domingo, 22 de agosto de 2021

PLATERO Y YO XVIII - XIX

 PLATERO Y YO

POR

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

BY

GERTRUDE M. WALSH

NORTH HIGH SCHOOL. COLUMBUS, OHIO

FEDERICO DE ONÍS

ILLUSTRATED BY

MAUD AND MISKA PETERSHAM

D. C. HEATH & CO., PUBLISHERS

BOSTON NEW YORK CHICAGO

Copyright, 1922

By D. C. Heath & Co.

 

  XVIII

PASAN LOS PATOS 
He ido a darle agua a Platero. En la noche 
serena, toda de nubes blancas y de estrellas, se oye. 
allá arriba, desde el silencio del corral, un incesante 
pasar de claros silbidos. 
Son los patos. Van tierra adentro, huyendo de la 
tempestad marina. 
De vez en cuando, 
como si nosotros hubiéramos 
ascendido o  como si ellos 
hubiesen bajado, se escuchan los ruidos más leves de sus 
alas, de sus picos . . . 
Horas y horas, los silbidos seguirán 
pasando, en huir interminable. 
Platero, de vez en cuando, deja de beber y 
levanta la cabeza como yo, como las mujeres de 
Millet, a las estrellas, con una blanda nostalgia 
infinita . . . 
XIX 
LA NIÑA CHICA 
La niña chica era la gloria de Platero. En cuanto 
la veía venir hacia éí, entre las lilas, con su vestidillo 
blanco y su sombrero de arroz, llamándolo, mimosa: 
— Platero, Platerillo ! — el asnucho quería partir la 
cuerda, y saltaba, igual que un niño, y rebuznaba 
loco. 
Ella, en una confianza ciega, pasaba una vez y 
otra bajo él, y le pegaba pataditas, y le dejaba la 
mano, nardo candido, en aquella bocaza rosa, almenada 
de grandes dientes amarillos; o, cogiéndole las 
orejas, que él ponía a su alcance, lo llamaba con todas 
las variaciones mimosas de su nombre : ¡ Platero ! 
¡ Platerón ! ¡ Platerillo ! ¡ Platerete ! 
En los largos días en que la niña navegó en su cuna 
alba, río abajo, hacia la muerte, nadie se acordaba 
de Platero. Ella, en su delirio, lo llamaba, triste: 
¡ Platerillo . . . ! Desde la casa obscura y llena de 
suspiros, se oía, a veces, la lejana llamada lastimera 
del amigo . . . ¡ Oh, estío melancólico ! 
¡ Qué lujo puso Dios en ti, tarde del entierro ! 
Setiembre, rosa y oro, declinaba. Desde el cementerio 
¡ cómo resonaba la campana de vuelta en el ocaso 
abierto, camino de la gloria ! . . . Volví por las tapias, 
solo y mustio, entré en la casa por la puerta del corral, 
y, huyendo de los hombres, me fui a la cuadra y me 
senté a llorar con Platero. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario