Sin aspavientos, centenares de médicos toman tiempo de sus giras regulares para llevar su pericia a regiones remotas, donde los médicos escasean y las enfermedades proliferan.
DEDICAN SUS VACACIONES AL BIEN DE LA HUMANIDAD
SELECCIONES DEI. READER'S DIGEST Agosto de 1971
POR CLARENCE HALL
AL PENETRAR, hace algunos años, en un hospital de la selva africana, me detuve en una ocasion para echar una mirada por encima del hombro de un médico que le estaba vendando a un niño el pie mordido por una serpiente. El médico debió de sentir mi presencia, porque se volvió, ¿y cuál no sería mi sorpresa al reconocer en él a un amigo mío de los Estados Unidos?
—Pero, ¡por Dios! —exclamé—¿Qué está haciendo usted aquí?
—Gracias por el alto patrocinio que usted me atribuye —respondió sonriendo—, pero, en realidad, estoy aquí simplemente de vacaciones.
Desde entonces, en mis viajes a muchos rincones del mundo, he encontrado a otros facultativos que (al igual que mi amigo) toman vacaciones, para beneficio de la humanidad, en lugares donde los médicos escasean y las enfermedades abundan. Salen del país sufragando sus propios gastos, en períodos de tres semanas a tres meses, y forman lo que un periódico médico norteamericano ha designado como "un nuevo tipo de curadores en el escenario mundial, esto es, el médico internacional que considera que el privilegio de ejercer la medicina en un país rico y científicamente avanzado lleva aparejada la obligación de dedicar algún tiempo atendiendo a los mil millones de seres humanos que nunca o rara vez ven un médico".
Entre los muchos organismos que reclutan médicos para el servicio limitado en el extranjero figura una entidad llamada Medical Assistance Programs, Inc. (Programas de Asistencia Médica, S. A.) Hija (le la Sociedad Médica Cristiana, que tiene unos 3000 afiliados, la MAP es en gran parte obra de J. Raymond Knighton, individuo alto, muy activo, de 48 años de edad, quien se niega a creer que haya tareas imposibles.
Convencido de que el sentido humanitarlo que inspira las vocaciones médicas se puede poner al servicio de los colegas extranjeros, en 1954 ¡lizo público un programa con fases múltiples y carácter de reto. Trazada una fase del mismo, la de "servicio misionero en período breve" (STM) para los miembros de la Sociedad Médica Cristiana (con el lema "encuentren ustedes el tiempo, y nosotros les encontraremos la actividad"), no tardó en tener voluntarios en abundancia.
Destaca entre los reclutas entusiastas de Knighton el Dr. C. Everett Koop, cirujano jefe del Hospital Infantil de Filadelfia, quien ha participado en más de una expedición médica por cuenta de la MAP. Una de ellas tuvo efecto hace pocos años, cuando los niños de la República Dominicana morían a centenares, deshidratados por la disentería. Las autoridades del país acudieron a la MAP en demanda de ayuda. El Dr. Koop voló al lugar, estudió la situación, estableció centros de re-hidratación y preparó a médicos y enfermeras locales para que pudieran atenderlos. Hoy funcionan 25 de estos centros y la mortalidad infantil ha bajado de 40 por ciento a casi cero.
Otro voluntario es el Dr. Ralph Blocksma, eminente cirujano plástico. Blocksma ha visitado a Centroamérica y Sudamérica, al Oriente Medio, África, Tailandia, Corea y Vietnam. En algunos viajes obtuvo resultados sorprendentes que trascienden los aspectos estrictamente médicos.
En 1958, por ejemplo, durante una estancia en Panamá por encargo del STM, Blocksma oyó hablar de un muchacho, indio cuna, que presentaba un desfigurarte labio leporino. Ahora bien, desconfiando de todos los extranjeros, los cunas se habían negado por espacio de siglos a permitir que abrieran escuelas y hospitales en su tierra nativa de las Islas de San Blas, frente a la costa de Panamá. También a los misioneros les tenían vedado el acceso.
Pero Blocksma llegó audazmente hasta el hogar del muchacho en avioneta y en piragua,, y, pese a la violenta oposición de los curanderos indígenas, persuadió a los padres de que le permitieran corregir la deformidad. Habiendo tenido la operación un éxito completo, el caudillo de la isla exclamó:
—j Cómo pudo un simple mortal realizar semejante milagro!
A lo que Blocksma respondió:
—Sirvo a un Dios que quiere ayudar a todo el inundo. ¿Os gustaría saber más acerca de Él?
El muchacho y sus padres se convirtieron en pequeñas celebridades y los llevaron de isla en isla para mostrar el "milagro". Los jefes de otras islas invitaron a misioneros y médicos a que fueran a visitarlos. Actualmente funcionan en las 350 islas varias misiones, clínicas y escuelas.
Si bien la mayoría de los médicos que sirven en el extranjero deben trazar sus planes con mucha anticipación, hay muchos que están listos para salir al primer aviso, cuando alguna crisis requiere su rápida intervención. Tal fue el caso en 1969, al declararse una violenta epidemia de poliomielitis entre la tribu, antes muy temida, de los indios aucas, que viven cerca de las fuentes del Amazonas. En el momento en que una llamada de onda corta llegó a la MAP, 250 aucas estaban afectados por la enfermedad y 16 habían muerto ya. Knighton localizó rápidamente un voluntario, el Dr. Juan Correa, del Centro Médico de la Universidad de Oklahoma.
Antes de 24 horas de haber salido de Oklahoma, Correa llegaba, con 1000 dosis de vacuna antipolio, a un modesto hospital de misión situado al borde de la selva ecuatoriana:. Sirviéndose de un pulmón de acero y de dos respiradores que tomaron prestados de un hospital público de Quito, el Dr. Correa y un médico misionero trabajaron día y noche. Antes de dos semanas habían dominado la epidemia. Luego, a bordo de una avioneta de la misión, Correa voló a cinco remotas clínicas de la selva para inmunizar a las vecinas tribus de los jíbaros y los quechuas. El resultado fue que la epidemia quedó localizada dentro de sus límites iniciales y que tres tribus se salvaron de una mortandad casi inevitable.
Hay otras muchas entidades que fomentan el servicio médico en el extranjero: para que efectúen operaciones quirúrgicas irrealizables con los medios de que disponen los cirujanos locales; para hacerse cargo temporalmente de algún hospital de misión que ha quedado vacante por defunción o enfermedad del médico titular; para ayudar a establecer nuevas clínicas en la selva y preparar enfermeras y auxiliares que las atiendan; o para demostrar nuevos procedimientos y equipos a médicos que durante mucho tiempo han estado sin contacto con los últimos adelantos de la medicina.
Pero donde la MAP va más allá que otros grupos similares es en su abundancia de servicios subsidiarios. Uno de ellos es un departamento de compras a través del cual los médicos y los hospitales de misión pueden adquirir material médico con descuentos que llegan al 70 por ciento. Ofreciéndolas gatuitamente a aquellos que no pueden pagarlas, hay suscripciones a revistas de medicina, filmes y grabaciones de conferencias sustentada~ en sociedades médicas, libros de texto y equipo usado.
La MAP ofrece asimismo un ser‑vicio de
asesoramiento a los médi‑cos cuando se enfrentan a proble‑mas que rebasan su capacidad.
Por
ejemplo, un médico ssolicitó recien‑temente desde África consejo
para corregir un caso grave de pie zam‑bo en un recién nacido. "Presenciéuna vez
una demostración de este
tratamiento, pero no recuerdo losdetalles", escribía el médico. Knigh‑ tonse
puso en contacto
con una pediatra, quien resultó socio en el
consultorio del especialista cuyo procedimiento hahía precenciado 'el médico
que escribía de África. Antes de 24 horas remitieron una descripción detallada del tratamiento.
El resultado de la consulta epistolar fue el pie normal.
En términos de mera cantidad, el servicio más voluminoso de la MAP a los médicos y hospitales del extranjero es la colecta y distribución que hace de medicamentos sobrantes y de otros artículos regalados por los fabricantes de productos farmacéuticos y de material médico. El año pasado, por ejemplo, envió unas 950 toneladas (valoradas en 16 millones de dólares) a unos 500 médicos de 64 países.
El cuartel general de la MAP, en Wheaton (Illinois), es una colmena desbordante de actividad. Su centro vital es un almacén que ocupa una superficie de más de 3500 metros cuadrados y está repleto de productos médicos. Knighton envía cada quincena una lista de más de 600 artículos disponibles a unos 100 médicos cuidadosamente seleccionados que trabajan en países en vías de desarrollo. Preside el registro de los pedidos un farmacéutico titulado. Todos los artículos están cuidadosamente empacados en cajas con flejes, metálicos, construidas especialmente para resistir los modos de trasporte más primitivos.
.-Quién financia una obra tan vasta y tan extensamente ramificada? Principalmente las contribuciones individuales, más de dos tercios de las cuales proceden de donativos pequeños; los gastos generales son bajos porque sólo se trabaja con un equipo mínimo de empleados, secundado por grupos de voluntarios sin paga.
Dice Knighton: "En un trabajo como el nuestro es imposible prever las proporciones de la demanda. Si llega dinero, lo empleamos; si no llega, no gastamos, a no ser en situaciones de urgencia. En tales casos solicitamos un préstamo bancario y rogamos a Dios que los fondos lleguen antes del vencimiento del pagaré. Sin embargo, pese a que la mayor parte del tiempo estamos de rodillas, nos arreglamos de una forma o de otra para mantener la cabeza fuera del agua".
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