domingo, 25 de junio de 2023

TODO ES IMAGINACIÓN

 TODO ES IMAGINACIÓN

Por Eddie cantor

Selecciones Febrero 1942

La gente de teatro es la más hipocondríaca del mundo, y también la más crédula. Al tratarse de la salud, difícil será que haya otra menos inclinada a convenir en que muchos de los achaques que uno padece son puramente imaginarios.

 A mí mismo me ha ocurrido no haber logrado disfrutar de una noche entera de sueño hasta que el médico me receto ciertas cucharadas maravillosas que, según supe después, no pasaban de ser jarabe y agua. Pero el más insigne de los hipocondríacos que ha visto la gente  de teatro de los Estados Unidos es el empresario Alberto Lewis

En el verano de 1928, cuando ensayaba yo Whoope, fui una noche, en unión del difunto William Anthony McGuire, el autor de la  obra, a un restaurante, cuando pedí  un vaso de leche, McGuire me miró con ojos espantados, y se apresuró a decirle al mozo que le trajera Whisky y soda.

Echando una mirada en torno nuestro, vimos en una de las  mesas  a Albert Lewis, que se levantaba para venir hacia nuestra mesa.

 Decidimos entonces, con la rapidez que  el caso pedía, jugarle una pasada. Vertiendo con la mayor naturalidad un poco de leche en mi vaso, le añadí soda.

 __¡ Qué estás haciendo?__me preguntó Lewis

__Preparando mí bebida de todas las noches__Le respondí__leche y soda, por partes iguales.

__¿Y eso?_

--Es una combinación excelente: el mejor tónico que puede haber.__

__! Mozo¡  ¿Qué se habrá hecho ese mozo?__dijo en esto Mguire, que había tenido buen cuidado de esconder su whisky,__ ¡Parece que no supiera que yo también tomo leche con soda¡

 _!Hombre¡  ¿conque esas tenemos?__exclamó Lewia al oírlo.

 __Sí, viejo, ¿ por qué no?__contestó McGuire__y has de saber que desde que Eddie me recomendó esta bebida duermo como un bendito.

 __¿Pero no dice Eddie que es un tónico?__preguntó Lewis.

__Sí, señor, lo es__respondí yo__;

Pero ahí está lo bueno del caso, en que es una bebida que lo tonifica a uno cuando lo necesita y le calma los nervios cuando le hace falta. Francamente hablando, creo que le debo mi buena salud.

Al despedirse de nosotros esa noche, Lewis tenía el aspecto de un hombre a quién acababa de caerle una cuantiosa fortuna.

 Pasaron dos años antes que volviera a verlo. Trabajo me costó creer que fuera el mismo. Su andar era el de un muchacho. Habían desaparecido las arrugas que, por lo general, le surcaban la frente. Al darle la mano, me la estrechó con un vigor que por poco me hace gritar. Encantado de hallarlo tan lleno de bríos, no pude menos de  manifestarle cuánto me alegraba  ese cambio.

 A ti te lo debo_-díjome entonces con efusión.

Quedé, como es natural, estupefacto.

__Sí, hombre__repitió él__, a ti…y a la soda mesclada con leche. Ya sabes cómo andaba yo: hecho una calamidad. Pues bien, desde que me recomendaste esa bebida, ahora dos años, no he dejado pasar  una sola noche sin tomarla. Me ha puesto como nuevo. Me siento lleno de energía. Duermo de un solo tirón toda la noche. En fin, Eddie, que te debo la salud, y hasta la vida.

 Conclusiones:

Si creemos muchas veces a los hombres, debemos aún más creer a  la Palabra de Dios que siempre es y será efectiva.


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