jueves, 10 de septiembre de 2026

EXISTENCIA *SHAW* 1-9

 ABNEGACIÓN Y PIEDAD ACTIVA PARA TODOS

EXISTENCIA Y DIVINIDAD

ILUSTRADAS Y EXPLICADAS

POR ROBERT SHAW, M.A.,

 DURANTE MUCHOS AÑOS, ESTUDIOSO DILIGENTE E IMPARCIAL DEL TEMA DE LA DIVINIDAD Y DE LA EXISTENCIA CREADA.

MONTREAL

1872

EXISTENCIA  *SHAW* 1-9

INTRODUCCIÓN.

El objetivo principal de este libro —aunque no es el único propósito que cumple, pues transmite al lector una vasta cantidad de información sumamente interesante e importante— es simplificar las cuestiones relativas a la Deidad. Al ser este el fin primordial de su creación, el libro difiere de cualquier otro anterior y, por tanto, ocupa un lugar que ninguna otra obra ha cubierto. No existe sustituto para este libro en ningún idioma hablado en la tierra.

 Los temas del Creador y de la Creación están íntimamente relacionados, y en esta obra uno sirve para ilustrar al otro. Las obras ya publicadas sobre la Deidad o la Teología son, en su mayor parte, meros sistemas de ideas elaborados a partir de la mente o la imaginación de sus autores —conocidos popularmente como sistemas de Teología o tratados de divinidadque, si bien contienen algo de verdad, también mezclan gran cantidad de errores; consideradas como obras de ficción, algunas de ellas dan fe del genio inventivo de sus autores.

 Este libro aborda el tema de una Deidad omnipresente, cuyo carácter se ilustra mediante sus obras de creación y los diversos objetos y escenarios de la existencia; no obstante, aunque omnipresente, se muestra que es tan infinito como la propia existencia y que, al ser infinito, resulta inconcebible para la mente humana e imposible de percibir por la vista

. Esto es especialmente cierto en la primera parte de la obra, que trata sobre la existencia en sus diversas condiciones, fases y aspectos —físico, espiritual y moral— e ilustra de diversas maneras el tema de la creación y el carácter de la Deidad omnipresente e infinita.

Al recurrir a las ciencias para ilustrar la existencia en la primera parte de la obra —y muy especialmente a la astronomía—, consideramos necesario y oportuno exponer la ciencia misma, junto con sus deducciones y descubrimientos realizados hasta la fecha; esto resultará mucho más beneficioso y satisfactorio para los lectores que la simple enumeración de hechos e ideas aislados derivados de dicha ciencia, sus deducciones y sus hallazgos.

Además, hemos abordado el aspecto del firmamento tal como se contempla desde los planetas y sus satélites —lo que hace que la astronomía, presentada de este modo, resulte mucho más interesante que en los tratados habituales sobre la materia— y mostramos el poder, la sabiduría y la gloria de la Divinidad, tal como se manifiestan en las escenas de la existencia, bajo una luz singularmente fascinante.

El objetivo primordial de la segunda parte de esta obra es despejar las opiniones erróneas que hasta ahora han prevalecido respecto a la Creación, la Redención y la naturaleza de la Divinidad en general —derivadas de una interpretación parcial o equivocada del Antiguo y el Nuevo Testamento de nuestra Biblia o de otras fuentes—; erradicar el error, la superstición y la idolatría de la Iglesia cristiana universal; liberar las mentes de la humanidad del yugo de la superstición y la ignorancia, para así ilustrarlas y abrirlas a nuevas perspectivas; y enseñar a los seres humanos —tal como se expone también en la primera parte— que son agentes verdaderamente libres y responsables, capaces, si así lo desean, de ser y hacer el bien en lugar del mal; y que su deber, en lo referente a la adoración, consiste en venerar únicamente a la Divinidad invisible y omnipresente, con la palabra y el entendimiento, en espíritu y en verdad.

 El tema de la Divinidad, de la existencia infinita y de la Creación se ilustra de diversas formas en la primera parte; en la segunda se disipa el misterio, esa madre prolífica de la superstición; la luz verdadera resplandece ahora, y aquellos a cuyas manos llegue este libro ya no tendrán excusa alguna para sus errores de superstición e idolatría ni para sus malas prácticas; conductas todas que confiamos habrán de abandonar y rechazar en adelante, en honor a su Dios justo y santo.

Hemos observado, a lo largo de su preparación, la más estricta imparcialidad respecto a las religiones —especialmente al tratar sobre el origen de la religión cristiana y al aplicar la historia civil y religiosa de las naciones cristianas al cumplimiento de las profecías bíblicas en la segunda parte de la obra—.

 Nuestro único objetivo fue exponer la verdad con un lenguaje sencillo y moderado en lo referente a las instituciones cristianas y su historia —o a las estructuras de Iglesia y Estado de las naciones cristianas—, sin apartarnos de la verdad por consideraciones sectarias.

Por tanto, cuando el fiel de la Iglesia católica griega o romana lea sobre el cumplimiento de la profecía en la historia de las instituciones de Iglesia y Estado de Constantinopla y Roma —o de Oriente y Occidente—, debe recordar que tiene ante sí una exposición justa e imparcial del tema (un asunto que, evidentemente, no teníamos interés alguno en tergiversar).

 Si continúa leyendo con atención y paciencia —incluso antes de terminar la historia de la rama protestante de la Iglesia cristiana católica en relación con el cumplimiento de la profecía—, tal vez concluya que la balanza está equilibrada y que el autor no ha incurrido en parcialidad ni en tergiversación alguna.

 Por otro lado, cuando el protestante lea la historia de las iglesias griega y romana en relación con el cumplimiento de la profecía, no debe mostrarse propenso a buscar faltas ni a vanagloriarse de los errores humanos; más bien, debe considerar que está leyendo la historia de sus propios antepasados, compartida con la de sus hermanos de las iglesias griega y romana. Asimismo, al leer la historia de su propia rama de la Iglesia, observará que defectos similares caracterizaron a sus fundadores —desde la Reforma en adelante— tal como vio que caracterizaron a los antiguos líderes y dirigentes de las ramas griega y romana de la Iglesia católica, aunque, por lo general, no en tan gran medida. Observará que esta diversa manifestación del carácter humano en cada época y nación es simplemente el resultado de los principios inherentes a la naturaleza humana; que cada ser humano, en cualquier época o nación, puede —si así lo desea— ser y hacer el bien en lugar del mal; que cuando uno crea estar firme debe cuidarse de no caer, y debe ser siempre una fuerza viva y activa de piedad en el mundo, lo cual es la única salvaguarda contra el ser y el hacer el mal.

A aquellos que pudieran estar inclinados a examinar esta obra con espíritu crítico —tal como cabría esperar únicamente de personas doctas y competentes—, cabe señalar que el trabajo consta de dos partes concebidas como un todo unitario; ninguna de ellas está completa sin la otra, por lo que resulta necesario leer la obra en su totalidad y con detenimiento para comprender cabalmente su idea y su diseño. No obstante, es preferible que todos la lean con espíritu sereno y orante, en lugar de hacerlo con afán crítico o quisquilloso, para así aprovechar la información y la experiencia que la obra ofrece.

 Los autores consultados y citados durante la preparación de esta obra —tanto en su primera como en su segunda parte— son considerados por los eruditos, en sus respectivas disciplinas, como máximos referentes de veracidad y estilo. Asimismo, hemos incorporado a la segunda parte de la obra varios breves tratados explicativos sobre las doctrinas fundamentales del cristianismo; estos resultarán de utilidad e interés no solo para los ministros cristianos en el futuro desempeño de su labor, sino también para el público en general.

Presentamos, pues, nuestra obra al público —confiando en que sabrá apreciarlacon una confianza firme y humilde en Dios, quien ha inspirado y ayudado en su elaboración, a fin de que contribuya a la iluminación y felicidad de todos y cumpla así el propósito para el que fue concebida.

EL AUTOR.

EXISTENCIA Y DIVINIDAD.

PARTE I.

ILUSTRACIÓN DE LA EXISTENCIA FÍSICA, ESPIRITUAL Y MORAL.

Cuando hablamos del Creador, nos referimos a aquel Ser cuya presencia está en todas partes, que ha creado todo cuanto existe en el universo físico y en quien vivimos y nos movemos. Al decir que el Creador está presente en todas partes —es decir, en cualquier lugar del universo, ya sea concebible o inconcebible—, no queremos afirmar que sea visible a la vista ni que pueda ser concebido* por la mente humana.

El Creador es infinito, y un Ser infinito no puede ser concebido por la mente, y mucho menos visto por los ojos físicos.

Es cierto que vemos la creación a nuestro alrededor, pero debemos recordar que la relación entre la creación y el Creador es la misma que existe entre el efecto y la causa que lo produce.

Más adelante veremos que no podríamos distinguir un objeto de otro si no fuera por la intervención de los colores de la luz; y, como bien sabemos, no podríamos ver absolutamente nada si no fuera por la luz misma.

Asimismo, cuando hablamos de que el Creador es infinito y está presente en todas partes, queremos decir que existe un único Ser de esta naturaleza, pues no puede haber más de un Ser omnipresente.

Pero, aunque el Creador no pueda ser visto por los ojos ni concebido por la mente, dado que su acción produce todos los efectos que tienen lugar en el mundo natural, es posible comprender y valorar su carácter a través de sus obras; del mismo modo que se puede juzgar el carácter de un artífice por la obra que realiza, o la fuerza de un animal por el poder que despliega.

*** Al concebir al Creador, no podemos imaginarlo como un objeto o cosa determinada —aunque esté presente en todas partes, en la tierra y en nosotros mismos, obrando en nuestro interior tanto el querer como el hacer según su buena voluntad—, pues, al ser infinito, escapa a tal representación; sin embargo, a partir de la infinita diversidad de objetos creados que se ofrecen a nuestra vista, sí podemos concebir las ideas que han existido eternamente en la mente del Creador.***

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