Ya sabemos lo que el cigarrillo les hace a los pulmones y al corazón. Pero, ¿cómo actúa sobre el cerebro?
EL HUMO QUE NUBLA LA MENTE
POR LOWELL PONTE
SUPONGAMOS que es usted fumador, y que está prendiendo el primer cigarrillo del día. En,un abrir y cerrar de ojos empieza a sentir los cambios que el humo provoca en su mente.
Casi todo el mundo, incluidos los fumadores, sabe lo nocivo que el tabaquismo puede resultar a la larga, sobre todo por el riesgo que entraña de provocar cáncer de pulmón y enfermedad de las coronarias. Sin embargo, la mayoría de los fumadores creen que los efectos inmediatos del cigarrillo son buenos; que fumar los estimula, les despeja la mente y los hace sentir más despiertos y, con mayor capacidad para concentrarse en el trabajo.
~ Pero ¿será cierto esto? No; lo que percibe el fumador es más que nada una ilusión. Veamos con detenimiento lo que el humo del tabaco le hace al cerebro.
Diez ¡segundos después de la primera fumada, la nicotina, un fuerte alcaloide, se vierte en el torrente sanguíneo, atraviesa la barrera que protege el cerebro contra muchas sustancias dañinas, y comienza a actuar sobre las neuronas. Sus moléculas embonan en los receptores "nicotínicos" de la superficie de estas células como lo hace una llave en su cerradura.
De hecho, la nicotina encaja en las mismas "cerraduras" que uno de los neurotrasmisores (conductores químicos de impulsos nerviosos) más importantes del cerebro: la acetilcolina. Actuando a semejanza de esta, los 1.5 miligramos de nicotina que se inhalan con el primer cigarrillo del día ponen en circulación las sustancias estimulantes del organismo, entre ellas la adrenalina y la noradrenalina, lo cual provoca una oleada de euforia e incrementa la afluencia de sangre al cerebro.
Un electroencefalograma registraría un cambio inmediato en la forma de las ondas eléctricas de este órgano. La emisión de ondas alfa (las que se asocian con un estado de atención relajada) disminuye al principio, pero vuelve a la normalidad antes de que se acabe el primer cigarrillo. Las ondas delta (relacionadas con el sueño) y las theta (que intervienen en las emociones, la creatividad y la reflexión profunda) se debilitan. En cambio, las ondas beta, que son características de un estado de intensa concentración y agitación mental, presentan una actividad excesiva.
DIEZ BOCANADAS han pasado por sus pulmones, y el primer cigarrillo queda reducido a cenizas. Usted se siente lleno de energía y lucidez. Sin embargo, ¿estará más concentrado que sus compañeros que no fuman? Tal vez usted así lo crea, pero su agudeza mental se debe en parte al hecho de que acaba de poner fin a un periodo de abstinencia de nicotina. Y ahora está por entrar en otro.
En el curso de los siguientes 30 minutos, la concentración de nicotina disminuye marcadamente, y usted siente que le empiezan a faltar las fuerzas. Enciende entonces el segundo cigarrillo, y vuelve a sentir una oleada de adrenalina, pero esta vez la sensación es un poco distinta.
La nicotina desencadena una serie de alteraciones bioquímicas en el cerebro. El organismo segrega cortisol, hormona que regula el estado de estrés, en tanto que el propio cerebro libera betaendorfina, analgésico natural de efectos parecidos a los del opio. El segundo cigarrillo lo hace sentir una de las paradojas del humo del tabaco: mientras que en ciertas dosis es estimulante, en otras es calmante. Usted experimenta relajación en todos los músculos del cuerpo, y su umbral de dolor aumenta.
TRASCURREN otros 30 minutos, y su atención se aparta cada vez más del trabajo para dirigirse a la cajetilla que tiene al lado. La apremiante necesidad de nicotina que sienten los fumadores es algo más que un fenómeno psicológico, más que un hábito y más que un antojo como el que se tiene a veces por el chocolate. La nicotina induce a las neuronas cerebrales a formar demasiados receptores nicotínicos. Esto permite al cerebro seguir funcionando normalmente pese a la acción de una sustancia que está presente en él en cantidad excesiva, suplantando a la acetilcolina. Así pues, la nicotina altera el cerebro de tal manera que el fumador se siente normal cuando sus neuronas están llenas de ella, y anormal cuando no lo están.
"Se podría decir que los ftimadores viven todo el tiempo al borde de un abismo", señala Jack Henningfield, del Instituto Nacional de Lucha contra la Drogadicción, de Estados Unidos. "La mayoría de ellos se encuentran siempre a unas cuantas horas de padecer los síntomas de abstinencia de nicotina".
La Asociación Estadounidense de Psiquiatría define la abstinencia del tabaquismo como "una perturbación mental orgánica provocada por la nicotina", cuyos síntomas comprenden ansiedad, irritabilidad, sentimientos de frustración, ira, inquietud, insomnio, lentitud del pulso y aumento del apetito. En 1978, la Administración Federal de Aeronáutica (AFA) estadounidense adoptó su actual política de permitir a los pilotos de aerolíneas fumar durante los vuelos. La disposición siguió vigente incluso después de haberse prohibido fumar en la cabina de pasajeros. Según el doctor Andreu Horne, ex funcionario de la Oficina de Medicina de Aviación de la AFA, la dirección ha mantenido su política, no porque el cigarrillo aumente la lucidez de los pilotos, sino porque prohibirle el tabaco a un fumador crónico puede afectar sus facultades mentales a un grado inconveniente para pilotar un avión.
En varios estudios realizados con fumadores activos y con fumadores a los que se priva de cigarrillos (es decir, que padecen el síndrome de abstinencia de nicotina), se ha comparado la capacidad de unos y otros para realizar tareas sencillas.
La industria tabacalera a menudo cita los resultados de estos estudios (muchos de los cuales han sido financiados por ella) como prueba de que el cigarrillo aumenta la lucidez y el rendimiento en el trabajo. "Lo que en realidad demuestran", dice Hermingfield, "es que la privación de nicotina menoscaba sensiblemente las facultades mentales".
TODAVÍA NO PASA de media mañana cuando usted prende su tercer cigarrillo. Comparado con el primero, este le parece insípido. Si usted es como la mayoría de los millones de fumadores consuetudinarios, no tardará en encender otro, y otro más, casi como acto reflejo. En promedio, cada fumador consume 30 cigarrillos al día, lo que equivale a unas 110,000 chupadas al año.
Además de nicotina, el humo del tabaco contiene monóxido de carbono, gas que priva de oxígeno al fumador, pues se adhiere —con una fuerza al menos 200 veces mayor que este último—a la hemoglobina, el componente sanguíneo encargado
de trasportar oxígeno a los tejidos del cuerpo. El monóxido de carbono impide a las células desprender y aprovechar los átomos de oxígeno presentes en la hemoglobina. Si la concentración de este nocivo gas en la sangre llegara a ser muy grande, resultaría letal.
Cada cigarrillo inyecta en los pulmones entre 10 y 20 miligramos de monóxido de carbono. Mientras fuma, una persona puede perder del tres al nueve por ciento de su capacidad de trasporte de oxígeno. En periodos de tabaquismo intenso, la pérdida puede exceder del diez por ciento, lo que a su vez puede hacer más lentos los reflejos y menoscabar la lucidez.
EL PSICÓLOGO George Spilich y sus colaboradores del Colegio Washington, en Maryland, se propusieron averiguar si, como afirman los fumadores, el cigarrillo los ayuda "a pensar y a concentrarse". El investigador realizó una serie de experimentos con tres grupos de pacientes: uno de jóvenes no fumadores, otro de fumadores activos y otro de fumadores privados de cigarrillos.
En la primera prueba, los participantes tenían que mirar la pantalla de una computadora y oprimir una tecla en cuanto reconocieran cierta letra en un conjunto de 96 letras. Los resultados de los tres grupos fueron iguales.
La siguiente prueba fue más difícil: los participantes tenían que recorrer con la vista varias series de 20 letras iguales y reaccionar tan pronto como una de ellas se trasforman en una letra distinta. Los no fumadores presentaron las reacciones más rápidas. Los fumadores activos, bajó la influencia de la nicotina, reaccionaron más de prisa que los fuma dores privados de cigarrillos.
La dificultad de las pruebas siguió aumentando. La tercera consistió en recordar una serie de letras o números y reaccionar cuando esa serie apareciera brevemente entre otras en la pantalla. En esta prueba de memoria de corto plazo, los no fumadores cometieron el menor número de errores, y los fumadores privados de cigarrillos obtuvieron mejores resultados que los activos.
En la cuarta prueba se pidió a los participantes leer un fragmento de un escrito y luego contestar algunas preguntas. Los no fumadores recordaron 19 por ciento más de la información esencial que los fumadores activos, y los fumadores privados de nicotina superaron a los que habían fumado un cigarrillo inmediatamente antes de la prueba. Los fumadores activos no sólo obtuvieron resultados comparativamente malos en las pruebas de memoria, sino que tuvieron dificultades para distinguir entre la información importante y los detalles superfluos.
En la última prueba, Spilich puso a los participantes a conducir en un simulador de automóvil generado por computadora, muy semejante a un videojuego de ritmo rápido. Además de manejar el volante, la palanca de velocidades y el acelerador, los participantes tenían que hacer frente a problemas inesperados, como sinuosidades del camino y la aparición brusca de coches y charcos de aceite. Los fumadores privados de nicotina sufrieron cerca de 67 por ciento más colisiones simuladas con el vehículo de adelante que los no fumadores. Quienes habían fumado un cigarrillo antes del experimento tuvieron resultados aun peores: muchos más accidentes y tres veces y media más colisiones con el coche de adelante que los no fumadores.
"Conforme aumentaba la dificultad de las pruebas", resume Spilich, "vimos que los no fumadores aventajaban a los fumadores por un margen cada vez mayor".
Con base en estos resultados, Spilich supone que "un fumador desempeña bien muchas tareas, hasta que las cosas se complican. Conducirá de manera satisfactoria, siempre y cuando no surjan sorpresas, pero si un neumático llega a estallarle a alta velocidad, por ejemplo, quizá sea incapaz de resolver el problema tan bien como los no fumadores.
Un piloto que fume dirigirá correctamente el avión mientras no se presenten dificultades, pero si algo sale mal, es posible que, a causa del cigarrillo, no tenga la capacidad mental para remediarlo. Si además no ha dormido bien, fumar podría dejarlo aun más incapacitado y tener consecuencias nefastas".
Recuerde esto la próxima vez que prenda el primer cigarrillo del día... y tenga que conducir al trabajo.