domingo, 3 de marzo de 2024

EL MUCHACHITO QUE TOCABA EL TAMBOR 13

 CHARLIE COULSON

EL MUCHACHITO QUE TOCABA EL TAMBOR

M.L. ROSVALLY

Ahora sentí que la circuncisión nada valía, tampoco la incircuncisión, sino ser una nueva criatura.

5. La familia

Me levanté y, con mi nueva felicidad, pensé que mi querida esposa se sumaría a mi gozo cuando le contara del gran cambio en mí. Con ese pensamiento en mi mente, corrí del estudio a nuestra habitación (porque mi esposa se había retirado a descansar, aunque no había apagado las lámparas).

La abracé y empecé a besarla, diciendo:

—Esposa, he encontrado al Mesías.

Pareció molesta y, apartándome, me preguntó fríamente:

—¿Encontraste a quién?

—A Jesucristo, mi Mesías y Salvador —fue mi respuesta.

No volvió a decir palabra, pero en menos de quince minutos se había vestido y se había ido de casa, aunque eran las dos de la mañana y hacía un frío tremendo. Cruzó la calle a la casa de sus padres, que vivían justo enfrente. No la seguí, sino que caí de rodillas, implorando al Salvador que recién había encontrado, que los ojos de mi esposa también fueran abiertos como los míos, y después me fui a dormir.

A la mañana siguiente los padres de mi pobre esposa le dijeron que si alguna vez volvía a llamarme marido, la desheredarían, sería excomulgada de la sinagoga y maldita. A la vez, llamaron a mis dos hijos y les dijeron que no me volvieran a llamar papá, que al adorar a Jesús, el “impostor”, yo era totalmente malo como Él.

 

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