sábado, 1 de mayo de 2021

EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE

 3    Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os alejéis de la fornicación,
    4    que cada uno de vosotros sepa poseer su cuerpo con santidad y honor,
    5    y no dominado por la pasión, como hacen = los gentiles que no conocen a Dios. =
6    Que nadie falte a su hermano ni se aproveche de él en este punto, pues el Señor = se vengará = de todo esto, como  os lo dijimos ya y lo atestiguamos,
    7    pues no nos llamó Dios a la impureza, sino a la santidad.
    8    Así pues, el que esto deprecia, no desprecia a un hombre, sino a Dios, = que os hace don de su Espíritu = Santo.I Tesalonicenses
   

viernes, 8 de abril de 2016

EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE perro de muestra salva de huracán

EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE

Recopilado por Alan Devoe

1,948

Donde haya perros se contarán siempre casos divertidos, o conmovedores, o tan llenos de misteriosa emoción como la mirada misma del perro. Los verídicos relatos que van a continuación se han elegido entre los enviados recientemente a esta Revista por sus lectores.

AQUELLA TARDE, a eso de las dos, se me ocurrió irme a pescar lenguados en la bahía de Great Egg. Alisté la lancha, vio el patrón que no faltara el combustible necesario, y estuvimos listos a hacernos a la mar. Llamé entonces a Redsy, mi perro de muestra. Desde cachorrilo nunca deja de acudir pronta y gozosamente apenas oía ese silbido.

Esta vez, sin embargo, se agazapó en el muelle, ladrando a más y mejor. De nada Sirvió llamarlo. Ni halagos ni amenazas lo decidían a embarcarse. Seguía ladrando sin moverse de donde estaba.
Acabó por impresionarme esa terquedad. El patrón me aseguró que el tiempo no daba nada que recelar; pero Redsy protestaba con más y más empeño contra la proyectada excursión. Al fin me decidí: le dije al patrón que volviese a amarrar la lancha, pues había resuelto desistir de la pesca. Supongo que el hombre creería que estaba chiflado. No disté yo mismo de creer que era así. Hacía un día espléndido:limpio el cielo de nubes; rizada apenas la superficie del mar por leve brisa. En la bahía unas 50 embarcaciones navegaban plácidamente hacia los bancos de lenguados.
Algunas de esas embarcaciones no volvieron nunca. A las pocas horas la mansa brisa se convertía en furioso viento y éste en temporal deshecho. La Isla de Absecon quedó sepultada bajo 30 centímetros de agua. De lo que Redsy me salvó al presentirlo con seguro instinto y obstinarse en que no saliésemos a la mar, fue nada menos que del huracán de 1938
WilliaM Harry Montgomery, Poughkeepsie, Nueva York

esta historia real podría indicarnos que sí?

Viernes, 8 de abril de 2016

EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE Perro ovejero 1948

Recopilado por Alan Devoe

1,948

Donde haya perros se contarán siempre casos divertidos, o conmovedores, o tan llenos de misteriosa emoción como la mirada misma del perro. Los verídicos relatos que van a continuación se han elegido entre los enviados recientemente a esta Revista por sus lectores.

 UNA NOCHE en que nevaba copiosamente mi perro de aguas enano se escabulló de casa. Mal le fue en esa aventura, impropia de sus 12 años de edad, pues tuvo un percance del que salió gravemente herido. Probable parece que lo atropellara un quitanieves. En todo caso, quedó tendido en la nieve amontonada al borde de la carretera.

Allí hubiera perecido sin duda a no ser por el desconocido perro ovejero alemán que le salvó la vida.

El chofer que trajo al herido me contó la historia. Pasaba el hombre a eso de las dos y media de la madrugada frente a casa. De súbito, en el tramo de carretera que iluminaban los reflectores del taxi al rasgar la espesa cortina de la nevada, erguido e inmóvil apareció el perro ovejero. Trató el chofer de ahuyentarlo haciendo sonar estrepitosamente la sirena. Como esto no valiese para apartarlo del sitio en que permanecía tercamente clavado, detuvo el taxi. Acercose entonces el perro a la portezuela, aulló unos instantes y trotó luego hacia uno de los lados de la carretera. El chofer echó pie a tierra y se dirigió allá, cayendo y levantando entre la borrasca de nieve. Al verlo acercarse al sitio donde montaba guardia al pie del herido, el perro ovejero batió alegremente la cola.

He tratado inútilmente de dar con ese perro al cual debe la vida el mío. Me encantaría estrecharle la mano.

Eldon Bisbee, Nueva York, N.y

 CONMOVEDORA HISTORIA DE UN PERRO FIEL HASTA LA MUERTE

EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE

                           1955

  Por Dr. G. P. C.

 

 BRANDY, un perro de raza chao, había sido criado cariñosamente por dos pacientes míos; granjeros ya entrados en años.. Cuantas veces salía de casa cualquiera. de lós dos, allá iba Brandy siguiéndole los pasos. Si sus amos trabajaban en la huerta, buscaba el perro un sitio sombreado, y -echándose allí no los perdía de vista un solo instante. Cualquiera -hubiese dicho que temía que se fueran sin él.

Había llegado Brandy a-la edad madura cuando sus amos murieron de repente. Unos vecinos se lo llevaron al pueblo y lo encadenaron mientras se acostumbrába a sus nuevos amos: Pero Brandy no quiso comer., ni beber. Viendo que á ese paso acabaría por morirse, lo soltaron. Pasados dos días fueron a la granja de los antiguós amos. Hallaron a Brandy echado en el umbral, como si estuviese aguardando que ellos volvieran.

No sabían qué partido tomar con el perro; al cabo resolvieron lle­várselo otra vez al pueblo para .tratar de alimentarlo, pero. esta vez no lo encadenaron. A la mañana siguiente notaron que había  con­sumido parte del alimento. Esto animó a los bondadosos vecinos a ir de nuevo a la granja al cabo de dos días, para volver con el perro y darle de comer como anteriormente. Más adelante, advirtieron que, si le dejaban la comida en el sitio acostumbrado, Brandy acudía todas las noches al pueblo, comía y regresaba luego prontamente a montar guardia en la granja.

Con frecuencia me pregunté en qué pensaría el perro al proceder así. Creo saberlo. Pensaría que, en ausen­cia de los amos, le tocaba a él guar­dar la casa y esperar allí su regreso.

Al cabo de un año vendieron la granja. La ocuparon los nuevos due­ños.
 ¿Abandonó entonces Brandy su larga y fiel vigilancia?
 No.
Lo único que hizo fue montar guardia, no en la puerta, sino en una loma a es­paldas de la granja.

Muchas veces, en los años si­guientes, lo vi en sus viajes de ida y vuelta. Trotaba sin detenerse ni reparar en nada, como dominado por un único pensamiento: «Debo estar allá cuando ellos vuelvan.»

Al fin llegó una noche en que Brandy no fue por la comida. Los vecinos que tan cariñosos habían sido con él por tantos años, se dijeron que con seguridad le habría pasado algo. Una mañana de primavera, cuando la nieve empezaba a derre­tirse, vi en la loma donde Brandy montaba guardia un mechón de pelo rojizo. Me detuve y escarbé en la nieve.

Ahí dormía Brandy el último sueño. Reposaba con la cabeza hacia el sur, tal como estuvo al morir, vigilando hasta el postrer instante la casa de los amos.      —Dr. G. P. C.

 

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