sábado, 26 de septiembre de 2026

LA ÉPOCA ANTEDILUVIA * WINNING*i-viii

 LA ÉPOCA ANTEDILUVIA

ENSAYOS.

EN LA QUE SE SEÑALAN SU POSICIÓN RELATIVA Y ESTRECHA CONEXIÓN CON EL ESQUEMA GENERAL DE LA PROVIDENCIA.

W. WINNING

AL QUE VENZA, LE DARÉ A COMER DEL ÁRBOL DE LA VIDA, QUE ESTÁ EN MEDIO DEL PARAÍSO DE DIOS.—APOCALIPSIS 2:7.

LONDRES

1834

LA ÉPOCA ANTEDILUVIA * WINNING*i-viii

PREFACIO

 Este intento de ilustrar las breves referencias que la Biblia ofrece sobre el periodo comprendido entre la Caída y el Diluvio se basa en los siguientes principios: que la humanidad, desde el principio, ha sido impulsada por los mismos motivos; y que el Todopoderoso ha seguido un plan uniforme de gobierno moral.

 La narración inspirada de Moisés nos presenta la institución de la Iglesia primigenia; la entrada de la incredulidad, que aumentó gradualmente hasta convertirse en una apostasía abrumadora; y el juicio de Dios sobre una Iglesia totalmente corrupta mediante la destrucción de un mundo.

Esta es nuestra evidencia directa para una historia de la Iglesia antediluviana. Cierta evidencia indirecta nos llega reflejada a través de nuestro conocimiento más íntimo de la Iglesia judía. En el Antiguo Testamento tenemos un relato completo de su institución, su trayectoria errante y su continuo alejamiento de la verdad; y en el Nuevo, vemos el juicio de Dios pronunciado contra esta Iglesia licenciosa y apóstata, manifestado en la destrucción total de su organización y la dispersión de sus miembros.

Pero no solo disponemos de una historia más detallada de la Iglesia judía, sino que contamos con la ventaja adicional de contar con comentaristas inspirados para explicar la dispensación mosaica; los Apóstoles hablan continuamente del pacto de Dios con Abraham empleando el lenguaje y la perspectiva ampliada del cristianismo. Su propósito, ciertamente, era revelar a sus hermanos judíos la naturaleza y el objetivo del plan del Evangelio mediante analogías tomadas de su propio sistema religioso; pero, al hacerlo, nos han permitido percibir con mayor claridad la naturaleza y el propósito del judaísmo, autorizándonos así a aplicar analogías extraídas de las dispensaciones cristiana y judía para ilustrar el período antediluviano.

Los apóstoles, siguiendo el ejemplo de nuestro Salvador, ya lo han hecho en parte; sin embargo, solo han señalado a grandes rasgos, el camino que nosotros mismos debemos explorar para llegar a conocer los detalles. En esta investigación, también podemos obtener gran ayuda de la naturaleza de la profecía (véase el Ensayo III); dado que una misma predicción puede tener diversos cumplimientos —siendo cada uno de ellos más claro que el anterior—, ello nos permite no solo mirar hacia el futuro con una visión más precisa de su consumación final, sino también volver la vista atrás comprendiendo mejor las circunstancias que dieron origen a la profecía.

El ejemplo más importante de este método se encuentra en la profecía de Enoc. No cabe duda de que iba dirigida a los antediluvianos para advertirles del juicio que Dios tenía previsto ejecutar mediante el Diluvio; sin embargo, San Judas también la aplica al juicio sobre los judíos anunciado por nuestro Salvador en su profecía acerca de la destrucción del orden político judío (Mateo 24). Si, pues, dada la naturaleza de la profecía, la predicción de Enoc puede aplicarse a la destrucción del orden político judío, a la inversa, la profecía de nuestro Señor puede aplicarse a la destrucción de la humanidad en el Diluvio: «Como fueron los días de Noé [en la venida del Señor anunciada por Enoc], así será también la venida del Hijo del Hombre [al final de la era judía]». Véanse los ensayos VI y VII. A lo largo de esta obra se encontrarán diversas analogías y aplicaciones de la profecía, pero es la aplicación retrospectiva de la profecía de nuestro Señor la que más luz ha arrojado sobre la historia antigua; y fue la aplicación que hizo Judas de la profecía de Enoc a los últimos días de la era judía lo que sugirió este modo de abordar el tema.

Dado que la profecía de Enoc es la única de esa índole que ha llegado hasta nosotros desde aquellas épocas remotas, debemos considerarla simplemente como representante de las profecías antediluvianas; pues, sin duda, existieron muchas otras de naturaleza análoga. Así, la profecía de Juan el Bautista (Mateo 3:12) puede considerarse representativa de las numerosas y variadas profecías que anunciaron el fin de la dispensación judía: «El que viene tras mí es más poderoso que yo; tiene el bieldo en la mano, limpiará a fondo su era y recogerá su trigo en el granero; pero quemará la paja con fuego inextinguible». Si esta predicción del Bautista fuera la única que se conservara de las Escrituras cristianas para quienes vivieron bajo una dispensación más gloriosa, se formarían un juicio muy erróneo si supusieran que esta fue la única advertencia dada a los contemporáneos de Juan.

 Por mi parte, supongo que Judas citó únicamente la frase final de alguna de las profecías de Enoc, del mismo modo que el texto anterior constituye la conclusión de una de las muchas exhortaciones que Juan pronunció durante su «predicación en el desierto de Judea».

Deduzco, pues, que las generaciones posteriores de antediluvianos gozaron de ventajas similares a las que tuvieron posteriormente los judíos; y supongo —dado que el resultado fue el mismo en ambos casos— que el desenlace de aquella historia religiosa primitiva debió revelar acontecimientos muy parecidos a los que precedieron a la destrucción de Jerusalén.

De la importancia de mi tema, necesito hablar muy brevemente.

 El plan de la redención del hombre nos ha llegado desplegado en tres dispensaciones distintas, pero estrechamente relacionadas. El fundamento de la Iglesia se estableció al comienzo del primer período; de modo que, a continuación además de la curiosidad natural que nos lleva al principio de las cosas, un conocimiento adecuado de la dispensación inicial parece necesario para una comprensión profunda de las que le siguen.

 El Libro del Génesis relata el triunfo de la serpiente sobre la mujer; el Libro del Apocalipsis expone la derrota de la serpiente por la descendencia de la mujer.

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