. Lo ocurrido aquella tarde dio a toda la familia una nueva conciencia de la fragilidad de la vida, y de la fina línea que separa a la ventura de la desgracia.
La noticia de la heroica hazaña de La Osa trascendió los límites de la comunidad de Vermont, y pocos días después la cocina de los Perkins se vio repleta de reporteros y equipos de televisión.
La Osa aceptó aquello con naturalidad, contenta de cuidar gallinas, ovejas ... y niños. "A ella le gusta ser sólo la sencilla Osa", comentó Zeke, y diciendo esto rodeó con sus brazos el cuello de la enorme perra.
Luego de enterarse de la proeza de La Osa, la anterior dueña visitó la granja de los Perkins. Missy mencionó su escepticismo por la explicación que le dio al regalarle a la perra. La mujer señaló que, en realidad, el animal era muy grande para su casa; pero luego agregó con timidez: "¡Imagine usted!, ¡mi padre creía que era tonta!"

