martes, 11 de mayo de 2021

DEDICAN SUS VACACIONES AL BIEN DE LA HUMANIDAD

 

Sin aspavientos, centenares de médicos toman tiempo de sus giras regulares para llevar su pericia a regiones remotas, donde los médicos escasean y las enfermedades proliferan.

DEDICAN SUS VACACIONES AL BIEN DE LA HUMANIDAD

SELECCIONES DEI. READER'S DIGEST Agosto de 1971

POR CLARENCE HALL

AL PENETRAR, hace algunos años, en un hospital de la selva africana, me detuve en una ocasion para echar una mirada por encima del hombro de un mé­dico que le estaba vendando a un niño el pie mordido por una ser­piente. El médico debió de sentir mi presencia, porque se volvió, ¿y cuál no sería mi sorpresa al recono­cer en él a un amigo mío de los Es­tados Unidos?

—Pero, ¡por Dios! —exclamé—¿Qué está haciendo usted aquí?

—Gracias por el alto patrocinio que usted me atribuye —respondió sonriendo—, pero, en realidad, es­toy aquí simplemente de vacaciones.

Desde entonces, en mis viajes a muchos rincones del mundo, he en­contrado a otros facultativos que (al igual que mi amigo) toman va­caciones, para beneficio de la huma­nidad, en lugares donde los médicos escasean y las enfermedades abun­dan. Salen del país sufragando sus propios gastos, en períodos de tres semanas a tres meses, y forman lo que un periódico médico norteame­ricano ha designado como "un nue­vo tipo de curadores en el escenario mundial, esto es, el médico interna­cional que considera que el privile­gio  de ejercer la medicina en un país rico y científicamente avanzado lle­va aparejada la obligación de dedi­car algún tiempo atendiendo a los mil millones de seres humanos que nunca o rara vez ven un médico".

Entre los muchos organismos que reclutan médicos para el servicio li­mitado en el extranjero figura una entidad llamada Medical Assistance Programs, Inc. (Programas de Asistencia Médica, S. A.) Hija (le la Sociedad Médica Cristiana, que tiene unos 3000 afiliados, la MAP es en gran parte obra de J. Ray­mond Knighton, individuo alto, muy activo, de 48 años de edad, quien se niega a creer que haya ta­reas imposibles.

Convencido de que el sentido humanitarlo que inspira las vocaciones médicas se puede poner al servicio de los colegas extranjeros, en 1954 ¡lizo público un programa con fases múltiples y carácter de reto. Traza­da una fase del mismo, la de "servi­cio misionero en período breve" (STM) para los miembros de la So­ciedad Médica Cristiana (con el le­ma "encuentren ustedes el tiempo, y nosotros les encontraremos la ac­tividad"), no tardó en tener volun­tarios en abundancia.

Destaca entre los reclutas entu­siastas de Knighton el Dr. C. Eve­rett Koop, cirujano jefe del Hospi­tal Infantil de Filadelfia, quien ha participado en más de una expedi­ción médica por cuenta de la MAP. Una de ellas tuvo efecto hace pocos años, cuando los niños de la Repú­blica Dominicana morían a centena­res, deshidratados por la disentería. Las autoridades del país acudieron a la MAP en demanda de ayuda. El Dr. Koop voló al lugar, estudió la situación, estableció centros de re-hidratación y preparó a médicos y enfermeras locales para que pudie­ran atenderlos. Hoy funcionan 25 de estos centros y la mortalidad in­fantil ha bajado de 40 por ciento a casi cero.

Otro voluntario es el Dr. Ralph Blocksma, eminente cirujano plás­tico. Blocksma ha visitado a Centro­américa y Sudamérica, al Oriente Medio, África, Tailandia, Corea y Vietnam. En algunos viajes obtuvo resultados sorprendentes que tras­cienden los aspectos estrictamente médicos.

En 1958, por ejemplo, durante una estancia en Panamá por encar­go del STM, Blocksma oyó hablar de un muchacho, indio cuna, que presentaba un desfigurarte labio le­porino. Ahora bien, desconfiando de todos los extranjeros, los cunas se habían negado por espacio de siglos a permitir que abrieran escuelas y hospitales en su tierra nativa de las Islas de San Blas, frente a la costa de Panamá. También a los misione­ros les tenían vedado el acceso.

Pero Blocksma llegó audazmente hasta el hogar del muchacho en avioneta y en piragua,, y, pese a la violenta oposición de los curanderos indígenas, persuadió a los padres de que le permitieran corregir la de­formidad. Habiendo tenido la ope­ración un éxito completo, el caudi­llo de la isla exclamó:

—j Cómo pudo un simple mortal realizar semejante milagro!

A lo que Blocksma respondió:

—Sirvo a un Dios que quiere ayu­dar a todo el inundo. ¿Os gustaría saber más acerca de Él?

El muchacho y sus padres se con­virtieron en pequeñas celebridades y los llevaron de isla en isla para mostrar el "milagro". Los jefes de otras islas invitaron a misioneros y médicos a que fueran a visitarlos. Actualmente funcionan en las 350 islas varias misiones, clínicas y es­cuelas.

Si bien la mayoría de los médicos que sirven en el extranjero deben trazar sus planes con mucha antici­pación, hay muchos que están listos para salir al primer aviso, cuando alguna crisis requiere su rápida in­tervención. Tal fue el caso en 1969, al declararse una violenta epidemia de poliomielitis entre la tribu, antes muy temida, de los indios aucas, que viven cerca de las fuentes del Amazonas. En el momento en que una llamada de onda corta llegó a la MAP, 250 aucas estaban afectados por la enfermedad y 16 habían muerto ya. Knighton localizó rápi­damente un voluntario, el Dr. Juan Correa, del Centro Médico de la Universidad de Oklahoma.

Antes de 24 horas de haber salido de Oklahoma, Correa llegaba, con 1000 dosis de vacuna antipolio, a un modesto hospital de misión situado al borde de la selva ecuatoriana:. Sirviéndose de un pulmón de acero y de dos respiradores que tomaron prestados de un hospital público de Quito, el Dr. Correa y un médico misionero trabajaron día y noche. Antes de dos semanas habían domi­nado la epidemia. Luego, a bordo de una avioneta de la misión, Co­rrea voló a cinco remotas clínicas de la selva para inmunizar a las veci­nas tribus de los jíbaros y los que­chuas. El resultado fue que la epi­demia quedó localizada dentro de sus límites iniciales y que tres tribus se salvaron de una mortandad casi inevitable.

Hay otras muchas entidades que fomentan el servicio médico en el extranjero: para que efectúen ope­raciones quirúrgicas irrealizables con los medios de que disponen los cirujanos locales; para hacerse cargo temporalmente de algún hospital de misión que ha quedado vacante por defunción o enfermedad del médi­co titular; para ayudar a establecer nuevas clínicas en la selva y prepa­rar enfermeras y auxiliares que las atiendan; o para demostrar nuevos procedimientos y equipos a médicos que durante mucho tiempo han es­tado sin contacto con los últimos adelantos de la medicina.

Pero donde la MAP va más allá que otros grupos similares es en su abundancia de servicios subsidia­rios. Uno de ellos es un departamen­to de compras a través del cual los médicos y los hospitales de misión pueden adquirir material médico con descuentos que llegan al 70 por ciento. Ofreciéndolas gatuitamente a aquellos que no pueden pagarlas, hay suscripciones a revistas de me­dicina, filmes y grabaciones de con­ferencias sustentada~ en sociedades médicas, libros de texto y equipo usado.

La MAP ofrece asimismo un ser‑vicio de asesoramiento a los médi‑cos cuando se enfrentan a proble‑mas que rebasan su capacidad. Por
e
jemplo, un médico ssolicitó recien‑temente desde África consejo para corregir un caso grave de pie zam‑bo en un recién nacido. "Presenciéuna vez una demostración de este
tratamiento, pero no recuerdo losdetalles", escribía el médico. Knigh‑ tonse puso en contacto con una pediatra, quien resultó socio en el
consultorio del especialista cuyo procedimiento hahía precenciado 'el médico que escribía de África. Antes de 24 horas remitieron  una descripción detallada del tratamiento. El resultado de la con­sulta epistolar fue el pie normal.

En términos de mera cantidad, el servicio más voluminoso de la MAP a los médicos y hospitales del ex­tranjero es la colecta y distribución que hace de medicamentos sobran­tes y de otros artículos regalados por los fabricantes de productos farma­céuticos y de material médico. El año pasado, por ejemplo, envió unas 950 toneladas (valoradas en 16 mi­llones de dólares) a unos 500 médi­cos de 64 países.

El cuartel general de la MAP, en Wheaton (Illinois), es una colmena desbordante de actividad. Su centro vital es un almacén que ocupa una superficie de más de 3500 metros cuadrados y está repleto de produc­tos médicos. Knighton envía cada quincena una lista de más de 600 artículos disponibles a unos 100 mé­dicos cuidadosamente seleccionados que trabajan en países en vías de desarrollo. Preside el registro de los pedidos un farmacéutico titulado. Todos los artículos están cuidadosa­mente empacados en cajas con flejes, metálicos, construidas especialmen­te para resistir los modos de tras­porte más primitivos.

.-Quién financia una obra tan vas­ta y tan extensamente ramificada? Principalmente las contribuciones individuales, más de dos tercios de las cuales proceden de donativos pequeños; los gastos generales son bajos porque sólo se trabaja con un equipo mínimo de empleados, se­cundado por grupos de voluntarios sin paga.

Dice Knighton: "En un trabajo como el nuestro es imposible prever las proporciones de la demanda. Si llega dinero, lo empleamos; si no llega, no gastamos, a no ser en si­tuaciones de urgencia. En tales ca­sos solicitamos un préstamo banca­rio y rogamos a Dios que los fondos lleguen antes del vencimiento del pagaré. Sin embargo, pese a que la mayor parte del tiempo estamos de rodillas, nos arreglamos de una for­ma o de otra para mantener la cabe­za fuera del agua".

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