martes, 22 de septiembre de 2026

FISIOLOGÍA DE LAS PLANTAS *¿MURRAY?* vii-3

 LA FISIOLOGÍA DE LAS PLANTAS.

 O LOS FENÓMENOS Y LEYES DE LA VEGETACIÓN

¿JOHN MURRAY?

«¡Observad los lirios del campo, cómo crecen!»

LONDRES

1833

A SU EXCELENCIA

HENRY, LORD BROUGHAM AND VAUX,

 CANCILLER DE GRAN BRETAÑA,

 MIEMBRO DE LA ROYAL SOCIETY ETC., ETC., ETC.

ESTE VOLUMEN ESTÁ DEDICADO —CON EL MÁS PROFUNDO RESPETO— POR EL AUTOR.

FISIOLOGÍA DE LAS PLANTAS *¿MURRAY?* vii-3

He consultado a las mejores autoridades; no a fuentes secundarias, y han sido muchísimas.

 Después de todo, este pequeño volumen no es más que un esbozo imperfecto de un extenso campo de investigación; pero al omitir la mención de multitud de ideas y teorías, he tenido más espacio para los hechos.

Muchos de ellos han sido verificados mediante la observación personal; para el resto, he utilizado el mejor criterio posible.

 Varias características interesantes, como la geografía y la fisonomía de la vegetación, se dejan sin tratar; pero la cuestión no es hasta dónde podría haberse extendido, sino si los límites que he establecido se han aplicado con criterio.

 Mis materiales manuscritos eran suficientemente amplios, pero mi objetivo era la condensación.

Debo reconocer, sin embargo, que uno de mis principales objetivos era mostrar la sabiduría y la benevolencia del Creador supremo en la estructura y adaptación de la vegetación, y combatir las especulaciones precipitadas e infundadas de algunos pseudofilósofos modernos: suposiciones que me han causado mucho dolor y me han sorprendido considerablemente.

10 de agosto de 1833.

CAPÍTULO I.

OBSERVACIONES INTRODUCTORIAS. DISTINCIÓN CARACTERÍSTICA ENTRE SERES ANIMALES Y VEGETALES. ESTRUCTURA Y APARIENCIA DE LAS PLANTAS.

 Cada uno de los ámbitos de la Historia Natural posee un interés particular y, a ojos de la razón, está investido de un encanto; la belleza y la armonía impregnan el maravilloso conjunto y ofrecen pruebas irrefutables del poder, la sabiduría y la bondad de su Todopoderoso Autor. No necesitamos elevarnos sobre las alas de la ciencia astronómica, y sumergirnos en ella. // para llegar a descubrir la fascinación que entendemos ahora//

“…hacia la inmensidad. Tras los velos de aquel cielo azul, donde yacen los secretos más sublimes de Dios”

En busca de inteligencia y diseño, tenemos a nuestro alcance suficientes maravillas —elementos tangibles de verdad, rayos de conocimiento prismáticos y hermosos—, más que suficientes para nutrir nuestras vidas con materia de reflexión y satisfacer a la mente más inquieta.

Es cierto que tales rayos pueden incidir en vano sobre una mirada mórbida, pero ello no menoscaba su excelencia intrínseca. La naturaleza animal, dada su capacidad de movimiento, no se presta a la observación de manera tan pasiva como la vegetal.

Se desplaza y transforma como el velo celeste de la aurora boreal. Resulta más hermosa en pleno vuelo, o en libertad entre los bosques, que cuando se la mantiene encadenada y cautiva; pues, en este último caso, apenas percibimos la adaptación de sus hábitos naturales.

El canto del ruiseñor pierde todo su encanto al verse enjaulado.

 En cambio, podemos estudiar la vegetación a nuestro antojo, ya sea en el jardín o en el campo; nuestros deleites brotan bajo nuestros pies y a nuestro alrededor.

///**** El ir descubriendo gradualmente en una y otra primorosa flor, los más exquisitos y completos dechados tuvo para mí el carácter de una revelación religiosa.

Compré una lente de aumento y tarde en la noche, a la luz de la lámpara, la ponía frente a una margarita con sus miles de apretadas estrellas cada una coronada con un casquete de oro por la mano de un artífice maestro. Gozaba con las ricas telas de los lirios, cada uno de cuyos pétalos es un tapiz en miniatura.

Los objetos más comunes eran los más interesantes, por ejemplo, la primorosa disposición de las semillas en el anverso de los helechos, a manera de botoncitos cosidos en un justillo milagroso. 

Y así como el sentido de la vista me persuadía de la posibilidad de un modelo divino,… Por Beverly NicholsJUNIO1951DE LAS TINIEBLAS A LA LUZ***//

Y aunque algunas plantas posean gran sensibilidad y capacidad de reacción, y se nos presenten con un aspecto modesto, no se ocultan ni rehúyen la contemplación; al contrario: cuanto más detenidamente se las examina, más hermosas y maravillosas se revelan.

Los fenómenos de la vegetación formaron parte de los estudios de los más grandes sabios de la Antigüedad; y aquel cuya fama se extendió por todas las naciones circundantes —«quien era más sabio que todos los hombres de aquella época que Etán el ezraíta, Hemán, Calcolo y Darda, hijos de Mahol»— habló de los árboles, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que brota de la pared.

 No tienen voz ni melodía; pero en las plantas hay un énfasis silencioso, y sus símbolos son hermosos.

Sirvieron de inspiración para proverbios y parábolas, y en Oriente siguen siendo el fértil campo donde la imaginación se deleita. La rosa de Sarón, el lirio de “los valles”,  la rosa de Pestum que florece dos veces y el lirio de Anacreon *Pancratium maritimum ?son conjuntos de imágenes agradables.

Una guirnalda de flores forma una expresiva carta de amor oriental, y el bul-bul y la rosa son elementos recurrentes en muchos poemas persas. La margarita ha sido la flor favorita de los poetas, desde Chaucer hasta Burns.

Las campanillas azules de Escocia, se han convertido casi en un símbolo nacional, o al menos poseen un encanto local imaginario. * Las «Bluebells of Scotland» son las flores de la *Campanula rotundifolia*; y las «Harebells», la *Scilla nutans*.

 Incluso en la heráldica de los reinos, las flores, etc., se introducen a veces como símbolos místicos. Por ejemplo, la flor de lis (iris) de Francia; la rosa de Inglaterra; el cardo de Escocia y el trébol (oxalis acetocella?) de Irlanda.

 Cuando los nativos de Nubia expresaban su apego a su tierra natal, la llamaban Nubia, «la tierra de las rosas».

 Los poetas orientales han imaginado la tierra como una flor, y la India como su flor. Incluso las hordas depredadoras de árabes, mientras recorren las ardientes llanuras de Caldea, se detienen para contemplar la “Werd-el-Shems”, o “Flor del Sol”

En la antigüedad clásica, el mirto era el símbolo del amor; el olivo, de la paz; y el laurel y la palma, emblemas de la victoria. El roble proporcionaba el follaje de la corona cívica; y el ciprés, símbolo de la inmortalidad, crecía cerca de los templos. Bajo la venerable sombra de la higuera de Bengala, el devoto de Brahma, en las llanuras del Indostán, cumple con los ritos de su religión y cultiva sus abstracciones.

**. En Damasco, el mirto se planta, por mano de la aflicción, junto a la tumba.**

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