****Creo personalmente que el conocimiento y la educación gratuita, debe ser un privilegio, y “enseñar es mi obligación social y moral”. **Todas las Publicaciones en este espacio son para enseñar y educar * a la humanidad, y en especial al pueblo hispanamericano.
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Hago esta labor por agradecimiento al que sacrificó su vida en la cruz, por salvarme, y creo que es una de las misiones por la que Dios me mandó a este mundo, y así servir a mi prójimo, y por lo cual siento satisfacción espiritual grande.
“Cada persona es responsable delante de Dios como lee
, como interpreta, como cree,
y como incorporará este conocimiento
a su vida espiritual”
INGLATERRA
EL REMANENTE DE JUDÁ Y EL ISRAEL DE EFRAÍN
LAS DOS FAMILIAS BAJO UN MISMA CABEZA
F.A. GLOVER
CAPELLÁN DEL CONSULADO DE COLONIA.
NO VEMOS NUESTRAS SEÑALES. Salmo 94.
KIVINGTONS WATERLOO PLACE, LONDRES
MDCCLXXVI
1881
INGLATERRA- EL ISRAEL DE EFRAÍN * GLOVER* i-x
Segunda edición.
Mirad a la roca de donde sois conocidos, al pozo de donde fuisteis sacados, a Abraham vuestro padre y a Sara, la que os dio a luz.
Y sucederá que en el lugar donde se les dijo: «No sois mi pueblo», allí se dirá: «Sois hijos del Dios viviente».
PREFACIO
1880.
Desde la publicación de este libro, han surgido muchos hallazgos, tanto tradicionales como circunstanciales, y (según mi parecer) también bíblicos, como se verá más adelante, que refuerzan la convicción declarada como el resultado justo de la inducción.
Sin embargo, solo en los últimos años, desde que se me solicitó prueba del linaje de la Reina de Inglaterra de los Reyes de Judá, para justificar e ilustrar las afirmaciones de «Destellos de Luz», que se refieren a mí, a saber, que lo que considero una autoridad bíblica directa se ha presentado ante los ojos de los fieles en el capítulo 17 del profeta Ezequiel; además de los elementos de la lista anterior, para justificar plenamente la suposición de 1860, a saber: : la unión de "Las Dos Familias” a través de la hija del último Rey de Judá, tanto en cuanto a los medios utilizados, como a los resultados asumidos y ahora reafirmados, a partir de premisas accesibles a todos los que elijan utilizarlas.
Es necesario tener en cuenta que en 1861 se afirmó, mediante impresión, que en Irlanda, en el Recinto Real de Tara, alrededor del 582 o 583 a. C., existía —como se reafirma en esta reimpresión, con las mismas palabras—: 1. Un «sistema hebreo» y una «Jerusalén trasplantada», establecidos «en una especie de suspensión», «en santuario»; reales, operativos, pero desconocidos; reales, pero, por algún propósito sabio, mantenidos ocultos (Isaías 45:15). 2. Un trono, erigido por un profeta hebreo, reinstalado «en santuario».
. 3. Un cetro, empuñado por la descendencia de la Raza que eventualmente se convertiría en real (y nacional, en un sentido israelita). 4. En manos de un gran Poder supremo en la Tierra; para ser custodiado hasta que llegara el momento de su entrega a su regreso a Oriente: de donde proviene la Piedra Maravilla. 5. Traída a las Islas de Occidente por el profeta Jeremías, al mismo tiempo que llegó. 6. Y de donde, finalmente, los pequeños comienzos ocultos se han convertido en el Gran Imperio que ahora rodea toda la tierra. 7. Bajo el dominio de cuyo cetro están quienes hablan el idioma de todas las naciones, excepto el ruso. 8. El cetro será restaurado en Jerusalén por el representante Judá, que gobernará sobre el cuerpo de Efraín, Efraín, fundador y gobernante, por medio de virreyes, de naciones de todo el mundo.
9. Desde el trono de Israel, en manifiesta plenitud, hasta que venga Aquel a quien le corresponde por derecho, y cuando a Él le corresponda ser liberado. Cabe señalar que esto se dijo, como veremos más adelante, justificado por una deducción legítima, a partir de premisas entonces publicadas y accesibles a todo el mundo; pero no como una revelación. Veamos, pues, cuáles son las palabras exactas de las Escrituras, que bajo un enigma revelan todo esto en predicción; y que, aunque me avergüence confesar que su pertinencia para el caso no había sido percibida antes, ahora es, afortunadamente, evidente por sí misma.
***Deben leerse en Ezequiel 17:20-24, en relación con 21:25, 27. Es notable que los dos capítulos quizás más políticos de la Sagrada Escritura, a saber, los capítulos 17 y 21 de Ezequiel, y que indican con tanta claridad el futuro y el devenir de la Iglesia, se encuentren entre los que nuestro leccionario, tanto el Nuevo como el Antiguo, prohíbe de forma absoluta y práctica, no por sentencia judicial ni por falta de respeto, sino de hecho. Por lo tanto, como nunca han formado parte de nuestro culto, todos aquellos fieles, personas comunes, buenas y obedientes que han leído la Biblia en orden cronológico, pueden haber vivido una larga vida sin haber leído esos capítulos en particular. Me complace pensar que este pueda ser el medio para sacar a la luz una lectura tan provechosa y práctica: recordando que la historia a la que se refieren fue escrita y publicada a partir de hechos históricos, afirmando, diez años antes de que se supiera que eran capaces de tal ilustración, como la historia de Irlanda, Escocia e Inglaterra demuestra que es posible.***
¿Por qué esto? Porque, evidentemente, si hubiera visto esa aptitud o hubiera sabido de su existencia, sin duda la habría citado y aplicado a los incidentes que, según parecen, fueron escritos en los versículos para verificar la afirmación que el mero ejercicio de la razón —sin ninguna indicación directa de la Revelación ni de la Palabra Escrita de la Profecía— indujo al autor de este libro a proclamar, casi de forma autoritaria.
En consecuencia, si bien los hombres pueden, y de ahí entienden bien, que la teoría entonces presentada no era una construcción forzada, ni una mera adaptación de hechos de la historia o de afirmaciones de la leyenda, recopiladas para ajustarse a una historia preconcebida, ni una fabricación ingeniosa, ideada, como un fraude piadoso, para satisfacer la exigencia de una supuesta predicción bíblica, pueden estar dispuestos a admitir que la declaración impresa previamente de un estado de cosas existente desde hace mucho tiempo, de acuerdo con los términos de una profecía enigmática descubierta posteriormente, tal como se interpreta por la evidencia proporcionada por el pasaje de la Escritura misma, es una fuerte presunción, si no una prueba, del cumplimiento de una profecía que ya existía, antes de que dicho cumplimiento fuera descubierto o descubrible.
Este es, pues, un caso en el que la Sagrada Escritura justifica la concepción en un punto tan importante como el de una manifestación evidente de la voluntad predestinada de la Divina Providencia: un caso que involucra la culminación del propósito de Dios, con respecto a la unidad del acto de la primera promesa a Abraham, que abarca no menos de 4000 años de tiempo terrenal, con la escena culminante de la Dispensación Abrahámica (Mateo 24:34, Juan 8:58); cuando «ni una sola tilde faltará en la demostración de esa declaración de gracia: “En ti serán benditas todas las familias de la tierra”» (Génesis 12:3; Salmo 122:17, Hechos 3:25, Gálatas 3:8).
¿Por qué? Porque es la Iniciación ya consumada de la Escena Consumante, la Unión Prometida de las Dos Familias (Jer. xxxii. 24) bajo una sola Cabeza (Os. i. 27). Una Familia de Diez Tribus, ya dispersas a los vientos, durante 2600 años (720 a. C.), nunca más vistas. La Otra Familia entonces a punto de ser judicialmente, completamente, 'arraigada', (de acuerdo con la sentencia de expulsión anunciada^ 591 a. C., por Ezequiel), a través de la prometida y largamente esperada presencia de Él en la Tierra
Quien ha de manifestar, por esa Señal, la Redención, realizada y efectuada por el sacrificio en el Calvario, de la Creación (Rom. xiii. 22, 18, 19) ; y de los hombres, según las promesas del capítulo 23 de Jeremías y el 11 de Isaías, y esa aparición misericordiosa (the Jodhan Moran) el Mesías venidero (p. 41), que la Iglesia, durante 2600 años desde c. 12, 13-16). Véanse las notas, p. 41. Hasta el momento de este descubrimiento de la aptitud de Ezequiel 17:22, 23, 24 (con 21:25, 26, 27 entrelazados con las circunstancias del caso, según se establece por inducción), las conclusiones presentadas se dedujeron de la interpretación conjunta de los siguientes pasajes de las Sagradas Escrituras; a partir de los cuales se puede verificar el tema. El lector puede leerlos en el orden en que aparecen, a su discreción. Pero como el tema no puede tratarse en menos de 200 páginas de imprenta, no cabe esperar que pueda comprimirse en dos o tres páginas.
Para aquellos que conocen la historia, sin embargo, la secuencia de textos que se presenta a continuación parece ofrecer una verificación de la premisa principal; y, como prueba de que el linaje de la familia real de Inglaterra proviene del rey David, se deduce por inducción del efecto combinado de estos pasajes de las Sagradas Escrituras, que se exponen aquí, provisionalmente, en una especie de orden secuencial.
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